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  • Agustín García Calvo
  • Agustín García Calvo (1926-2012)
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Tertulia Política número 236 (30 de Junio de 2010)

Tertulia Política número 236 (30 de Junio de 2010)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

Tertu236-30-6-2010
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  • El índice ‘hay’
  • “Las cosas son buenas”
  • El Tiempo real frente a AHORA
  • ¿Cómo hacer con la evidencia de lo mucho que se mueven las cosas reales, la evolución a la que las cosas están sometidas?

 

TRANSCRIPCIÓN:

 

 
Había el último día un par de cuestiones que surgieron así, un poco al paso, que como eran pues de sentido común, de mucho sentido común, las pasé por alto y habrá que volver sobre ellas para que yo me asegure un poco de que se está no digo entendiendo sino sintiendo debidamente esto que nos traemos, lo que estamos haciendo.

Una era, si me acuerdo bien, que eso de emplear nuestro índice ‘hay’, del que partimos para todo, lo mismo para situaciones como “hay sinfín” que para situaciones como “hay entes ideales” (los que operando desde Arriba costituyen la Realidad propiamente dicha), que parece que ‘hay’ en los dos casos no sonaba igual pero era como lo mismo y eso era sin duda razonable.

La otra parece que se refería a algo muy alejado de ésta, pero que supongo que el otro día veríamos, y hoy mejor, cómo se enlaza, que es aquello que me salía decir que “las cosas son buenas”, las cosas de por sí son buenas. La intervención que recuerdo fue que ¿por qué decía eso?, que en todo las cosas no son ni buenas ni malas, y todo eso.

Bueno, eso son el par de cuestioncillas que me han movido a volver sobre esto y con lo que vamos entrando.

Desde luego decir “hay”, como hemos hecho al establecer esa escala de descubrimientos, por así decir, implica que se dice en ‘un campo en que’ que no está situado, que no está en ningún sitio. Esto es algo con lo que precisamente a propósito de Dios hace muchos años me metía (pero ahora veo que un poco embrolladamente) con Dios cuando se trataba de sostener en contra de la declaración popular “No hay Dios” lo contrario “Hay Dios”. Que entonces se está efectivamente empleando un ‘hay’ de esa manera en un ‘en que’, en un ‘campo en que’, al que apunta sin duda el ‘y’ de ‘hay’ (porque para eso lo hemos escogido, no significa nada pero apunta, y apunta precisamente con el componente ‘y’ de ‘hay’), debería por tanto apuntar a algún sitio, y si se dice “Hay” en absoluto, lo mismo “Hay sin fin de cosas” que si se dice “Hay Dios” por el contrario. Desde luego no se puede decir que eso se esté diciendo desde ningún punto ni que lo que se dice se refiera a ningún punto. Ésta es la dificultad porque en el uso habitual, en la lengua corriente, cada vez que se dice “Hay” (“Hay patatas”, “No hay derecho” o cualquier cosa por el estilo) eso se está declarando de tal forma que ‘y’ apunta a un campo en el que se dice ya bien determinado, es ‘aquí, en este sitio’, ‘referente a esto’ donde hay patatas o no hay derecho.

Supongo que esta incursión en la gramática elemental no os despista mucho, que me seguís, si no, ahora lo comprobaremos.

De manera que es así y además cuando se dice “Hay” el que lo dice tampoco es ninguno. Dicho de otra manera: ese campo en el que se dice en absoluto, indefinidamente “Hay”, ese campo no puede ser ningún todo, si fuera un todo inmediatamente tendría, como cualquier todo, como cualquier círculo, tendría un centro; un centro desde el cual se estuviera diciendo todo, y diciendo todo hacia alrededor. No es así, en un sinfín, en el sinfín no hay tal cosa como un todo. Y al mismo tiempo que la localización queda de esa manera abandonada, por decirlo así, a las olas, también la entidad del que lo dice queda igualmente indefinida y no puede ser nadie determinado.

Esto es así, ‘hay’ es propio para situaciones indefinidas, pero ya veis que al pasar a la Realidad ya inmediatamente se dirige ese ‘hay’ a un campo determinado (determinado por el propio acto de hablar en él) al mismo tiempo que el que lo dice ya, en ese campo real, es una persona, se sigue empleando.

Esto es lo que pienso que nos permite y de todas formas nos obliga (porque yo, salvo lo que me digáis, no encuentro otro camino mejor) a emplearlo de todas esas diferentes maneras que os recuerdo también para los que no estaban cuando esta escala se puso en uso: se dice “Hay algo”, se puede empezar por ahí, aunque ‘algo’, por lo que estaba diciendo parece que tiene que ser sin fin, indefinido, enteramente indefinido, pero se declara “Hay algo”. Descubrimos lo primero “Hay algo” por la sencilla razón de que el propio hecho de preguntarlo o de decirlo y de que el hecho de negarlo igualmente  están (no probando) demostrando; demostrando que hay algo. Ya, después de un poco de rato me diréis hasta qué punto en cualquiera de estos pasos os sentís inquietos o no sabéis bien si quedaros con ello o no.

A partir de ahí se dice “Hay cosas”; se dice “Hay cosas” por la sencilla razón también de que no puede haber una. De manera que el plural de ese ‘cosas’ es un plural enteramente vago, es decir no numérico, en modo alguno numérico, incontable, porque todavía no hemos entrado en la Realidad. De manera que es eso el sentido en que decimos “Hay cosas”. Como en el primer caso descubrimos que “hay algo” sencillamente porque no puede no haber nada, de momento en que se está diciendo el descubrimiento pasa a “Hay cosas” porque sencillamente no puede haber una. También si en esto alguno de vosotros tiene resquemores luego me lo dirá, ahora quiero volver a recordaros el esquema sin detenerme demasiado.

