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  • Agustín García Calvo (1926-2012)
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Tertulia Política número 232 (2 de Junio de 2010)

Tertulia Política número 232 (2 de Junio de 2010)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

Tertu232-2-6-2010
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TRANSCRIPCIÓN:

 

Pues algo desesperao, como recordáis, normal, supongo que hoy, si ha lugar, aquéllos que no soléis hablar, de entre los que venís con frecuencia, se lanzarán un poco más y que yo me sienta un poco más acompañao en estos descubrimientos, que si no, pues eso, da un poco de desesperación.

Lo primero, reanudando lo de la última sesión, tengo que ver si nos persuadimos, y os persuado y me persuado, de que no hay en esto de la rebelión contra el Orden mejor procedimiento que el que aquí se está proponiendo, que es el de devolverles la razón a las cosas, y por tanto privar al hombre, privarnos a los hombres y a cada uno, de esa pretensión de ser los detentadores de la razón o de la lengua. Es bastante sencillo de entender, supongo que muy difícil de aceptar y por eso tengo que seguir insistiendo en ello.

Lo último que veíamos era, entre otras cosas, una anotación de hechos triviales, conocidos de todos, que es cómo para denigrar a las personas, humanas, se acude a lo que llamaban ‘cosificación’, se les convierte en cosas, se les reduce a cosas, y con eso parece que se les está llamando más que bruto, más que incapaz, es decir, se les está privando de esto de la razón y de la humanidad. Por ejemplo, recordáis bien aquello que se decía hace unos años de la ‘mujer objeto’, de manera que era el procedimiento por el cual a las mujeres en efecto se las reducía a cosas, a objetos. (No sé cuál es, dicho sea entre paréntesis, la sensación que a vosotros os da esto de que a las mujeres se las reduzcan a objetos y que uno se convierta en un objeto sensual o erótico o lo que sea. A mí, la verdad es que eso más que echarme para atrás, me seduce bastante. De manera que parece que eso depende de la actitud que se tome). Pero en todo caso regía y sigue rigiendo esta manera de denigrar a los humanos reduciéndolos a objeto, a cosa. El orgullo del sujeto se manifiesta de esa manera, por la reducción de otros posibles sujetos a objetos, a cosas, no siendo.

Pues de eso es de lo que se trata, de ver si efectivamente conseguimos que las cosas pierdan su condición de objetos, de meras cosas, irracionales, si vuelven a recobrar su razón, su habla, su condición de sujetos, de manera que por tanto ya los próximos no tengan manera de denigrar por el procedimiento de mandar a las personas a ser cosas. Ése es el procedimiento que se está enseñando aquí: la devolución a las cosas de su condición lógica, razón, sentido común, habla, lengua, para que nadie pueda mandar a las mujeres ni a ninguno otro de los prójimos a ser cosas como una manera de denigrarlos.

Esta táctica implica naturalmente la de que los hombres se priven de esa condición suprema distinta y seamos capaces de reconocerlos como un mero… reconocernos como un mero caso de cosas; distinto, según las cosas se distinguen unas de otras, incluso dentro de la Realidad, pero no por ello menos una mera clase de cosas. Lo uno va con lo otro y no se puede evitar.

Voy a proponeros unas posibilidades de ensayar otros procedimientos que no sean éste, para la rebelión; para la rebelión contra el Orden, contra lo establecido, si es que, como es de suponer, los que caéis por aquí me acompañáis en este rechazo del Orden que se nos impone y se nos vende por todas partes. A ver otros procedimientos. No sólo es que yo pueda proponer otros procedimientos, es que se han intentado a lo largo de estos 10.000 años de Historia que llevamos, se han intentado uno y otro, y conviene ver lo que han resultado para desengañarnos de esos procedimientos.

Un procedimiento bien conocido era todavía en la tradición marxista, hasta hace un siglo o así, considerar que el proletariado era el sujeto de la revolución, que precisamente la suma abyección, la suma miseria, a que el Capital condena a los proletariados de aquel entonces los convierte por ello mismo en sujetos de esa rebelión, que no hay otros. Los que sois algo viejos más bien que los otros recordarán estos sermones marxistas más o menos divulgados y que yo ahora recuerdo para todos.

Ya sabéis ahora en lo que ha venido a dar ese criterio de la rebelión del proletariado. Nosotros vivimos el resultado en pleno, en qué se han convertido los obreros, los trabajadores, en los que  Marx estaba pensando hace siglo y medio, o cosa así. ¿En qué se han convertido?, han venido a rebelarse para adquirir las ventajas, propiedades de los amos, de los burgueses. Han venido a formar parte de una Sociedad en que efectivamente prácticamente todo el mundo, cada quisque menos algunos residuos, son capaces de disfrutar de las ventajas que el Capital, el Poder, puede proporcionarles. Hay una cierta escala, en grados, pero, vamos, como un escalafón, aquella división entre clases se ha ido al carajo hace tiempo. Un mero escalafón que los ejecutivos de la más baja estofa van avanzando hasta ser los ejecutivos de la más alta estofa. Y ésta es la forma que ha tomado el Mundo Primero, en el que os encontráis metidos.

Esto es para desengañarnos de esa manera de rebelión. Notad que en cualquiera de las que proponga se trata de eso, de que se ha mantenido la dignidad del hombre y por tanto el sometido acabará no pudiendo hacer otra cosa que aspirar a esa misma dignidad. Ésta es la que hoy se le ha dado a todo honrado trabajador, a todo obrero, a todo oficinista, y ése ha sido el logro, ese tipo de revolución.

Más viejo en cierto sentido todavía debía ser la rebelión de las mujeres, la rebelión de las mujeres que de vez en cuando ha asomado, todos tenéis noticia de ello. La mayor parte de las mujeres la mayor parte de las veces se confunde en el sentido de que toman el cepo que les ha tocado como si fuera el Hombre. De todas formas eso no hace del todo despreciables los gritos de Jantipa o de cualquiera de las mujeres sometidas al matrimonio contra el cepo que les ha tocado. Efectivamente él, claro, no es el Hombre, pero es normal que su mujer lo tome como el ejemplo del Hombre y lo confunda con el Hombre y lance sus gritos, sus arañazos y sus diatribas contra ése que le ha  tocado, es comprensible.

Aparte de esos estallidos de las mujeres contra su señor, lo normal y mayoritario ¿qué es lo que  ha sido?, que las mujeres han aceptado su puesto dentro del Orden, en la Sociedad burguesa desarrollada; el ama se ha convertido en la administradora del capital privado y por tanto la que está destinada a regular los días, las comidas, las educaciones, de los hijos y de las hijas; ha aceptado ese puesto y con eso la señora ha adquirido una dignidad de señor, es decir, que ha venido a parecerse al Hombre.

En nuestros días tocamos esto de la manera más desesperadamente completa: la rebelión de las mujeres ha venido a dar sin ningún disimulo en que han conseguido parecerse a los hombres hasta tal punto de que no se pueda establecer ya ninguna distinción entre un juez y una jueza, un presidente y una presidenta de cualquier Estado, ni ninguna cosa por el estilo. Efectivamente ése es el triunfo de esa supuesta rebelión: las mujeres han venido a ser tan dignas, tan sujetos, tan todo, como los hombres; como esos tíos que de  vez en cuando las encocoraban, pero que no importa, como si a lo largo de la Historia los hombres, a cuya igualdad ellas aspiran, nos hayan dado otra cosa más que muestra de estupidez, de sumisión al Poder y a lo mandado, de cobardía, de capacidad para todos los horrores, matanzas y desafueros. A eso es a lo que las mujeres han venido a igualarse. Ya ven ustedes el triunfo. De manera que esto para recordarles previamente otra de las maneras de rebelión que podía haber habido o que puede haber.

