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Tertulia Política número 216 (10 de Febrero de 2010)

Tertulia Política número 216 (10 de Febrero de 2010)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

Tertu216-10-2-2010
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  • Una consideración heterodoxa de la Historia de la Ciencia como vaivén entre necesidad de creencias y repugnancia de esas creencias, en contra de la consideración ortodoxa de la Historia de la Ciencia como Progreso hacia un Fin o Verdad.
  • Paralelo entre la Historia de la Ciencia y la Historia de Uno.
  • El éxito como prueba de verdad para la Ciencia y para uno mismo.
 

TRANSCRIPCIÓN:

 
Andábamos al final del otro día intentando ver qué daba de sí un recorrido a la Historia de la Ciencia, sobre lo cual volveremos, y recordad que aquí se trata de este juego, esta dialéctica, entre lo que pasa con la Realidad, con el mundo costituído, y lo que pasa con cada uno de nosotros, también más o menos costituído, de tal forma que como decíamos el Sicoanálisis sirva para la Física, y la Física para el Sicoanálisis.  Lo uno va con lo otro, y ya veis que todo ello va en el sentido de combatir la división que reina y que se nos impone entre el objeto del conocimiento y el Sujeto del conocimiento, y desbancar a esto de ‘el Hombre’, desbancarlo de su situación enfrente de las cosas para que por el contrario aprenda Él, aprendamos nosotros, a entendernos como cosa entre las cosas.  En ese sentido iba ese recorrido.  

Recorrer la Historia de la Ciencia es apelar a un istrumento que para nosotros es desusado y sospechoso, porque ya sabéis que de verdad no hay tal Historia, como no hay tal Futuro: de verdad no hay más que ‘ahora’, que es justamente inasible, inconcebible.  De manera que estamos haciendo trampa en algún sentido cuando hacemos caso de los que nos presentan, por libros o de otra manera, esa Historia de la Ciencia y los avatares por los que ha venido pasando.  Pero bueno, he pensado que tiene sentido a pesar de todo, porque precisamente es en esa evolución del pensamiento científico donde el Poder pone su idea del Progreso, de tal forma que se presentan costantemente avances desde los registros más antiguos de la Historia, pasando por los antiguos, y hasta nuestros días. Un Progreso que muchas veces se nos presenta bajo la imagen de la velocidad, con la cual pues naturalmente cada vez vamos más deprisa en ese Progreso, de manera que el tomar la Historia de la Ciencia de otra manera, puede servir para corregir esa idea funesta del Progreso por la cual vivís dominados.  Y la Ciencia tiene que servir para eso en primer lugar, porque al fin y al cabo ella es el Credo de nuestro Régimen, del Régimen actual, el Credo principal.  Que se lleva por cierto bastante bien con los otros Credos, pero bueno,  es el Credo principal la Ciencia, de manera que tratábamos de verla ya el otro día de tal manera que más bien se presentara como un vaivén.  Desde luego lo que sabemos es que el considerarla como un Progreso es algo que solamente se debe a la Fe en el fin, es decir, en que los sucesivos intentos de entender, de dar razón de la Realidad la Ciencia, la Física en primer lugar, aunque sea con avances y retrocesos y todo eso, pero se dirige a un fin, que naturalmente es la Verdad.  Como aquí estamos aprendiendo a descreer de la Verdad, es por lo que esto tiene un especial interés para nosotros.

Las ideas o imaginaciones acerca del curso de la Ciencia en los siglos que la conocemos han variado.  Ya recordáis una que era la del eterno retorno, es decir, que imaginaba ese proceso más bien como un ciclo, como un círculo, y frente a ellas se habían presentado otras.  Yo recuerdo de mis años de mocedad las de Toynbee, el historiador, que acertaba a presentar de una manera que en aquel entonces me impresionó bastante, que era la de.....¡bah!, en definitiva la de ‘el carro’; la de el carro, donde se da efectivamente el ciclo, con el retorno de las ruedas, pero al mismo tiempo se da un avance del carro todo en virtud precisamente de las ruedas.  Bueno, cosas así, no os voy a recordar más.  Lo que domina sin embargo es la idea de que vamos hacia un fin, de tal forma que condena esa evolución más bien a la línea recta hacia ese fin, y esa línea recta está determinada por el fin.  Lo entendéis igual de bien que yo, no hace falta insistir, sin eso no se podría producir semejante imaginación.

Por otra parte sabemos (hemos descubierto, hemos dejado de saber), que en cuestión de realidades eso de la Verdad no cabe, no tiene sentido, no hay verdad en las realidades.  No hay ninguna verdad, de manera que habiéndonos dado cuenta de eso, es necesario desterrar cualquier idea o imaginación que siga contando con una aproximación a la Verdad: en las cuestiones de Realidad, como cualquiera sabe, no hay más que más o menos, es decir, aproximaciones, pero a nada definitivo.  La verdad es incompatible con la Realidad, conque esto que les pasa a las cosas y nos pasa a nosotros en cuanto que somos cosas evidentemente nunca puede ser más que eso: más o menos, retornos aproximativos, pero nada más.  Esta tertulia política contra lo que está es contra la Verdad precisamente.  Contra la Verdad.  Tal vez en estos años pasados nos dejábamos decir que la tertulia al estar contra el Poder estaba contra la Realidad sin más, pero estos últimos tiempos se me ha venido haciendo claro que hay que distinguir netamente entre las meramente cosas, las cosas, y la Realidad, que son ya las cosas costituídas por la imposición de ideales, de cosas que vienen desde Arriba, es decir, del sitio donde están ‘todo’, ‘nada’, ‘1’, ‘números’, y demás.  Eso es propiamente Realidad.  Es bienvenido que en nuestro idioma la palabra ‘cosa’ sea perfectamente vulgar: es el término más amplio que cualquier idioma corriente conoce para abarcar cualesquiera otras cosas, mientras que ‘Realidad’ es, lo mismo que ‘existencia’, lo mismo que ‘existir’, un término de las Escuelas, es decir, impuesto ya por sí desde Arriba.  De manera que contra lo que estamos si me acompañáis es contra la Verdad, es decir, contra la creencia, que no puede ser más que una Fe, en que a esta Realidad, a las cosas, a nosotros entre ellas, a uno cualquiera de nosotros, se le pueden aplicar cosas como ‘verdad’, como pretensión de verdad, ese fin que determina la idea de Progreso de la Ciencia y de Progreso en general de cualesquiera otras cosas, ¿no?: que vamos a algún sitio, que por el camino que vamos, vamos a algún sitio.  Ésa es Fe fundamental.  Sin eso no funcionaría la Ciencia, es decir, no funcionaría la Ciencia que mayoritariamente y en principio está dedicada al servicio del Poder precisamente, o sea, a sostener la verdad de las realidades.  Ésa no podría funcionar.  Por fortuna ya sabemos, y nos hemos aprovechado de ello muchas veces, que eso no es toda la investigación, que ha habido y sigue habiendo gente que descubre la mentira de las teorías que se le habían ofrecido para dar cuenta de la Realidad, y de momento esta negación, pues ya sabéis, es vida, como cualquier negación.  Que luego después eso venga a caer en una reproducción, es decir, la presentación de otra Teoría mejor que sustituya a la anterior, es secundario, lo importante es, como siempre, la negación.  Es así como se nos presentaba ya el otro día la evolución de la Ciencia como un vaivén, pero un vaivén que no va a ningún fin, sino que se reconoce como vaivén.  

