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Tertulia Política número 241 (4 de Agosto de 2010)

Tertulia Política número 241 (4 de Agosto de 2010)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

Tertu241-4-8-2010
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  • Desengaño de las cosas que acerca de muerte se dicen

 

TRANSCRIPCIÓN:

 

Tal vez echa un poco para atrás cuando en estas sesiones hay que tomar una actitud que parece un poco pedagógica, es decir, averiguar qué es lo que estamos aquí, si no aprendiendo, por lo menos ‘desaprendiendo’.  Cuando os hago alguna pregunta así general para ver cómo va la cosa, si me acompañáis mucho o poco en las cosas que os recuerdo que hemos ido descubriendo, esto no deja de ser un poco fastidioso de por sí, porque esta tertulia, si algo tiene, desde luego es que está en contra de cualquier forma de Pedagogía, de Enseñanza, positiva. Venimos aquí efectivamente a perder la Fe, y perder la Fe quiere decir ‘desaprender’, desengañarse de las muchas ideas que nos han metido, y por eso me cuesta un poco de trabajo a veces volver un poco sobre esa actitud de preguntaros a ver cómo anda la cosa.  Lo digo como disculpa, porque ahora lo voy a hacer, otra vez, de manera que ¡qué vamos a hacerle!, es lo que se me ha ocurrido.

A fuerza de vueltas que le hemos dado a la cuestión de la muerte, y como esa cuestión más que resolverla se nos ha ‘disuelto’, tratando de disolver los problemas en lugar de resolverlos, partiendo desde luego de una división tajante entre dos maneras de tomar, dos acepciones de tomar el término ‘muerte’, después digo de tantas varias vueltas como a esto le hemos dado, supongo que por lo menos los que me habéis acompañado con cierta costancia estaríais fácilmente dispuestos a hacerme sentir ese desengaño de las cosas que acerca de ‘muerte’ se dicen, se creen, de manera que vamos a ver cómo resulta.  Voy a hacerlo a partir de un testo, nada sospechoso por lo demás, porque viene de la pluma de Don Antonio Machado, y que hemos utilizado aquí varias veces, por lo menos de una manera parcial, pero que para este repaso y esta pregunta que me propongo haceros, pienso que viene bien.  Yo os lo voy a recordar (supongo que me acordaré bien), entero. Vais dejándoos sentir lo que sintáis acerca de lo que dice de la muerte (aunque no se la menciona en el poema), y de la manera en que lo dice.  La manera ante todo, como recordáis los que la habéis oído y leído, es interrogativa, y gracias a eso, gracias a que es interrogativa, todo lo que él diga, todo lo que el poema diga, no se puede tomar como si fuera una especie de predicación, de frases de decir: son frases de preguntar, pero aún así y todo cabe que al volver a oír de nuevo el poema os surjan reacciones algo contradictorias, que son las que busco.  Ya sabéis que nuestra poca alegría aquí consiste en que florezcan las dudas, las que nos han matado con el Saber dominante, religioso, publicitario, científico, o lo que sea.

            “¿Y ha de morir contigo el mundo mago
            donde guarda el recuerdo
            los hálitos más puros de la vida,
            la blanca sombra del amor primero,
            la voz que fue a tu corazón, la mano
            que tú querías retener en sueños,
            y todos los amores
            que llegaron al alma, al hondo cielo?
            ¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo,
            la vieja vida en orden tuyo y nuevo?
            ¿Los yunques y crisoles de tu alma
            trabajan para el polvo y para el viento?”.

Ése es el poema, todo él interrogativo.  Es interrogativo, pero no se os oculta que da por supuesta la noción, la manera en que de ordinario se entiende la muerte, y contra eso hay enseguida muchas cosas que decir.  Así que ya espero.  De los que habéis estado debatiendo conmigo esa cuestión de ‘muerte’ en los dos sentidos, ya espero reacciones, ojeciones, propuestas, a la manera de decirlo, a lo que parece darse por supuesto, incluso al formular las preguntas del poema.......

-Yo creo que todo el mundo conocido muere en el momento en que tú vas a morir.  O sea, la idea de la muerte.......

A-Eso es lo que él pregunta si puede ser.  Justamente eso: “¿Y ha de morir contigo el mundo tuyo, la vieja vida en orden tuyo y nuevo.......?”.  Eso es lo que pregunta él.

-¡Ah, no, yo lo digo como afirmación, no como pregunta!

A-Tú te lo crees.  Peor todavía, porque él por lo menos lo dice preguntando. ¡Más reacciones, por favor, para los que me habéis acompañado en este tiempo!

-Pues a mí me parece como que se desdobla, y quizás de esa forma puede hablar de la muerte suya, que como venimos diciendo en la tertulia es inconcebible, gracias a que hace como que son dos, porque si no, no podría ser.

A-Pero ‘son dos’, ¿quiénes?

-En lugar de ser uno el que lo dice refiriéndose a él, yo veo ahí como dos en la forma de decirlo o de preguntarlo, como si él mismo se desdoblara y tuviera un toma y daca con....... 

A-¿Como si uno fuera el que lo pregunta y otro el que se lo cree?

-Puede ser.

A-Por ejemplo, ¿no?  Sí, eso es muy oportuno, y eso penetra un poco en la cuestión.  Por ahí, o por otro lado, ¡más reacciones!  Tiene que haber, y muchas.  A ver.

-Parece que pone en duda que haya un momento en que todo se acabe.