Luego, lo que a este compañero el otro día le estrañaba, tenemos que decir “Hay entes ideales”. Ya os dije el otro día que lo más cómodo es emplear el nombre de Dios para no andarnos por las ramas y decir “Hay Dios”. En realidad se quiere decir “Hay Poder”, hay un Poder en lo Alto, hay Dinero  o hay un Imperio del ser, es decir una Ley de que el que es el que es sea el que es el que es, esa declaración del ser; que no existen, porque estas cosas no existen, como no existe todo, como no existe nada, como no existen los números, porque no hemos entrado todavía en la Existencia, pero tenemos que reconocer la presencia sin embargo de estos entes ideales: Dios, resumiendo, es decir, todo, nada, Poder, Dinero, el ser en el sentido de que el que es el que es sea el que es el que es [], que basta reconocerlo, y yo no veo otra manera que decir para ello también “hay”, aunque efectivamente,  como decía este amigo, suena de otra manera que cuando se dice “Hay algo” o “Hay sinfín”, no se puede dar una diferencia.

Pero ¿cómo nos vamos a [olvidar] a este reconocimiento de que “Hay Dios”? Pues ya recordáis: por el sufrimiento, no hay otro camino. Aquí la demostración no es tampoco prueba pero la demostración es que las cosas están mal hechas, nosotros estamos mal hechos, estamos obligados a ser los que somos y al mismo tiempo no podemos nunca ser del todo los que somos, y eso tanto las cosas como nosotros y esta presencia del mal hecho, del padecimiento, de la contrariedad, de la desgracia (eligiendo tal vez la mejor palabra), esta presencia [] de la desgracia es la demostración de que hay una Ley, de que hay Dios, de que hay en lo Alto alguien que manda; que manda sobre las cosas. De manera que efectivamente tenía que haber cosas, como habíamos descubierto, porque si no ¿sobre qué se iba ejercer el Poder?, ¿sobre qué iba a mandar Dios?, ¿iba a imponer la Ley de ser el que es y la Ley de la totalidad y todo eso?

Es al imponerse esta Ley como se costituye la Realidad, y se costituye por lo dicho con la desgracia, con su desgracia. No puede en modo alguno haber una Realidad feliz. ¿A que os suena ya mal este conjuntamiento de ‘feliz’ con ‘Realidad’? No puede haber una Realidad feliz, es una Realidad costituida de esa manera por la imposición sobre cosas que no eran nada definido ni tenían número, es una Ley que las hace intentar definirse, tener número, que impone el ideal desde Arriba, los números, el Poder, la Ley, y que de esa manera las costituye y al mismo tiempo las hace desgraciadas, porque no hay costitución sino con desgracia. Esto es una cosa que si os queréis poner en un plano político la podéis decir también de lo que se llama Costitución en Política, vale para cualquier caso: no hay costitución sin desgracia.

De manera que así es como se costituye la Realidad juntamente…

          -    Se podía decir que es la del 78.

         AGC  - …juntamente con la desgracia. Éste es el paso y entonces tendríamos que decir también en este paso “Hay Realidad” y podemos decir “Hay cosas reales”, hay cosas ya convertidas en entes reales. Pero es en este nivel donde, como sabéis, se introduce el verbo que en las escuelas se inventó para Dios y para sostener el engaño, que es ‘existe’, que se contrapone así, como término de las escuelas, al ‘hay’ que hemos elegido como el arranque de cualquier cosa que descubramos, con el término vulgar ‘hay’ junto con el término vulgar ‘cosas’. Ahora volveréis en tiempo a recordaros cómo hay que desconfiar de cualesquiera términos que vengan de Arriba, que no sean de la lengua vulgar, y que en esta tertulia tenemos que tratar de ajustarnos al empleo de términos corrientes, de términos vulgares.

En todo caso ahí está ‘existe’ que es una especie de mantenimiento de la contradicción. Existe quiere decir que es el que es (cosa que es imposible que sea ninguna cosa) y al mismo tiempo que lo hay (que lo sigue habiendo puesto que cosas reales también hay lo mismo que personas reales): manteniendo esa contradicción. Este verbo, este fruto del ingenio teológico, es muy notable porque, como veis, lo mismo que ‘hay’, al que sustituye, significar no significa nada, porque ni ‘hay’ significa nada ni ‘existe’. Pero mientras que ‘hay’ se emplea de esa manera que no pretende en modo alguno dar el pego, presentarse como significando, en cambio ‘existe’ se presenta como si fuera un verbo de cualquier lengua, como si fuera un verbo, o el griego hupárchei, o un latino exsistit o en español ‘existe’, es decir como teniendo significado. Ése justamente fue el truco que yo creo que no hace falta que os esplique más tal como se inventó en las escuelas.

Bueno, esto era la escala, y esto esplica un poco en qué sentido (porque yo no veo otro mejor camino) tenemos que emplear ‘hay’ para esas diversas cosas que vamos descubriendo. Desde luego esta última es en la que nos encontramos. La Realidad (nosotros como entes reales, quiero decir en la medida que somos nosotros personas cada uno, que somos asistentes a esta sesión en el Ateneo de Madrid, en un sitio igualmente bien real) es en la que estamos, de la que partimos, de manera que por eso es por lo que tal vez nos cuesta tanto, porque es demasiado simple, proceder al revés y venir a los descubrimientos más elementales que ahora os he recordado.

Ahí se sitúa también lo de que las cosas antes de realizarse, antes de existir, eran buenas, son buenas de por sí (la otra cosa que a otro de los amigos le estrañaba). Efectivamente esto suena un poco atrevido, casi desmesurado, y por tanto me sentía obligado a sacarlo aquí, a la palestra.

Sigo diciendo que las cosas antes de venir a ser realidades, antes de entrar por tanto en un campo en que se habla, que ya está situado en la Realidad, antes de venir a manifestarse por boca o por acciones de cada una de ellas (esto es la Realidad), antes de eso eran buenas, son buenas ahora.

No creo que sea caprichoso (si no ya me lo haréis notar, quien me habló el otro día o cualquiera), lo digo en el sentido de que para ser malo hace falta que uno sea el que es o pretenda ser el que es, hace falta que uno tenga un fin, un destino, una intención. Sin estos rasgos me parece imposible entender que nada ni nadie pueda ser malo. Por lo cual ya veis que la maldad propiamente parece referirse de una manera especial al hombre, a nosotros los hombres, cosa que ya hemos descubierto más de una vez cuando veníamos a denunciar cómo es que el hombre ha querido quitarles la palabra, la razón, a las cosas para ser como el posesor de la lengua, el posesor de la razón.