Podíamos pensar en la rebelión de las máquinas de una manera lógica puesto que se nos dice que las máquinas son las que han venido a sustituir a los esclavos. De manera que conviene que veamos (a los esclavos del antiguo Régimen), de manera que conviene que veamos bien en qué ha podido consistir la rebelión de los esclavos y en qué puede consistir la rebelión de las máquinas. Ésa era otra de las posibilidades.

La rebelión de los esclavos, que nos es bien conocida para el mundo antiguo y en general, para el viejo Régimen rara vez se daba de una manera violenta y resplandeciente como en el caso de la revuelta de Espártaco, entre los romanos. Todos sabéis cómo aquello termina, de una manera trivial, con las  vías de alrededor de Roma jalonadas por postes con cadáveres de los esclavos fracasados en la rebelión. Esto ya más de una vez ha sucedido así, pero no es eso lo normal y lo mayoritario. Lo normal y lo mayoritario es que los esclavos en el antiguo Régimen pudieran aspirar a la libertad, ganarse la libertad, ser tan libres como sus amos (si es que esto os dice algo). Por ejemplo como el Títiro de la égloga de Virgilio, que durante algún tiempo se ha descuidado de su peculium, es decir, de reunir un poquito de riquezas con las que comprarse la libertad. Eso le pasaba mientras estaba con Galatea, que era una gastadora, y cuando iba al mercao, en lugar de guardar algo, se gastaba todo en cualesquiera cosas y Títiro volvía con las manos vacías. Pero desde que está con Amarílide, entonces no, empezaba a guardar y el reunir su peculio o capitalito le ha permitido efectivamente, con un viaje a Roma, comprar la libertad.

Si vosotros os asombráis mucho de cómo eso de la libertad es un género que se compra, pues la verdad es que no tendría mucho que hablar con vosotros. Yo, naturalmente, os lo estoy diciendo así por si acaso os hiere, os toca en algo, pero así era. Los esclavos también admitían más o menos su condición de esclavos. Ya veis, si queréis, en las comedias de Plauto, de Terencio, cómo los esclavos jugaban en los enredos amorosos del hijo del amo, muchas veces pudiendo engañar al amo para favorecer a que el hijo enamorado se comprara una amante que andaba por el mercado y cosas por el estilo; y su aspiración, ésta que les estaba siempre abierta, era advenir a la libertad, convertirse en libertos. Y una vez convertidos en libertos, como el [] de El Satiricón, pues ya eran señores; señores como los otros señores; la huella del estigma de la esclavitud que hubieran podido tener sus abuelos naturalmente con un poco de tiempo se iba borrando, y ahí tenemos a los esclavos convertidos en libres. Así ha vuelto a suceder, por ejemplo, con las tropas de esclavos, de fuertes esclavos, que ingleses, españoles, portugueses, franceses, arrancaban de los senos de África para llevarlos como fuerza de trabajo a América, y que efectivamente con un poco de tiempo, un par de siglos o tres, han adquirido la libertad; se han ganado la libertad, con más o menos guerritas por medio, y naturalmente, pues son iguales, igual de libres que todos los demás.

¿Cómo todos los demás son de libres o somos libres?, os lo dejo pensando un rato, ¿eh?, para que no sigáis, si es posible, usando este nombre de ‘libertad’ de la manera en que abusivamente se le usa. Lo dejo de lado y paso un momento a la posible rebelión de las máquinas que son, se nos dice, los sustitutos de esos esclavos, las que hacen todas las cosas por nosotros.

Pensad un poco ahora en lo que ha venido a parar la posible rebelión de las máquinas, a las que tenemos por detrás unos pocos siglos para asistir y montones de testimonios por todas partes. ¿En qué ha consistido la rebelión de las máquinas?

El otro día, a la salida, alguno me dio una hojita (¿No?, ¿no está hoy? Bueno) donde había sacado un par de la Red, un par de páginas de un libro francés, que no me supo decir de quién era, pero que  le sonaban a que pudiera tener algo que ver con lo que aquí se estaba tratando. Y tiene que ver, en efecto. En esas dos páginas que me dejó a leer este improvisado amigo se contaba de cómo iban las cosas por los años 80 con la Telefónica, con la comunidad de teléfonos en Francia, y cómo había por el año 82 una tremenda falta de demanda, la gente no hablaba lo bastante, por ejemplo se hablaba un 1’3 por cada puesto de teléfono en toda Francia, lo cual es un desastre ¿no? De manera que entonces había que animar a la gente a que llamara más por teléfono, y entonces se multiplicaron por 3 enseguida el número de teléfonos en Francia. Claro, esto debía tener la consecuencia de que entonces el tanto por ciento de llamadas por cada puesto iba a disminuir todavía más, era una medida un poco desastrosa, pero así suelen ser las del Capital. Y fue entonces cuando se inventó el Teletel. Se inventó el Teletel que era un procedimiento que combinando el teléfono con la televisión y con el ordenador te podía proporcionar toda la información de una manera rápida, prácticamente inmediata, de información escrita para el ordenar o presente por la televisión de horarios de viajes de tren, de avión, de números de hoteles de un sitio, del otro… Bueno, toda la información, toda la información necesaria, de forma que a la gente lo que le hiciera falta era llamar para nada, para preguntar nada. Ése era el progreso. 

Hubo un intento, según este hombre dice en ese par de páginas, de suprimir todos los repertorios impresos, todos los repertorios de horarios de trenes, de horarios de aviones, de informaciones… para que no hubiera más remedio que acudir al teléfono, televisión y ordenador para recibir la llamada. No sé si se llegó a cumplir esto, supongo que no, que se siguieron imprimiendo los repertorios habituales, pero la intención no podía haberse manifestado de una manera más clara: había que obligar a llamar por teléfono, a usar el ordenador, había que obligar a usar la televisión, si se querían las informaciones más elementales.

Esto efectivamente me ha parecido representativo del intento. Desde el ochenta y tantos -de que este hombre hablaba- para acá las cosas naturalmente no han ido más que aumentando, empeorando de la manera que todos lo []. Dice él que en el 82, en Rusia, los grandes almacenes estaban llenos de productos que había que haber producido pero que nadie compraba, de forma que los estantes quedaban sumidos en esa abundancia de cosas que al parecer nadie necesitaba, es decir: a nadie se había convencido lo bastante bien de que lo necesitaba. Porque ése es el truco naturalmente del Progreso. Supongo que también en Rusia de entonces para acá se habrán curado de la imperfección y habrán seguido adoptando medios de convencer a la gente de que necesita lo que necesita, sea lo que sea.