A-Bueno, lo de ‘todo’.....  Has hecho ‘todo’ equivalente con.......

-..................

 A-Con lo que él llama.......

-....................... 

A-Él no dice ‘todo’, él dice......

-“El mundo”.

A-‘El mundo’.  Dice ‘el mundo’.  Eso se las trae también, ¿no?, está en la cuestión implicado:  ¿eso de ‘el mundo’, es todo?  ¿Da lo mismo decir ‘el mundo’ que decir ‘todo’?  No olvidéis desde luego lo que ella ha apuntado: tomada en serio, la propia muerte de uno sería inconcebible.  Eso es lo que alguna vez hemos estado tratando con más detenimiento.  ¡Más entretanto, por favor!  ¡Acompañad un poco más!

-Hoy en la “2” ha habido una mención al poema famoso de Jorge Manrique que habla del sentido de la vida y de la muerte.

A-¿Que ha habido qué?  ¿Dónde?

-En la “2”, en la Televisión 2.

A-¡Ah!

-Hoy, este a mediodía, a las dos y media, un memorare precioso, poético, literario, y sobre todo de contenido filosófico, existencial, moral, etc., de las coplas de Jorge Manrique.  Y tiene mucha relación a eso que estamos analizando, es decir, la muerte de los ríos, las famosas estrofas de Jorge Manrique.

A-Sí, “Nuestras vidas son los ríos /que van a dar en la mar, /que es el morir./  Allí van los señoríos/ derechos a se acabar/ y consumir”.

-Bueno, pues en este sentido tu sentido de análisis del poema de Machado viene por ahí, es decir: ¿quién habla?  ¿Él?  ¿Sobre la muerte?  ¿Sobre la vida?  ¿Es el otro?  ¿Es el yo?  Y le encuentro un paralelismo ciertamente interesante.

A-Bueno, habla de la muerte, sí.  Muy en general, pero vamos, se pone ortodoxo también Manrique: “nuestra vida es el camino/ para el otro, que es morada sin pesar, /más cumple tener buen tino/ para andar este camino sin errar”, donde se pone totalmente ortodoxo, es decir, lo que le contaban y nos han seguido contando de que efectivamente es al Futuro a lo que tenemos que mirar.   Esta vida es un paso, un camino, y eso desde luego, como ortodoxo que es, es claramente detestable.  En otra parte del poema, de las coplas, pues bueno, habla un poco más libremente, y tal vez acierta a decir algo, pero no olvidéis entre tanto que eso de que la verdad es el pasar, es una cosa ya de por sí equívoca, porque como hemos visto, lo que la razón común dice desde Heráclito, es “en los mismo ríos entramos y no entramos, estamos y no estamos”, de manera que no hay que aferrarse tampoco demasiado a la imagen del flujo de los ríos, porque nos engaña.  Todo lo cual más bien nos aleja un poco de mi intento: reacciones ante el poema de Machado, ante las preguntas líricas.  Sí.

-Parece que es lo contrario a dejarse morir, porque realmente está hablando del Pasado, lo está verbalizando, y por lo tanto lo está haciendo todavía más real.  O sea, parece lo contrario a dejarse morir.

A-‘Lo pasado’ dices cuando dice lo de “donde guarda el recuerdo”.  Sea lo que sea lo que quisiera él manejar, sin duda estuvo algo torpe al igualar el alma con el cielo: “que llegaron al alma, al hondo cielo”.  Sí, efectivamente, recuerdas muy bien: cuando eso se historía, entonces efectivamente se le está sometiendo a la Realidad.  Se le está falsificando justamente para eso, para meterlo en la Realidad, pero no olvidéis que está preguntando.  Está preguntando, y tal vez en efecto ha mencionado eso como si fueran hechos, cuando no son más que unos recuerdos vagos que justamente van a perderse tal vez, según se pregunta, con eso de la muerte de uno.

-Pero eso en ese sentido sí sería la muerte-siempre-futura. 

A-¿Pero dónde sería eso?  ¿En el poema, sería eso?

-Si él se lo pregunta, yo le diría “sí, eso desaparece, porque es la muerte de sí mismo”.   Tal y como lo plantea él, mi punto de vista es que eso es la muerte-siempre-futura.  Es justo, porque es la pura Realidad.

A-Algo en ese sentido, desde luego.  Aunque sea para preguntar, él utiliza una noción corriente acerca de ‘muerte’.  Utiliza una noción corriente, y la corriente es justamente ésa, la que implica Futuro, la muerte-siempre-futura, la que nunca está aquí.  Desde luego él la utiliza, aunque sea para preguntar; pregunta por un trance que se va a producir: “¿Ha de morir contigo?”.  “¿Ha de morir contigo, pregunto?”.   Desde luego, en la imaginación vulgar que se nos vende acerca de la muerte de uno, hemos descubierto que lo que se da es claramente la duplicidad y la contradicción, porque en efecto: por un lado me obligan, al pensar en mi fin, mi muerte-siempre-futura, a pensar al mismo tiempo que el mundo se acabó en ese istante, y por otro lado nos obligan necesariamente a creer que eso es una tontería, que el mundo va a continuar igual, que ¿qué más da?  Como se decía en los versos de Espronceda, “que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?”.  También eso nos obliga a (): “que haya un cadáver más, ¿qué importa al mundo?”.

