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  • Agustín García Calvo
  • Agustín García Calvo (1926-2012)
  • Agustín Esquema del Lenguaje - Ella
Inicio » En Sol 2011 » 11 de Agosto de 2011
11.08.2011

11 de Agosto de 2011

11 de Agosto de 2011

11 de Agosto de 2011

AGC en Sol

 

...La fe reinante consiste en creer que se pueden ordenar tierras, gentes, desde Arriba. ¿Qué Gobierno se podría sostener?, ¿qué empresa comercial?, ¿qué Banca?, ¿qué aparato ninguno del Poder se podría sostener un momento si no es porque se cree que tiene sentido eso de ordenar desde Arriba las cosas, las tierras, la gente? Es absolutamente necesario esta creencia en que se pueda ordenar. Es algo que no sólo rige en los estamentos del Poder, de cualquier Estado, que no sólo rige en la organización o movimiento del Dinero sino que también se cuela por entre las familias: un padre, una madre, puede estar seguro cuando se ha encontrado con la patulea de críos que no sabe de dónde le ha venido, puede estar seguro de que desde Arriba le pueden decir cómo comportarse (esto es la educación) y hasta tan bajo penetra justamente este veneno de la fe en el Orden.  
Hablar (no como persona sino como pueblo) es la única manera que tenemos para matar las ideas que nos han impuesto, la fe. Sólo hablando, razonando en común, se destruyen....

 

 

 

 

 

 

 

 

TRANSCRIPCIÓN:

Vamos empezando a hacer corro, a reanudar, si nos dejan, el hilo, a seguir,  después de la interrupción a que nos obligaron el otro jueves, a tratar de hacer algo de lo de este jueves. Recordáis que en el anterior veníamos recordando cómo en el Bobomundo el coro, es decir, la gente corriente, muy intranquila antes, después engañada por el Poder que le hace esperar en un milagro para que acabe la tormenta y la inflación de dinero que los está ahogando, antes de recabar la ayuda de la Ciencia,  personificada en el mago Istáin, se van acercando al escenario en que ha de producirse el milagro de la reconversión de la fuerza de atracción de la luna en las mareas en una fuerza de atracción de dinero que acabe por absorber todo lo que está ahogando a la población, a la gente del mundo.

Eran ellos los que iban a dirigirse hacia ese lugar cantando su  fe, la fe de las mayorías,  de la población corriente, y nosotros habíamos empezado a usar esa proclamación de la fe como motivo para lanzarnos justamente contra ella, contra la fe, que es a lo que aquí estamos, contra aquello que nos hacen creer, que es justamente, pensamos, la manera más urgente y más inmediata de atacar al Poder por la base, y la base es la fe, la creencia, porque sin fe ni el Capital puede moverse ni por tanto el Poder puede hacer nada.

Esta gente, más o menos convencida y engañada, iba cantando cosas por el estilo de:   (canturrea):

 
Creemos en el Estado y la estabilidad.
Creemos en el Orden y en la sociedad.
Creemos en el Dinero y la felicidad.
Tenemos fe, tenemos fe, tenemos fe.

 
Pues por ahí vamos a seguir atacando, si os parece,  usando esas proclamaciones del coro del Bobomundo,  de manera que vamos a tratar con esa primera declaración de fe: “Creemos en el Estado”. A esto es a lo que ahora vamos a lanzarnos. Pero os recordaré, a los que ya habéis estado otros jueves por aquí,  que de lo que se trata en estas pequeñas asambleas libres de gentes cualesquiera que formamos es de que algunos declaren a su vez, confiesen,  que creen, que siguen creyendo, que no pueden menos de creer en cosas como esta: el Estado.

El Estado es una noción evidentemente abstracta. A ninguno de vosotros se le ocurrirá que eso se puede ni tocar ni ver ni oír ni palpar. Esto os garantiza la condición del Estado. Y sobre ella conviene que nos aclaremos.

Una de las confusiones que más pronto pueden darse y que ha cundido en muchos de los movimientos de subversión,  es a través del uso de la palabra Estados,  múltiples, pensar que la rebelión se puede dirigir contra un Estado determinado, por ejemplo, contra el Estado de la España oficial contemporánea en el que estamos metidos,  o que se puede la cosa  atacar según el sitio refiriéndose a otro Estado. Esto es lo primero que hay que entender que no.

Esta rebelión ha surgido, se dieran los que empezaran cuenta o no se dieran, ha surgido contra el Régimen sin más, el Régimen del Bienestar en cualesquiera sitios donde se produzca. Esto quiere decir que lo mismo que eso implica contra el Capital, puesto que el Régimen del Bienestar quiere decir el Régimen del dinero sin más, al mismo tiempo quiere decir ir también contra el Estado,  pero no España ni Francia ni el Reino Unido sino el Estado sin más donde quiera que se presente. Esto es lo que deseo,  antes de pediros vuestra declaración o confesión de fe de que seguís creyendo en el Estado, que quede lo bastante claro.

Tal vez un ejemplo que os resulta más revelador para entender lo que es Estado os lo dan esos Estados que veis trazados de una manera casi geométrica, casi como por paralelos y meridianos en África, en África  misma, por ejemplo,  y otros sitios.  Son Estados de reciente creación y estos Estados de reciente creación, a falta de otras fronteras,  son geométricos, determinados por líneas de paralelos y meridianos y todo eso.  Esos,  que parecen ser las formas más recientes o despreciables de Estado,  son los que os dan una idea más clara de lo que Estado quiere decir, lo que es el Estado: esa condición abstracta en la que estoy insistiendo.

Os confunden el Estado, esta creación rectangular, triangular o semejante, con lo que  hay por debajo de esa creación, con lo que hay por debajo de esa abstracción, es decir,  os lo confunden con la tierra, por supuesto,  en que la tierra queda reducida a un mero pretexto para la imposición de las fronteras y para la definición del Estado, de un Estado u otro; y os lo confunden al mismo tiempo con la población que pueda caer ahí dentro, de manera que efectivamente no sólo los patriotas de otro tiempo y los patriotas de este os quieren hacer creer que España, al mismo tiempo que es eso: España -una unidad de destino en lo universal, como decía el otro, es decir un ente enteramente abstracto-, al mismo tiempo siguen siendo esos campos que dejan más o menos vivos, esos ríos, esa tierra que queda por lo bajo, por lo profundo,  y muchos de vosotros como yo mismo    de vez en cuando os lo creéis, os pensáis que efectivamente España, por ejemplo,  quiere decir eso.  Esa es la confusión del Estado con lo que ha caído debajo de las líneas, fronteras y definición del Estado por los azares de la Historia.