De manera que ya veis adónde viene a parar la posible rebelión de las máquinas. Efectivamente algunas veces a uno le pueden entrar tentaciones de esperanza de que es tan exagerao lo que se nos impone, llega a ser tanto el producto de chismes inútiles que te meten sea como sea, y que conviertan a mujeres y hombres en compradores por comprar, porque hay que comprar y porque está mandado, llega a ser tanto que a veces dices “Bueno, ahí podría haber un atisbo de esperanza de que la propia exageración llevara en este caso a la rebelión contra el Orden”, pero no es así, con eso no nos salimos para nada de la sumisión: al hombre, que es lo que se trata, todos estos chismes no son más que prolongaciones, y en definitiva se trata de contribuir, sea como sea, aunque sea desesperadamente, de salvar al Hombre, es decir, al Capital, al Estado, al Dinero, que vienen a ser a lo mismo; que vienen a ser lo mismo que Dios y que el Hombre. El Dinero, el Hombre, Dios.

Puede que les falle el procedimiento, puede que la exageración cada vez más descarada, cada vez más claramente imbécil, de la venta de productos inútiles, pueda llegar a fallarles, pero de momento, ya veis, estamos aquí y no nos falla, y al salir de aquí seguramente que cualquiera puede irse tranquilamente a comprar cualquier cosa de las que estoy aquí denigrando, ¿no?

Casi no me queda más que acudir a lo que más me duele, que es a los niños: la posible rebelión de los niños contra el hombre. Es que hay motivos porque no puede por menos. Estado, Capital, tiene que seguirlos dejando nacer, y nacen así de listos, así de ingeniosos, así de descubridores, así, llenos de ocurrencias de todo tipo que desmienten, por los medios que les es dado apenas han empezado a hablar, el Orden de la Realidad que se les impone, que naturalmente uno no puede menos de no ya enternecerse sino sentir una verdadera compañía en la rebelión por parte de esos niños que no están hechos del todo todavía.

Uno asiste por otro lado a la rápida deterioración: estos niños al año y medio, a los dos años, a los tres, tan ocurrentes, tan sensibles, tan listos, ¿empiezan a qué?, empiezan a parecerse a sus padres. Empiezan a parecerse a sus padres y éste es el hecho. Empiezan a saber cosas en el sentido que la familia o la escuela se las enseña. Empiezan por tanto a perder toda aquella gracia que traían a este mundo, toda aquella capacidad de discernimiento y descubrimiento. Normalmente es rápido esto, normalmente es bastante completo, de tal forma que lo que se salve de niño en alguno que otro de nosotros es muy poquito, es siempre un casi nada, con el que aquí sin embargo es con lo que estamos tratando de decir algo contra el Orden y la Realidad. Es fatal el procedimiento.

Bueno, pues veis cómo es la cosa. ¿De qué está compuesta la población de este rebaño de los Hombres tan consagrado, tan elevado a las alturas por sí mismo, por la propia adoración y patriotismo de sí mismo? ¿En qué consiste? Pues consiste en unas mayorías. En unas mayorías que son las que el Capital y el Estado necesita, y estas mayorías tienen por fuerza que ser mayorías de idiotas en el sentido originario y en el actual juntamente: idiotas, es decir, simples particulares, cada uno siendo el mismo que es privadamente, que es lo que quería decir idiotes, y lo que el pueblo ha hecho al trasformar la palabra, idiotas, también en el sentido del insulto actual.

En eso consiste la mayoría de las poblaciones, la inmensa mayoría. El Poder necesita de las mayorías, ya que no pueden conseguir de momento que sean todos, pero que por lo menos las mayorías sean idiotas. Sólo así puede el Capital venderles todas las cosas que no necesitan y entretenerlos con tonterías que les hagan pasar el tiempo y les hagan olvidar de momento de que tienen una muerte futura, que es en virtud de la que todos los negocios se les están montando. Sólo así pueden conseguir esta sumisión, esta obediencia, que consiste en que cada uno se crea que él hace lo que quiere, que él sabe lo que hace, lo que quiere, lo que vota, lo que compra, que es justamente lo que el Poder necesita: este grado de estupidez, que cada uno se crea de sí mismo esto.

Pues esto son las mayorías. Pues bien, en esto es en lo que caen los niños que van naciendo. Caen en esas mayorías. Esas mayorías son los que los van a criar, los que los van a educar. De esa mayoría formarán parte sus padres, formarán parte sus educadores, llenos de ideas, de creencias, todas ellas falsas y malintencionadas, que son las que el Régimen necesita para subsistir, pero que será lo que tengan que comunicarles a los pobres niños.

De manera que salvo que nunca es nada del todo (en contra de lo que ellos se creen), siempre quedan resquicios, pero salvo esos resquicios, el resultado de la incipiente rebelión de los niños nada más aprender a hablar, quedará reducido a su trasformación en Hombres. En hombres o mujeres, en venir a ser como sus padres. En venir a ser otros como sus padres. Éste es el triste resultado mayoritario que con esta especie de rebelión, la que más podíamos estimar porque venía de más hondo, porque a los niños al nacer nadie los había hecho, no sabían de dónde venían, pues ésa ha quedado mayoritariamente reducida a esto.

De manera que con esto yo creo que ya os he presentao un cuadro de las posibles rebeliones, no sólo que se han dado de vez en cuando, sino que podrían darse contra el Poder. Supongo que con esto debería bastar para convenceros y convencerme a mí mismo de que no hay otro camino más que el que estoy tratando de proponeros: el amor a las cosas, el devolverles a las cosas razón, lengua y todo lo que estimamos como específicamente humano, y el dejarnos nosotros reducidos a esta suma humildad de ser un tipo de cosas entre los otros. Pienso que sólo con esta renuncia al Hombre se podrá evitar lo que ya hemos visto que se produce: que los esclavos se conviertan en libres como sus amos: el Hombre. Que las máquinas vengan a producir unos hombres igual que antes pero alargados y más firmes por la misma maquinaria; que las mujeres se conviertan en hombres como los otros y por tanto en representantes del Hombre en general; y que los niños al crecer y al entrar en el idioma que les toque no estén tan fatalmente convertidos en futuros padres, en futuros seres iguales a los padres que creen haberlos traído al mundo.

Eso es lo que  os quería proponer: hasta qué punto estáis tan desesperados como yo para reconocer que no parece haber más camino que esta renuncia al Hombre, y que cualesquiera otras rebeliones están, por no haber descubierto eso, condenadas a fallar.

Bueno, sobre esto y sobre cualquiera de los tipos que os he propuesto de rebelión os dejo ya hablar, me callo, de manera que adelante. Y, por favor, que me hablen también los que no suelen hablar pero que suelen estar por aquí, porque eso será mucho más útil todavía. Así que, adelante. Adelante sin más.

- Parece que en lo que has dicho al principio…

AGC - Perdona, perdona. Que han hecho ruido ahí.

    - Que en lo que has dicho al principio de que lo de cosas se usaba para denigrar, para insultar a la gente, pues me parece que está un poco la clave o por lo menos yo veo ahí que hay como un problema, porque lo que sería, por ejemplo, una rebelión… Lo que sería una rebelión de la gente, pues en principio se opone a ese tipo de tratamiento que dice que nos traten como cosas. Pero ese tipo de cosas son como cosas a las que se refiere la Administración o el trabajo,  cosas que sirven para… para… o para que haya Gobierno, cosas que sirven para hacer trabajar. Da lo mismo que sea un árbol que florece o que sea un chico que crece, da lo mismo: que sean cosas para el Mercao. Entonces, pues esa rebelión es como rebelión sensata de la gente.