Es lógico que el caso más claro de maldad sea precisamente el de los hombres donde esos rasgos de un fin, que se sale del campo en que se está viviendo, en que se está hablando, que está más allá, por delante, en que hay por tanto un destino de llegar, al que nuestras acciones se dirijan, en que hay por tanto una intención de cada uno o de cada una de sus istituciones que es la que la mueve, se presentan de la manera más clara, más detonante, más dolorosa. (Bueno, estoy hablando con vosotros de esto de doloroso como dando por supuesto que no estáis del todo bien hechos, porque desde luego si estáis conformes con la Realidad y con la costitución no tenéis por qué sentir nada doloroso  en lo que estoy diciendo. Pero yo que no debo estar tan conforme con la costi- … digo la Realidad, estimo esto como lo más doloroso de todo). Las otras cosas que tratamos de mirar desde fuera (como si nosotros no fuéramos los que les damos el nombre, y somos nosotros) parece que, en contra de apariciones antropomórficas que se nos dan sobre todo con los animales, no tienen estos rasgos de fin y intención tan claros.

A ver, algunas de las cosas que más contradicen esto que yo me acuerdo: sí, por ejemplo una araña, un tipo de araña que cuando coge su presa no la mata sino que tiene un tipo de veneno especial que la anestesia, la adormece durante muchos días o meses, de manera que la deja así para cuando tenga hambre, para cuando tenga hambre la araña. Cuando tenga hambre la araña y entonces se la comerá. De manera que esto visto según el modelo nuestro al que estamos acostumbraos parece querer decir “Esa araña sabe lo que es ahorrar, guardar para el porvenir, y por tanto no estará lejos de nosotros”. Pero ¿veis qué absurdo es que a cualquier otra cosa que no sea de nuestra arnaz se le atribuyan estas cosas? Estoy tratando de atribuirle a una arañita cualquiera esa previsión, que sabe qué es lo que está haciendo, que por tanto está efectivamente decidiendo desarrollar un tipo de veneno que no mata sino que anestesia para que todo eso pueda producir una conservación de la presa mucho tiempo: absurdo. Yo creo que no hace falta razonarlo más que presentarlo a la imaginación como claramente absurdo.

No, no sabe lo que hace. No sabe lo que hace, el impulso le viene de atrás como los demás impulsos, y las otras cosas en general, bestias o astros, se mueven, por decirlo así, desde atrás, vienen como empujadas a hacer lo que hacen o directamente por la presa que está presente, por la presa que está ahí y que le encanta los ojos al animal que sea y lo guía, lo lanza hacia el fin.

Nada parecido a este Futuro nuestro que es el que justamente al rechazar al Hombre estamos en primer lugar rechazando. El Hombre es malo en este sentido preciso porque es justamente el caso de mayor obediencia y hasta herencia de Dios, como sabéis. Es la Ley impuesta desde Arriba la que viniendo a caer sobre las cosas las convertía en realidades, las costituía, las hacía intentar ser lo que son, cosa que nunca en la Realidad puede conseguirse, pero hacerles intentar esto: la lucha por la vida, la Existencia. Y por tanto con todo ello la desgracia, la insaciabilidad, el desencanto y cualquiera otros de los males que nos son bien conocidos, comunes en parte con todos los entes a los que se hace existir, pero también presentándoles de una manera no sólo más cercana sino especialmente venenosa para el caso nuestro, para el caso de las cosas que nosotros hemos venido a ser.

Éste era el par de cosas que quería recordaros, y como sentimiento que esto nos trae casi como de la mano a volver a tratar la cuestión de eso del tiempo, sobre todo intentar, que en el rato que nos quede, que yo me pueda asegurar un poco de que no os habéis apartado con demasiada repugnancia de las cosas que he intentado ayudaros a pensar acerca de esto del tiempo, que no habéis vuelto a caer por miedo o por aversión en las cosas que normalmente se dicen acerca del tiempo, tanto en los negocios como en la Filosofía, como en cualquier otro sitio.

Pero vamos un poco a ello si os lo puedo presentar brevemente. Sí, pero tengo que aclarar un poco este paréntesis de lo que antes os decía: el peligro de los términos que no son del nivel más bajo y corriente. Yo creo que el otro día ya intenté aclarar un poco en ese sentido, pero vuelvo: evidentemente cuando hemos encontrado la costitución de la Realidad propiamente dicha, una de las cosas que interviene en esa costitución son las cosas del lenguaje, que hemos quedado en atribuirles, en dejárselo, en devolvérselo no sólo a los otros animales sino a las cosas en general, que cada una en su idioma, que cuando no es idioma lo manifiesta con acciones, con gestos, con ruidos, como sea, eso es indiferente, y, entre esos idiomas de las cosas, el nuestro (el que nuestro patriótico orgullo venía tratando de hacernos creer que era la lengua sin más, la lengua, despreciando a todas las demás), y ahí lo que costituye a la Realidad, los que me acompañáis hace tiempo lo habéis oído muchas veces, no son tanto los mecanismos de la lengua de nuestro idioma sino los significados de las palabras que lo tienen. Hasta tal punto son los significados de las palabras que lo tienen en el idioma de una tribu cualquiera los que costituyen la Realidad propia de esa tribu cualquiera, que se puede decir simplemente que son lo mismo, es decir, que las realidades y los significados son la misma cosa; naturalmente son múltiples y distintas según el idioma de la tribu y según por tanto la tribu a lo que todo ello se refiera.

Y cuando ahora digo ‘significado’ me estoy refiriendo a eso, al nivel más bajo, los corrientes, los significados corrientes, los que son de la lengua primera, es decir ésa que no hay que aprender en la escuela, ésa que no se confunde con la escritura, ésa que si un niño al año y medio, dos años, se dice que la aprende, lo que está haciendo es aprendiendo a encajar el idioma que le ha tocado, el idioma humano que le ha tocado, con la lengua común, la razón común que él, como cualquier cosa, trae a este mundo.