Al mismo tiempo vosotros sois españoles, por ejemplo, y os lo creéis, y da lo mismo que haya por aquí alguno que sea de otra nacionalidad porque la fe será la misma,  lo seguirá creyendo. Pongo el ejemplo que nos toca más de cerca: os creéis que sois españoles, es decir que también aquí la “unidad de destino”, la abstracción, que es el Estado,  se está confundiendo con la gente, la gente que de por sí no se cuenta, es incontable -gracias a ser incontable puede de vez en cuando dar lugar a rebeliones contra el Poder–,  la confunden con el número de almas, que es lo que al Estado le gusta, es decir, conjuntos que se pueden contar y mediante los cuales no sólo se puede estar seguro de cuántos son los millones, cientos de miles, miles, centenas y unidades que España obtiene, sino además se asegura que cada uno  es íntegramente español, porque,  si no lo fuera íntegramente,  no se le podría contar con otros que lo son tan íntegramente como él en un número de población, en un número de almas o de españoles.

Os estoy tratando de recordar lo que todos por lo bajo sabéis,  qué es ese engaño, qué es esa trampa del Estado, que es de las que más inmediatamente nos oprimen y nos confunden. Voy a empezar ya entonces enseguida a pediros que cada uno respecto a esto del Estado confiese lo que todavía le queda de fe, lo que todavía sigue creyendo tanto respecto a lo que toca a tierras como respecto a lo que toca a gentes.

¿Quién de vosotros va a ser capaz de declarar: “Es que yo no lo creo, yo no creo en España”? Nadie puede ser tan bravo. Tenéis que confesar restos de fe en eso que os han contado. No se quita tan de repente. Desde niños se va alimentando esa idea, se va alimentado el ideal,  por ejemplo, de un Estado determinado, España, o el ideal   del Estado en general para cualquier sitio donde se produzca.

Desde niños os lo van alimentando, antaño sobre todo bajo el nombre de patria. Recuerdo cómo de muchacho en el Instituto el profesor de Historia nos hacía aprender el dos de mayo “Oigo patria tu aflicción” y,  al final,  “Mártires de la lealtad”- los caídos en la Guerra de la Independencia: “Y del honor al arrullo  /  fuisteis de la patria orgullo / y honra de la Humanidad.  / En la tumba descansad, / que el valiente pueblo ibero / jura con rostro altanero / que hasta que España sucumba, / no pisará vuestra tumba  / la planta del extranjero.” Y cosas de estas por el estilo.

Eso nos decían de niños y era una cosa con la que por tanto nos estaban alimentando.  “Hasta que España sucumba”.  España  –abstracción, ideal, unidad de destino universal, eso es algo como eterno, es como Dios,  no tiene sentido ni que sucumba ni que no. Lo que sucumbe, lo que padece, lo que sufre debajo de esa abstracción son las gentes, y con las gentes las tierras  que han tenido la desgracia de caer bajo el nombre y bajo el ideal de un Estado o de otro. Os lo siguen diciendo. A veces uno se acerca a tener esa bravura de decir “¡Abajo España! ¡No creo en España!”.  Pero hacen falta condiciones.

Andaba yo en el dulce destierro del Barrio Latino en Paris en los años en que desapareció el Dictador, el último residuo, el último casi rabo del antiguo régimen que quedaba –porque en cuanto a la estructura lo demás había ya caído hacía tiempo-  y me indignó encontrarme por las tabernas y los cafés a los españoles,  más o menos desterrados que abrían botellas de champán y brindaban por la muerte del Dictador,  como si con eso se hubiera dado un gran paso.

Fue en esa ocasión, cuando no tuve más remedio que decirles “¡Muera España!”,  para que se dieran cuenta de que con esa desaparición de ese rabo de dictadura no había pasado nada de verdad y que seguía pasando lo que sigue pasando, es decir, que seguimos presos y oprimidos bajo estos ideales, estas abstracciones que son justamente el objeto de la fe y que es lo que nos hace reunirnos aquí cada jueves, para tratar de combatir al Régimen por ahí, por lo más bajo, por las creencias, por los ideales impuestos desde niños y que después han seguido imponiéndose por la educación continua que es la televisión y los demás medios que siguen haciendo lo mismo: hacer creer.

Fijaos bien que cuando aquí nos reunimos y tratamos de descubrir lo que nos queda de fe  y tratamos por tanto de combatirlo al descubrirlo, lo que estamos haciendo es justamente llevar la contra a lo que ellos, el Poder y el Capital juntos,  hacen todos los días con sus medios de educación para adultos. Es una especie de no consuelo por un aliento el reconocer que el Poder y el Capital tienen necesidad de predicaros todos los días lo que es la Realidad y hacéroslo creer. Justamente es eso lo que nos puede dar  algún motivo para levantarnos contra ello. Nos tienen que hacer creer, tienen que presentar,  por la pantalla o por la prensa o  como sea,  la Realidad, la Realidad que quiere decir la realidad  sometida a esos ideales contra los que estoy hablando.

De manera que no es fácil ni para mí ni para ninguno de vosotros sentirse tan independiente como para decir “No creo en el Estado, eso es un cuento”. Por tanto lo que os pido son más bien declaraciones de que seguís creyendo, para que esas declaraciones salgan aquí a luz y podamos destruirlas hablando, que es como se destruyen las mentiras, destruirlas hablando en la medida en que nos dejen. De manera que os pido ya confesiones, declaraciones de que seguís creyendo en el Estado de una manera o de otra.

-Pues muy sencillo, porque me preguntaron hace tiempo que te preguntara que qué es el Estado, que qué era el Estado.

-Es el tema de lo que os he estado hablando, os he dado algunas muestras de cómo se podía reconocer la condición ideal o abstracta de esta entidad. Yo creo que sin ninguna definición, sin una definición,  se entiende bastante bien de lo que os estoy invitando hablar, que es eso que se os pregunta cuando se os dice ¿Hasta qué punto sigues creyendo en el Estado?

-El Estado creo que da seguridad, la sanidad, el orden. Yo creo que eso es lo que me permite tener esa tranquilidad cada día.

-¿Quién más quiere apuntarse a lo mismo o a parecido?

-Yo creo que creo en el Estado cada vez que pienso que no he viajado casi y me creo que, bueno, me entristezco y digo “yo quería viajar, y entonces me doy cuenta de que quería viajar como se venden los viajes de ir a un sitio y verlo y tener cosas que contar, e ir a otro estado y  luego a otro, cuando quizá mi deseo sea más que el poder moverme, mi deseo más profundo sería el poder ir de un sitio sin esas fronteras, límites.

-Bueno, desde luego te confundes bastante cuando dices que tu deseo es ir de un Estado para otro. Eso no puede ser. Tú no tienes ningún deseo de ir de un Estado para otro, porque si tuvieras un deseo de ir de un estado para otro ¿qué es lo primero que tendrías que cruzar?

-Fronteras

-La raya del mapa.

-La raya del paralelo o del meridiano o cualquier otro invento que os hayan buscado de esos inventos ideales geométricos que hay. El deseo de las fronteras casi te lo han quitado porque ahora ya ves que puedes correr por cantidad de tierras, de países sin tener que enseñar muchos papeles y todo eso, de manera que el hecho de que el Poder te proporcione bajo el Régimen del Bienestar tantas facilidades, más bien a lo que nos incita es a descubrir cómo por encima de eso sigue habiendo definición, límite, aunque no sean fronteras, y necesidad de creer en el Estado, y, según le toca a cada uno, en el Estado que le ha tocado. Conviene seguir confesando esto. Él ha dicho algo de que el Estado le da seguridad, es lo que le permite mantenerse así.