    AGC - Es cierto, sí, pero hay cosas…

    - Entonces como cosas… Y de cualquier otra cosa, que se puede estender lo de gente a entender que gente es cualquier cosa que se rebela contra ese tratamiento. Entonces, claro, lo de cosas es un poco… Por un lao está eso, que sean objeto de esos tratos, ¿no?

    AGC - Sí, es cierto. Aquí estamos, estoy, como digo, intentando limpiar la palabra ‘cosa’ que es la más preciada para estos fines porque es la más general y la más abstracta que pertenece a la lengua común, no a los dialectos filosóficos y científicos sino a la lengua común. Estoy tratando de limpiarla pero, Ana tiene razón, cosas generalmente se consideran a las que están definidas por el Mercado y por el Poder, y que son cosas que sirven justamente para los fines humanos. Pero es así, con ese significado de cosas como a las mujeres se les hace ser cosas, mujer objeto. Y así es como se sigue tratando de cosificar y denigrar a las personas, desmontándolas de su condición humana, racional. Más. Sí.

    - Las historias que nos has presentado de las distintas maneras de revolución, lo que se ve en todas es una asimilación por parte del Poder y de esos intentos, que parece que en principio parecen razonables, ¿no?, pues el primero de acabar con el Capital, o el de la mujer de acabar con el patriarcado, que tampoco parece que se hayan dado, ¿no?, ni se ha acabado con el Capital, ni se ha acabado con la familia y con la división sexual, por empezar con los primeros, ¿no?...

    AGC - Claro, al revés: se ha progresado.

    -  …Se han dado ciertos cambios, incluso han reforzado esos sistemas.  Pues me parece que de la misma manera puede pasar con esto que se propone y que de hecho está pasando, que lo de la asimilación siempre se va a intentar dar desde Arriba y eso no hace que ninguna táctica sea mejor ni peor, ¿no? Que yo he oído hablar del especismo. Del especismo, igual que se habla del machismo, pero especismo. O sea, quejarse a la gente de que los hombres se creen una especie dominante sobre las otras. He oído pedir que a los animales se les den los derechos humanos. O sea, que me parece un ti-… Todas esas cosas me parecen que son la asimilación de una propuesta razonable, que nace de la gente, de acabar con eso de que los hombres se crean el centro del mundo, pero que eso se puede asimilar igual que el resto de los intentos de rebelión, y que eso no hace a ningún intento mejor que otro, que hay muchas vías de ataque al Poder.

    AGC - Claro, es lo que yo estaba preguntando, ¿cuál?, ¿cuáles?

    - La de atacarlo. La de atacarlo.

    AGC - Pues muy segura estás de que las cosas tienen que ser como está mandado que sean. No es así.

- ¿Por qué?

AGC - Yo lo que estoy pidiendo es si se desengaña uno bastante de los modos de rebelión que se han propuesto que respetan la clasificación de una manera o de otra, la distinción de clases, y para si todos ellos se reconocen claramente…

    - Pero es que hay una verdadera rebelión. Por ejemplo una verdadera rebelión…

    AGC - …como condenados al fracaso. A alguien se le puede ocurrir otro. Yo aquí os estaba diciendo de una manera muy general éste, pero lo que había era una pregunta ¿Cuál?, ¿cuál otro procedimiento hay? Efectivamente, rebelión de animales, ya os dije el otro día, ya cuando era pequeño era lo primero que se me ocurría, estábamos muy lejos todavía, porque todavía eso es fácil de decir porque los animalitos después de todo se parecen a nosotros mucho.

    - Pero una verdadera rebelión de las mujeres no ha de res-…, por ejemplo, de las mujeres, no ha de respetar ninguna clasificación.
                   
    AGC - ¿Cómo?

- Por ejemplo, una verdadera rebelión de las mujeres tiene que atacar la clasificación de la gente en hombres y mujeres…

    AGC - Sí, sí, claro. Claro, es lo que hemos estao demostrando.

    - …Una verdadera rebelión como la que aquí se propone también tiene que atacar la distinción entre hombres y cosas.

    AGC - Dejemos lo que aquí se propone. Lo que estaba mostrando es que efectivamente todas ellas tienen el sentido, normal, de lanzarse contra el que puede, contra el que está encima. Todas fracasan porque no sólo respetan la clasificación sino que la mejoran en cuanto que las mujeres acceden a la clase de hombres y de ninguna manera por eso han hecho desaparecer la clasificación.

    - Pero eso no es ninguna rebelión. Eso no es ninguna rebelión. Eso…

    AGC - ¿El qué?

    - Eso son las concesiones que se hacen desde el Poder. Eso no es la rebelión de la mujer.

    AGC - ¿El qué?

- Eso de que las mujeres hayan podido trabajar, por ejemplo, hayan alcanzado…
 
    AGC - No, no, no. Sí, sí, desde el Poder pero desde dentro de los corazoncitos…

    - …Eso es la muerte de la rebelión.

    AGC - …Pero desde dentro de los corazoncitos al mismo tiempo. El Poder no funcionaría imponiendo semejante perdición para la rebelión si no hubiera, por los procedimientos de propaganda, imbuido en cada una de las almas de las mujeres o de los esclavos cuál era aquello a lo que tenían que aspirar: a la igualdad con los hombres, por ejemplo. Sí, está impuesto desde Arriba, pero, como todo lo demás, también desde dentro. Desde dentro porque si no, no marcha. Por la convicción que se ha impuesto de que eso era justamente lo que una o uno tenía que hacer. En cuanto al posible fracaso de lo que aquí estoy proponiendo apenas hace falta decirlo, todo está espuesto y abierto al fracaso. Lo que me importaba era que me dijerais si encontrabais alguna otra manera que no fuera la del destronamiento del Hombre para salvarnos de eso de la clasificación.

    - Yo creo que alguna de las cosas que habría que atacar, porque ha hecho mucho daño, ha impedido mucho una especie de posibilidad de cosificación de los llamados humanos es esta…

    AGC - “Cosificación”. No, ‘cosificación’ no digas.

    - …Bueno, no cosificación sino una deshumanización en los humanos es precisamente esa especie de operación muy apoyada por la Sociología o la Filosofía de la contraposición entre masa y individuo. Por un lao parece que las masas y los individuos son lo contrario, cuando está más claro que el agua que las masas están costituidas por conjuntos de individuos prefabricaos uno por uno, desde luego no con alma de cosa sino con humanidad: cada uno tiene su distintivo humano, su singularidad humana, lo que se llama la persona. La creación de la persona…

    AGC - Sí, es cierto, eso es lo que me parece a mí también. Es una culpa grave de que la confusión está ahí: la oposición que sigue existiendo de masa con individuos. El reconocimiento que aquí hacemos sobre todo eso al Hombre, que masas no hay más que masas contables para el Estado y el Capital, por tanto número de almas, por tanto cada alma, cada individuo costituido como tal. El reconocimiento de esto es elemental, conviene recordarlo    

    - Quería continuar un poco más. Sobre todo decir que hay una Ciencia que ha apoyao mucho, que ha subrayado mucho, esta personalización de los humanos que es la Psicología. El nacimiento de la Psicología que en un principio pues nace casi paralela con esto demoledor del Psicoanálisis, lo que hace es que la Psicología lo que  viene es al análisis costrucción del alma, es el estudio del alma, el alma individual. De tal manera que un niño lo primero que se le hace es llevarle al psicólogo en cuanto manifiesta cualquier cosa que no sea común hacia los otros niños, es decir, o chilla, o se queda dormido delante de las cosas, o se mea en la cama… Inmediatamente se le lleva al psicólogo para la uniformidad humana.

