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  • Agustín García Calvo (1926-2012)
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17.10.2015

Entrevista-AGC: “El mundo de la cultura española me importa un bledo”

Entrevista-AGC: “El mundo de la cultura española me importa un bledo”

El más joven de los nuestros viejos filósofos, Agustín García Calvo (Zamora, 1926), acaba de publicar tres nuevos libros, el ensayo ¿Qué es lo que pasa?, a vueltas con la realidad y sus mentiras; una versión rítmica de Cementerio marino, de Paul Valéry, y 47 sonetos de Guiseppe Belli, todos ellos en su editorial, Lucina, creada tras su exilio francés. Su vitalidad no tiene receta, aunque apunta que quizá sea el no rendirse a la ingratitud del mundo de la cultura, y el estar rodeado de gente joven, con la que se encuentra en su tertulia del Ateneo de Madrid.


NURIA AZANCOT | 13/07/2006 |  Edición impresa - El Cutural de El Mundo 

 

Caricatura: Agustín García Calvo, por Gusi Bejer

 

Pregunta: ¿Qué es lo que pasa en el mundo de la cultura española?


Respuesta: El mundo de la cultura española me importa un bledo. Apenas me interesa como parte de la realidad contra la que el libro mana.


P: ¿Por qué contra la realidad?


R: Porque la realidad se nos presenta, se nos impone o vende, nos estamos hundiendo en la verdad y sólo podemos defendernos contra eso, contra las mentiras de la ciencia y de la física. En el libro intento descubrir la esencia, la verdad y la mentira, de la realidad.


P: ¿La raíz del libro es la tertulia que mantiene desde hace 8 años en el Ateneo de Madrid con un centenar de jóvenes?


R: Desde luego, en gran parte surgió de ahí, en las sesiones del Ateneo. Es un fenómeno singular porque va ya para nueve años y siempre acuden unos cien, con pocas deserciones incluso en verano, a pesar del desprecio hacia mi obra de los que mandan en el mundo de la cultura. Y me consuela bastante. 


P: ¿El contacto asiduo con jóvenes creadores le da motivos para el optimismo?


R: Prefiero hablar no de jóvenes sino de gente menos formada. Existe una mayoría idiotizada que domina la ciencia, la cultura y con los que no se puede hablar porque no aceptan el debate. Otros menos formados sí admiten el intercambio de ideas, porque la edad no condiciona demasiado ese talante abierto. 


P: ¿Cómo surge su pasión por la física?


R: Mi pasión por la física esencialmente es odio. Y nace del amor a lo que no se sabe, a lo que sigue vivo. Por eso odio el capitalismo, que es la realidad de lo real,y otras formas de la realidad, como la ciencia y la cultura, que siempre están al servicio del poder. Me interesa saber si en física se puede descubrir algo de lo que es la verdad, a pesar de sus contradicciones. 


P: ¿Se puede luchar contra la realidad?


R: Siempre, es una batalla abierta. En contra de lo que nos quieren hacer creer, la realidad no es todo lo que hay. Y no sólo es que haya probabilidad de éxito al combatirla, sino que es posible. Es lo que hace que el corazón y la razón sigan latiendo, porque no hay que resignarse jamás.


P: Y sin embargo, la escritura también falla...


R: Claro, porque tampoco está perfectamente hecha; pero a través de sus grietas a veces habla algo de voz viva en forma de poesía o de lógica, y entonces es lo que deshace la contradicción. 


P: Ahora que menciona la poesía, también acaba de publicar una nueva versión del Cementerio marino de Valéry, y 47 sonetos de Belli... ¿cómo conviven en su caso el filósofo y el poeta?


R: Con naturalidad. En mi caso filosofía y poesía siempre han estado ligadas, sólo separadas por el placer de las técnicas creativas diversas.


P: ¿Por qué se edita sus libros, es una decisión personal o un síntoma del mercado editorial? 


R: El problema es complejo. A mí, como sabe, ni Dios me hace caso, de modo que cuando volví de Francia decidí con alguno de mis hijos montar la editorial, con resultados económicos desastrosos.


P: ¿Sí, qué respuesta tienen entonces sus libros?


R: En general los medios, con excepciones como El Cultural, no se dan ni por enterados de lo que estoy haciendo. Se ve que sólo se recoge o alaba lo que se vende fácilmente, lo que no hace pensar, no molesta ni daña. Y se ve que mis obras son peligrosas.

 

P: ¿Por eso afirma que se venden los vendidos?


R: Sí, cuando uno decide someterse a las reglas del mercado, tratando de decir algo original pero aceptando los límites impuestos, se vende y vende. Pero si decide trabajar con libertad, sin someterse, tiene pocas probabilidades de reconocimiento.


P: ¿En qué radica la originalidad de su traducción de Cementerio marino?


R: En que he reinterpretado el ritmo del verso francés, dándole una nueva musicalidad a los poemas.


P: ¿No es un esfuerzo inútil empeñarse en volver a Valéry o Belli, en estos tiempos de falcones y browns?


R: No sé si es inútil, pero sí es posible y necesario. Me he dedicado a sacar a la luz poesía antigua y moderna, porque es uno de los sitios donde se habla de verdad. Intento devolver a la voz viva lo que yace muerto en la escritura.


P: ¿Le gusta que le consideren “el último ácrata”?


R: Nada, en absoluto, es meterme en la historia, es un truco, un señuelo, una etiqueta para hacer que lo que hago no sirva para nada. Lucho contra eso.


P: ¿De verdad cree que su obra no es más valorada porque hace tiempo renunció a salir en televisión?


R: Sí, suelo decirlo así, que la mitad de la culpa es mía y la otra del mundo porque me he negado a aparecer ahí, y lo que no sale en la televisión no existe.

 

Carta de Agustín García Calvo  a El Mundo tras la publicación de la entrevista

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