-A mí lo que me parece es que efectivamente el mundo, en cuanto personal, moriría en la medida en que la persona muere en ese momento, pero a la vez, en la medida en que hay algo por debajo de ese mundo personal que fluye, y que tiene que ver con la vida o con algo que no es estrictamente personal, en realidad nada de eso muere, porque todos esos hechos pueden referir a algo que no es puramente de uno, y por lo tanto no muere nunca aunque la vida de uno acabe.

A-Dicho de otra manera, le dirías al poeta que hace mal en formular eso del ‘mundo tuyo’ cuando dice: “el mundo tuyo, la vieja vida en orden tuyo y nuevo”.  Eso es de lo que se queja, o por lo que pregunta: “¿Los yunques y crisoles de tu alma, trabajan para el polvo y para el viento?”.  Empleando además ese término tan realista de ‘trabajar’ (“¿trabajan para el polvo y para el viento, los yunques y crisoles de tu alma?”), que dirías que eso no puede formularse así.  Has sugerido que es que no se trataba del mundo tuyo.

-Es que el desdoble tiene que ver con que uno vive una vida personal, y a la vez vive algo que es distinto, ¿no?

A-Ése es el mundo tuyo, pero piensas que.....

-......................

A-........ese mundo tuyo........

-Es de cada uno.

A-Es de cada uno, y nada más.  Es decir, que......

-................

A-Es decir, que........

-Es de todos, de la comunidad.

A-Si se pudieran sumar los unos, podrías hablar de ‘todos’, pero para eso hay inconveniente, porque resulta que los mundos de cada uno también por orden democrática no están de acuerdo uno con otro, cada uno tiene el suyo.  Cada uno ha trabajado para fabricarse un mundo suyo, al cual el comienzo alude con esos recuerdos: “la blanca sombra del amor primero” se refiere al de uno, el que está hablando. “La voz que fue a tu corazón, la mano que tú querías retener en sueños”.

-Pero eso se refiere a algo que no es solo de uno, porque es algo que uno reconoce que no es solo de uno, y no habla, no pone nombre, no está referido a nadie en concreto.

A-Bueno, pero parece como si lo dijera para uno cualquiera, que él lo pensaría así. Desde luego sería un despropósito, parece, pensar en que ese mundo que uno crea, realmente se lo crea uno como si fuera Dios.  En fin, sea lo que sea, está como tu sugieres hecho con cosas que no son desde luego de creación propia, sino otra cosa distinta.  Bueno, esto nos hace penetrar un poco más, pero hacen falta más contradicciones, más reacciones sentimentales....... Sí.

-Lo que habla, o lo que pregunta, le pregunta a alguien que está claro que va a morir, porque da por hecho que su muerte existe, o que la hay, y sin embargo lo que habla, habla desde un punto en que no hay muerte, porque se refiere a la de otro, no a la suya.

A-¿Por qué?  ¿Por qué?

-Porque habla de la muerte de otro.

A-No entiendo eso bien.

-Es que no habla de mi muerte, habla de.......  ¿Cómo es el poema?

A-“¿Y ha de morir contigo el mundo mago?”

-“Contigo”.  “Ha de morir contigo”.

A-¡Ah! Eso no vale mucho, es lo mismo que si dijera ‘conmigo’, únicamente que quiere efectivamente presentar la cuestión del uno en segunda persona.  Nadie se lo puede reprochar que emplee el ‘tú’ en lugar del ‘yo’.   Si hubiera dicho “¿Y ha de morir conmigo el mundo mío?”, pues la cosa más o menos sería la misma, solo que aquí parece que a Machado le pareció  poéticamente más eficaz decirlo en segunda persona.  Pero es uno, puesto que yo y tu parece que estamos condenados a ser uno.  A ser uno que guarda sus recuerdos, a ser uno cuyas imaginaciones y pensamientos trabajan para hacerse un mundo, una imagen del mundo propia (sus yunques y crisoles), y parece que da por supuesto al hacer la pregunta que esa condición es de uno cualquiera, que uno cualquiera está condenado a creer eso, o a no creerlo y preguntárselo, como él hace.  Pero desde luego parece que está condenado a creérselo, y que luego le puede entrar la duda, y de ahí viene la pregunta, salvadora......  ¿Qué más?

-La referencia final del polvo y el viento, que todo forma parte del viento y del polvo, y su inmenso mundo, el suyo, el que ha vivido con esos recuerdos, da una sensación de vértigo, que muere, pero que forma parte de todo ese tiempo, que se pierde en el tiempo que parece que forma parte de.......  Vamos, es la referencia final del viento y del polvo.

A-Te has perdido un poco.  Lo que pasa es que efectivamente parece que toma polvo y viento como despreciables.  Alguien que se pusiera muy en contra pudiera decirle: “bueno, ¿es que tan despreciables son el polvo y el viento?”.  ¿Pero quién se atreve a decirle eso a quién presente esa queja, no?  Él lo dice contando con que la fórmula “para el polvo y para el viento” es equivalente a decir “como para nada”.  Es decir, que todo el trabajo de los yunques y crisoles vendría a ser como para nada.  Está bien sospechar sin embargo que en la fórmula metafórica se puede () un engaño, porque ahí están el polvo y el viento.  La queja, en suma, de que pueda el mundo tuyo morir en el sentido de deshacerse, consiste en que se pierda la ordenación del mundo, que, según se sugiere ahí, tú le ponías.  Alguien podría decir que también el Estado pone ordenación, y la Ciencia. Y sí, pero también uno.  Uno tiene su ordenación propia, y no es por tanto de nada material, carnal, como polvo y viento, a lo que va la queja, sino a la ordenación: “¿toda tu ordenación del mundo, que es el mundo tuyo, está condenada, como tú estás condenado, al mismo tiempo que tú, a deshacerse, a perderse en polvo y viento, es decir, en nada?”.