    AGC - Es de decir que aparentemente la Psicología podía haber dao unas ciertas esperanzas porque al fin y al cabo se está tratando de la manera más descarada al alma como una cosa. Por ahí podemos llegar a algo porque el engaño está fundado en la separación entre cuerpo y alma. El otro día volvimos a recordar que esto llega entre los estudiosos de hoy día al estremo de examinar la relación entre alma, mind, mente, con cerebro brain. Resulta que efectivamente nada de eso atenta a la clasificación, a la clasificación entre lo que es material, objetivo o cosas, y lo que es esa cosa del uno que es la mente, que es lo que sea, y que efectivamente sigue estando con ese procedimiento todavía más claramente separada. Ese fracaso es ya de la Psicología en general, frente a ello está un descubrimiento muy elemental con el que aquí espero que debemos contar, que es que ‘yo no soy el Yo’, ‘el Yo no es yo’. Porque efectivamente eso ya es otra cosa, ya que no se acude para separar la Realidad de el Yo, de uno, no se acude a ninguna otra Realidad porque yo no es ninguna realidad porque no es nadie, porque no soy nadie. Y por tanto va en el mismo sentido de mantener el descubrimiento de ‘yo no soy el Yo’, ‘el Yo no es yo’, tan elemental. Pero más cosas, por favor, que tengamos que oír. Sí, venga, antes de que se nos vaya el tiempo.

    - Pues yo creo que en cuanto a la rebelión de las mujeres, cualquier… tiene aquí un sentido universal, cualquier vuelta, sobre todo tal como habla Isabel, pues incluso hablar como habla Javier Aguirre. Que el hecho de que las negras de África les cortan el clítoris…

    AGC - Bueno, bueno…

    - …tienen que llevar al niño en la espalda, tienen que trabajar, tienen que… Entonces uno que sea médico, que sea misionero o tal, que se vaya allí a decir a los negros lo que tienen que hacer es cuestión a plantearse también.

    AGC - ¿Qué?

    - Ir allí a hacer esa revolución. La revolución de la mujer, acabar esa revolución sociológica de la mujer.

AGC - Llamar a la terapéutica ‘revolución’, Javier, me parece un poco denigratorio para la revolución.

- De la mujer, para que no les corten el clítoris…

AGC - Con eso conseguirán al cabo de un poco de terapeutas y de escuelas acabarán consiguiendo que sean como nosotras, como nosotras. Y no blancas pero da igual, pero con el clítoris entero, disfrutando de las libertades propias de una mujer occidental, habrá llegado a nuestro rango. Claro, eso no es una revolución, eso es el Progreso…

    - Pero el que no les corten el clítoris ¿no merece una incisión feminista?

    AGC - Eso es el Progreso, no es la revolución de la que estamos hablando. Más, por favor.

    - Agustín, yo quisiera hacer un apunte socialmente informativo: me acuerdo haber leído que Federica Montseny en sus memorias hablaba de lo que le dijo su padre cuando ella le comunicó que la iban a elegir Ministro. Y entonces su padre la dice “Mira, Federica, yo creo que deberías coger el Ministerio porque sería la primera mujer en todo el mundo que ha ocupado el cargo de Ministro, y entonces lo lógico es que te adaptes a esa situación porque es un avance para la mujer, es una revolución en la vida de la mujer”. O sea, que para que veamos que la cuestión ésta…

- ¿Y ella qué dijo? ¿Qué dijo ella?

- Ella aceptó.

-  No, pero qué dijo, aunque aceptara.

AGC - No tiene por qué saber eso Jaime: aceptó.
   
- …No. Le pareció razonable la opinión de su padre y de hecho aceptó.

- Vivió apesadumbrada toda su vida por haber...

- Bueno, pero no deja de ser sintomático este apunte informativo: que se ha creído que esto era la revolución, el que llegara una mujer…

AGC - Sí, el padre…

- Todo es relativo.

AGC - El padre, es normal, tenía una esperanza, estaba equivocao, como es natural, tenía una esperanza.
 
- Hay extremos, hay graduaciones, pero…

AGC - Sí, sí. Bien, pero no nos perdamos de los problemas más…

-La auténtica revolución sería que la mujer no cogiera ese puesto, pero también podrían los hombres no cogerlo y sería una…

    AGC - No, yo no me he metido en este asunto que ha sacao Jaime, ¿eh? Yo no digo que el padre… que Federica tenía que haber hecho lo contrario de lo que le dijo el padre ni nada de eso, no. Digo que estaba equivocao porque creía mucho en eso de la mujer, y todo eso. Es inevitable. Es inevitable y nada más.

    - De todas formas, si le damos el poder a las cosas, ¿no estamos, digamos, ya admitiendo una diferencia?, O sea, las cosas, y el otro día se habló de la física cuántica, que ya las cosas tenían libre albedrío, ¿no podía darse el caso de que las cosas, ya por sí mismas, ¿eh?, consiguieran ya una revolución? O sea, si están en ese…

    AGC - No, no: una revolución no: ‘tomaran el Poder’ es lo que se está queriendo decir. Es lo que los militantes llamaban “tomar el Poder”. Es lo que he dicho respecto al tipo de cosas que son las máquinas y eso. Aquí creemos desde luego, cuando nos reducimos a cosas, que están bien seguros esos: las cosas no tienen ningún poder. Las cosas son absolutamente carentes de poder. El Poder está del otro lado, y desde luego, si llegáramos a este estremo de suponer que las cosas tomaran el Poder, pues ya se estarían traicionando, es como cuando los proletarios toman el Poder, como cuando las mujeres toman el Poder, como cuando los esclavos toman el Poder. Es volver a lo mismo y dentro de lo mismo. Está bien recordar esto ¿eh?: la oposición con el Poder es radical, estamos padeciendo bajo el Poder. Estamos padeciendo bajo el Poder que es el que nos hace creer que las posibilidades son un cierto número entre las que tenemos que elegir libremente una u otra, como en el supermercado. Nos tienen haciéndonos creer en el Futuro que va junto con todo ello, ¿no? Si estamos padeciendo bajo eso, bajo el Poder y la mentira, está claro que cualquier forma de rebelión no puede contar con ningún Poder, con ningún Futuro ni con ninguna de las formas que el Poder cuenta. Esto es lo que puede encontrar una rebelión de veras.

    - Pero, Agustín, hay cosas que son humanos acorazados, como un automóvil. Un automóvil es un hombre. Es decir, el hombre es el adorno del hombre que es el automóvil…

    AGC - Claro, claro. Sí, sí, ya. Eso lo he dicho de las máquinas en general.

- …Quiero decir… Pon unos ejemplos de cosas ahora para saber qué es cosa. Pon ejemplo de cosas. Di cosas.

AGC - Sí. De lo que no es. De lo que no son. Lo que he estao diciendo antes con Ana: hay cosas definidas desde el Poder…

- Di cosas, algunas: una margarita, un [], una salamandra, una tórtola.