El vaivén era como recordáis producido porque por un lado desde lo Alto se están costantemente imponiendo ideas, se nos quiere hacer saber, es decir, se nos quiere hacer creer en la verdad de las cosas que la Ciencia sabe, y que por tanto nosotros sabemos como súbditos suyos, y esto da lugar naturalmente a la formalización, al desarrollo de entes ideales cada vez más sutiles y por ello más poderosos, y éste es uno de los dos sentidos del vaivén, mientras que por el otro lado no deja de haber por bajo de las cosas, de nosotros, algo que sigue vivo, nunca la muerte ha alcanzado una victoria definitiva.  Nos quieren hacer creer que como es inevitable el que la alcance, para el caso es ya como si la hubiera alcanzado: estamos ya muertos, las cosas están muertas, convertidas en las ideas que la Ciencia nos sirve acerca de ellas, pero no es verdad, no es verdad tampoco eso, es otra muestra del mismo truco dentro del que vivimos.   De manera  que como algo siempre hay vivo por debajo, naturalmente eso está en ebullición por así decir, y acaba por desmontar los trazos ideales, geométricos, que previamente se habían impuesto a la Realidad.  Esto obliga a una renovación, a un desmontaje de la Teoría anterior, y naturalmente (porque seguimos estando dentro de la Realidad), a la sustitución por otra Teoría mejor, es decir, en la que los entes ideales, números y demás, hayan mejorado en sutilidad y en Poder para seguir dando cuenta, dando razón, de la Realidad.  Ése es el otro sentido del vaivén, y ésa es la lección que nos puede dar una consideración heterodoxa de la evolución y de los avatares de la Ciencia.  Como muchos de vosotros quedaréis con oscuridades acerca de esto, dentro de un rato os pediré que las saquéis afuera, porque pueden ser útiles.

Ahora por lo pronto os recuerdo que esta consideración de la evolución de la Ciencia, del Progreso, más o menos en burla, como lo hacemos justamente para desmontar la idea del fin y del Progreso, no es más que una de las caras de esa dialéctica que al principio os recordaba: eso es lo que también le pasa a uno, es decir, que si nos retrotraemos a hacer la Historia de Uno, la Historia de Uno mismo, con lo que nos encontraremos por fuerza ha de ser con lo mismo, es decir, por un lado la imposición de ideas que por todos los medios de Educación se nos imponen, se le imponen a uno, para hacerse una idea, una idea firme, de qué es lo que nos está pasando, y esa idea firme solamente puede fundarse en una cosa: en el fin.  En el fin otra vez, y por eso se dice que en este sentido la idea de la muerte es la primera, la madre de todas las demás ideas: es a partir del fin como en uno de los dos sentidos se nos tiene que imponer, se nos impone costantemente la ideación de las cosas y la Fe en que se saben.  Vamos, si uno particularmente no las sabe, no importa, porque Doctores tiene la Iglesia.  Lo importante es que se crea que Arriba hay alguien (físicos o quien sea), que sí lo saben.  Esto por un lado, y luego por el lado contrario naturalmente está el rechazo de ese sometimiento, que nos viene de abajo, que nos viene de lo que a uno le queda de vivo, de pueblo que no es uno, que no existe, pero que desde luego no deja de seguir viviendo, y es eso lo que mueve a rechazar el sometimiento a las ideas impuestas, a rechazar el aburrimiento consiguiente. Aburrimiento, ese bostezo que es el Tiempo vacío que se abre, el Tiempo vacío sobre el cual se nos hace existir, el aburrimiento de que siempre tenga que pasar lo que estaba previsto, por decirlo en pocas palabras, una cosa que ya hablando de juegos o hasta de fútbol el otro día se nos aparecía cuando recordáis os preguntaba que cuando de los dos equipos uno va perdiendo, con cuál va tu corazón. Pues con el que va perdiendo, porque el que venza el más fuerte, es decir, el que se cumpla lo que estaba previsto, no tiene ninguna gracia para esto que nos queda por debajo de vivo, y es justamente el aburrimiento el descubrimiento de repente del Futuro que se nos impone y de su vaciedad.  De manera que de ahí viene ese rechazo, esa huída, si queréis de la (), del aburrimiento, que hace que se nos produzcan reacciones contrarias.  Uno tiene necesidad por un lado de creer en lo que le dicen: sin Fe, ¿quién puede sostenerse en este mundo?  ¿Quién iba, sin Fe, a tragarse los rollos de los periódicos o de la televisión todos los días?  ¿Quién podría aguantar ni un momento solo?  Uno necesita tener Fe y seguir creyendo que algo de eso tiene fundamento, tiene verdad, y que por tanto se está hablando de algo que tiene fundamento, que tiene verdad.  Si no lo creyera, ¿cómo uno iba a poderse someter siquiera a pruebas como ésa que os recuerdo?   Uno tiene esta necesidad de Fe.  A veces la encuentro proclamada como una desesperación en unos versos que me vienen ahora de Antonio Machado, que no sé de dónde son, donde hablan “de querer y no poder, creer, creer y creer”.  No estoy en este momento seguro, tal vez si estuviera Antonio Fernández, o Isabel misma, nos dirán de dónde vienen.   Tal vez éste es el fin de los sueños de fiebre y duermivela, no estoy seguro.