De manera que este nivel se distingue netamente de cualesquiera otros, de la escuela, los de la escritura. Ahí nos han enseñado de pequeñitos a creer que sabemos qué quiere decir ‘manzana’, creemos. Si no nos creyéramos esto ¿cómo podríamos siquiera haber venido a estar hablando en esta tertulia del Ateneo? Tenemos que creer que sabemos qué es una manzana, sabemos qué es una manzana y eso es los significados, y ahí desde luego hay costitución de una Realidad, una Realidad que tiene que estar en algún sentido incompleta, falsa en cuanto pretenda ser completa, equivocada, como cualesquiera otras realidades. Efectivamente si uno se pone a pensar qué es una manzana, pues entonces inmediatamente nunca acabará; si coge un diccionario cualquiera de su lengua y se pone a leer la definición de manzana, pues se dará cuenta de que aquello no tiene ni pies ni cabeza o que no acaba nunca y que había que continuarla para que no se produjeran confusiones entre una manzana, una pera, un pero, un coloso de manzana ya mordida, una manzana podrida, una que ya no se puede llamar manzana o cualesquiera otra de las estralimitaciones.

De manera que así es, pero para ir tirando, para ir tirando tenemos que creernos que sabemos qué es una manzana, y la verdad es que el mal no pasa de ahí, porque como es para ir tirando, es para cuestión de los negocios, para cuestión de comer manzanas, de comprar manzanas, de pesarlas y cosas por el estilo: nada, no pasa nada, nos arreglamos. Es verdad que no todas las manzanas que estemos pesando en un kilo de manzanas van a ser de verdad manzanas, a lo mejor se ha colado alguna que no, pero, bueno, como eso serán pocas veces; como eso serán pocas veces y la proporción es muy escasa, pues no, no pasa nada.

Ésta es la relativa inocencia de los significados de la lengua vulgar. Si ahora vais subiendo de piso os encontraréis que esto se vuelve un peligro de confusión costante. En cuanto subís un poco más arriba os encontraréis ya que os están presentando y haciendo aprender palabras como ‘costelación’,  como ‘nación’, como ‘trabajador’, como ‘mundo’, como ‘tiempo’, y empieza subiendo porque siguiendo la misma norma tenemos que seguir [aportándonos] en creer que sabemos qué es eso, para los usos que sea, usos financieros, usos astronómicos, lo que sea, qué quieren decir, cuál es el significado de esas palabras, y eso efectivamente lo que produce es como una reduplicación del engaño, es decir ya es una doble realización de la Realidad, o dicho de otra manera, es una doble obediencia a la Fe; no es ya sólo la Fe ligera que hace falta para entendernos entre la gente corriente, sino otra Fe cada vez más seria, otra Fe que a la vez necesita cosas, y por ese camino hasta llegar a lo más Alto, hasta llegar a los entes ideales que nos presenta la Ciencia o la Teología donde aparecen materia, corpúsculo, onda, donde aparecen Dios, Justicia, Omnipotencia, o cualquiera de términos del catecismo, la Ciencia o la Fe, da lo mismo. Y, claro, si los tomamos como si fueran términos inocentes como los primeros, naturalmente estamos ya cayendo en una trampa, porque ahí nos están metiendo, quieras que no, en una Fe mucho más seria, mucho más mortífera que la otra y que es justamente la Fe contra la que aquí, en esta tertulia política, se está cada día hablando, un intento de desconfiar de esa Fe.

Es verdad que la palabra ‘tiempo’ es también ya de la lengua corriente, es verdad. ¿Cómo se usa en la lengua corriente ‘tiempo’?, pues se usa como sabéis, se dice “Hace mucho tiempo”, que es una de las maneras para no decir “A tiempo”, “Ha llegado a tiempo”. “Ha llegado a tiempo” que es la otra manera, ¿no?, no la duración sino algo como las Religiones en el púlpito, pero que todavía no son ‘duración’ ni ‘punto’ como para los científicos o filósofos, no: son maneras de hablar que dicen como siempre una aproximación suficiente para ir tirando “¿Hace mucho tiempo?”: “Mucho”. “Bueno, ¡vaya usted a saber!”.  “¿Ha llegado a tiempo?”: “Hombre, a tiempo, a tiempo…”. O cuando se emplea el otro término ‘al mismo tiempo’, es decir “Sucedieron dos cosas al mismo tiempo”: “Hombre, no lo dirás en serio, vamos, pues vale para ir tirando pero dos cosas al mismo tiempo... eso no puede ser, ¿no?”.

Y ése es un caso de palabra que ya es de la lengua corriente pero asciende y entonces es lo que viene a dar lugar a todas las confusiones que había [] acerca de tiempo con las que quería terminar preguntándoos hasta qué punto recordáis cuál es la actitud que se me ha ocurrido sacar acerca de esto ya hace mucho tiempo en el libro Contra el Tiempo, aparte del libro Contra el Tiempo, pero más todavía en muchas de las sesiones de la tertulia.

Atentos, pues, a ver si [] … No, no, ¿para qué os lo voy a decir yo?, os voy a preguntar directamente: ¿con qué os habéis quedado por lo menos en la memoria de momento de lo que he tratado de deciros en contra de la Fe reinante acerca de tiempo? ¿Qué he tratado de deciros que os parezca lo bastante ilustre para recordarlo acerca de tiempo, lo bastante desengañado y en contra de las convicciones corrientes? Sí. ¿Qué?  A ver.

          - Agustín.

AGC - A ver.

- Tiempo: Historia Universal, dime cómo fue esto al comenzar. Perdona…

          AGC   -    No, no. Deja, deja, te estás desviando.

          -  No, no. Si me dejas…

          AGC   -    No, no, perdona, no estoy a eso.

          - Bueno, aquí lo que ocurre se basan en la obediencia debida, aquí, pienso.

          AGC  - A ver, ¿cómo es eso?

          -    Yo en alguna medida trato de disentir, si se me permite.

          AGC   -  No, no: sí, disentir sí, pero distraer no. Perdona. Disentir todo. Después, después.

          -    No, no: te voy a hablar de la Historia.

          AGC   -    No: Historia Universal no, por favor. Fuera.

