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  • Agustín García Calvo
  • Agustín García Calvo (1926-2012)
  • Agustín Esquema del Lenguaje - Ella
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02.06.2011

2 de Junio de 2011

2 de Junio de 2011
2 de Junio de 2011

Agustín García Calvo en Sol

2 de Junio de 2011 en Sol
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TRASCRIPCIÓN:

 
Vamos a empezar si os parece.  Creo que esta vez -se conoce que  no hay en la asamblea sordos- no tengo a mi lado a la encantadora que el otro jueves estuvo hablándoles por señas todo el rato,  cumpliendo así una buena función y además otra que es la de conseguir que la gente mirara más bien para ella y la gracia de sus movimientos, y no se pasara todo el rato fijándose en mi jeta mucho menos linda, porque esto es lo que os advierto: no hay cosa que más estorbe a lo que aquí se está intentando de dejar que hable lo que nos quede de pueblo que eso de fijarse en la persona, en el nombre y en la voz de cada uno. En ese sentido se lo agradecía. Que oigan los sordos, por supuesto, como hablan,  y como ven también los ciegos.

El caso más grave y que tiene remedio más difícil es de los que han perdido el olfato y que por tanto no pueden oler a qué huele esto ¡hmmmmm!, ni oler tampoco la podredumbre del Estado y el Capital. Confío en que entre vosotros haya pocos de los que hayan perdido del todo esta facultad. Aquellos de entre vosotros que han trabajado más estos días, que han estado preparando pliegos de reivindicación y discutiendo sobre lo que debe hacerse y cómo dirigirse al Poder y cómo no,  esos desde luego no han hecho caso… (Interrupción)  Me estaba dirigiendo ahora en primer lugar a aquellos de entre vosotros que serán pocos,  me temo, los que estén por ahí, que son los que más han trabajado a lo largo de varias sesiones…  (Interrupción. Bueno, va a continuar la charla de Agustín García Calvo y tenéis que disculpar estos errores técnicos que a veces tenemos)… Luego entonces con vosotros o con aquellos de vosotros que más han trabajado por la organización y el mantenimiento de esto,  sea lo que sea, sin llamarlo con ningún nombre, estos le han hecho poco caso, por no decir ninguno, a lo que el último jueves estuve advirtiendo de las cosas que no había que hacer para evitar que, no por las fuerzas del Poder ni la autoridad,  sino desde dentro esto se estropeara, perdiera su sentido, su espíritu.

Una de ellas era no dirigirse hacia arriba,  a las autoridades gubernamentales o económicas, que son las mismas, para reclamarles, pedirles, exigirles nada,  porque, en primer lugar, suponiendo que os concedieran algo de esas cosas que pedís, esas reclamaciones de vuestra lista, es decir, que os concedieran por modificaciones de las leyes alguna facilidad más para encontrar los desempleados algún trabajo, infame por supuesto, como son todos los trabajos, y en especial aquellos que están destinados, como son casi todos, a mantener la rueda del dinero, a hacer que siga girando a costa de todo lo demás que quede por bajo, si os concedieran eso, si concedieran también alguna otra reivindicación, como alguna modificación también en las leyes, infames también todas ellas, porque no pueden ser otra cosa que infames,  administrativas de muerte,  las leyes que están destinadas a mantener el orden establecido y a acallar por los procedimientos que sea y las condenas que sea todo lo que quede por debajo,  suponiendo que también conseguís eso, que conseguís que por orden gubernamental disminuya un poco el paro, la tolerancia…  ¿qué es lo que habrías conseguido en definitiva con esas migajas, con esas limosnas?

¿Es que creéis acaso que fue para conseguir esas cositas por lo que se levantó inesperadamente este movimiento, que fue por eso por lo que empezó a juntarse,  en plaza del Sol o cualquier otro sitio,  gente que más o menos sordamente, más o menos de abajo,  tenía que protestar contra el régimen? No era por esas migajas, por supuesto. Era por algo mucho más profundo en cada uno de nosotros,  no de la mayoría, pero en muchos de nosotros, en lo que nos queda de pueblo. No vais a creer tampoco que fue por eso la repercusión que ha tenido esto, este levantamiento,  por todos los sitios de Europa, de América, todos los sitios en donde está establecido el régimen del bienestar…Sería  ridículo pensar eso. No ha sido tampoco por eso desde luego. Ha sido porque por cualquier sitio que fuera sentían, allí también por bajo que esto respondía a algo que en cualquier parte sometida a este régimen se sentía, que tocaba la llaga de verdad, la llaga de más hondo, y sin duda es eso lo que reconocían y por eso lo que han respondido con esas múltiples repercusiones.