-Estaba pensando ahora en otras cosas un poco más mundanas, que no tienen que ver con la poesía, pero que creo que tiene que ver con esto, que es lo que hace la gente cuando piensa que se va a morir, que es hacer testamento y dejar todos los papeles arreglaos del entierro y todo esto para que no se les desmorone el mundo que han creao.  Es decir, de alguna manera existe un miedo a que todo aquello se caiga, o se deshaga.

A-Sí, está muy bien traído.  Es efectivamente un intento de decirle a la pregunta inoportuna del poeta: “¡no, no, no va a perderse, porque yo he hecho mi testamento, y yo voy a dejar una fama para cuatro o cinco siglos, voy a estar en la Historia de la Arquitectura, o de la Literatura, o de la Ciencia, y por tanto mi ordenación del mundo va a seguir persistiendo!”.  Esto, claro, es una tontería para los que me acompañáis aquí.  Es una respuesta tonta y ilusa, contra la cual creo que ya ni siquiera hay que hablar aquí, porque estamos hartos, de manera que no puede ir por ahí ninguna ojeción o duda respecto a la intención o la forma del poema.  ¿Por qué más sitios?

-() una queja sea una espresión de rebeldía.  Machado se da cuenta de la inutilidad y de la vanidad de todo lo que costruímos tanto a nivel social como emocional, y se rebela contra esa vanidad.

A-¿Se rebela con la pregunta?  ¿Una pregunta es una rebeldía cuando denuncia justamente las creencias habituales?  Pero entonces, ¿qué espera esa pregunta?  ¿Que le digan “¡no, no va a morir el mundo tuyo!”?  Ésa es la ilusión de la que acabamos de hablar, la ilusión de los que hacen testamentos o se labran una inmortalidad.  Probablemente no es ese NO el que el poema espera, si es que espera alguno.

-Ese deshacerse del que hablabas hemos quedao que se producía continuamente, o sea, que en el fondo el mundo de cada uno se va desmoronando también a cada momento.

A-A condición de que uno.........

-.................

A-A condición de que a uno, ¿qué le pase?

-Que se deje morir a la vez que se defiende por el otro lao.

A-Es una evidencia: cualesquiera que sean las creencias que uno tenga acerca de uno, algo por debajo debe estar susurrando que la evidencia es que uno se está desmoronando continuamente, AHORA, sin buscar ningún Futuro, sin ningún Tiempo real, AHORA, que se sale de la Realidad, y eso está claro que si le pasa a uno, le pasa al mundo, si ‘mundo’ quiere decir ‘la Realidad’, como aquí solemos querer decir.  Costruída, edificada de alguna manera, por ideas, por decisiones, pero que con todo y con eso se está ahora mismo desmoronando:  todos los Regímenes políticos, las teorías científicas, y todo el resto de lo que se llama ‘un mundo costruído’, se está ahora mismo desmoronando, y uno con ello.  Si uno llegara a pensar así, desde luego el sentido de la pregunta del poema está cambiando bastante.  Ayudad un poco más, por favor.

-Quizás la referencia ésta de polvo y piedra sea lo único que no es Realidad, o sea, que sí está en el sentido de desintegrarse y de dejarse morir aunque él no lo pretenda.

A-No sé cómo has empezao la frase.

-Que esa referencia a polvo y piedra quizá sea la única referencia que hay a que no es Realidad, sino que es el dejarse morir, porque es el desintegrarse.

A-¡No, no, el dejarse morir no es ninguna Realidad!, ¿eh?  Aquí lo hemos descubierto.

-Quiero decir que eso es justo el desintegrarse, que esa es una referencia que ahí se podría contestar que no, que entonces no se muere uno.

A-¡Mal, mal!  Mal contestado, porque de lo que pregunta es ‘tu mundo, la vieja vida en orden tuyo y nuevo, los yunques y crisoles’, y eso evidentemente, si se desmorona, se desmorona.

-Pero eso sería sin fin.

A-Desde luego no se puede decir ‘nada’, pero se puede decir ‘vaguedad sin fin, polvo y viento’, metafóricamente, de manera que la costrucción, desde luego ésa se deshace en polvo y viento.  (), “sí, es así, pero ¿qué importa?  Pero hay que reconocerlo, porque evidentemente ahí tendrías que reconocer que la vieja vida en orden tuyo y nuevo, “no cuando te mueras mañana”, habría que decirle, ahí está el engaño: “no cuando te mueras mañana: AHORA.  La vida que tú has ordenado, las ideas que te has hecho, las leyes científicas que has descubierto, y todo lo demás, se está desmoronando AHORA”.  La equivocación en el planteamiento del poema estaría en que se sigue refiriendo la cosa a la muerte futura: son las maneras que el Orden mismo tiene para evitar que se sienta cómo todo está deshaciéndose ahora mismo.  Nos distraen con lo que va a venir, que es un término, un hito, término de sí o no, para justamente que no sintamos esto que está pasando de veras, que no tiene propiamente ni hitos, ni términos, ni nada.  Sí.