AGC - Ésas quedan anuladas porque la cuantía de las cosas que no ha hecho nadie, ni el hombre ni nadie, se puede cargar todo. Ésta es la confianza. Ésta es la confianza y lo que nos permite recordar que si fiamos en eso, en las cosas, es a condición de que carezcan de todo Poder.

- Es que las propias máquinas no son más que un artilugio de Poder del hombre…

AGC - Sí, sí.

- …léase las armas, léase el coche, léase un ipod, léase un televisor, léase… infinito número de ejemplos. Entonces yo querría, planteada esa cuestión de que son un instrumento, que también se ha apuntado una cosa mencionando a Federica Montseny…

AGC -  Bueno, pero no me juntes las cuestiones, entretente en la primera.

- ¿Eh?

AGC - Entretente en la primera, ¿qué pasaba con eso…?

    - Que simplemente las cosas, ¿eh?, y sobre todo las máquinas, las cosas, si coges una piedra que fue utilizada como arma primaria, pues son un instrumento del hombre y también un instrumento del Poder…

    AGC - No, no, eso es lo que tú te crees, lo que el hombre se cree.

- No, no: yo es lo que planteo.

AGC - El hombre es un istrumento de sus máquinas, eso es lo que sabe cualquiera. Y cuando os he citao estas páginas de este francés, no estaba haciendo más que una demostración de eso. El hombre se cree que él es el que usa las máquinas, naturalmente no se da cuenta de que las máquinas lo están usando a él para sus fines superiores que son los que solamente el Poder sabe, ¿no? De manera que es así, nada de istrumentos. Nada de istrumentos, son algo mucho más grave que istrumentos, como he tratado de demostrar. Pero cosas son sin fin, como las posibilidades, y por tanto no tienen que preocuparnos mucho las máquinas. Efectivamente la rebelión de las máquinas no es más que una mejora del servicio y del aumento del hombre: un automóvil es un hombre más gordo que un hombre corriente, y ya esta.

    - Agustín, pero entre dos que pelean es el cuchillo el que manda, ¿o no? ¿No era verdadera esa esposición? Entre dos que pelean el cuchillo manda, es el que manda.

    AGC - No, no. Sí, lo he sacao mil veces para el desengaño: caídos dos en el fondo de un pozo con un cuchillo en medio, naturalmente…

- No, no: no hace falta que esté en el fondo del pozo. Entre dos que pelean el cuchillo manda.

AGC - …naturalmente es el cuchillo… Bueno, venga, no nos distraigamos porque había más cosas por ahí; todo eso está bastante claro. Ibas a decirnos también otra cosa.

- Planteaba una cuestión, una cuita que tenía importante Federica Montseny en el momento de decidir si… (que además sus compañeros de Partido en buena parte lo vieron mal, ¿no?, en un principio) que era la aceptación o la renuncia. Entonces yo plantearía aquí que quizá el único vehículo que tendría el hombre para olvidarse del Poder es la renuncia.

AGC - Claro, lo hemos estado diciendo: la renuncia al Hombre.

- ¿eh?

AGC - Es la renuncia al Hombre. Es lo que estoy proponiendo como posibilidad que desde luego dará de sí lo que pueda. A ver, sí.

    - No sé, que me parece que podría decirse que hay algo en común en esto de lo de las mujeres, el proletariado, las máquinas, los niños, que es como eso de incorporarse a lo que se llama trabajo, ¿no? Que las mujeres, la posible rebelión de las mujeres, de los niños, del esclavo, eso todo se va al traste cuando hay ahí un trabajo que hacer, un cometido que realizar: las mujeres se incorporan al mercado laboral, como se suele decir; los niños empiezan a ir a la escuela, que es una forma de trabajo; los esclavos empiezan a trabajar para lograr ser libertos… Parece que por lo menos el quid de la cuestión podía estar en eso de hacer cosas, del trabajo, que es lo que hace al hombre precisamente ser eso, Hombre, y realizarse, realificarse. Que habría que a lo mejor esa estrategia verla como una forma de dejar de hacer cosas, de dejar de trabajar, que las mujeres se negaran a trabajar, que los niños se negaran a ir a la escuela. Que el trabajo fuera precisamente esa bestia a la que habría que atacar.

    AGC - Sí. Bueno, me temo que te has enconao un poco demasiao con el trabajo y es relativamente superficial. El engaño que ha traído consigo, que ha traído por tanto el fracaso a todas esas revoluciones es algo más abstracto y más profundo: tienen que, puesto que son los inferiores, tienen que aprender del Superior cómo se puede ascender de clase. ¿Cómo se puede ascender de clase?, pues naturalmente imitando al amo. El esclavo no por el hecho mismo de trabajar al servicio del amo hace nada, pero cuando reúne peculio, cuando ahorra, entonces está ahí precisamente imitando al amo, ha adquirido el Futuro, ahorra para el día en que pueda comprar su libertad. Y así en los demás casos. No es tan central, tan profunda la cuestión del trabajo, yo creo. Más.

    - Digo, Agustín, que otras formas de rebelión, que las has sacado tú siempre, y yo al fin son las únicas que veo, es la de la palabra y la pérdida de la Fe en la medida que se pueda. Porque en esto de destronar al Hombre de la cúspide entre el resto de las cosas o considerarlo una cosa entre las cosas, de alguna manera yo creo que ya se puede sentir pero no se hace caso, o no se  ve o no se ve siempre por esos restos de Fe que quedan, ¿no? Y pensaba en la muerte que lo iguala todo, que se sabe pero que sin embargo se olvida continuamente, ¿no?, la muerte de todo lo que hay, que es el mayor igualador respecto a cualquier tipo de jerarquía…   

    AGC - No, no, no.

- …a secas en el mundo...

AGC - No, no, no. Te olvidas, y está bien que lo saques, de que hay clases de muerte, ¿eh? Hay clases de muerte. No podemos confundir la clase de muerte que padecen los animales o las cosas con la clase de muerte que padecemos nosotros, que es una muerte que nunca está aquí, que es siempre futura, y en la cual está fundado todo el aparato del Estado y del Capital. Ésa no es común. Ésa no es común con el hecho común de que AHORA nos estamos desmoronando sin darnos cuenta, los divanes y nosotros por igual. AHORA nos estamos estropeando y desmoronando.  No tiene que ver nada. Lo que les imbuimos como un veneno a los que se rebelan cuando quieren ascender, lo que les imbuimos es una Fe en esa muerte, la Fe en el Futuro y por tanto el tipo de sumisión, el tipo de muerte propio de los hombres. Claro, ni que decir tiene que cuando aquí os estoy proponiendo ‘ir contra el Hombre’, como siempre en esta tertulia política, se está yendo contra la muerte humana en ese tipo específico, no contra el deshacerse continuamente.

    - Pero respecto a lo que él está diciendo ahora desde luego lo que está claro que se costata que en sociedades más primitivas o que tienen más trato con las cosas y los animales, de tú a tú, incluso viven en las mismas casas los animales y los humanos y todo revuelto, uno se puede acordar incluso de no hace mucho en este Régimen del Bienestar pasaba algo de esto en los campesinados. Pero por ejemplo si vamos a África o a algún sitio así, donde todavía no está esa separación de en unas casas los humanos, en otros sitios, en los prados los animales, etc., etc., parece como que hay un grado de deshumanización, hay menos jerarquía. Es más, incluso si se muere una oveja incluso es más sentido que si se muere el viejo del lugar, porque falla una cosa que está relacionada con la subsistencia, ¿no? Hay menos jerarquía del Hombre como medida de todas las cosas. En el Régimen desde luego que nosotros vivimos se ha llegado a la cúspide del Hombre. Esto es lo que está claro. Y hay una distinción…     
     
    AGC - No, no. No creo que se pueda…

- …y precisamente tiene relación con lo…

    AGC - …No creo que se pueda marcar mucho la diferencia de grado…

- Déjame que termine…

AGC - …y  más bien nos va a desviar.