Es lo que el coro del Bobomundo sigue cantando a continuación (canturrea)  “Creemos en el orden y en la sociedad”. Está implicado también esto del orden, de la seguridad   y sobre ello volveremos enseguida.

Yo desde luego no creo que el Estado te pueda dar ni a ti ni a nadie nada bueno. Desde arriba no puede caer nunca nada nuevo. Y por tanto si tú te encuentras con algo que te ayuda a ir tirando y eso es bueno,  eso no te lo da el Estado. El Estado no te puede dar más que administración, burocracia, fronteras, futuros previamente contados para que no pueda pasar nada del otro mundo. Eso es lo que el Estado puede dar, pero, sin embargo, confesad, a vuestra vez, muchos de vosotros, que creéis de alguna manera en el Estado.

-Yo creo que, creo que voy a decir una burrada, pero creo que el Estado me da de comer... ¿Me vas a pegar?

-No te pego para nada. Yo puedo decir: El Estado me da de comer puesto que estoy cobrando desde que me separé de la maldita Universidad hace unos cuantos años,    me está dando una pensión que es con la que podría decir que vivo. Desde luego yo creo que lo de vivir está mal empleado aquí, pero el reconocimiento de que uno efectivamente,  metido dentro de un Estado cualquiera,  recibe un beneficio como este, un sueldo,  una pensión, hombre, ¿cómo no lo voy a reconocer? ¡Mejor que tú, con más razón seguramente que tú todavía! Y sin embargo… estoy hablando en contra de eso que me da, si no la vida, pero que me resuelve lo que el Estado puede, los problemas de futuro, de seguridad, a costa de qué, pagando yo cuánto, o tú cuánto, o tú cuánto, por eso. ¿Puede desaparecer el beneficio que te produce? Hay que echar cuentas. Estamos dentro de la Realidad. ¿Cuánto se paga? ¿Cuánto se paga por el  aparente beneficio?

-Bueno, esa es una parte que me entristece mucho. Creo que se paga demasiado. Se paga tristeza. Se paga… Se paga una mierda.

-Sumisión.

-Sumisión dice aquí mi compañera de al lado.

-Depresión, sumisión.

-Pero por favor lo que desearía sería más declaraciones así, francas. No voy a pedir que se sea sincero como piden los comisarios de policía o las novias, pero una vez que os he ayudado a reconocer que nadie puede ser tan bravo como para ponerse a decir “¡No creo en el Estado! ¡Abajo España!”, por lo menos puede uno confesar qué es lo que le hace seguir creyendo en esto.

-Yo lo que digo es que ¡Qué lindo Bolivia, qué lindo Madrid! (canturrea) “¡Qué lindo Bolivia, qué lindo Madrid! Es la tierra noble donde vivo yo” ¿Mola? “¡Qué lindo Bolivia, qué lindo Madrid, es la tierra noble, guapa y señorial!”

-Bueno. Es una confesión de fe y todo porque este hombre se cree que Madrid es efectivamente el sitio donde él vive. ¿Qué se le va a hacer? Se lo cree, se lo cree, de manera que es una confesión. Hay algunos que no crean que ni eso sea vivir ni Madrid sea lo que dice el nombre. Y todavía Madrid es un Estado, si llega a ser un Estado,  pequeñito, no digamos cuando es España. O cuando uno viene de la Unión Europea,  que también podría hacer la misma canción y creerte la misma memez. ¿Quién más puede hacer alguna…?

-Estoy de acuerdo en eso de que sería ser muy bravo decir “yo no creo en el Estado”,  lo que pasa es que yo creo que también sería muy bravo decir que creemos absolutamente porque yo creo que hay muchísimas dudas ahora mismo con esto de qué es Estado ¿no?. Creo que la pregunta que hacía por aquí el compañero, Chema, creo que tenemos un gran lío, porque a mí me parece ya como un juego este de muñecas rusas,  lo de los Estados, porque yo me creo que soy española, pero ahora me dicen la Unión Europea, después me han dicho para abajo que soy castellano-manchega, luego me dicen que soy conquense… Yo tengo una cantidad de estados encima que no tengo donde poner en el carnet de identidad, que me hacen llevarlo encima. Esto de el Estado, luego uno se da cuenta también de qué coño de Estado,  porque yo estoy en Galicia y piso una frontera y me dicen que es Portugal y resulta que hablan igual que en Galicia, y tienen las mismas berzas, sí, sí. O sea, que yo estoy en lo que dicen que es una frontera y hablan igual los tíos, o sea, que…  ¡Cuenta, cuenta!

-Yo había confiado en que con las cosas que os he dicho quedara claro lo que quiere decir Estado y esa condición abstracta venida desde arriba, impuesta desde arriba, sobre algo que hay por debajo, que son tierra y gente, y   que es lo que quieren que confundáis con Estado, y naturalmente aquí estamos a negarnos a confundir eso con el Estado. Desde luego, efectivamente,  el esquema del Estado se puede producir a múltiples niveles. Aquí estamos en Madrid autónomo, los que vivan en Madrid, cuyo himno cantáis, soléis cantar todos los jueves, al terminar la sesión, y luego hay Estados del tamaño de España, que son los tradicionales: España, Francia, Reino Unido, que fueron al empezar la Edad Moderna las tres maneras de Estado que se establecieron.

Recordad que por esas fechas  Alemania e Italia se retrasaron, siguieron sin unificarse,  sin convertirse en Estados. Tardaron bastante más. Después aplicaron esos modelos. Y después vienen los modelos de Sudamérica dividida en Estados de la manera que sabéis. Los Estados Unidos divididos en Estados Unificados. Vinieron esos cuadraditos y triángulos de los Estados africanos, que son efectivamente lo que os he puesto y mostrado como la forma más evidente del engaño. Creo que está bastante claro qué es el Estado y qué no lo es respecto a tamaños  (…).

Recordad que aquí se ha venido a decir ¡No! al Régimen que padecemos. Cuando esto surgió a mediados de mayo, lo supieran ellos o no,  surgía para decir ¡No! al Régimen sin restricciones ningunas. Por tanto ¡No al Estado, sea cual sea! ¡No al Capital, sea cual sea la forma que tomen!    Hay que perder el miedo de qué es lo que pasaría si nos quedáramos sin Estado.  Algunos de vosotros han tenido el valor de declarar que el Estado nos da seguridad, nos hace vivir, nos da un futuro, por tanto hay que, en esta rebelión, curarse del miedo y de esa pregunta de qué pasaría si  no hubiera Estado, si no hubiera no sólo España,  no Reino Unido, no Estados Unidos, no Rusia, ninguna forma de Estado. ¿Qué? Si alguien tiene miedo, pues ya sabe.