-Pues estaba pensando eso mismo, pero es lo que nos han enseñao, lo que hemos aprendido, a pensar que la muerte es futura, y no nos preparamos, o no estamos en ello, o no nos estamos desmoronando.  Yo me vengo desmoronando desde que vengo a la tertulia.  Antes, poco.

A-Y además, desde que vienes a la tertulia, poco también.

-Trato de desmoronarme un poco, pero lo que sí hay en el poema es como que va a ser inminente esa muerte, y ante la muerte inminente yo creo que cualquiera de los que estamos aquí sí nos desmoronamos poco, y entonces, una de dos.......

A-¿Cómo es eso?  ¿Cómo es eso?

-Yo no sé si también ha sido un sueño, que creía que me moría.

A-Que te ibas a morir, no que te estabas muriendo.

-Sí, que me iba a morir, y entonces desordenaba mi vida.

A-Ahí está clara la división: o creías que te ibas a morir, o creías que te estabas muriendo.  Una de dos. 

-Que me iba a morir, que me estaba muriendo.

A-Ésa es la división del término de la que aquí hemos partido.  Hay una que es la real, en la que se nos hace creer, la que nos costituye como personas, como súbditos, como clientes del capital, que es la futura, la que nunca está aquí.  Ésa es la real.  Falsa.  Falsa, pero que está aquí, y que condiciona la existencia, y luego la otra es la que nos saca de la Realidad AHORA, porque no hay donde sujetarse ni donde sostenerse.

-La Iglesia se ha pasado la vida diciendo que polvo eres y en polvo te convertirás, así que ahí sí que te está recordando que......

A-Había cogido además un versito de Horacio, nada menos, el pobre: “pulvis et umbra summus”.  Eso es lo que recogió la Iglesia en el Oficio de Difuntos, “polvo y sombra”.  Muy benévolo era Horacio, y la Iglesia también, porque por lo menos seguía distinguiendo Cuerpo y Alma (Cuerpo/polvo, Alma/sombra), la que iba en la creencia de los antiguos, y la de Horacio, la que iba por los más alláes del Hades, etc., vagando, indistinta.  Creencias, tonterías, de Horacio, de la Iglesia, de la Humanidad en general, acerca de la imaginación de lo que la muerte va a traer después consigo.  Tonterías, que no merece mucho la pena acordarse de ellas.  Bueno, sí, hay que acordarse de ellas, porque después de todo están ahí, en la Literatura, en los Oficios de Difuntos, y desde luego a desengañarnos de todo eso estamos.  Pero sigamos un poco sobre el asunto mismo.

-Yo ayer hablaba con un amigo mío, y él decía que si supiéramos el día que nos íbamos a morir sería de puta madre, porque entonces nos pegábamos la vida padre.  “Si sé que me quedan tres meses, pues entonces en estos tres meses hago de todo”.

A-No le planteaste lo que hemos planteado aquí: “¿Y tú sabes el día que naciste?”.  Eso no se lo has planteado, porque efectivamente eso es lo que cura a la formulación de todas sus falsedades.  No se sabe, tú no sabes el día que naciste, porque lo que te dicen en el Registro Civil no vale para nada, porque tú no estabas ahí.  Es lo que te dicen de la muerte futura los filósofos: “¡Si tú no estás!  ¿Qué te importa?  ¡Tú no estás ahí!”.  Te lo unen del revés.  Son también jueguecitos de una imaginación que no van muy allá, así que sigamos tratando de entender más directamente.

-¿La muerte y el aburrimiento, es lo mismo?   ¿Son las dos mismas clases de pestes?

A-El Tiempo real está fundado necesariamente en la muerte futura, en el Futuro.  En ese sentido el aburrimiento, que quiere decir ‘el vacío’, el intento de llenar el vacío con la diversión, sólo puede darse con un fin, con un Futuro.  Nadie que carezca de un fin puede aburrirse.  Por eso nos asombran los burros durante horas moviendo la oreja o el rabo sin hacer absolutamente nada, y los demás seres y los astros, que nos da la impresión de que no se aburren jamás, por lo cuál hemos descubierto (era bastante fácil), que eso del fin es una propiedad nuestra, una condición de este tipo de cosas contra el que estamos en la tertulia, que es el Hombre, no lo olvidéis, que entre otras cosas, aparte de que estemos contra uno, que es a lo que hoy estamos aquí hablando, estamos también contra esa imaginación de el Hombre, que justamente está caracterizada por eso, por tener un fin, por tener una muerte, y por tanto aburrirse, aburrirse como sólo el Hombre puede aburrirse (y trabajar y divertirse también, claro, por lo mismo, lo uno va con lo otro), mientras que la política de la tertulia es, por el contrario, reconocer que no somos más que cosas.  Hemos tratado muchas veces, y en eso no vuelvo a entrar hoy, de deshacer, incluso con apoyo de físicos y eso, la oposición entre observador y observable, entre el sujeto y el objeto de los filósofos, y de eso es justamente se trata, ¿no?  Para responder de alguna manera al poema de Machado habría que tener en cuenta esto de si uno es uno, si se deja ser cosa...........Sí.

-De la semana pasa hay tres palabras que a mí me han resonado en mis retiros mentales, y no me quedó claro, y podías abundar en ello para profundizar los conceptos.  Las tres palabras mágicas fueron solución, resolución y disolución.  En la forma como las esplicaste, la vinculación que hacías de los hechos de una palabra con otra y con otra, pues la verdad es que yo me fui con una pequeña empanada.