-¿Pero cómo es?

A-“De querer y no poder, creer, creer, y creer”.  Es una forma especialmente desesperada de decirlo.  Bueno, ya algunos de los que tengan más reciente la lectura nos recordará de dónde vienen, y ésa es una necesidad que por un lado se impone: querer, claro.  Uno quiere creer, porque uno, en la parte que le corresponde a eso que se llama voluntad, es naturalmente un siervo, es un sometido, y tiene que estar por la Fe, por la Creencia, porque le parece que en ello le va.....¿quién se atreve a decir ‘la vida’?  Sería del todo impropio, pero le va el Ser, le va el ser quien es, que para él, para esa parte de uno que uno es, es fundamental: ser uno el que es para ése, para esa parte de uno que uno es, puede cargarse a las pretensiones de vida o de lo que sea, y si para ser uno el que es hay que admitir la muerte futura como una verdad, se admite. Pero resulta que uno no es uno de verdad, y que uno por tanto no es del todo eso, no es pura y solamente eso, sino que por debajo le sigue rascando, le sigue hirviendo alguna otra cosa que se revela contra ello y que no cesa de hacerle poner en duda las verdades que todos los días le imponen, las verdades incluso que uno se impone a sí mismo para ir tirando, y eso, esas dos cosas, producen el mismo flujo de vaivén, esa especie de ritmo, de ritmo sin final del que veníamos hablando.  No puede menos de ser así: no sólo es que sea la única manera decente para ir tirando, sino que es la sola que nos queda, ese fluctuar, ese vaivén.  Naturalmente un buen creyente, un buen siervo, no puede admitir eso: tiene que admitir que al fin y al cabo hay una Verdad, hay un Fin, hay un Progreso, que las cosas tienen un sentido, pero es mentira, no es así.  Implica eso, ya sabéis, la admisión de la creencia en la muerte como una realidad, la muerte-siempre-futura, que nunca está aquí, pero que está costantemente aquí, desviviéndonos, haciéndonos la puñeta en lenguaje vulgar como preocupación, como amenaza. Ésa es la situación, y quien se ostina en creer en un fin, en un sentido de esa vida, pues lo que está haciendo es declarándose un creyente en la muerte.

El propio Jorge Manrique a lo largo de sus famosas coplas, no siempre es así, pero en algún momento se pone ortodoxo:  “esta vida es el camino para otra que es morada sin pesar”.  Ortodoxia.  ‘Camino’ es a nuestro propósito una cuestión importante: camino en esta vida se hace naturalmente en virtud de la muerte futura.  Si no, el camino es ese camino fluctuante que estamos tratando de descubrir, y que por tanto no puede ir a ninguna parte.  Ahora, en cambio si se va hacia la muerte (y después, claro, para consolarnos, la Eternidad, la vida Eterna, pues son cuentos secundarios), si se va hacia la muerte futura, entonces sí, entonces ya claro, esto es un camino, y tiene sus etapas, tiene sus avances y retrocesos, sus desviaciones y sus vueltas a la ortodoxia, y todo lo demás que haga falta.  Es la noción de ‘camino’.  Mentira por supuesto todo.  Más sensato (es que me están viniendo ahora versitos a la memoria), es Don Sem Tob: las Glosas de Sabiduría empiezan diciendo “quiero dezir del mundo /e de las sus maneras /e cómmo de él dubdo /palabras muy certeras. //Que non sé tomar tiento/ nin fazer pleitesía:  /d´acuerdos más de ciento/ me torno cada día”, y de los ejemplos que después van siguiendo.  Es decir, que las palabras muy certeras son paradójicamente “cómmo de él dubdo”, la duda, y  “d´acuerdos más de ciento/ me vuelvo cada día”, la inestabilidad de las creencias, de las concepciones a que uno había llegado, de los arreglos respecto a la medida de las cosas y a cómo son de verdad o no son.....

Esto lo decía en el sentido más decente.  Es esa fluctuación lo que nos queda, y en esta tertulia política en que se intenta dejar a ver si lo que nos queda de pueblo que no existe puede hablar por bocas personales, nos alegramos de que por lo menos estamos guerreando, y eso no nos lo quitan, es decir, la muerte no está cumplida, ni ese fluctuar ni de la Ciencia ni de cada uno de nosotros no ha venido a parar a ningún sitio, no ha terminado. Nada ha terminado para nada, y por tanto, como no podemos tener ninguna otra alegría fundada en el Futuro o cosas por el estilo, tenemos la alegría de que evidentemente se sigue guerreando, y sigue teniendo sentido el volverse atrás de lo que iba delante para después intentar volver adelante desde lo que iba atrás, y cosas por el estilo.  Ésa es la alegría que nos puede dar tanto el recorrido de algunas de las investigaciones no vulgarizadoras de Físicos como el propio Sicoanálisis de uno mismo llevado en el sentido en que os estaba proponiendo llevarlo.  Es una alegría.  No es desde luego ninguna seguridad, no es para quedarse ahí, no es ningún premio, no es nada de eso, porque a eso no podemos aspirar nosotros, pero es una alegría.  

Estoy haciendo una cosa respecto a cómo en la Ciencia misma, en la Física, igual que en las demás cosas, el éxito funciona como una prueba de verdad.  Esto naturalmente los más  honrados nos lo pueden confesar así, pero lo encontramos por todas partes, así en las investigaciones científicas como en la vida corriente.  En esta Realidad es donde nosotros descubríamos que ‘verdad’ no tiene sentido. ¿Qué es lo que se vende como verdad?  ¿Qué es lo que pasa como verdad?  Pues naturalmente, lo que vence.  El éxito es la prueba.  Espero que no os estrañe mucho que lo diga así tan a lo bruto, pero así es, lo comprobáis todos los días: efectivamente, tanto en operaciones financieras como en cambios políticos, lo que vence es como si aportara una prueba de que era lo verdadero.  Hasta tal punto la verdad no puede haberla en este mundo, y hasta tal punto sin embargo tenemos una sed de verdad que fácilmente nos hace tragar eso como si tal cosa, y admitir que el resultado, el éxito de una Teoría, de una propuesta, de una deliberación, de lo que sea, es una prueba de que tenía razón, de que era éxito (sic).  Es un poco basto, pero efectivamente la razón del más fuerte pasa como si fuera ‘la razón’.  