          -    Te voy a hablar del funcionariado…

          -    Agustín, Agustín, tengo una pregunta.

          AGC   -    Callaros, por favor.

          -    Estoy hablando de esta gente que es mayoría siendo funcionario.

          AGC   -  A ver.

          -    Tengo una pregunta.

          -    Hablo por cuestión de…

          AGC   -  No, no, por favor. Hacedme el gran favor de callaros un momento.

          -    Muy bien. La hipocresía de la auctoritas.

          AGC   -  Después vuelves sobre eso.

          -    La hipocresía de la auctoritas. Después me dejas el examen para ir al Tribunal de…

          AGC   - Pero hombre, no te das cuenta que lo que estoy haciendo es averiguar que no sólo no me siguen sino que a lo mejor ni siquiera…

          -  Pero hay Fe en…

          AGC   -    …a lo mejor ni siquiera se han enterao de lo que he dicho acerca  de tiempo. No me vengas con mandanguitas de Historia. Fuera.

          -   Tráete el bote de ensayo. El tubo de ensayo.

          -  Venga. Yo recuerdo al principio del Contra el Tiempo una cosa que siempre me ha gustao mucho, era eso de dos cosas no pueden estar en el mismo sitio al mismo tiempo, pero si no es al mismo tiempo ya no pueden estar, lo mismo que una cosa no puede estar en dos sitios al mismo tiempo…

          AGC   -   Era con la costitución de la Realidad.

          -    …pero si no es al mismo tiempo ya… Como una forma de cómo se genera el tiempo real. A mí siempre me gustao eso.

          AGC   - Bueno, pero después del Contra el Tiempo tanto… Pero ¿cuál es la actitud que…?

          -    Son unos inútiles.

          -    Calla.

          -    Calla tú, idiota.

          AGC - …os he pedido que [] respecto al uso de esta palabra ‘tiempo’, ‘tiempo’.

          -    Agustín.

          AGC   -    No, tú tal vez que no eres muy asiduo.

          -    Yo tengo un problema.

          AGC   -    Sí

          -    La semántica…

          AGC   -    Sí, sí. No. Déjalo, déjalo.

          -    …Si no hay manzanas ¿de qué hablas?

          AGC   -    Deja, deja. No, no.

          -    Si no hay manzanas ¿de qué hablas?

          AGC   -  Venga, por favor, alguno que quiera darme la impresión de que no se ha perdido del todo… ¿Cuál es la actitud que por mi parte habéis oído que adopta el tiempo de mi tiempo y que por tanto os está invitando a que, si os parece, la adoptéis también? ¿Quién puede ayudar en esto?

          - Carlos Marx. Agustín García Calvo.

          AGC - Dejad pensar un poco a los que están…

          -    Yo [] ¿puedo decir algo?

          AGC   -    ¡Ah!, si crees que te acuerdas, sí.

          -    No, es que…

          AGC   -  No, no: si es a opinar por tu cuenta, no. Estoy viendo a ver si recordáis eso, ¿cuál es la actitud que yo he tomao?

          -  La actitud que parece que hay un salto o algo que… entre… que se genera y que podía llamarse tiempo en cuanto se pasa del algo a las cosas. Ahí es donde surge la cuestión del tiempo en el sentido de que el algo pertenecería a una bruta continuidad que no está sostenida en ninguna discreción discontinua sino que es cuestión de un perderse sin fin que no implica ninguna trayectoria ni espacio ni tiempo, está… Tampoco implica una totalidad sino que es una perdición. En cambio cuando se ejerce esto que llamas tú la Ley y que le das el nombre de Dios, se ejerce en primer lugar como una discreción sobre esa bruta continuidad y es la primera operación de Dios, la istauración de los días y las noches en la bruta continuidad. Y ahí es cuando el algo se hace cosas, pero mientras no puede ser una, sino que tiene que ser muchas, tiene que ser cada una una con su nombre. Entonces eso está realmente ligado a lo del tiempo. Pero es que si llevamos lo del tiempo a la cuestión del lenguaje, uno se contradice mucho a sí mismo cuando piensa en esto, porque dice “Bueno, no hay tiempo: el tiempo es sin fin y por lo tanto no hay… al tener dos sentidos no tiene… o sea, al tener un sentido no tiene ninguno, no hay ningún sentido en el tiempo”. Pero ¿qué es lo que pasa?, que cuando estamos hablando entre tú y yo, ahí mismo, en la producción lingüística, se está generando algo que yo no sé cómo llamarlo, pero que tiene que ser también tiempo.

          AGC   -  Bueno, vamos a dejar la producción lingüística, que ya has sacao muchas cosas, algunas de ellas yo creo que razonables, aunque ha preferido ascender al lenguaje de escuela donde se dice ‘continuidad’, ‘discreto frente a continuo’, pero en fin, aún pasando por el dialecto filosófico, parece que ha recordao algo y de una manera más suelta alguna otra cosilla. Yo pido a los demás que tratéis de ayudar un poco más en eso, sí.

          -    ¿Y si me corto las venas un rato?

          AGC   -    No.

          -    En la lectura del libro Contra el Tiempo uno de los pasajes que me conmovió por las dudas que me suscitaba, pero también por lo revelador de la explicación, era el comentario de San Agustín “Si no me preguntan qué es el tiempo lo sé, pero si tengo que explicarlo no lo sé”.

          AGC   -  Sí, yo me metía con esa formulación de San Agustín. Pero, vamos, supongo que efectivamente aparte de recordar eso, que es más o menos la traducción de lo que él decía, te acordarás de que yo no me encontraba en ese ataque muy satisfecho con la manera de formularlo. En primer lugar esto hace referencia a lo que se ha estao previniendo en cuanto a método, en cuanto al uso de las palabras. Se han dado la palabra tiempo ya en las Alturas científicas o teológicas y entonces tú ya no vacilas, lo tomas como si fuera ‘manzana’, y te pones a preguntar qué es y qué no es. San Agustín encuentra de que entonces se sucede que no marcha. Pero no quita que sigas dando por descontado que la palabra tiempo tiene un significado congruente y por tanto que proceda a preguntarte, a medir, si eres científico, a especular, si eres filósofo, a lo que sea, dando la palabra tiempo más o menos como si fuera la palabra manzana.