A-Ya.  Bueno, eso es un momento, es un paréntesis; no sé si haces bien, pero bueno, voy a hacer caso.  Es un paréntesis que espero que no nos distraiga mucho.  Entre solución y resolución no distinguía para nada: oponía disolución a resolución, o solución, en el sentido corriente, porque se supone que cuando se busca la solución o resolución de un problema, por vía matemática o de otra, es para encontrar efectivamente una solución, es decir, es decir, un deshacer el problema y convertirlo en una respuesta.  En palabras más vulgares, ‘matar la pregunta’.  Matar la pregunta.  La disolución quiere decir por el contrario ir descubriendo cómo el problema estaba mal planteado, cómo no había tal problema en los términos, ni por tanto podía tener ninguna solución: desleimiento de los términos y del planteamiento del problema.  Bueno, ya está, espero.  Ahora vamos a seguir con el asunto que nos traemos, venga.

-Y lo de “ha de morir contigo”, ése ‘contigo’......  Porque a mi me ha pasado, cuando se me ha muerto alguna persona muy cercana, que el mundo suyo estaba más vivo en mí que casi cuando la persona vivía, en cosas intrascendentes como una botella de agua en la nevera, el agua fría, y la persona murió, pero ese mundo suyo parecía como que estuviese incluso más que antes.

A-Porque evidentemente después de morirse estaban allí la botella, y el agua, y todo eso.

-O cosas de las que te acuerdas, y vas por la calle y dices “pues esta calle la cruzaría”, o “ iría al kiosko a comprar el periódico”, y ese mundo suyo, que estaba ahí con más fuerza...........

A-Pero claro, tú sabes que eso se debe a que tú has seguido viva.  Eso forma parte de los consuelos de los vivos, que se plantean costantemente ante los muertos: guardan sus recuerdos, incluso hasta sus relicarios...........Pero la verdad es que si le pudieras preguntar al muerto, él seguramente no estaría igual de contento con la solución.  Con la solución no iba a quedarse igual de contento.  Es más bien una cosa de uno que sigue vivo.  ¿Qué más?

-A mí me parece también que trata a lo que se pueda soñar como una cosa más, y tan viva y tan real como las otras.

A-Sí, es cierto, no distingue.  Habla de los recuerdos, y luego dice también “la mano que tú querías retener en sueños”.  Uno de los recuerdos que cuenta es sobre los ensueños, y parece que eso es razonable: “viví, dormí, soñé, y hasta he creado”, como decía Abel Martín.  Lo uno va con lo otro, y forman parte de la Realidad.  Los recuerdos son reales, y los sueños, los ensueños, son reales, como sabemos.  Únicamente que tanto a los unos como a los otros les pasa eso de que nunca son verdad, porque en la Realidad verdad no cabe, que es uno de los descubrimientos perogrullescos que hay que seguir teniendo siempre en cuenta: verdad no cabe, y por tanto nunca son verdad.   Podrán ser reales, pero en la medida que son reales los sueños, en la misma medida no son verdad.  Los recuerdos, las acciones corrientes.......

Bueno, tal vez se va haciendo un poco tarde, y además sigue haciendo un calorazo bastante impertinente.  Vamos a ver si me arreglo para, no ‘resolver’, sino seguir disolviendo el problema lo más posible.  Lo primero tal vez que conviene recordar es esto de que si uno es uno de verdad, entonces eso de la muerte de uno es asolutamente inconcebible, imposible.  Si esto no se ha llegado a sentir con claridad aquí, en realidad no se puede penetrar mucho más ya.  Si uno es uno de verdad, tal como le quieren hacer creer, porque todo el empeño está en que uno se crea eso: un Nombre Propio, absolutamente singular, Doctrina de las Huellas Dactilares, únicas para cada uno, irrepetibles, Documento Nacional de Identidad, con al mismo tiempo la cara y el número, único, singular, irrepetible......  Le quieren hacer a uno como Dios.  Eso alguna vez lo hemos descubierto aquí con bastante detenimiento: el Nombre Propio, tomado así absolutamente en serio, sería el propio Nombre Propio de Dios, sería lo mismo que el propio Nombre Propio de Dios,  Y entonces, si es verdad que Dios, siendo como se dice ‘eterno’, es decir, el Tiempo Todo, es incompatible con cualquier género de muerte, ni con la una ni con la otra, que lo primero que es, es inmortal, entonces a uno le pasa lo mismo; si uno es uno de verdad, como Dios, pues lo mismo: su muerte, de cualquier manera que se la tome, es inconcebible, imposible, es que no tiene ni sentido.  No sólo es que no tenga imaginación posible, que desde luego no la tiene: cuando uno se acerca en estos terrenos a dejarse coger de una imaginación, lo más que puede alcanzar es un escalofrío, tan istantáneo que ni le da tiempo a sentirlo.  Y más así: es imaginable, inconcebible, imposible.  Bueno, pues en esta tertulia política lo que tenemos que hacer con esto, es como con lo demás: lo que decía el torero, no me acuerdo si era el Guerra, de que “no puede ser, y además es imposible”, nosotros lo decimos al revés: “es imposible, y además no puede ser”, para decir lo segundo en lenguaje vulgar, que es el que vale.  Es imposible, y no puede ser.  De manera que arreglaros como queráis, pero de ahí hay que partir.  Desde luego, la formulación se ha hecho con una condicional real: si uno es de verdad el que es.  Si uno es de verdad el que es. 