Desde luego parece que en cuanto a tamaño tienen que reducirse las cosas mucho más. Cuando sacamos el Manifiesto de la Comuna Antinacionalista Zamorana  (…) sobre estas cosas planteábamos, un poco en broma,  lo positivo que podría ser y la posibilidad de una convivencia sin ningún Estado. Naturalmente pasaba por la condición de que aquello a lo que se aludía como Zamora,  aparte de no tener límites precisos,  no fuera más grande que lo que era un partido judicial más o menos, es decir, que uno pueda recorrerlo de cabo a rabo andando en un día. Parece que son los límites prudentes porque en cuanto se hacen las cosas un poco más grandes o viene el Imperio o viene el Estado y ya con ello vienen todos los demás males.    Pero ¡que no haya miedo! ¡se puede convivir! Si no, no estaríamos aquí lanzando este ¡No! al Régimen. Se puede convivir sin nada de esto que nos hacen pasar como indispensable. ¿0 no? Sigo pidiendo al menos defensa de la fe en el Estado.

-El Estado más importante que hay actualmente es el Estado del Vaticano,  porque lo lleva el Papa y además lo administra Dios. ¿Qué opina Agustín sobre este tema?

-Hablar de semejante monigote la verdad es que ya, de por sí, me pone de mal humor pero, bueno, puesto que a ti te ha gustado mucho acordarte del Papa ¿qué le vamos a hacer? (Aplausos)  Tiene interés en este caso lo que decía porque el Vaticano de por sí el Vaticano es una cosa muy pequeñita, es mucho más pequeñito que la Zamora de la comuna. Lo que pasa es que efectivamente el Estado no requiere de verdad, aunque es de ordinario lo que utiliza, tierras y gente para unificarlas y reducirlas, porque como al mismo tiempo el Estado es el Capital, pero lo uno y lo otro es la fe, basta con una fe, que no es la católica, es la fe en el dinero, la fe en el futuro para que se pueda mantener un Estado como otro cualquiera, y convivir el Estado vaticano con los demás, tranquilamente, como de la misma familia.

-Hola, yo vengo de Manzanares, de Ciudad Real, acabo de llegar ahora mismo. Realmente no sé, acabo de llegar en este momento, hace cinco minutos, y he oído algunas expresiones en relación al Estado, no sé si ya se ha tratado de definir lo que es el Estado. Yo entiendo que el Estado es un órgano de represión, está ahí para defender los intereses de una minoría, en este caso de la minoría capitalista. Tiene sus fuerzas armadas y fuerzas de seguridad, aunque algunas veces parece que vienen a ayudarnos, ocasionalmente, la verdad es que están aquí para defender los intereses del capitalismo.

-Siento que hayas llegado tarde. Efectivamente has estropeado un poco el amago de…

-Bueno, yo lo que estaba pensando es que la fe no siempre es como una fe gozosa, que también puede ser una fe como triste o resignada, y que creemos en el Estado porque lo tenemos encima, y porque nos está machacando, y que por ejemplo, no sé,  ahora mismo acaba de llegar aquí la policía a decirnos que tenemos que quitar eso para la semana que viene, ¿no? Eso es una especie de representación del Estado. Hace un momento íbamos a empezar una asamblea allá y también han venido a una gente que estaban ahí un poco desarrapados en un banco a quitarles la cerveza, a ponerles una multa, y los que estábamos allí tampoco nos hemos atrevido porque… No nos hemos atrevido porque teníamos alguna fe de que con esa gente no se  podía tratar. Entonces no sé me parece  como que esa fe la tenemos todos aunque no creamos que el Estado sea algo bueno, sino que tenemos eso: que en la medida en que obedecemos es que creemos en el Estado y en las fuerzas del Estado. (Aplausos)

-Sí, eso es una confesión de veras. Hay que agradecértelo. En cuanto a acordarse de la policía,  me revienta tanto como antes lo del Papa, más o menos por el estilo. Por lo menos, tu declaración… No sólo es que la fe no tenga por qué ser gozosa, es que la fe no es gozosa, la fe es siempre triste y cuando no se declara como triste sino que se presenta como felicidad risueña en la televisión, peor todavía. Pero es triste siempre y es por eso por lo que estamos contra ella, ¿verdad, Isabel?.

-Bueno, no nada, ya lo ha dicho Virginia de alguna manera. Muy cortésmente nos han pedido que no podemos usar altavoz, micrófono en la vía pública. Entonces es un modo de decir que no hablemos porque efectivamente al aire, en público, con este ruido no se puede como no sea con amplificación;  que pidamos permiso porque lo que les gusta es eso, que pidamos permiso, que solicitemos cosas, eso, pedir permiso, eso es lo que les gusta, que nos lo aplacen una semana, que nos digan que no y luego otra semanita, es decir, que entretenernos la vida, llenarnos la vida, eso es lo que quieren, con burocracia, y eso es un ejemplo de estabilidad, de Estado, de eso: “Creemos en el Estado y en la estabilidad”.  Por lo tanto como decía hace un momento Virginia, efectivamente, las caras del Estado son infinitas: una de ellas es ese Estado supraestado que se supone que es el del Papa, el Estado transversal, que se supone que hay el representante de Dios Padre que hoy día no es nada más que el dinero. Efectivamente, es un Estado universal porque es el que verdaderamente domina, el verdadero Dios es el dinero.

Entonces yo lo que sí quisiera,  como representante de ese Estado supremo que es el Padre de los Padres,  sí me gustaría que saliera de aquí, -es de las pocas cosas que yo creo que conviene pedir-, que haga el Santo Padre una declaración de traición, una declaración de traidor a las palabras de Jesús, que se considere que no es cristiano, que diga   “No soy cristiano, lo siento”;  porque,  efectivamente,  todas las palabras que Jesús dice en el Sermón de la Montaña (“No atesoréis tesoros para el día de mañana, a cada día con su mal le basta”) todo eso, si se siguiera al pie de la letra, acababa con el poder del Vaticano, todo eso del Cuerno de África se terminaba con un año de los dineros del Vaticano. (Aplausos) Es así y no hay más que decir. Y eso es el Estado supremo.  Por lo tanto,  yo propongo que eso de confinar a esa especie de Asociación que se llama de Ateos y Librepensadores, muy ordenados ellos, que parece que los han confinado para Lavapiés, han dicho que den vueltas así como los chicos estos de la Memoria Histórica, que vayan dando vueltas como una rueda de churros todo el día, yo creo que no, que  efectivamente por una sola vez, aunque no estamos de acuerdo con esto de pedir nada hacia arriba,   no se trata de pedir nada hacia arriba, es sencillamente que haga una declaración de traidor al cristianismo, de traidor a Jesús. Nada más. (Aplausos)

-Isabel que me acompaña me ha traicionado porque me ha obligado a oír no sé cuánto rato hablar del Papa y de la Iglesia y todo eso que antes yo me había querido quitar de un barrido como monigotes que no tienen importancia.  Por cierto ella ha recordado lo que muchas veces hemos dicho: hasta qué punto todavía a los que nos llamamos cristianos -ahora la libertad de culto se ha hecho que hasta dé vergüenza declararse cristiano- nos queda,  en contra de  todo el aparato de la Iglesia y de su Estado, nos queda algún rastro de palabra viva en los Evangelios, como la que ella ha recordado, que no es que esté contra el Papa, es que está contra el Dinero y por tanto contra todo el Régimen: “No os preocupéis del día de mañana”.   O sea lo que os mandan todos los días: que os preocupéis del día de mañana. “No os preocupéis del día de mañana. A cada día con su mal le basta.” Esa confianza en lo que no se sabe es lo contrario de la fe.