          -  Agustín, para mi lo que más veo en la vida cotidiana es que cuando uno recuerda y se enfrenta con los acontecimientos más importantes de ella y los trata de compaginar con la Realidad, con el Tiempo real [], te das cuenta de que el tiempo que has vivido no se corresponde con el tiempo de la Realidad, que es una cosa absolutamente distinta, a lo mejor ha habido un segundo que para ti ha sido importantísimo, un AHORA, y eso se corresponde a diez años de apatía y sin ninguna novedad, sin ninguna cosa, que no puede nunca relacionar con el Tiempo real. O sea, que el Tiempo aparte de que sirve para que los filósofos [], para que los científicos encuentren las variaciones de [] basadas en microsegundos y tal, todas estas situaciones no corresponden a la vida cotidiana, a la vida del hombre normal, a lo que no es uno, no tiene nada que ver.

          AGC   - Corresponde con sentimientos que yo también tengo, en especial con respecto a lo tremendamente vivo de algunos recuerdos, tan vivo que ocasionalmente parece que lo que ahora está pasando es gris, tonto y no tiene importancia. Concretándolo, pero, bueno, eso simplemente nos guía [] mi pregunta ¿qué es lo que yo os he propuesto hacer con esta palabra ‘tiempo’?, ¿qué es lo que una y otra vez hemos estado haciendo? Sí.

          -  Sobre todo separar cuando se habla de Tiempo real, éste de los relojes, de los calendarios que decimos, y de las cuentas, el que se cuenta, con el que está pasando, que le quiere confundir [] con la misma palabra pero que hemos visto que nada de eso: el que está pasando no se puede recorrer como un espacio como se hace con el tiempo, ni situar en él hitos ni nada de eso.

          AGC   - Sí, eso es elemental. Supongo que [] separar. Separar un significado que es el de el Tiempo real, que es ése que tiene sus futuros, su futuro y su pasado, y, para rematar la obra, su presente, que es real, el de los relojes y los calendarios, efectivamente, y que es el que rige, y el que en Matemáticas aplicadas a Física o en Teología rige también hasta cierto punto, hasta que alguna investigación descubre la incongruencia que está en la propia noción. Pero he de separarlo de otro que es que… lo que está pasando, lo que está pasando ahora, que ése hasta tal punto no es real que sólo con considerar esto, lo hemos hecho mil veces, AHORA y ver que AHORA es este milagro de que lo que se dice cuando se dice ya no es lo que era, AHORA ya no es AHORA. Sólo con eso nos estamos saliendo de la Realidad y descubriendo que era mentira, que la Realidad no es todo lo que hay. Eso, separar lo uno de lo otro. Pero ¿no os acordáis de que algún día hace mucho os sugería que en el Tiempo real no pasa nada? ¿Quién se acuerda algo de eso?

          -    Agustín.

          AGC   -    No, no, no. No, no, no. Sólo respondiendo a mi pregunta, por favor.

          -    Es que iba a decir una cosa muy corta. Mira, yo leí La nada existe en dos horas y era cuarenta mil años y se me han caído los dientes, me he quedado calvo, se me cae la barriga, tengo varices.

          AGC   -    Bien, no os distraigáis, por favor. Venga, ¿nadie se acuerda? Lo dije de alguna manera bastante brutal.

          -    Cuando te quedas en tu habitación.

          AGC   -  En el Tiempo real no pasa nada. Recordad que lo hemos separado de lo que está pasando y de AHORA que no es real. Es lógico.

          -    ¡Vaya personal!         

          -    Bueno, dínoslo tú.

          AGC   -    Eso o otra cosa. Si no es eso…

          -    Es algo que tiene que ver con eso. Si quieres escucharme.

          AGC   -    Yo prefiero que respondas a eso.

          -    …Porque ya ha pasado, todo ha pasado.

          AGC   -    No hija, no. No, con eso no basta.

          -    No, pero vamos a ver: hay la cuestión de que el fin es el principio, que es por donde empezaste a decir, lo del fin es el principio, y lo relacionabas con lo de la muerte futura, y ahí es donde se ve muy claramente la contraposición entre Tiempo real, en el que efectivamente no pasa nada…

          AGC   -    ¿Por qué?

          - No pasa nada porque… No pasa nada porque no puede pasar, porque es lo contrario de lo que está pasando, no hay AHORA. Vamos a ver, AHORA, eso que tú llamas AHORA podría ser lo que está pasando, pero nosotros no podemos saberlo.

          AGC   -    “Ser” no digas

          -    Bueno, podría…

          AGC   -    Es lo que está pasando...

          -    Lo que está pasando, sí.

          AGC   -    …ahora. AHORA que no es ningún tiempo.

          -    Eso, AHORA, que no es momento. AHORA no es momento. No es el momento AHORA.

          AGC   -    Y por tanto es lógico que en el Tiempo real…

          -    No pasa nada.

          AGC   -    No pasa nada.

          -    No pasa nada, evidentemente.

          AGC   - Pero es que no… yo no puedo consentir que oigáis estas barbaridades. Estas barbaridades como las que habéis oído, os vayáis tan frescos, que luego al cabo de un tiempo pregunte y no os acordéis, cuando estas barbaridades están justamente en contra de todo lo que os meten todos los días. Porque ¿qué cosa hace el Poder más que intentar que creáis que han pasado cosas y que van a pasar?, que van a pasar porque hay previsión meteorológica, porque hay previsiones económicas, porque tal, que han pasado porque hay registro de ellas, hay fotografías de las pasadas vacaciones, y…  Hombre, por favor, el interés de esta tertulia política era justamente atacar la Fe en un sitio tan central. No podéis tomarlo de una manera frívola, porque eso está en contra de todo lo que os hacen creer.

          -    Pero cuando antes hablabas de los animales decías que había como algo desde atrás, un empuje desde atrás.

          AGC   -  []  

          -    Sí, pero ahí está lo de la cuestión de la separación…

          AGC   -    No, no, no. No, no, no. Ahora no, ahora no. Ahora no.