-Eso, Agustín, es un estremo, ¿no?, un estremo que no se da, salvo en casos.  Yo por ejemplo me acordaba ahora de Napoleón, o Alejandro Magno, que a lo mejor intentaron ser como Dios y dejar ahí el legado que dejaran, pero ni siquiera ellos.

A-No hay ninguna diferencia: es una Fe un poco más gorda, pero cada uno la tiene, aunque sea algo más flaca.

-Pero llega un momento en que no mantienes esa Fe, que te descabalgas de esa Fe por la misma Realidad.

A-Te descabalgas a ratos.  A ratos.  A ratos, pero bueno.  A ratos, pero vuelves a creer enseguidita, porque te lo mandan, porque todo está organizado para que creas que tú eres el que eres.  Si no, ¿adónde coños iría el Documento Nacional de Identidad?  ¿Adónde iría además el Capital?  ¿Que tendría que hacer?  De manera que enseguidita tienes que volvértelo a creer.  ¿Dónde se irían las relaciones familiares, la relación amorosa de uno y una por ejemplo, si no fuera verdad que uno es uno, desde el momento en que se perdiera esa Fe?  ¿Cómo iba una a decir “amo a Fulano”, si está sospechando que Fulano no es el que es?  Esas cosas no suceden, ¿no?, así que tienes que volver enseguida a la creencia. Y si eso es verdad, entonces la muerte es imposible.  Bueno, desde luego yo creo que para los que me habéis acompañado, está claro: no es verdad, uno no es el que es; uno es un ente real, y los entes reales nunca son del todo el que son cada uno; son a medias, tratan de cambiar para seguir siendo el mismo, crecen, decrecen, nunca son de verdad lo que son.  Sólo por convenio (por el necesario uso del significado de las palabras de un idioma, que tiene que ser un número nunca finito, pero un número relativamente manejable de significados, y por otros convenios por el estilo), se puede hacer ‘como si’, como si se creyera que una cosa es la que es, y por tanto que uno es el que es, en cuanto cosa.  Pero no es verdad.  Pero esto de que esto no sea verdad implica la renuncia a eso que se llama ‘la Persona’.  Implica la Persona, el Yo, y todo lo que nos han contado por ahí.  Implica eso de ceder a la tentación de dejarse ser simplemente como las cosas, como una cosa cualquiera, donde no hay personas, y como antes dije no hay por tanto ninguna muerte futura, claro.

No es verdad.  No es verdad, y por tanto entonces, si se había dicho “si uno es uno de verdad, su muerte es inconcebible”, ahora tenemos que decir que si uno no es uno de verdad........... ¿qué es lo que en realidad pasa si uno no es uno de verdad?  Si uno no es uno de verdad, entonces sí, entonces su muerte parece que se vuelve concebible, su muerte futura. ¿Cómo diablos entendéis eso?  No hace falta que yo os lo siga contando por los dedos, ¿no?  ¿Cómo se entiende que entonces, si uno no es uno de verdad, que es lo que en realidad sucede, entonces ya su muerte es posible, concebible?

-.............................. 

A-Tal vez os estoy preguntando una cosa demasiao evidente, demasiao simple.

-Porque se está deshaciendo continuamente.

A-No.  No, porque ahora estaba preguntando por la muerte ésa total, siempre-futura, que para Dios y para Uno es imposible.  En cambio, si uno no es del todo el que es, parece que entonces es posible, concebible, o ¿qué?, esa muerte con la que se nos amenaza desde que aprendemos a hablar un idioma cualquiera. 

-Sí, pero futura también.

A-Sí, vamos, en realidad no hace falta pensarlo mucho: no sólo es que entonces sea concebible, no sólo es que entonces sea posible o incluso probable, sino que es que la realidad de uno está hecha de eso, está hecha de la muerte futura con que se le está amenazando desde que empieza a hablar, desde que se hace una persona.

-Pero si uno se hace la pregunta de ese tanguillo que dice “cada vez que pienso que me tengo que morir, me dan ganas de no levantarme, y ponerme a dormir”............

A-No: “me echo la manta al suelo, y me jarto de dormir”, es la versión que recogió Unamuno, de manera que vamos a no volver atrás ahora, ¿eh? ya que estamos en ello. 

-Parece que es común esa muerte a todos.

A-¿Común a quienes?

-Es común a cualquiera.

A-No: a los feligreses.  Es común a los feligreses, por supuesto, común a los que se lo creen. ¡Hombre, es que ‘Realidad’ es eso, la Realidad es eso!: todavía no nos hemos deshecho en cosas, estamos en la Realidad, y la Realidad es una falsificación, es justamente un hacer creer que las cosas son lo que son, que uno es el que es, y en la medida en que es mentira que uno sea el que es (que así es como se existe, con esa mentira se va tirando), entonces claro, la muerte está incluida, la muerte futura está incluida, es la que nos hace, es la primera información que a un niño se le da cuando entra en el idioma de sus padres.  Es la primera información, y por tanto el asiento de la costitución misma.  No sólo es que sea posible, dada la mentira de uno, sino que es costitutiva.  Es costitutiva de esa mentira; desde el Futuro estamos costituídos de esta manera.

-El mandato ése de la muerte futura, es un mandato del Poder, y le viene bien al Poder, que parece que se mantiene ahí.  ¿Por qué no nos dejan ir muriéndonos, entonces?