En lo que me ha traicionado Isabel es sobre todo en algo que seguramente a muchos de vosotros también os pasa,  y,  desde luego,  a los muchachos que estaban en la organización de toda esta sublevación también les ha pasado: que es que todavía creen de alguna manera en los personajes que están en el Poder, y tratan de hacerles que digan la verdad, que se confiesen ellos, que el Papa diga que efectivamente no es cristiano, que el Papa diga que no ha leído el Evangelio.  ¿Qué cojones nos importan las confesiones del Papa? Yo os estoy pidiendo confesiones a vosotros, que ya son de por sí bastante difíciles. Es como cuando estos organizadores se lanzan hacia arriba, todavía creen en lo significativos, representativos de los monigotes del Poder y se ponen muy contentos si alguno les hace caso y, más o menos, los admite a diálogo o algo por el estilo, o creen que los medios, que la televisión, pueden decir algo verdadero, y se ponen muy contentos cuando dan noticias de una manifestación.

Todo esto son restos de fe que aparecen bastante claros y contra los que hay que levantarse. Nos importa un bledo,  estamos contra el régimen sin más,  Estado y Capital. Estamos por  tanto contra la fe, en la medida en que podemos estarlo, y a quien le quede más rastros de fe, pues que los declare.

-Una cosa muy rápida.  Bueno es que Virginia ha dicho también algo más de lo que hemos hablado, y es que justamente ha hablado de cuando venía la policía, no,  ya sea para, porque interviene, ya sea para prohibir que hablemos aquí con megafonía o en el otro lado y que alguien  bebiera cerveza en la calle. Ha hablado del temor quizá o de al fin y al cabo de la obediencia, ¿no?,  y este asunto de la obediencia me parece a mí que es una forma de Estado que habla por todos nosotros.  Y entonces yo me pregunto ¿Por qué no desobedecemos, sencillamente? ¿Qué temor hay a desobedecer? ¿Por qué no desobedecemos? ¿Por qué cuando venga la policía y nos diga lo que tenemos que hacer sencillamente les desobedecemos? ¿Por qué cuando nos obligan a pagar unos impuestos sencillamente no los pagamos? ¿Por qué cuando nos obligan a que organicemos nuestra vida como ellos consideran que es oportuno,  por qué sencillamente no lo dejamos de hacer? ¿Qué problema hay?

-…Eso es difícil.  Insisto en eso.  Desde luego, lo que yo estoy proponiendo, ante estas acciones, es no darnos ni por enterados. Para echarnos ellos se encargarán. Ellos se encargarán. No vamos a encargarnos nosotros tratando de conversar con, llegar a acuerdos con... Simplemente no nos damos por enterados, nada más. (Aplausos)

-Como confesión que, si a cada día con su mal le basta, igual a mí me preocupan el mal de hoy y el de mañana y el de todos estos días. Es mi confesión.

-Lo de hoy es falso,  es siempre mañana, aunque sea dentro de un rato. Ese es el Régimen que padecemos. Para no dejarnos vivir, pues, tenemos el futuro, el inmediato, el del día siguiente, y el del año que viene o el del año de la jubilación, da lo mismo. Para eso está el Poder, para no dejarnos vivir en lo que se podía, a lo mejor, vivir. Eso es lo que hay que entender bien  respecto al régimen en general y la fe esencial que lo asiste, la fe en el futuro. Ya recordáis:  sin futuro,  ni el Capital puede mover un dedo, ni por tanto el Estado que está del todo pegado al Capital puede tampoco sostenerse;  su arma es el futuro, que es la muerte, la administración de muerte,  que es lo que hace con nosotros. (Aplausos). ¡Más confesiones, restos de fe que quedan por ahí, en el Estado1

Siempre quedan muchos restos de fe y la verdad es que yo no sé bien a qué estamos aquí y por qué y de dónde nos viene esto de protestar contra la fe dominante, contra el Régimen en general.  O si no,  decídmelo con mi propio caso personal: ¿Por qué coños vengo yo aquí todos los jueves? ¿Quién coños me manda venir aquí todos los jueves para intentar mantener el hilo y el sentido de esta rebelión que nos sorprendió hace dos meses y medio?  ¿Quién me manda? ¿Por qué vengo aquí? Si atacamos por aquí y sois capaces de responderme a lo mejor también encontraremos otro camino.

¿Quién coños me manda a mí venir aquí cada jueves e intentar hacer con amigos y transeúntes algo de pequeña asamblea,  en que a través de las bocas de las personas pueda hablar algo de pueblo? Esta especie de confianza ¿Quién me manda venir aquí? ¿Qué falta me hace a mí, que falta le hace a nadie que yo venga aquí? Respondedme a estas preguntas que parecen personales (…)  ¿Quién coños me manda? ¿Qué falta me hace? ¿Qué falta le hace a nadie?

-Pues yo creo que quizás, sencillamente, no quién sino un cierto anhelo de lo común, de estar en común, de poner en común todo lo que destruye el Estado, es decir:  el Estado palestino en el que creo, el Estado catalán en el que creo, el Estado gallego en el que creo,    el Estado vasco en el que creo, la sanidad social en la que creo, la seguridad social en la que creo, la enseñanza pública en la que creo, todo lo público que destruye lo común, que destruye el vínculo entre nosotros, porque si ese vínculo, me parece,  quisiéramos ponerlo en acto nos tendríamos que volcar enteros dentro,  y eso es muy difícil y quizás es más cómodo creer en el Estado. (Aplausos)

-Os estoy por preguntarlo más descaradamente para que podáis responderme no de una manera tan amable sino más directa. Cuando digo “¿quién coños me manda a mí estar aquí, por qué estoy aquí, por qué vengo aquí cada jueves?”, tengo que añadir “uno como yo, que vive así de bien, que soy un privilegiado, que nunca he tenido que pasar por trabajos penosos ni vergonzosos, que me he arreglado bastante bien, que he tenido desde pequeño todas las cátedras y todas las familias y los hijos, y que sigo teniéndolos”;  a uno que vive así en el Régimen del Bienestar así de bien, ¿quién coños le manda estar aquí?, ¿a qué coños vengo aquí, de dónde viene esto, cómo y porqué? Eso es lo que os estoy preguntando.

-Dilo tú.

-Queremos saberlo nosotros.

-A ver qué os parece. No voy a decir que digáis la verdad. No pido tanto como eso, pero estamos aquí haciendo declaraciones.

-Yo no lo sé, pero yo sé que también estoy aquí,  no tengo ni puta idea. No sé. ¿Por qué estás aquí? ¿Por qué estoy yo? Es que yo no fallo desde que te conozco. Estoy porque me encanta. Vuelvo a mi casa más contenta, y encima luego cantamos, nos lo pasamos…, estoy reviviendo no sé qué. Es un poco de vida a lo mejor… Bueno, te dejo.