          -    No, no, la separación que…

          AGC   -    Ahora mantengámonos…

          -    No, no, hay una separación clarísima que es un Tiempo que cuenta con un fin, con una meta, y algo que es un empuje rítmico. Rítmico, el ritmo. La diferencia que hay…

          AGC   -    No. No nos distraigamos…

          -    …entre el ritmo, que es anterior a los números…

          AGC   -    Se te ocurren demasiadas cosas, Isabel.

          -    No: no es que se me ocurre, es lo que tú has dicho.

          AGC   -    Es que en cuanto se te deja []…

          -    La diferencia entre ritmo y tiempo.

          AGC   -    …ramificas. Ahora seguimos con este asunto puntual.

          -    No, no, pero es el tiempo. Eso está ahí, [] está rigiendo el tiempo.

          AGC   -  No pasa nada. No pasa nada ahora.

          -    Pero el ritmo está pasando, los latidos.

          AGC   -    No ha pasado nada ahora.

          -    No hay tiempo pero hay latido.

          AGC   -    No pasa nada ahora mañana, no pasa nada ahora ayer. Esto es la costatación perogrullesca inevitable, pero evidentemente escandalosa, porque a ver qué hacemos. ¿Dónde están? ¿Qué hacemos con las cosas que han pasado?, ¿qué hacemos con las cosas que van a pasar?, ¿los objetos de nuestra aspiración?, ¿los objetos de nuestra esperanza?, ¿los objetos de nuestro miedo?, ¿nuestros recuerdos?, ¿qué hacemos con ellos?, ¿dónde los metemos?, puesto que pasar no pasan.

          -   “Mañana…”, la seguiriya ésa que me han dicho.

          AGC   -  Puesto que pasar no pasan.

          -   “Mañana [], ayer ya pasó, y este ratito que estoy viviendo”…

          AGC   -    A ver. Sí.

          -    No, era una pregunta…

          AGC   -    Sí.

          - …Es que no sé si lo entiendo bien. Entonces como que el Tiempo real, éste que [] como que no exi-  … la no existencia, antes de la palabra ‘existencia’ ésta que se habían inventado…

          AGC   - No, no, al contrario: existe, existe. Tiempo real. Si me dices “real”, se está diciendo “existe”.

          -    Pero ¿tiene que ver…? O sea, ¿y el concepto de ‘eterno’?

          AGC   -    También ahí tienes que… Pero fíjate que se dice que existe, ¿cómo existe?, ¿de qué manera existe el Tiempo real?  

          -    Futuro como lo primero.

          AGC   -    ¿Eh?

          -    Futuro como lo primero.

          AGC   -    Pero lo futuro lo primero, lo pasado después, pero ¿cómo existen?, ¿dónde están? ¿Dónde están? ¿Dónde están todos los objetos de vuestros recuerdos, de vuestra historia, la Historia del mundo?, ¿dónde están vuestros temores?, ¿los avances meteorológicos?, ¿las previsiones del año 2027?, ¿el destino de vuestra hipoteca? ¿Dónde coños están? ¿Dónde los metemos?

          -    Agustín.

          AGC   - Por favor. ¿Dónde los metemos? Venga, ayudad alguien, por favor.

          -    Agustín. Yo creo que el concepto, la palabra ‘tiempo’ que se utiliza para todo, como tú decías antes, hasta con una manzana [ ], donde [], es como matar la vida. Entonces que la vida ya [] en los recuerdos pero no hay… es una manera de matar la vida. Yo no lo puedo explicar de otra manera.

          AGC   - Sí, sí. No. Está relacionado con esto. Ya recordáis cómo ¿no? Si en lo de futuro, si en el pasado no pasa nada ¿qué diablos pasa con vuestras vidas, con nuestras vidas?, porque resulta que estas vidas nuestras están hechas casi todas, casi toda entera, cada una de eso: de futuros, proyectos, aspiraciones, hacerse el porvenir, y por tanto, pues trabajar para ganarse el jornal, para hacer una oposición, para ganar un puesto, para ascender en la escala, y, cuando no, a disfrutar de las vacaciones no directamente, que eso… pero sí repasando el vídeo de las vacaciones pasadas, y nos quedará justamente la vida que se os ofrezca, leyendo Historia, Historia de España, del mundo, para entreteneros: lo mismo. ¿Dónde están? Leyendo Historia de las revoluciones…

          -    ¿Y la revolución pendiente? La revolución pendiente, ¿cuándo?, ¿dónde?

          AGC   -    …Historia de las revoluciones. ¿Qué?, ¿qué es de nuestras vidas? ¿Qué son nuestras vidas?

          -    Girón de Velasco. La revolución pendiente.

          AGC   - Si no sois capaces ni siquiera de pesar así, cuantitativamente, una vez que se descubre que en lo futuro no pasa nada, en lo pasado no pasa nada y que nuestras vidas están casi del todo convertidas en futuros y pasados, que no queda casi nada…

          - Dilo como la seguiriya que te he dicho hoy, popular.

          -  Pues nada, que vives en un programa programado.

          AGC   -  ¿Eh?

          - Que vives en un programa programado. Ése es lo que se entiende por vida, ¿no?, o por Existencia, que ése es el…

          AGC   - Lo que importa considerar que es la mayor parte. Es decir, que si os ponéis a contar vuestros días, vuestros años, y contáis honradamente, llegaréis justamente a eso que digo del ‘casi todo’: “Mi vida casi todo consiste en cosas que no pasan, que no son más que proyectos en una imaginación, historias en otra imaginación”. Esto es sorprendente, es para levantarse en una verdadera revolución contra el Tiempo, ¿eh? Porque es, yo creo, sorprendente. El Tiempo real efectivamente lo hemos comparao muchas veces con un mapa, el Tiempo espacial, eso ya no es contra el Tiempo, eso no es tiempo. Es ahí donde están, ahí están como puntitos, como alfileres puestos, vuestros proyectos, vuestros recuerdos, ahí está todo lo que va a pasar mañana y el año que viene; ahí están también los puntitos que indican todo lo que ha pasado desde que nacisteis o tenéis uso de razón, están ahí, puesto, no pasa. No pasan justamente porque están ahí, porque están ahí, porque costituyen esta Realidad que, como decíamos, es justamente la que no nos deja vivir, la que al mismo tiempo que la Realidad nos impone la desgracia.

