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Tertulia Política número 33 (9 de Agosto de 2006)

Tertulia Política número 33 (9 de Agosto de 2006)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

Tertu033-09-08-2006
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TRANSCRIPCIÓN:

 

 

Un breve recordatorio para empezar: recordáis que se estaba haciendo un intento de no distinguir entre motivos de orden político y lógica o razón, en cuanto, por ejemplo, a esto de descubrir que, si bien uno siendo real como es, teniendo su persona, nunca puede ser ni presumir de ser anárquico, anarco, anarquista, sin embargo, por el contrario, la actitud de esta tertulia o de cualquier cosa que dice luchar contra el Poder, luchar contra la Realidad, no puede menos de ser una actitud anarca -digamos-, porque nos hayamos dedicado a mostrar cómo la diferenciación entre formas de Poder -que es a lo que la información que os sirven se dedica cada día, enfrentando unas formas de Poder con otras, discutiendo cuál es la preferible, cuál es la compatible con, y cosas por el estilo- no hace más que distraer respecto a la cuestión verdadera, que es que el Poder -cualquier forma de Poder-, lo mismo que la Fe -cualquier forma de Fe-, es de por sí eso que decimos 'administración de muerte', y que es un poco vano, y en todo caso secundario y ya realista, el intentar distinguir entre formas de Poder peores unas que otras. Es esencial del Poder el estar contra las posibilidades. 'Posibilidades' quiere decir 'cualquier cosa buena', por así decir, que no existe; 'posibilidades' quiere decir, por ejemplo, 'pueblo', 'gente viva', quiere decir simplemente eso de 'ir viviendo', y cosas por el estilo, y el Poder está establecido de tal forma que está dedicado a aplastar esas posibilidades y además -como en verdad nunca puede estar seguro de sí mismo- aplastarlas una y otra vez según van levantando cabeza, de diferentes maneras, estas actitudes anarcas o anarquistas que decimos.


Para librarse de la tentación de creer en que alguna forma de Poder es admisible, puede ser compatible con las posibilidades de 'vivir', 'pueblo', 'gente' y 'lo que no se sabe', es preciso, desde luego, desengañarse de las supuestas necesidades, estar bien persuadido, haber descubierto con la bastante claridad, que a la gente el Poder no le hace falta para nada -por decirlo en dos palabras-.


Os estoy preguntando, estoy consultando hasta qué punto en cada uno de vosotros este desengaño está lo bastante hondo y por tanto puede ser lo bastante eficaz. Ninguna forma de Fe (religiosa, política, financiera, lo que sea), ninguna forma de Poder a la gente -ya sabéis: pueblo-que-no-existe, pueblo que no consiste en personas ni en número  de personas- a la gente en ese sentido no le hace falta para nada. Esta es la negación de la necesidad; necesidad que todos los días os venden y que, desde luego, es lo primero (esta pérdida de Fe en la necesidad) para que lo que he llamado 'actitud' pueda ser de verdad un NO al Poder, sea una actitud anarca de veras, donde la negación esté... esté viva.


De manera que ahora me diréis hasta qué punto, escarbando un poco dentro del alma de cada uno, cada uno de vosotros se encuentra lo bastante desengañado o persuadido de esa falta de necesidad -que desde luego, todos los días os venden lo contrario ¿eh?: la necesidad de una forma de Poder-. Por tanto cualesquiera distracciones con la información que los Medios del Poder os reparten, no puede menos de ser una distracción y -aunque sea un poco melodramático decirlo- una traición; una traición a lo que no se sabe, a eso de pueblo-que-no-existe, a cualquier cosa buena que sin duda la hay, pero que no es real, que no forma parte de la Realidad. Esto por un lado (hay que añadir enseguida una prevención -que a muchos de vosotros, ya sin más, se os habrá ocurrido-) con tal de que la Anarquía, el contra-el-Poder, no se convierta a su vez en una de esas cosas que llaman 'utopías', de las que también oís hablar todos los días: es casi como una trampa y un insulto diario el que padecéis a ese respecto.


En efecto, es fácil. Es fácil, cuando se dice "A la gente el Poder no le hace falta para nada, la Fe no le hace falta para nada", ponerse inmediatamente a idear una situación en que efectivamente la gente vive de veras, la gente sin creer en nada, por tanto, puede de veras vivir un poco; en fin, cualquier otra cosa que se os ocurra formular o imaginar.


Eso es el error en el que siempre se está al borde de caer, una vez que la negación ha funcionado: convertir esa negación en una especie de imaginación que no es propiamente imaginación, sino ideación; ideación de una situación en que no lo haya, en que no haya Poder, en que no haya administración de muerte: una utopía, en ese sentido. Es preciso salvarse de esto a cada momento. Imaginar una utopía feliz, una vida de gente sin Poder, sin Fe, es tan vano como lo complementario que todos los días hacen los de arriba, que es imaginar un caos si no hubiera Poder. Eso también os lo venden a diario: si no hubiera Poder, un caos.