-Bueno con esto último tienes un poco de motivo, aunque sea tan superficial: Te lo pasas bien, pero es que yo tengo que sudar un buen rato para que una pequeña asamblea se junte a pesar de todos los pesares y tenga el éxito. Me voy descontento porque no consigo que estén aquí muchos de la organización  originaria en esto, que tenían que estar con nosotros y dándose cuenta de que ese camino es el equivocado y que hay otros caminos, de manera que uno como yo tengo menos justificación todavía: no sé por qué coños estoy aquí, os lo digo de verdad.

Desde luego, sé que no hay quién me manda, ése sería Dios, ese seguro que no.  Dios es el  Dinero, el Capital y el Estado, y esos no me manda venir aquí. Eso tengo que decirlo en mi honor. Esos no me mandan venir aquí. No me manda venir aquí ninguna fe,  porque estoy aquí animándoos a luchar contra la fe, cualquiera que sea.   De manera que ¿cómo diablos podía yo venir aquí en virtud de ninguna fe?  Os estoy diciendo cosas por las que sé que no vengo aquí. Os sigo preguntando: más.

-Hombre a lo mejor creemos en que podemos terminar con esto.

-Bueno ahora te lo paso, vale. Yo no sé por qué estás aquí, pero sí creo que sé lo que representas para mí. Te lo voy a decir. Creo que eres un catalizador que nos une a todos y nos hace ver que más allá de las creencias, de las palabras, más allá de la realidad,  hay algo, hay vida. ¡La primera vez que me meto contigo, Agustín!

-Bueno no te metes conmigo pero hablas de “todos” y de los que nos une y de todo eso.

-¡Lo que yo siento!

-En la rebelión no cabe ni unión ni solidaridad, como les decían a los trabajadores, ni por tanto cabe totalidad. Una asamblea empieza por ser algo bueno en cuanto que no se sabe cuántos son, ni cuántos están catalizados ni cuántos no, ni cuántos más ni cuántos menos: nada, en una asambleílla libre como esta no se sabe nada de eso.

Voy a hablaros un poco más. Yo sé que vengo aquí no porque crea en nada ni tenga ninguna fe;  sería absurdo, contradictorio. Podéis decirme que me guía alguna confianza en lo que no se sabe, en que, aunque sé lo que son la mayoría de las personas, de las que votan, de las que compran…, aunque sé lo que es la mayoría de cada persona, incluida la mía,  también sé que eso no es todo, y hay una cierta confianza; contra la fe efectivamente, se puede decir que hay efectivamente una especie de confianza en lo que no se sabe y justamente gracias a que no se sabe se tiene esa confianza. Ahora que esto pueda resistir y resistir mucho tiempo en contra de la fe dominante,  desde luego está en el aire, es sumamente dudoso. Esto es lo que puedo decir de por qué diablos estoy aquí.

-Bueno, yo no sé muy bien pero se me ocurre una cosa. No sé si es por rebeldía. Me están diciendo, me dicen mucho que esto no sirve para nada, y que hablar es una cosa y hacer es otra, y que hablando pierdo el tiempo. Entonces justamente estoy harta de que me digan que tengo que hacer cosas que sirvan para algo y que las cosas que sirven para algo son las que me dicen. Entonces yo creo que algo que parece inútil me despierta curiosidad de verdad. (Aplausos)

-Hay, desde luego,  en esa curiosidad tuya una rebelión. Están los que creen, como acabo de quejarme,  que lo útil contra el Régimen en la rebelión es trazar planes,   ponerse de acuerdo para salir aquí y allá, a hacer acciones, lo que se llama acciones, dinamización como dicen ellos. Esto es lo que os he tratado de mostrar que no sirve nada más que para pasar el rato, que no va a ninguna parte. En cambio, hablar, si se da este medio milagro de que se puede hablar no como persona sino como pueblo, hablar es la única manera que tenemos para matar las ideas que nos han impuesto, la fe. Sólo hablando, razonando en común se destruye. (Aplausos)

-Esto yo lo relacionaría también con una intervención que hubo al principio acerca de que uno a lo mejor tiene esa especie de ilusión de Estado por lo del moverse y atravesar, de ir de un sitio a otro,  eso  está relacionado con lo que hemos hablado ahora de la acción y la dinamización,  porque de alguna manera en este momento si hay alguna cosa que fundamenta los Estados es el turismo. El turismo es hoy día el signo del Régimen del Bienestar,  y se podría decir: “Turismo, turismo, / a moverse mucho / para ser el mismo”, porque en realidad lo que uno hace cuando se mueve tanto es buscar su llamada identidad, ser el que es. Y esto es una de las cosas que más  ilusionan al ciudadano del Régimen democrático: el que sea él el que es, y que pueda tener constancia del lugar donde ha estado, enseñárselo a los amigos bien en vídeos, en el facebook,  en donde sea: estuve en California,  luego soy yo;  estuve en Estambul,  luego soy yo. Y así, efectivamente, es la dinamización o acción del movimiento lo que está hoy día fundamentando más que nada el régimen por excelencia del Estado,  que es el turismo,  y ese es trasnacional.

-Creí que ibas a decir por qué crees tú que estoy aquí.

-¡Porque también te mueves mucho!

-Te has ido por las ramas, pero no lo has respondido. Te has guardado lo que tú crees respecto a por qué estoy aquí, que habría sido interesante de oírtelo decir. Puesto que ella no quiere declarar por qué cree que estoy aquí,  os dejo a alguno otro que se atreva.

-Bueno yo a Agustín lo conozco hace muchos años y creo que sí sé por qué está aquí, porque ya le ha pasado que una vez le quitaran la cartera en estas movidas de la adaptación de la situación, y de que Agustín y otros compañeros de la Universidad empezaran a hacer un movimiento auténticamente subversivo,  cuestionándonos todo, y, sin embargo, al final se nos metió en la onda, se nos quitó la cartera, se hizo un pacto, se hizo unos acuerdos, la transición, todas estas cosas, y vino el Estado del Bienestar. Entonces aquí ya estábamos atacando algo que nadie ataca, que es eso, el Estado del Bienestar, el Estado que hay, que es el Estado del dinero, que, teóricamente en su crecimiento perpetuo, cada vez somos mejores, mejor atendida la sanidad, mejor atendidos los servicios, lo que es mentira. Y entonces los que tenemos curiosidad porque hemos estado en cosas parecidas hace años es ver en qué momento nos meten mano en la cartera y se lo llevan. Esto que no deja de tener importancia, que la tiene. Ideas de qué se podría hacer. Hay miles. A mí se me ocurren miles, pero es que hacer proyectos y llevar el mapa del sitio por donde tienes que ir y las carreteras y los caminos que tienes que cortar me parece que es un error,  es un error de principio,  es condicionarnos a todo, y es poner una nueva fe en sustitución de la que ya hay. Eso es lo que creo.