Esto penetra hasta nuestro Credo fundamental, hasta la Ciencia, y si metéis las narices por las investigaciones lo encontráis a cada paso: salvo los destellos de rotura y de honradez, en los demás casos la comprobación por esperimento de una Teoría es la prueba de su verdad, no hay otra.  No hay otra prueba que se pueda presentar de verdad, no podría haberla, puesto que una Física se dedica a las realidades y en las realidades no cabe verdad, pero en cambio cabe éxito de las predicciones, éxito y comprobación esperimental.  Eso pasa como verdad, salvo como digo los casos en que la investigación desbocada y honrada descubre que eso no tiene mucho fundamento.  En verdad, la comprobación esperimental de una Teoría, por ejemplo física, lo único que prueba es que dicha Teoría tenía ya en sí elementos que daban paso y que permitían el resultado, el éxito, que se esperaba.  Ya recordáis que el año pasado estábamos, en tertulias pasadas, admirándonos mucho de los milagros de las aplicaciones técnicas, los resultados en que vivís conmigo todos los días, de la Electrónica, o de la Informática digital.  Hace falta meterse un poco de lleno para que esta admiración de los milagros no nos prive de sentido común, y meterse en ello de lleno y descubrir que la relación con alguna Teoría que esté en el fundamento de eso, es, como todo lo demás, sumamente dudosa y vacilante.  Cualquier investigación un poco honrada lo demuestra.  Como digo, los milagros de la Electrónica y de la Informática digital lo único que prueban es que en las Teorías de las que pretendidamente parten había elementos que ya daban paso, se abrían para esas aplicaciones prácticas.  La pretensión de una Verdad debajo de eso, pues es vana.  Es vana, pero necesariamente impuesta, ¿no?  

Esto por recordaros cómo van las cosas en eso que es nuestro Credo esencial, en la Física.  Si ahora volvéis otra vez sobre el Sicoanálisis encontraréis lo mismo: uno, en sus revueltas y manejos consigo mismo, a cada paso estará cediendo a esta Ley: que el buen resultado de alguno de sus proyectos, de alguna de sus propuestas, de alguna de sus intenciones, es una prueba de que eran las que debía de haber tenido, intentado.  Hasta tal punto es así que el resultado domina, y en cambio pues el fracaso se toma como si fuera una prueba de que uno se había equivocado.  A cada paso os sucede, o si no dentro de un rato me lo confesaréis; o me lo desconfesaréis, me da igual.  

Bueno, ya sabéis que aquí contra lo que estamos es contra esta regla que es mortífera: que cualquier cosa que se haga esté condenada al éxito; o al fracaso, que da esactamente igual.  Al éxito o al fracaso, da igual, porque lo que importa es que esté dirigida a un fin, una vez más; que esté dirigida a un fin.  De tal forma que incluso el fracaso o el éxito da lo mismo: importa que esté dirigida a un fin, y una vez más quiere decir que eso es justamente la sumisión, el sometimiento a la Fe que nos está mandado, porque ese fin no es más que la muerte, la Fe en la muerte, padre de todas las ideas.  Es respecto a eso respecto a lo que se cuentan los éxitos y los fracasos de los proyectos, de las intenciones de uno, como las Teorías de la Ciencia respecto a eso.  Si no, no tiene ni siquiera sentido, no hay un camino respecto al cual se puede decir “he acertado con la recta”, o  “me he desviado”.  Para esa consideración es preciso que el fin esté ahí, lo primero, fijo, y que cualquier cosa que hagamos esté por tanto condenada al Futuro.  Esta tertulia política no tiene ningún Futuro, como sabéis, el Futuro es de Ellos.  Trata de no tener ningún Futuro, y por tanto de eximirse de esta Ley.  Aquí pensamos que cualquier cosa que se pueda decir que valga, que no sea hacer lo que ya está hecho, es una rebelión, porque es así de sencillo: la orden del Poder, lo mismo en Política que en Comercio, que en Ciencia, que en la vida Privada, consiste en guardarse, tener cuidado de no hacer nada que sea peligroso para la integridad de uno, del Estado, de cualquiera de las Istituciones, es decir, no hacer más que lo que ya está hecho.  No hacer más que lo que está previsto, porque con eso se supone que uno ya está salvaguardado, es decir, que su ser el que es se va a mantener y que nada lo va a poner en peligro.

Aquí nos reímos, debemos reírnos de esa pretensión, pero reírnos sin olvidarnos que es la que tenemos todos los días y a cada paso.  Esta pretensión que en cuanto se la saca a luz, como ahora, parece así de vana y de tonta, pero ésa es la que nos rige: “¡cuidado, niño, no hagas nada que pueda poner en peligro el ser quien eres!  ¡Mira a tu Futuro, hazte un hombre!”.  No os voy a recordar más monsergas, ¿para qué?, porque las tenéis todos los días, de manera que no hace falta recorrer muchas.  Eso es lo que importa, porque está claro que en Política, en Física o donde sea, cualquier cosa que no sea simplemente obedecer a la muerte consiste en eso, en hacer, o en que más bien le pase a uno algo no previsto, algo que rompa justamente la predicción y la condena al éxito o al fracaso, que son lo mismo.

Bueno, creo que con esto me voy a parar, y por tanto, como habrá cosas que se hayan despertao por ahí y que den lugar a discusión o lo que sea, os dejo ya la palabra para que vaya saltando de boca en boca.  ¡Adelante!

-Yo quisiera hablar un poco de esta verdad o verdades que aquí en tu discurso creo que salen.  La primera es una verdad encubierta que creo que se desliza, porque estás diciendo con frecuencia que la Realidad es mentira, lo cual de alguna manera sugiere que hay algo que no es mentira.  Le llamas ‘cosas’, le dices ‘algo que está por debajo’, pero de alguna manera tu ya crees en una cierta verdad, o en una no-mentira.  Ésa sería una verdad encubierta que quisiera que me comentaras.

A-Sí, pero no sé por qué sacas eso, porque aquí lo que se ha dicho es que estamos contra la Verdad, y eso quiere decir que en cuestiones de Realidad la verdad no cabe, no tiene sentido.  No sé si eso te basta, de manera que si hay Verdad será una verdad que esté fuera de la Realidad, y por tanto no hay nada que preguntar.  La verdad es la verdad de lo que no se sabe, precisamente.

-O sea, una verdad que no tiene configuración.