    - …Tiene relación con lo que él dice de lo del miedo a la muerte. Parece que cuanto más progresado es un Régimen y el concepto de hombre está más cerrado, más cuajao, lo de la muerte es tomado como una cosa tremenda, ¿no?, porque hay sitios donde…

    AGC - No, no, al contrario. Al contrario. Bajo el Régimen que tú misma…

    - …Hay sitios donde la gente se muere de modo más disimulado.

    AGC - …que tú misma padeces ni siquiera te dejan acordarte, al viejo estilo, acordarte de la manera de (cuando yo era niño), de don Miguel de Unamuno, de eso de la muerte. Ahora ya no. La muerte es Futuro y como te tienen entregado al Futuro a cada momento, casi ni te dejan tiempo para pensar en la muerte. Y no nos distraigamos.

    - Sí, pero te están todo el rato cuantificando. Están todo el rato cuantificando. Están cuantificando.

    - Una cosa, Agustín, es que no lo termino de ver, porque está claro que la muerte… la muerte que viene desde el Poder, la venta de Futuro, es una cosa quizás específicamente humana, pero hablamos de que la muerte nos costituye, de que nos estamos deshaciendo, eso también lo tienen las cosas.

    AGC - No, ésa es la otra. No tiene que ver nada. Si me has seguido en lo que he insistido (no recientemente pero hace poco) sobre la creación del Tiempo real que es el que se crea desde el Futuro para contraponerlo a tiempo que no es…,  a AHORA, que tiene la virtud de que te saca de la Realidad, porque AHORA no es ‘el ahora’ ni el momento, pues entonces también te habrás desengañao de eso: no son lo mismo sino que son contrapuestas. Contrapuestas la condición ésta del desmoronarse -y deshacerse de las cosas, sin fin, incluso también combinándose las partes perdidas las unas con las otras- y la humana, la muerte humana -que se sabe, que es un Futuro y que ahí está y que nos la meten o directamente o, mejor todavía, convertida en eso, en una Fe, en el Futuro, mañana-.

- En esperanza de vida. ‘Esperanza de vida’ lo que se llama hoy a la muerte.

     AGC - En una Fe, en el Futuro, mañana. Más.

- En relación con lo que decía antes Felipe, que se me ocurría que, por ejemplo, a veces cuando alguien te pregunta “¿Y tú quién eres?”, dice “Pues yo soy carpintero”. Entonces ya parece que se quedan los dos tranquilos, ¿no?, como diciendo “¡Ah!, tú eres carpintero”, y el otro ya sabe. Como si así ya… como uno es lo que hace, ¿no? Es a lo que se reduce. Y se da el caso de que si uno no quiere ser nada, pues se convierte en parásito. Y lo usa como insulto, un poco, ¿no? Porque [], si no quieres tener un oficio como tal, dice “Claro, tú quieres vivir de los demás”, ¿no? Es un poco así, como “Tú lo que quieres es vivir de los demás. Un parásito, vamos”, y lo dice así como insultándote, ¿no?

    AGC - Sí. Propiamente… No, no, pero no tiene que ver. Lo importante es fijarse en lo que has dicho, vamos, la respuesta no es en un caso como ése “carpintero”, sino “el carpintero”. Una señora te pregunta “¿Usted quién es?”, puedes llegar a decir “El carpintero”. De manera que puede llegar a someterte a muchos tipos de clasificación para asegurar tu ser: el carpintero, el marido de Belinda, el padre de Jose, el que vivía en la casa de la esquina… Por debajo de todo esto está esta condición que es justamente la de ser el que se es, ser uno el que es. Ahí es donde se revela el dominio en que tantas veces insistimos que a las cosas las convierte en Realidad, la imposición de los entes ideales, de los cuales el primero es ése: el ser el que se es. El ser el que se es. Más.

    - Bueno, y luego también que hablando el otro día con unas amigas sobre la igualdad ésta de la mujer y… la mujer convertida en hombre. Pa empezar me costó muchísimo que entendieran que era una igualdad al hombre. Una cosa que me costó una barbaridad y que lo aceptaron un poco más o menos. Y una vez que lo aceptaron dijeron “Claro, pues es lo normal, porque, claro, si nos someten, pues nosotras tenemos que ponernos igual y así no hay nadie que someta a nadie”. Me decían algo así, ¿no? Y, pues no sé, es un poco curioso, ¿no?, la respuesta. 
 
    AGC - Sí. Sí, todo error tiene su lógica. Si todos los sometidos nos convertimos en sometedores, a ver a quién estamos sometiendo. Nada, hemos alcanzao la libertad. No deja de tener su lógica, es un poco ridícula pero es una lógica la de tus amigas.

    - Yo propongo ser medio piano, como él. Medio hombre, medio piano. Es precioso. Míralo, es un modelo de revolución perfecta. Mira dónde se ha escondido. 

    - Lo de la superioridad del hombre es que se cae por su peso. Es que eso tiene que volver a su forma natural. Es que la superior es la mujer biológicamente. Es más que obvio. Eso es más que obvio. Entonces el proceso social que redistribuya los papeles debidos al papel jugado en cuanto a distribución de amor, de la alimentación, de capacidad de…, pues eso es una cosa que… Yo estoy absolutamente convencido de eso.
   
    AGC - Bueno, vamos a salirnos de eso. Aquí no estamos en un pleito de divorcio, que uno sostiene que ése es un cabrón y el otro sostiene que ésa es una puta. No, no estamos en un proceso de divorcio, no. No se trata de discutir superioridades. Javier, olvídate…

    - Aquí cabe…

    AGC - …olvídate de superioridades. Venga, ¿qué más?

    - Yo lo que estoy viendo aquí y observando sobre todo a las mujeres, por su parte y por la suya, cuando habéis hablao, muy inteligentemente, que cuando queréis usáis ‘patriarcado’, cuando aquí no he oído todavía la palabra ‘machismo’…

- Yo no he dicho…

    - No, tú has dicho patriarcado.

- Pero he dicho especismo igual que machismo.

    AGC - Bueno, bueno, pero machismo. Sí, sí, lo ha dicho.

- No, es que las palabras…

    AGC - Pero es igual. Además da igual.

- No, pero a mí me gusta…

    AGC - Ya, ¿por qué lo dices? No, ¿por qué lo dices?, ¿por qué te llama la atención la diferencia?

- Pues no sé, que lo digan ellas.

    AGC - No. No. No, hombre, tú sabes la diferencia. Patriarcado es una palabra que viene de los libros, es una palabra culta. Machismo es una cosa que se ha criao por las calles…

- Sí.

    AGC - …Pero, vamos, hablar a lo más o menos culto o populachero yo creo que aquí no introduce gran diferencia. Vamos.