-Jaime,  tú estás muy amable recordando lo de hace 46 años,  que fue cuando nos conocimos en el levantamiento de los estudiantes de por el mundo desarrollado de entonces, en el momento en que se estaba estableciendo ya este Régimen que ha progresado hasta hoy pero que sigue siendo el mismo. En aquel entonces nos encontramos tanto él como yo metidos en un levantamiento en asambleas libres y en aquel momento tampoco sabíamos ni él ni yo exactamente por qué estábamos allí. Después lo que hemos ido descubriendo, eso a lo que él alude con lo de quitarnos la cartera,  es en qué se convirtió aquello, como ahora quieren convertir esta rebelión de los de mayo.  en algo ya bien sabido que entra dentro de los cálculos del Futuro y del Poder.

Antes de que se nos acabe este ratito que se nos da yo quiero que para  aclarar más esto del Estado pasemos también a otro versículo del cántico que dice: “Creemos en el Orden”. Es de esto de lo que os quiero preguntar antes de que nos marchemos, porque está tan íntimamente enlazado con lo del Estado que no se puede separar.

La fe reinante consiste en creer que se pueden ordenar tierras, gentes, desde arriba. Pensadlo un momento,  veréis cómo efectivamente esto describe bastante bien cuál es el sentido de la fe: ¿qué gobierno se podría sostener?, ¿qué empresa comercial, qué banca, que aparato ninguno del Poder se podría sostener un momento si no es porque se cree que tiene sentido eso de ordenar desde arriba las cosas, las tierras, la gente? Es absolutamente necesario,  salvo que me llevéis la contraria ahora mismo.

Esta creencia de que se puede ordenar es algo que no sólo rige en los estamentos del Poder, de cualquier Estado, que no sólo rige en la organización y movimiento del dinero, sino que también se cuela naturalmente por entre las familias.  Un padre, una madre,  puede estar seguro, cuando se ha encontrado con la patulea de críos que no se sabe de dónde le han venido, puede estar seguro de que desde arriba le puede decir cómo comportarse. Esto es la educación y hasta tan bajo penetra justamente este veneno de la fe en el Orden: creen que tiene sentido eso de ordenar desde arriba, sea desde un banco del Poder, sea desde un banco del Capital, sea dentro de la casa, sea en cualquier circunscripción,  todo funciona gracias a la creencia en que tiene sentido, de que se puede ordenar. Y esto es de lo que quiero que hagáis defensa ahora, porque seguro que muchos de vosotros creen en esto, creen que tiene sentido ordenar las cosas, las vidas, las tierras, desde arriba, por ley, por voluntad, por decreto, o cualquier cosa.

¿Qué ley, por ejemplo, pasando al Ministerio de Justicia,  podría tener sentido si no estuviera fundada en creer que el comportamiento de los ciudadanos y de la gente se puede efectivamente ordenar desde arriba para el bien, para que la gente se comporte mejor? Es de esta creencia de la que os pido ahora testimonio, confesión y, por tanto, defensa, antes de que nos vayamos.

-Bueno, yo por relacionarlo con lo que has dicho hace un momento, has mencionado ahora el problema de creer en el Orden. Eso como tal, creer en el Orden yo creo que es un imposible, completamente imposible. Todo el mundo sabe que nunca va a poder controlarlo todo del todo. Y tú has dicho que te contestemos a la pregunta de por qué tú estás aquí. Quizá la premisa del orden sea precisamente que cada uno de nosotros nos preguntemos quién soy yo o por qué estamos aquí, por qué razón, porque, si tú pudieras contestarnos a por qué tú estás aquí, significaría que estarías haciendo una confesión, estarías mostrando tu Yo real frente al Yo aparente,  que es el que se muestra ante nosotros, ¿no?, significaría que tú serías dos, uno real y otro aparente. Quizá la premisa del Orden es precisamente esa, que es creer en el Orden porque crees en el Yo. La pregunta también es si se puede creer en el Desorden.

-Dejemos lo de por qué estoy aquí,  porque no has ido por buen camino. Preguntarme quién soy yo, declarar como hemos descubierto que yo no soy el Yo porque el Yo no es yo es mucho más complicado que preguntaros airadamente por qué coños estoy aquí, que es lo que sigo preguntando.

A lo segundo,  no se puede creer en el Desorden. Eso es justamente lo que ellos os quieren hacer creer. Por ejemplo,  si  alguien se declara contra el Poder “anarco” o lo que sea, naturalmente le dicen que es que tiene una fe en la Anarquía, le están metiendo la lección… ¿Qué coños de fe?  Lo único es que le falla la fe en el Orden que le está impuesto, le falla la fe en el Poder y por tanto dice No contra ello y, al decir No, no dice ningún Sí, no hay ninguna fe sustitutiva.

Antes os he hablado de la confianza que tal vez me permite seguir aquí, hasta cuando siga, que es lo contrario de la fe, es la confianza de lo desconocido. Eso del Desorden es así también,  es lo desconocido, y ahora de lo que se trata es de la fe en el Orden, la única fe que hay. En lo contrario no puede haber fe; lo más, se tiene la confianza de que eso que nos imponen no es todo lo que hay, eso no es el Poder en sí, eso no es la verdad en sí;  una confianza en lo desconocido, confianza en el no saber. ¡Más confesiones respecto a esto!

-A mí me parece que justamente sí que puede haber una fe en el Desorden, que se puede ir de un extremo a otro y queriendo separarse de la fe se convierta en otra fe, en empeñarse en que las cosas sean, en estar separado todo el tiempo de ella…

-Un lío te has armado al final.

-Yo  diría como que pasar de una idea a una anti-idea…, que me parece que es un peligro.

-Es que cuesta mucho trabajo dejarse oír. ¿Qué tienes? Tienes ideas y seguramente nos pasa a todos,  a muchos de vosotros. Eso hace que sea muy difícil esto de oír lo que se dice. No cabe ninguna fe en el Desorden, ninguna fe en la rebelión.  La fe no es más que la del Poder, la fe es la de la Banca y la del Gobierno. Para ellos. Hay que dejarla íntegramente para ellos.  Si aquí estamos haciendo algo bueno, eso bueno que surja de esta negación,  eso nunca lo sabremos ni mucho menos lo sabemos ahora ni podemos tener ninguna fe porque eso sería apropiarnos del Futuro,  que es justamente el arma del Poder que aquí no podemos usar.

Lo solo que el pueblo dice es ¡No… al Poder! Y tras ese No,  no hay ningún Sí. Tenemos que contentarnos con eso. No podemos tener aquí una estrella guía, no podemos tener una fe de sustitución que vamos a poner en lugar de eso. Basta con que rompamos la fe de que eso que se nos impone es verdad,  con que perdamos el miedo de qué pasaría si esto se hundiera, y no hace falta saber más. No hace falta saber más y si se sabe más estamos estropeando la rebelión.

Como les decía a los muchachos, para hacer algo, en contra de sus ideas de la acción, para hacer algo,  la primera condición es que esto no tenga futuro. Si esto tiene futuro, es ya como lo demás, como lo de los Gobiernos y lo de las demás formas del Orden. La primera condición de que se puede hacer algo que no sea hacer lo que ya está hecho, la primera condición, es que esto no tenga futuro y que carezca de fe en ninguna idea de futuro ni parecido.