A-No, que no se sabe, porque llamarla ‘verdad’ es malintencionao.  Contra lo que estamos aquí son contra las verdades que se venden como tales en la vida corriente, en la Realidad y en la Ciencia.

-Bien, pues ahora quisiera comentar que estas verdades....  Claro, tú dices que la Realidad es mentira, y bueno, yo creo que comprendo cómo lo dices, y creo que estoy de acuerdo.

A-Con tal de que sea eso: no las cosas, sino ya configurada por.....

-Pero teniendo un concepto de ‘verdad’ menos ‘idealista’, diríamos, más le llamaría pragmático, entonces sí que cabe, no ya el conocimiento de una verdad, física por ejemplo, sino un cierto conocimiento parcial que consista justamente en lo que tú criticas, que es el que tenga éxito.  Voy a desarrollar un poquito esta idea, que es muy sencilla: por ejemplo, cuando alguien hace una simulación de cómo viaja una flecha, lógicamente pues aparte de la parábola esa teórica, hay un rozamiento del aire, y no se sabe bien ese rozamiento cómo es, porque depende de alguna manera de la velocidad de la flecha.  Entonces pasa que uno puede querer conocer la verdad del rozamiento, y eso es una cosa de mucha ambición y posiblemente sea un conocimiento imposible, pero en cambio sí es muy posible conocer un comportamiento del rozamiento adecuado a las flechas que te permite por ejemplo tirar y dar en el blanco.  Entonces el éxito aquí es un éxito y es un conocimiento, un conocimiento parcial que es en parte verdadero, y ahí sí cabe esa verdad, y es útil.

A-Bueno, muy elocuente has estao, Javier, se te agradece supongo, pero tal vez no hacía falta tanto, no hace falta recurrir a la flecha, porque efectivamente para la vida corriente estamos condenados al éxito o al fracaso, es decir, hay que tomar como verdad lo siguiente: “Adela no estaba en la esquina”, dice uno.  “¿Cómo?  ¡Pero si yo la he visto!”, dice otro.  ¿Cuál es la verdad?  Si estaba, la verdad es que estaba, y si no estaba, la verdad es que no estaba, y si no están de acuerdo los dos tendrán que ponerse de acuerdo para reconocer que Adela estaba en la esquina en ese momento o no estaba.  O peor todavía: “me dijo que estaba allí a las cinco, y puntualmente se presentó”.  Otro:  “¿Cómo dices eso, si a esa hora estaba conmigo en el piso?”.  Una de las cosas se toma como verdad, otra no, y eso es lo que en lenguaje corriente tomamos como verdades, y efectivamente es de las que he dicho que, como verdad no cabe, que no prueban más sino que la hipótesis o aseveración de que se partía tenía elementos que permitían la comprobación en este nivel o tal otro.  Nunca pasa de ser de ahí.  Si pasa a verdad, entonces se acaba la flecha, y naturalmente, sea lo que sea del rozamiento del aire y de cualquiera de las verdades que nos cuentan, lo cierto es que la razón de Zenón de Elea sigue demostrando que de verdad ahí no hay nada.  De verdad no hay nada: las aporías de Zenón sirven para eso, hay otras muchas cosas que lo prueban, de manera que todo lo demás ya son naturalmente acuerdos, prácticos, para entendernos, y para que justamente el cálculo de velocidades, de detenciones, pues no nos perturbe demasiado, sea el que puede servir para las aplicaciones prácticas, pero de verdad no hay nada, un móvil no se mueve ni en el sitio en que está ni en el sitio en que no está.  Porque ‘verdad’ (eso que he dicho que es malintencionado llamar ‘verdad’ porque nos estábamos refiriendo a la pretensión de verdades en la Realidad), verdad es lo que no se sabe, lo que no se puede agarrar ahora.  Ahora.  Continuo, sin fin.  ¿Qué hace la Ciencia con estas cosas?  Pues ya se sabe: son tan verdaderas que ni por un momento se pueden admitir, y ‘ahora’ se convierte en ‘un istante’, la idea de continuo se hace compatible con las de punto y cosas por el estilo, y a lo sin fin se le llama infinito, etc.  Ésas son aseveraciones que son como veis domesticación de aquello verdadero, desconocido, que da lo mismo, que por debajo sigue acechando a todas las verdades.  Bueno, ¿qué más?

-Que si verdad, de ser algo, sería lo que no se sabe, no se podría decir nunca de ello que es falso, o que es mentira, sino sencillamente podemos decir que es mentira en la acepción en que verdad se ve como Realidad, y por lo tanto eso tendríamos que estar en contra de nombrarlo.

A-Bueno, no nos entretengamos.  Ya sabéis que el pueblo este que no existe a fin de cuentas no sabe decir más que ‘no’, de manera que de verdad, nada.  Aquí lo único es descubrir (lo que en la tertulia tratamos de hacer todos los días), la mentira de la Fe que nos imponen y que se nos vende, y se acabó.  Se acabó, sin ninguna aparición de ninguna otra verdad.

-No, pero has dicho que en contra de la verdad como falsedad, porque es falso.  Entonces, dicho de esa manera, pues descoloca bastante, porque habíamos hablado de lo falso de la Realidad, incluso de la gradación de la falsedad dentro de la Realidad, pero de la verdad no habíamos dicho nada tan categórico en el sentido de que no hay una verdad, está por ver.

A-Bueno, pues ya es hora, porque todos los días te están diciendo verdades, todos los días.  Y tú misma, y la Ciencia.  Y tú misma, y la Ciencia.  Entonces, al pueblo le basta con descubrir que la pretensión de verdad es muy real, la está padeciendo todos los días, pero que no tiene ningún sentido.

-Pero para eso hay otros términos, como ‘cierto’: “Es cierto que Adela está en la esquina”, pero no se dice ‘es verdad’, nadie dice ‘es verdad’.

A-Sí, sí, lo dice todo el mundo.  Bueno, venga, y no nos entretengamos en tonterías.  ¿Qué más?

-Bueno, pero llevado a este terreno, es que entonces echamos para atrás todo lo dicho.

A-No.  Venga, por favor.  Tiene que haber dudas, y esas dudas son las que....

-Yo tengo una duda, pero no sé si es común o personal.  Desde luego mi duda es muy grande: a mí me cuesta mucho distinguir entre qué es....  Qué es hacer lo que está hecho, eso más o menos lo tengo controlao, pero lo que no me entero nunca es qué es lo que no está hecho, si se puede hacer lo que no está hecho.