De manera que esto se entienda bien: trabajando mucho como habéis trabajado no se consigue nada. No son las asambleas libres el sitio para trabajar.  Comprendo muy bien que estáis, estamos todos bien educados en el sentido de la moral que el régimen necesita: hacernos creer que para conseguir algo hay que trabajar, sufrir durante algún tiempo, pasárselo mal para así como premio conseguir ese fin al que se aspiraba. Esta es una de las grandes mentiras que sostienen al régimen. Lo comprendo por tanto, es muy difícil de desarraigar de la noche a la mañana esta moral maldita, pero sería muy deseable que al menos en este sitio excepcional, inesperado, en el que nos encontramos, se desterrara todo lo posible, se dejara de querer, se perdiera esa fe en el premio del trabajo, del esfuerzo y del sufrimiento.

Por otra parte,  con esas reivindicaciones, esas reclamaciones hacia arriba lo que se ha conseguido ha sido fortalecer al Poder a quien esas reclamaciones se le lanzan, el Poder que nunca está tan seguro ni tan fatal como podéis creer. Ellos saben,  ellos mismos arriba,  saben que no es tan seguro,  por eso están predicando todos los días la fe en la realidad a través de los medios a su servicio,  para que creáis que ese poder es omnímodo como el de Dios, fatal,  inevitable. Así, auque sea en alguna medida, lo que era un verdadero levantamiento, negación contra ese orden, lo que hace es ratificar esa fe y fortalecer al Poder.

Esto a lo mejor es triste de decir y no querría que trajera ninguna especie de desconsuelo a los que han trabajado en esto, pero así es, y, por terminar con esto, lo que desde luego más de inmediato se ha conseguido en las muchas horas de asambleas dedicadas a este trabajo, aquí y en otros centros donde se ha reproducido lo mismo, lo que se ha conseguido es aburriros, aburriros,  que era lo último que había que conseguir. En una asamblea libre de verdad no puede aburrirse nadie, pero en el momento en que la asamblea se dedica a tratar del futuro, a discutir lo que se debe pedir y lo que no se debe pedir al Poder, en ese momento en que aparece el futuro,  aparece el aburrimiento.

Os habéis aburrido mucho más que ostras necesariamente y no por culpa de la falta de entendimiento o de elocuencia de los que hicieron las propuestas, sino porque es así en cualquier sitio, también en la vida corriente, en que la charla empieza a ser una charla acerca  del futuro, de lo que se va a hacer, de lo que va a pasar, inmediatamente uno se cae de aburrimiento. Es normal y eso está dictado por lo poco que nos queda de pueblo vivo, que pide otra cosa muy distinta.

Por tanto desearía mucho que,  en adelante, si esto sigue de la manera que siga, dejara de discutirse tanto qué hacer, qué vamos a hacer, porque eso no es cosa vuestra ni de los organizadores, ni de ninguno de vosotros, ni de mí desde luego, eso no es cosa de nosotros,  porque lo que vaya a surgir de esto tiene la gracia de que no se sabe, viene de más abajo, de eso que nos queda de pueblo. De manera que es vano preguntarse qué vamos a hacer.

Tenemos que evitar que esto se estropee, tenemos que procurar no estropearlo nosotros mismos. Y lo que resulte,  ello saldrá, ello lo irá diciendo, y ya iremos reconociendo al sentirlo cómo sube hasta nosotros, de dónde viene y qué es lo que vale. No más preguntarse ni en asambleas ni en reuniones qué vamos a hacer, qué vamos a hacer ahora.

Lo positivo es lo mortal, lo mortífero. Es únicamente la negación lo que puede dar vida a cualquier forma de rebelión que venga de verdad de abajo. De manera que no más en eso. Tengo que deciros a todos los que andáis por aquí, y también a los organizadores,  que sólo por estar aquí, sólo por estar aquí, día tras día, evitando trampas como la de enfrentarse con las fuerzas del orden y a cualesquiera otras trampas exteriores, sólo con aguantar aquí, sólo con seguir estando aquí, habéis hecho mucho, habéis hecho ya mucho. (Aplausos) Esto es lo que conviene recordar ante todo.