- Se le llama machismo a eso de meterse con las mujeres, hablar mal de las mujeres, y en un régimen que es patriarcal no tiene por qué hablarse muy mal de las mujeres. O sea, quiero decir que no es exactamente lo mismo, que se puede respetar el régimen patriarcal, que tiene que ver con la familia y todo eso sin necesariamente ser machista, me parece a mí, así, a bote pronto, que ésa es la diferencia.

AGC - Sí, por la calle…

- También es matriarcado.

    AGC - …Por la calle las mujeres…

    - No, matriarcado no es.

- Sí,  [].

- No, no.

AGC - …Las mujeres en esa exageración…

- Ésas son cosas que han estudiado los antropólogos…

- Claro, pues eso. Pero el origen de la…

AGC - Pero se parece a lo que al principio os decía de que lo normal es que si una mujer está con uno, que confunda al uno con el hombre, y entonces ahí le llame lo que haya que llamarlo. Eso es normal y no se da cuenta de que está perdiendo las posibilidades de rebelión que tenía…

- []

    AGC - …Dentro de la opresión hay formas un poco bastas que son las que generalmente se llaman machismo, y las otras mucho más peligrosas que son las que consisten en la igualación democrática de las mujeres con los hombres y el advenimiento a esta condición de los hombres, con lo guapos que somos y lo poderosos y lo ricos, ¿no?

    - Os recuerdo … Sí.

- Un 20 por ciento de los hijos de puta, en cuanto a la brutalidad masculina, que por mí, ojala…

- Hay una cosa, yo recuerdo, del ejército que cuando un coche atropellaba a una farola del ejército, la farola podía hacer una denuncia jurídica contra el conductor del coche por no sé qué, dentro del territorio evidentemente de los ejércitos…

AGC - No llevan a las farolas, ¿eh?, se conforman con…

- …Pero algo de esto… No, deja que termine. Es que hace como unos años, hace como un par de años… como un par de… como 10 años, en la filosofía francesa había un tipo que se llamaba Michel Serres (no sé si te acuerdas tú de él), que escribió un libro que era a propósito de atribuir a las peñas o las rocas o a los… (no, más bien a las cosas inanimadas, ¿no?), la posibilidad de que tenían que montar juicios ecológicos contra las empresas y contra las cosas. Esto tuvo un movimiento al principio bastante divertido por parte de los jóvenes pero finalmente acabó siendo pues un guirigay sin gracia ninguna, y al final, bueno, pues que aquello quedó en que se hicieron muchos libros, se editaron muchos libros de esta moda de la defensa jurídica de la peña, de la propia peña contra la empresa. Y yo me temo que también esto de atribuir los derechos humanos a las cosas sea una… eso que decía antes…

AGC - Perdona, Isabel, tienes que traerme…

    - …No, lo que decía antes Virginia llevaba razón…

    AGC - …Tienes que traer los libros esos que refieres. Eres tan falsificadora en tus recuerdos [] que no me fío de nada.

    - Sobre todo porque como la Realidad es falsa, no tengo más remedio que falsificar.

    AGC - …Supongo que nos has contao grandes cuentos.

    - No, no, eso es verdad. Eso es verdad, le conociste tú a este hombre…
 
    AGC - No te lances cuando no recuerdes bien, Isabel. Cuando no lo recuerdes bien, no te lances…

    - …lo que pasa es que a lo mejor te cogió la delantera.

    AGC - [] la peña…

    - …Michel Serres se llamaba. Y tiene su libro de defensa de las peñas…

    AGC - …los militares con aparatos… Todo está trastocao, no es así. Venga, venga, venga. Que no, no.

    - …Que no, que es así. Pero, bueno, y además hace 15 años.

    AGC - Pero que no hace falta falsificar los recuerdos históricos siquiera. Venga, más.

    - Pero que sí, era igual que lo del ejército. No te lo crees y es verdad. Es verdad. Te voy a dar el libro.

    AGC - No. No me lo creo. Sí.

    - Dado que el hombre parece que está mucho más cerca del Poder y que ha tenido más acceso y más posibilidades de estar en el Poder, ¿no sería para la mujer entonces mucho más fácil tener una revolución, o sea, acceder a una revolución que al hombre?, ¿eh?, si no trata de ser igual al hombre.

    AGC - Claro, eso es lo que del proletario pensaba Marx, es justamente la miseria y la supresión el motor de la rebelión. Pero aunque eso es así, es normal, el que se rebela…

    - Sería más fácil para la mujer la rebelión que para el hombre, ¿no?

    AGC - …que el que se rebela es el que está abajo, pero luego pasa lo que pasa y os he contao de manera fidedigna.

    - Lo de al final ¿de qué es el Estado?, repítelo. Repite lo del final qué es el Estado.

        AGC - Vamos.

    - Es como los países del tercer mundo que no han tenido acceso a la contaminación…

    AGC - Bueno, venga, más. Por favor, cosas que ataquen a los problemas a fondo.

    - Y la biología, que tienen esa dirección de hacer lo que sea necesario.

    AGC - ¿Nada más? Sí, venga. Por favor.

    - A ver, como formas de rebeldía hemos estado viendo la forma de… a través de ir descubriendo un poco de la mentira de la Realidad. Otra forma podría ser el ir viviendo; vivir tampoco se sabe muy bien lo que es.

    AGC - No se sabe. No se sabe, nos lo dan cambiao por Existencia que sí se sabe lo que es: muerte. Muerte, Futuro.

    - Claro, pues si se podría hacer también, utilizarlo más, ¿no?

    AGC - ¿Eh?

    - Utilizarlo más, o sea, ir viviendo sin saber lo que es.

    AGC - Utilizar más ¿el qué?

    - Aparte del descubrimiento, de ir a por el descubrimiento…

    AGC - ¡Ah!, no, no, no. Por supuesto. No, no, cuando yo…

    - …vivir más, ¿no?

    AGC - …Cuando me refiero a las cosas todo eso está contenido. Las cosas son sin fin y sin límites cada una, y la una unida con la otra. De manera que ahí justamente está el desmontaje de la Realidad. Y si esto no parte del descubrimiento que he recordado de ‘la Realidad no es todo lo que hay’, pues no marcha. Se apela a las cosas en la medida en que no se han dejado convertir en ideas, en meras realidades, y nosotros entre ellas, por tanto al dejarse vivir, dejarse morir, que es lo que nos pasa queramos o no, separado completamente del asunto del Futuro y de la muerte que es una cosa de los hombres destinada a [caer].

    - Pero ¿sería otra forma de rebeldía el dejarse vivir?

AGC - No, no, pero no puedes darlo como ninguna norma, es que nos pasa. Es que eso nos pasa, queramos o no, a esos sillones y a mí, a vosotros, AHORA, nos estamos deshaciendo, desmoronando. De manera que no es ninguna táctica a proponer porque con eso no hay más remedio que contar, con eso se cuenta: continuamente deshaciéndonos.

    - Sí, pero como el vivir no se sabe lo que es, realmente estamos hablando de un dejarse vivir que es el que conocemos, que es por el que vamos a través del descubrimiento, pudiéramos decir. Lo otro es el dejarse vivir de lo que no sabes, entonces te llevaría a un enfrentamiento.

    AGC - No: es el único. El único, si no, no tiene sentido, lo otro sería una falsificación. Es el que no sabes. 

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