A-Si en serio te has enterao de lo que está hecho, no tienes que ver más: cualquier cosa que no encaje, pues ya es de lo que no está hecho.

-Ya, pero cualquier cosa que no encaja, enseguida va y encaja.

A-Ah, sí, y entonces ya está hecho, se somete.

-No sé qué gracia tiene, porque es como que no hay salida.

A-Esta gracia de que se está guerreando, ya he dicho: hay un momento en que se descubre que la Teoría no marcha, y hay un momento en que se dice ‘no’, y que dure lo que dure, da igual.  Como ‘ahora’, da igual.  Que después venga otra a remplazarla, bueno, eso es simplemente una Ley de la Realidad, pero lo importante es ese momento del ‘no’, es decir, que se sigue guerreando.  Es la alegría, la única alegría que nos es dada, todas las demás son indecentes y molestas.

-Vale, entonces más o menos eso era lo que yo creía, o lo que yo pensaba.  Pero si eso es así, entonces a mí me parece que eso pasa con más frecuencia de lo que nos parece.

A-¿El decir ‘no’?

-Sí.

A-Sí, yo creo que a cada paso.  Ya lo he dicho lo del flujo: la imposición de lo de Arriba (“¡hay que creer!”), el rechazo del aburrimiento (“¡ya está bien!”) a cada paso, y uno está saltando de lo uno a lo otro.  Inútil que intentemos descubrir en uno cuál es de verdad uno. Inútil, y no sólo inútil, sino equivocado, sangrientamente equivocado.  Uno no es de verdad nadie.  Eso es lo que te hacen creer cuando te dan el Nombre Propio, lo que al Poder le interesa, pero uno de verdad no es nadie, uno es ese flujo costante, esa necesidad de agarrarse a una Fe, porque si no uno no se tiene en pie, uno deja de ser el que es, corre peligro, y una hartura que viene de abajo, al corazón, ¿no?, cuando descubre que eso que me mandan hacer ya estaba hecho.  Lo descubre, no por ningún cálculo, sino sobre todo cordialmente reconoce la cara de la muerte en cualquier imposición de un trabajo que consiste en hacer lo que está hecho.   ¡Bueno, venga, más!

-Pero yo creo que en el proceso que estás diciendo la verdadera peste es tener la pretensión de hacer algo que no esté hecho, porque lo que más te consuela y lo que más te da como vidilla es por ejemplo ver cómo se repite de alguna manera el juego de la tela de la araña, el camino por donde va el gusano, la repetición que se da en esto que llamamos Natura, que no sabemos qué es, pero que ahí se da, no hay ningún animal que pretenda hacer algo que no esté hecho.  Entonces esta pretensión humanoide o verdaderamente patriótica de pensar que uno pueda hacer algo que ya no esté hecho, a mí me parece todavía más falso que la otra cosa.

A-Tú eres todavía más malintencionada, pero no importa, todo hay que aprovecharlo. Tu hablas ahora de Fe como se decía antaño: “tienes más Fe que el Alcoyano”.  En ese sentido.  Tú dices que el hecho de que sigamos viniendo aquí es justamente un caso de “tienes más Fe que el Alcoyano”, lo cual naturalmente empleando la palabra de esa manera, pues no hay inconveniente.  Yo preferiría decir que simplemente uno es testarudo.  Después de todo lo que decía de “tienes más Fe que el Alcoyano” supongo que se refería, no sé, en tiempos lejanos a un equipo de fútbol que nunca salía adelante, pero que se seguía empeñando.  Supongo que sería eso.

-De Alcoy, de Alcoy.

A-Y entonces naturalmente no habría ningún inconveniente en que a esta guerra (que he dicho que es nuestra única alegría, que se pueda seguir guerreando), se le diga Fe, pero Fe en el sentido de más Fe que el Alcoyano, es decir, queriendo decir no-rendimiento, testarudez.  Testarudez pase lo que pase, pero no es eso a lo que estaba llamando Fe, y es por tanto malintencionado llamar Fe a esto.  Esto no es Fe.  Es, si queréis, testarudez, es decir, seguir declarando, descubriendo la mentira mientras le dejan a uno, y después dejando que lo sigan haciendo los demás. Bueno, ¿qué más?  Habrá más cosas sin duda, más tipos de dudas sin duda, o de ocurrencias que completen o desvíen algo un poco de lo que he dicho.

-Si nadie interviene, volvería a intervenir.

A-A ver, vamos a darle un poco de....  Teníais que acompañar más, porque claro, es que no es una vanidad.  ¿Por qué no se me ocurre hacer esto dialogando con un prójimo o dos, y no me sale casi nunca?: porque tengo alguna confianza (no Fe; no Fe), tengo una confianza en que cuantos más, mientras no sean las masas que al Capital le gustan, pero cuantos más, más probabilidades (así humildemente en realidad), más probabilidades de desdecirse, de salirse de uno mismo, mientras que en los diálogos familiares, comerciales, cotidianos, en ésos se vuelve sumamente difícil.  ¡Venga!

-Que yo sigo sin entender lo de que no hay verdad, porque es que no sé si lo dices en un sentido más filosófico, o más...

A-No hay verdad en las realidades, ¿eh?, no se te olvide.  Al mismo tiempo te hacen creer que sí.

-Es que no sé, si yo doy un toque aquí, ¿eso no es verdad?