¿Qué es lo que en una grande o pequeña asamblea libre o en cualquier reunión entre la gente, entre vosotros, que se produzca,  se puede hacer? Hay muchas cosas que se pueden ir haciendo. ¿Es que creéis que estas asambleas están destinadas justamente a discutir de lo que se va a hacer?  Es precisamente a eso a lo que no tienen que estar destinadas. Hay muchas otras cosas de qué hablar en una grande o pequeña asamblea o encontrándose gente. Es que ¿acaso vosotros, yo mismo, hemos llegado a descubrir cómo es el mecanismo del Estado confundido con el Capital que hoy nos domina? ¿Nos hemos librado de bastantes ideas para dar paso al sentido común que venga a decir en qué consiste justamente la trampa? ¿Es que hemos llegado bastante a saber decir no a la fe, a saber descubrir la mentira que al Poder le es necesaria para subsistir? No, nos queda mucho que hacer. Y este hacer, el primero, es el hablar, porque sólo hablando, dejándose hablar, no soltando ideas de cada uno, sino dejando hablar lo que quede más abajo, sólo así se destruye la mentira, sólo así se destruye la fe. (Aplausos). Y en ese sentido el hablar es la primera acción sin la cual todo lo demás es dañino.  

No hemos llegado a descubrir nada del mecanismo del falso orden que nos está impuesto, muy poco. Estamos muy engañados siempre. El desengaño es difícil, es largo.  No hemos llegado a entender cómo es que, en contra del credo de la democracia, cada uno no sabe ni qué quiere, ni a dónde va, ni qué compra, ni qué vota, que todo eso se lo mandan. Descubrir cómo uno mismo está en guerra consigo mismo, que en uno mismo hay tanto una obediencia que por conveniencia de la persona le está impuesta,  como hay también una rebelión que está contra ella. Y hay que contar con que cualquier lucha sea así.  También la lucha de cada uno contra sí mismo es política, es la primera política a la que tenemos que dedicarnos. (Aplausos)

Aquí,  por mi parte, voy a seguir viniendo al pie del oso y el madroño. Si hay un quórum, como dicen ellos, sabéis qué es un quórum,  si hay un quórum ¿sabéis,  aunque sea ridículo decirlo,  cuál es el quórum que determina que ha lugar a una asamblea libre grande o pequeña? Pues el quórum, se produce en ese momento en que se empieza a no saber cuántos son, cosa que normalmente se produce cuando son hallados treinta y tantos o más. En ese momento en que empieza a llegar uno y salir otro, a entrar y salir gente, y no se puede contar, ni  pueden votar, ni se sabe cuántos son, en ese momento ha lugar a una gran asamblea.

Pero que siga habiendo grandes asambleas y que esto se desperdigue de momento es lo de menos. La lucha, el desengaño, la lucha contra la fe va para largo y en ese sentido digo que lo que por mi parte cabe es venir  aquí si hay mucha gente bien  y si hay poca gente también para seguir discutiendo esas cosas que no sabemos todavía ni del orden reinante ni de cada uno mismo y que no las sabemos porque creemos saberlas, porque estamos con nuestra educación siempre demasiado cargados de ideas, que en definitiva es lo mismo que esa fe contra la que hablo.

De manera que mientras me dure el humor, por mi parte y para empezar, cada jueves a las ocho y media podéis encontrarme aquí al pie del oso y el madroño. (Aplausos)

Ahora mismo para empezar, como había quedado con amigos de Leganés a ir a tratar acerca del lenguaje, gramática en el sentido contrario a la gramática de las escuelas, pues vamos a intentar hacerlo, si nos quedan los ánimos,  en la Plaza Mayor a las diez.  Esperaremos a las diez a quienes quieran participar en esta sesión de estudio de gramática… En la Plaza Mayor, luego ya veremos, como hemos dicho, allí en el centro nos reunimos. Bueno ahora para terminar, que parece que están impacientes los compañeros que tienen que seguir con su asamblea,  confío en  que no aburriéndoos, o un poco menos quizá, -¡debate, debate!-,  ahora para irme os voy a dar algunos de los libros que he producido por ahí,  pero querría dárselos a aquellos que nunca han leído nada de lo que he venido escribiendo durante todos estos años, de manera que absténganse de levantar la mano los otros. Los voy a repartir sólo a ellos. (¡Debate, debate!)

 

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