          -  …La seguiriya gitana que te he dicho… “Mañana es futuro, ayer ya pasó”…

          - Agustín, yo tengo una frase que suelo definir esta situación, que es la de ‘el que espera vivir no vive’; ‘el que espera vivir no vive’.

          AGC   - Bueno, sí.

          -  O sea, que cualquier proyecto que haga uno…  

          AGC   - La verdad es que es mucho mejor descubrirlo de la manera más inmediata: es que la mayor parte de la vida que se vende, que se cree, en la que se cree, por la que se muere, está costituida por eso: por futuros, por pasados, nos queda casi nada. El ‘casi nada’ justamente viene a coincidir con lo de que está uno tan mal costituido que nunca acaba ser del todo, siempre le falta algo, nunca es del todo el que es, está a punto de ser casi todo: la muerte, que es cuando uno es… o, vamos, idealmente (uno no es todo el que es), pero nunca del todo, nunca es del todo el que es, casi. De manera que lo que nos queda de vida es justamente eso en que ni uno como persona, como cosa costituida, existe, ni hay Realidad: AHORA; gracias a que la Realidad tiene esos rotos, es lo que nos queda. Gracias a que de vez en cuando nos olvidamos de calendarios y de relojes, algo nos hace olvidarnos de calendarios y de relojes. En esos momentos se podría decir “se vive”, pero no: se vive AHORA que no es ninguna Realidad, no se vive realmente, se vive AHORA. Y se vive AHORA a lo mejor con recuerdos que reviven y que por tanto están reviviendo AHORA…

          -  ¡Qué bonito!

          AGC  - …están reviviendo AHORA. De manera que es ese poquito, casi nada, lo que nos queda.

          -    Siempre revive el recuerdo.

          AGC  - No, no, y los recuerdos de ordinario están muertos. De ordinario están muertos, son el vídeo de las vacaciones, es la Historia de España, es cualquier cosa, de ordinario están muertos, todos muertos. Todos muertos pero como nunca las cosas están del todo muertas, pues de vez en cuando sucede eso: revive. Si.

          - Es que me ha recordado lo que estaba diciendo a una frase de una canción de flamenco que dice “Aunque no lo diga el tiempo lo dice el corazón mío”. Y no sé si sería eso lo que queda… O es disparatado totalmente.

          AGC   -  Como no sé de qué habla…

          -  El flamenco dice…  

          AGC   -    Como no sé de qué habla. Que no sé a qué se refiere el ‘lo’.

          -  Dice “Otro califa ha nacido”, y dice “aunque no lo diga el tiempo lo dice el corazón mío”. Y esa frase…

          AGC   -  ¿Cómo es el primer verso?

          -    “Aunque no lo diga el tiempo…”

          -  Espera, espera.

          AGC   -  ¿Cómo es el primero?, por favor.  

          -    “Otro califa ha nacío…”

          AGC   -    ¿Eh?

          -  “Otro califa ha nacío…”, “Otro califa ha nacío, aunque no lo diga el tiempo, lo dice el corazón mío”.

          AGC   -    Sí, pero es que yo eso es lo que no entiendo. Eso luego es a lo que se refiere con el ‘lo’, y no entiendo qué es lo de “Otro califa ha nacío”

          -  Mejor la seguiriya gitana…

          AGC   -  A ver, ¿tú lo entiendes? Por favor, no intervengáis. ¿Lo entiendes? ¿Qué es lo de “Otro califa ha nacío”?

—    ¡Ah!, no, es así de críptica la canción, no es…

          - Repítela, Nati.    

          AGC   -    Pero a ti ¿a qué te suena eso de “Otro califa ha nacío”?

          -    Por favor, Agustín.

          -    Puede ser otro rey del cante, puede ser cualquier cosa…

          -    El ahijado de Chávez.

          -    …Pero el tiempo ahí…

          AGC   - ¡Ah!, en todo caso es una cosa muy real. Es una lástima porque la continuación…

          -    La ministra de Igualdad…

          AGC   -    …la continuación si no se supiera a qué se refiere el ‘lo’, ésa sí que es más penetrante porque continuaba “Si…” Los dos segundos versos…

          -   “Aunque no lo diga el tiempo”.

          AGC   -    “Aunque no lo diga el tiem- …”

          -    “Aunque no lo diga el tiempo, lo dice el corazón mío”.

          AGC   -  “Lo dice el corazón mío”. Eso tiene más interés. “Lo” como se refiere a otro califa nacío estamos en la Realidad… Es lástima, es lástima.

          -    Agustín, es mejor decir la seguiriya gitana anónima…

          AGC   -    Esa seguiriya gitana nos echa para atrás con respecto a lo que estamos haciendo ahora.

          -    La voy a decir. Sí, pero la voy a decir yo. Mira, hoy…

          -    Agustín.

          AGC   -    No, no, deja.

          -    No, no. Déjamelo que lo diga ¿no?

          -  Mira, la última. La última:  es ésa que se te cae el diente, ésa que se te cae el pelo, ésa que son cuarenta años, que el juez ha dicho 40 años, entonces el tiempo ése es []

          AGC   -    Perdona, no: ahora estoy tratando de que lo entienda de otra manera, y tú también.

         -    Es que hoy me llegó una seguiriya gitana de corte anónimo, que me la mandó un amigo, y parece que es que, bueno, pues decía algo que tiene algo que ver con esto, que dice…

          AGC   -    Algo que ver…

          -  Que dice… No, ya lo sé que no es tan perfecto como si lo hubieras hecho tú, pero, vamos, déjame que lo diga yo. “Mañana es futuro, ayer ya pasó, y este poquito que estoy viviendo ahora es que ni sí ni que no”. Eso es lo que dice la letra gitana.

          AGC   -    “Este poquito que…”

          -    …“que ahora estoy viviendo es ni que sí ni que no”.

          AGC   -    No, no: es muy largo. “Este poquito que yo vivo ahora”…

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