A-Para que te puedan decir que no, tienes que decir que es verdad.  Si tú das un toque nadie te dice nada.  Ahora, si tú dices “¡esto es verdad!”, entonces ya te dicen “no, eso no”.  No basta con tropezarse con una piedra ni dar un toque ni nada, ¿no?  Tengo que volver a la distinción, que parece que no ha quedado muy clara: eso son cosas, y cosas que pasan, eso no es todavía la Realidad.  La Realidad es cuando a esas cosas, y a nosotros entre ellas, se nos han impuesto ya estructuras ideales, informaciones ideales, para las cuales ya cabe la pretensión de verdad.  Un triángulo que sea ‘El Triángulo’ no lo puede haber entre las cosas, eso a cualquiera le suena tanto que no hace falta demostrarlo.  Ahora, si no se trata ya de cosas más o menos triangulares, que las hay por ahí por todas partes, en plantas, en hierbas, en animales, sino que se trata de la pretensión de que eso sea de verdad ‘Triángulo’, a la manera platónica un poco, entonces ya hay que decir que no.  No confundamos, porque respecto a triángulos y demás entes que no existen se podrán decir las cosas que se quiera decir respecto a verdad, que en su caso, como una vez recordábamos, no es más que una tautología, es decir, una remisión a la definición, pero la pretensión de que eso se imponga como verdad a hechos, a cosas que pasan, eso es lo que no se puede tragar, a lo que hay que decir no.  O sea que es igual: tu golpe en el suelo y demás son cosas que pasan, y mientras son cosas que pasan no hay nada que decir.  Nosotros somos parte de ellas, somos unos de ellas, pero a cada paso se nos está imponiendo la noción de verdad: de que es verdad que están ahí, que es verdad que una cosa es la misma en un momento que en el siguiente, la verdad del movimiento, la verdad de cualquier cosa, y entonces claro, ahí es donde efectivamente el pueblo-que-no-existe se levanta y dice “¡no; eso, no!”.  Bueno, más.  ¡Más, por favor!

-A mí con esto que hablabas del Arriba y del abajo, hablando del Uno mismo y de la Ciencia, me ha venido la imagen de una noria de cangilones llena de agua.  En un momento coge el agua, estamos abajo, el uno está abajo, está en la insumisión, el no aburrimiento, en el pueblo-que-no-existe, y sube arriba, no sé por qué, y se vacía.  En esa imagen hay alguien o algo que mueve esa noria, y entonces pregunto que en esta Ciencia que estamos hablando del vaivén, o en uno mismo, ¿quién mueve ese vaivén de arriba abajo?

A-Si dices que quién mueve en el caso de la noria, lo atribuyes al labrador que la ha puesto en el huerto, al inventor que la ha inventado, al fabricante que la ha fabricado...¿o no?  A esos autores.  Y evidentemente pues ya se sabe que eso es una de las cosas que te hacen creer: te hacen creer en el Autor.  El que hace una noria no está muy actualizao, pero recordad la peste del Autor por todas partes.  La peste del Autor, y ésa es una de las verdades, es decir, te quieren hacer creer que esos versitos que te han salido los has hecho tú.  Lo cual muchas veces se acerca a decir “casi es verdad, porque son muy malos”, pero en general hay esta pretensión, y ya recordáis el negocio de los Derechos de Autor, la Sociedad General de Derechos de Autor, cómo funciona la cosa.  Eso no son cosas, porque amigo, ahí funciona ya la idea de Autor: te tienen que hacer creer que efectivamente eso es tuyo, porque si no, ¿qué derecho tendrías a cobrar Derechos de Autor, si no lo hubieras hecho tú?  ¿Cómo puede ser?  Bueno, para ponerlo en el caso estremo lo que ya en tu caso estaba.  Esto llevado a la Física ya sabéis lo que quiere decir: o se cree en Dios la Física, es decir, que como os recordaba el otro día “ho Zeós aritmetidsei”, y se le llama Dios, o no se cree pero se toma por abajo lo desconocido como si fuera también un ente, la madre Natura, que es la otra alternativa.  Por eso os la recordaba el otro día contraponiéndolas la una a la otra, pero () igualarse: o crees en el Padre, es decir, el ente ideal que ha conseguido el éxito total y que se ha impuesto en la Tierra, en las realidades, o no crees en el Padre, pero bueno, admites que la Madre de alguna manera tiene alguna especie de entidad y Natura no es lo desconocido, no es ya lo desconocido, no es un mar de desconocimiento, sino algo que también puede funcionar como esplicación.  Aquí, como rechazamos a Dios y a Natura al mismo tiempo, pues ya sabéis dónde nos quedamos.  ¿Dónde nos quedamos?: pues en la duda, en lo que dice Sem Tob, en la alternancia más o menos rítmica entre momentos en que uno tenga que creerse lo uno y aceptar la Fe impuesta desde Arriba, y momentos en que no se lo crea y desde abajo proteste, se rebele.  ¡Más, por favor!

-Una pregunta: si la Realidad está en un submundo que se manifiesta a través de unas estructuras que se supone que están antes de que acontezcan, que se nos presenten las cosas como objetos, ¿cómo se produce ese contacto con la Realidad?  En algún momento tenemos que tener un momento de lucidez que veamos esa Realidad y la podamos contrastar con lo que sabemos....

A-Bueno, la referencia que has hecho está me temo un poco equivocada, ¿no?  Uno de los descubrimiento es que hay cosas, sin más, y otro que hay entes ideales, ideas, que se reconocen porque se están imponiendo a las cosas a cada momento y convirtiéndolas en realidades.  Nosotros hemos nacido, o mejor dicho, se nos ha hecho, dentro de las realidades ya establecidas, y por tanto esta guerra no tiene más sentido que desde dentro, descubriendo las mentiras que nos han contao.  Así es como son las cosas: descubriendo que nada de lo que me dicen que es verdad en cuestión de realidades puede ser de veras verdad.  No sé si te queda algo, o no.  Es que me pareció que había ahí una especie de equivocación en el orden, ¿no?

-Pero es que así tienes que ir siempre contrastando esa idea que tú tienes de Realidad con.....

A-No, no, simplemente reconociendo la falsedad.  No tienes ningún criterio.  Por decirlo a lo cursi, no tienes más que el corazón que te dice ‘no’.

-Pero entonces es una Realidad emocional.

A-No, no, no, la Realidad es la Realidad, en la que estamos metidos, en la que se nos ha hecho.  Es Realidad de todo, es emocional, es física, es lo que quieras: realidades, es decir, no ya meras cosas, sino cosas costituídas por la imposición de un ente ideal.  ¿Qué más?

-Voy a decir una cosa: estaba pensando en eso que ha dicho Isabel de que se pretende hacer lo que no está hecho, y me ha venido a la cabeza Fleming que inventó o descubrió la penicilina y no sabe cómo, porque es un avatar de su vida que se lo encontró, y yo creo que eso es un ejemplo de algo que se hizo sin que estuviera hecho.  Otra cosa es luego ya el negocio en que se convierte. Entonces la cuestión es...

A-Sí, sí, pero no hace falta que sea así.

-Bueno, la cuestión es que lo que no se puede es atribuir a la persona el hacer algo que no esté hecho.

A-¡Esacto!

 -Eso vendrá hecho por otro lao.