-Es que se da mucho el enganche ese de la llamada anti-idea a la que ella se refería. Por ejemplo los ecologistas, a pesar de las muy buenas intenciones que tengan,  pues parece que tienen como una idea clara de lo que es Naturaleza, como algo que desde luego está opuesto a lo que se vende ahora como naturaleza,  que inmediatamente la gran empresa y el marketing lo coge inmediatamente, atrapa esa anti-idea y la industrializa, la mercantiliza con la gasolina verde. Hay ahora un montón de empresas que viven de, que se llaman verdes, que se apodan verdes,  El Corte Inglés verde,  todo verde, es decir, que es lo mismo que era lo otro pero un poco más caro, mueve un poco más de dinero. Cuando uno dice un No a algo y ese No limpio se propone con otra alternativa, aunque sea contraria, pues inmediatamente está ahí, engancha y atrapa,  pero no solamente a nivel de empresa,  sino de uno mismo. Uno mismo se encuentra con ese enganche todos los días, con ese sustituto que da como verdadero y no lo es. Vale

-Yo vuelvo a, estaba dándole vueltas a por qué Agustín está aquí. ¡Agustín que tú no lo sepas, que no lo sepas, pero que sigas, pero no lo sepas!

-Bueno, es un deseo, no es ninguna declaración propiamente. Yo no sé ni siquiera si debo desearlo; personalmente no, porque lo bien que yo estaría si no tuviera que venir aquí a inventar desde las baldosas una asamblea cada jueves, lo a gusto que estaría canturreando, fumando, paseándome al borde del río o por las callejas…

-¿Y lo bien que te lo pasas aquí,  con la galería?

-No, no, aquí no me lo pase bien. De manera que ni siquiera sé si tengo que desear que me dure mucho esto,  pero gracias.

-¿Qué más respecto a Orden? ¿Creéis en el Orden?

-No, que te lo pasas muy bien aquí en un grado superior a todos los ríos y orillas y  bucólicos del mundo y todas las líricas,  te has vuelto hipocondríaco…

-Bueno, por lo menos ha soltado un poco de la mala opinión que tiene de mí, de manera que más, antes de que nos marchemos, la cuestión del orden,  del creer que se puede ordenar desde arriba. Pensad, si no queréis pensar, de repente en el Estado y el Capital, pensad en vuestra actitud como padres o como hijos, en familia, pensad en la educación, que está fundada en la fe en que efectivamente se puede ordenar desde arriba la conducta de las gentes. Pensad en esto y creo que tendrías algo que confesar cada uno, cada cual.

-Se me ocurren dos cosas sobre lo que decías del orden. Estaba pensando en casos concretos, familiares y personales y generacionales, y también casos que están sucediendo ahora como los de Londres o los de Atenas. El problema, cuando el orden viene impuesto desde arriba, y nos vamos a dar cuenta de que no estamos de acuerdo con ese orden, el problema es que muchas veces se lucha con violencia, se lucha con odio, pero se lucha, como dice Agustín, sin darnos cuenta de que también tenemos interiorizado ese orden; es decir, dentro de la familia, la generación, por ejemplo, la de mis padres, han vivido en hogares muchas veces en los que se les han impuesto a los hijos las ideas, como decía Agustín, desde arriba: un tipo de orden que se lleva interiorizado, y que muchas veces lleva al odio y a decir que esta persona que me ha inculcado esto tiene la culpa, la odio, no la perdono, y acabo actuando o de la forma totalmente contraria o como están actuando a lo mejor en revueltas, organizándose un anti-orden con violencia y con odio contra el orden. Yo creo que lo principal es evitar odiar, aunque no sepamos a qué venimos ni dónde estamos hay que intentar no odiar nada.

-Quitando lo de las recomendaciones, que aquí no se pueden hacer, pero gracias por todo lo demás, porque has sacado un argumento que debería haber salido ya: la dominante es la fe en que se puede ordenar desde arriba, se puede ordenar un Estado, se puede ordenar las finanzas del dicho Estado, se puede ordenar el orden internacional incluso, se puede ordenar la Justicia para producir por medio de penas y castigos un mejor comportamiento. Hay jueces para que no haya ladrones, por ejemplo. Esto es lo que rige, esto es lo que está mandado. Se cree que la familia tiene sentido, que los mayores bien formados, padre y madre, eduquen a los niños diciéndoles qué es lo que tienen que hacer y qué es lo que no.  Todo esto es la fe dominante. Lo que ella ha sacado, aunque sea superficial, es importante: el resultado de esa fe y de ese orden lo tenéis a mano todos los días. Ella lo ha dicho claramente al sacar los desastres  espectaculares de Londres o al sacar dentro de la familia la rebelión de aquellos a los que se ha educado, y que por tanto desarrollan odio, lógico, contra aquellos que les han educado.

Es lo primero,  no basta para decirle ¡No al Orden!, pero no está mal recordar que, puesto que estamos regidos por la fe en que se puede ordenar desde arriba, algunas de las consecuencias resulta que son para cualquiera desastrosas. Naturalmente, los que no creen en la justicia, piensan que si no hubiera jueces a lo mejor tampoco habría ladrones. Esto es la negación de la fe dentro de lo que os estoy diciendo. ¿Queda alguna confesión  respecto a esto antes de que nos vayamos?

No, por supuesto que tenemos que seguir tratando sobre lo de la ordenación y todo eso pero quería antes de que nos marcháramos recoger todavía alguna confesión de creencia en el Orden: ¿qué te crees tú? ¿es que has descreído del todo de que se puede ordenar desde arriba, de que se puede educar, de que se puede hacer justicia, de que se puede gobernar? Porque es lo que se os está pidiendo, se os están pidiendo confesiones de restos de fe en que se puede gobernar, en que se puede hacer justicia, en que se puede educar. ¿Estáis del todo limpios de semejante fe? Aquí, naturalmente, estamos deseando que saquéis esos restos de creencia en que se puede, en que tiene sentido educar, gobernar, hacer justicia,  para destruirlas, pero tienen que salir a luz. Si no se declaran esos restos de fe en la ordenación desde arriba, tampoco se pueden negar eficazmente.

-No sé, pero yo creo que muchas veces, más que fe en el orden, lo que se tiene es fe, no sé de donde viene, se tiene miedo al desorden, a que cuando se acabe el orden o si no hay orden será peor, el desorden será peor. Y yo creo que es ese miedo el que nos mueve también a la fe y el que nos hace estar tan conformes en el Estado.

-Sí la cuestión del miedo, que ya ha salido también en otra ocasión, está íntimamente ligada con la fe. Cuando se dice “perder la fe”, se dice “perder el miedo” No tener miedo a hacer esa pregunta: ¿qué pasaría si esto se hundiera? ¿Qué pasaría si esto se hundiera?      Hay que perder el miedo que esa pregunta da, porque eso (…)  perder la fe.

Se ve que hay que cortar de manera que con la cuestión de esta creencia en que se puede educar, gobernar, hacer justicia tenemos que vérnosla, si llegamos a tanto, dentro de siete días. ¡Hasta entonces, salud, por lo menos!

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