A-¡No, no, no!  La verdad es que el Poder, los Padres y el Poder, no da eso como una orden.  Es mucho más astuto: lo da como una verdad.  Justamente lo da como una verdad, y al darte una cosa que aquí no hay, al dártela como verdad, está asentando el fundamento de toda la Ciencia y de todas la Religiones. De modo que te pueden decir verdades acerca de ‘mañana’, te pueden contar todos los cuentos que quieran, desde el momento en que te han hecho creer como verdad el “te vas a morir mañana”.

-¿Y por qué no nos dejan morirnos cada momento?

A-¡No, no, no!, si es que el Poder consiste en lo otro, no hace falta que lo preguntes siquiera: el dejarse deshacer, el dejarse ser cosas, quiere decir el derrumbamiento mismo del Poder.  El derrumbamiento del Poder junto con la persona de uno, naturalmente lo uno va con lo otro. 

De manera que eso es en realidad esa falsedad de uno, que trae consigo la necesidad de la Fe en la muerte-siempre-futura.  Claro, si en una tertulia política o donde sea, se sigue al aliento que viene de abajo por así decir, y que penetra por todas las grietas y las resquebrajaduras y las deficiencias de la Realidad, como está penetrando a cada paso, descubriendo que la Realidad no es todo lo que hay, y que por tanto si la Realidad no es todo lo que hay tampoco mi muerte es la que es, ni yo soy el que soy, ni Dios es el que es, ni nada de eso, si uno se sigue dejando llevar por este aliento, ya sabéis que adonde se llega es a eso de pueblo-que-no-existe, porque a diferencia de las colectividades estatales, de colectivos de clientes y demás, que están hechas de personas, contadas una por una, hay pueblo-que-no-existe, la comunidad, que no tiene personas.  No tiene personas, es esactamente lo contrario, y pueblo-que-no-existe, comunidad sin fin, es lo mismo que les pasa a las demás cosas: venimos a un común que, si es humano, no por ello es distinto de la comunidad en las cosas que con nosotros se está desmoronando ahora mismo denunciando la falsedad de la Realidad, y entonces la muerte que aquí hay es ésta.  Ésta, que es enteramente irreal, pero eso sí: está aquí, AHORA, salvo que no hay quien la coja.  Ésa es la que nos queda. 

Voy a añadir algo que tal vez hace falta.  No tenéis que olvidar a este propósito lo que una vez os estuve contando de cómo se podía esplicar, en una especie de contrasicoanálisis, lo que pasa con los locos, los locos clasificados como locos en este mundo, como camino para entender la locura general, la locura de la normalidad.  Os decía que no había que andar cavando ni en cerebros ni en almas: siente esa persona que la ordenación, ése mundo tuyo que se dice en el poema, la vieja vida en orden tuyo y nuevo, esa ordenación que después de todo no es más que la del Estado, la del Dinero, la de los Padres, la del Poder, por un accidente le falla, y entonces pierde pie, chapotea, no sabe cómo atenerse...., hace esfuerzos para también en su propia locura encontrar algunos residuos de ordenación con los que seguirse componiendo un mundo suyo, etc.  Conviene recordarlo, aunque pueda resultar un poco terrorífico, porque eso es lo que yo creo que tiene que hacernos recibir la invitación a deshacernos, a ser como las cosas () somos, sin ninguna especie de terror.  Desde luego, al poema de Machado hay que preguntarle: “Bueno, la queja, ¿de qué es?  ¿Es una queja de la ordenación mía del mundo? ¿’Mi Cosmos’, como se dice en culto?  Ésa es la que me han enseñado, la que me han impuesto. Tiene de mía simplemente la distribución que Estado y Capital necesitan de la colectividad en unos, que cada uno crea en sí mismo.  ¿Es ésa de la que te quejas?  ¿De la que se va a deshacer en viento y polvo?”.  Yo creo que simplemente con hacerme la pregunta, esa pregunta, la queja se desvirtúa: no es así, esa muerte que consiste en una desvirtuación de las ordenaciones de uno y de las que a uno se le imponen, deja ya de tener, yo creo, ningún sentido, ni infundir ningún terror.  Hay que admitir la cura de eso con eso que no es caer en ninguna locura ni en ninguna Anarquía, sino que es simplemente renunciar a la Fe, el reconocimiento del morirse inmediato, que es ése que ahora nos está pasando, sin más.

Bueno, eso quería decir, y yo creo que la cosa queda presta más bien para que, si no ya hoy, sigan surgiendo cuestiones en torno a ello.

-Podías hacernos una especie de definición de cómo interpretas la muerte real.  Yo llamo muerte real a que cualquiera de nosotros mañana no viene porque ha muerto.

A-¡La futura, la futura!  La que nunca está aquí.

-¿La física?

A-¡No, no, nunca está aquí, nunca es física! 

-¡Coño que nunca está aquí!  ¡Vete mañana al Cementerio de la Almudena, y verás cómo van llegando muertos!

A-¡Si es otro el que se muere delante de ti, ése no eres tú, amigo!  Y la tuya, que es la única que vale, ésa es futura siempre.  De manera que no te hagas ilusiones, ¿eh?

-¿Y cuando llega la real, qué hacemos?

A-¡No, no, la futura, estás diciéndolo!  No hay más que futura, y ahora creérselo, o no creérselo.  Creérselo, o no creérselo.

Bueno, sí, baste por hoy, tal vez hace demasiao calor.  De manera que si el Señor nos deja, dentro de siete días le seguiremos dando vueltas al asunto.
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