A-Cosa que viene después atribuido a Fleming, da esactamente igual que fuera más o menos por casualidad.  Nada hay tampoco que sea de verdad casualidad; lo mismo que no hay causas no hay casualidad, tampoco es un recurso.  Lo de la alegría de hacer lo que no está hecho consiste simplemente en que no todo está hecho, que no hay todo que valga, negación del ideal de todo.  Simplemente que no hay todo, y como no hay todo ni las cosas son todas, yo, uno, no es del todo uno, y le quedan, pues sí, por ejemplo algún olfato salvaje que le lleva a descubrir la penicilina, o le queda cualquier otra cosa.  Lo que le importa es que le quedan roturas, que no está bien hecho, y es a partir de ahí, de que ni uno está bien hecho del todo ni las cosas están costituídas del todo, como se pueden producir descubrimientos y pueden pasar cosas que no están previstas, y hacerse cosas que no están previstas, ¿no?  Si no, el hacer que se nos impone, el hacer las cosas que ya están hechas, no lo podríamos reconocer con esa hartura y ese aburrimiento que lo reconocemos.

-Pero hasta una rotura, un agujero, está bien hecho.  Está peor hecho o está bien hecho, un agujero.

A-Redondito, redondito.

-Sí, “¡qué buen agujero te has hecho!”.

A-¿Y pa qué hace falta eso?

-Pues porque muchas veces está más hecho lo que está deshecho.

A-Bueno, ya sabéis que es la única costatación: ni las cosas ni uno están, estamos, del todo bien hechos, uno no es uno.  Y entonces, tirando por el lado de la Física, el descubrimiento de que las cosas no son todas, de que la Realidad no es todo lo que hay, y tirando por el caso hacia dentro, por el Sicoanálisis, pues lo mismo: el descubrimiento de que uno no es uno, que uno está roto, ese flujo lo demuestra, y nada más.  Caben siempre los descubrimientos, y no hay que darles muchas vueltas, ¿no?  Salvo con la misma intención, pero no hay que darles muchas vueltas.  ¿Qué más?

-Estaba pensando en esto que comentabas de la sed de verdad, de la búsqueda de la verdad, y entonces me acordaba de una cosa que yo he pensado muchas veces, de la militancia revolucionaria, por resumir, que reconoce que esto es una mierda, por decirlo llanamente, pero enseguida quiere que haya un modelo en el que sí que se hacen las cosas como se deben, y entonces pues me acuerdo de la gente que se desvivía por Cuba, o por Nicaragua, o luego por Chiapas, o más tarde por Venezuela.....  No sé, es como querer concretar en un sitio su sueño, el paraíso, la vida sin injusticias....  No sé si tiene que ver con......

A-Está bien.  Esto es triste, pero hay que recordarlo.  Lo que no sé es qué tiene que ver con la sed de verdad.  

-El querer que algo sea verdad.

A-No, hombre, no, no, eso es otra cosa, no tiene nada que ver.  

-Que haya alguna verdad en algún sitio.

A-Hace falta desde luego creer para ir tirando, y para hacer Política y Revolución también es lo mismo que para ir tirando, tiene uno que tragarse cosas.   Pero yo lo que decía es que no es tan simple que desde Arriba nos imponen la creencia en verdades: es que uno mismo tiene también sed de verdad, de algo, y ésa es una sed que está del lado contrario de la otra, que más que sed sería una embriaguez, de manera que.....

-A eso voy.

A-Sí, venga.

-Cada dos años o así hago esta intervención, pero hoy es quizá más relevante:  el asunto es que yo estoy de acuerdo en que esta Realidad digamos no es la verdad, o como dices tú, es mentira.  El asunto es que como también se ha dicho aquí, en el momento en que ocurre algo que por debajo dices tu que por una grieta se escapa y que no era Realidad, al momento hablamos de ello y se convierte en Realidad: un nuevo fenómeno, una cosita, lo que me ha pasado el otro día...  Entonces está clarísimo para mí, y parece mentira que no se quede claro, que el problema es justamente el hablar sobre las cosas.  Comprendo que para la tertulia eso es terrible, pero la única manera de quedarse en un mundo digamos que sería el mundo de las cosas que llamas tú, que no sería tan falso, sería no hablar y quedarse ahí digamos podemos llamarlo viviendo el momento, lo que quieras llamarlo.

A-¿Y por qué?  ¡Qué tontería!  No sé ni siquiera por qué me dices eso.

-¿Ah, sí?  Pues más tonto es hablar sobre algo sabiendo que es mentira.

A-Eso sería una especie de ratificación de la creencia en uno.  Entre paréntesis: te has olvidao de que yo hace dos años no había llegao a decir con la claridad que hoy que contra lo que estamos es contra la Verdad, es decir, no directamente contra las realidades, (que alguno cree que puede querer decir que estamos contra las cosas, cuando por el contrario hemos estao tratando de adiestrarnos en ser como cosas, ser nada más que cosas), sino contra la Realidad, es decir, ya imbuida de las ideas que desde Arriba le han sido impuestas.  Es contra lo que la lucha está, ¿no?   Claro, lo que siento es que no estuvieras hace dos o tres meses cuando tuvo que salir el Solipsismo como la única Fe irrebatible, porque eso que tu dices lo dices muy así, puede parecer  que se trata de un ermitaño, pero no, hay que pedirle más rigor: “Solipsista, es decir, es que yo de lo que estoy convencido es de mí hasta el punto de que soy todo lo que hay, y todas las demás cosas no son más que ilusiones, impresiones que yo recibo....”.   Yo estoy ahí, y eso es una Fe irrefutable.  Y cuando a alguno le espeluzna esta Fe, hay que volverla a anunciar, porque efectivamente es preciso sentir el respeluzno, y entonces hay que decirle: “pues mira, las otras más veniales que me propones, si son consecuentes, en lo que vienen a dar es en esto, de manera que si ésta te espeluzna, vete espeluznando un poco antes de las demás, y sepas de antemano que la consecuente y lógica es ésa”.  No, aquí estamos descubriendo tanto la inseguridad, la fluctuación de las cosas como la de uno mismo, y que en uno no hay más allá ni nada más honrado que la duda, el no saber qué hacer, el volverse atrás a cada paso.  

Pero bueno, no sigamos dando vueltas a esto.  Confío en que si el Señor nos deja, dentro de siete días.
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