Por acudir -aunque ya resulta muy viejo- a maneras de pensar (que se habían hecho tradicionales): es tan vano pensar en 'los hombres buenos' de Rousseau, como pensar en 'el hombre lobo para el hombre' de Hobbes; y -dicho de una manera más limpia- es tan vano pensar en una situación en que se viva feliz  -sea quien sea-, se viva de veras, se piense libremente, no haya Fe, no haya Religión ninguna, no haya Gobierno, no haya Poder ninguno, es tan vano eso como concebir o idear lo contrario: un caos; un 'caos' que evidentemente es un 'desastre' y por tanto puede servir -como sirve- para asustaros todos los días, para aterraros con lo que arrastraría consigo una actitud anárquica de veras, aterraros con esto todos los días. Tan vano lo uno como lo otro, porque -hay que decirlo en dos palabras- lo que no se sabe, simplemente, no se sabe; y cualquier cosa que rompa eso es ya una traición al pensamiento, una traición a la razón, y por tanto, a lo que nos queda de pueblo: lo que no se sabe, simplemente, no se sabe; ni puede tener forma, ni puede tener idea ninguna. Y ya sabéis cuál es la situación en que nos encontramos: se nos costituye a cada uno dentro de la Realidad -por no decir 'nacer', aunque a veces imaginísticamente decimos eso de 'nacemos dentro de una cárcel'-, se nos costituye a cada uno y luego se nos numera a los cada unos dentro de esto a lo que llamamos Realidad -contra lo que todos los días estamos aquí intentando hablar, es decir, hacer algo-, y por tanto, ante eso, lo único que cabe es la negación: decir NO: "No hay por qué", "No es necesario", "¿A quién le hace falta eso?". Una pura negación que, como os estaba previniendo hace un poco, está siempre al borde de caer en la tentación de convertirse en algo positivo: una idea: una idea de un mundo que marchara bien -otra Realidad, cuando no hay más que ésta, en la que estamos metidos-. Tan vano -repito- como el caos que idean y que os hacen todos los días pensar en él, creer en él, y aterraros: la ideación de lo que pasaría si no. 'Si no': si no hubiera Realidad, si no hubiera caos.


Todos estos pensamientos son vanos, porque ya sabéis que cualquier cosa que se idea -la felicidad, el caos, una utopía- inmediatamente, por el hecho de idearlo, queda ya dentro, queda metido dentro y ya no sirve para nada. Esa es la situación, y es por lo que a cada momento hay que estar huyendo de ese borde de la tentación de volver a creer, aunque sea en algo tan puro, tan negativo, como lo que resultaría de decir 'NO al Poder' simplemente.


Estoy hablando pués, por la vía del NO, que es -como recordáis- propiamente lo sólo que sabe decir el pueblo-que-no-existe: decir NO al Poder. De manera que de eso es de lo que se trata, y ahora me voy a parar, antes de seguir, un momento, para -como os anunciaba- llamar a confesión, más o menos pública, consultar a las almas de los presentes en esta sesión de la tertulia respecto a cuánto llegan en cuanto al desengaño, en cuanto al descreer en que el Poder no le hace falta a la gente para nada, el descubrir que cualquiera Poder, cualquiera Poderes, no pueden tener más función que la de la administración de muerte, y las demás cosas que os he vuelto a soltar a guisa de recordatorio, antes de seguir adelante; de manera que, un ratito, espero las ocurrencias. Adelante, Mercedes.


- Bueno, yo me confieso: yo estoy en la creencia de que... estoy persuadida de que a mí no me hace falta ningún Poder, que no le encuentro ningún fundamento a la Realidad, que los fundamentos que me ofrece la Realidad son puritas mentiras, falsificaciones, una detrás de otra, pero de alguna manera me da terror, pavor, el castigo, la desobediencia; o sea, si alguna vez me atrevo a hacer algo en contra, siempre ando mirando la manera de escurrir el bulto, o sea, de que el Poder no tenga una presa, que no me cace. Y veo por ahí también gente especialmente hábil para desobedecer escurriendo el bulto; o sea, lo que yo no puedo hacer es desprenderme de ese saber de que lo tenemos ahí, y de que castiga, y de que reprime, y de que... bueno, pues eso, que dice su NO -dice su NO- al NO que le viene de abajo. Y entonces, de ese saber no me puedo desprender, o sea, de que estoy en la cárcel y de que en la cárcel hay agentes del Poder.


AGC - Ese saber que es un temor -como tú misma lo has dicho muy bien-, un saber que es un temor y del que uno, desde luego, no puede desprenderse. La culpa la tengo yo un poco, porque he planteado la cosa de una manera pública y política, sin recordar que todo esto mismo que he estado diciendo tiene, al mismo tiempo, que plantearse de una manera privada y personal.     -Vamos- ya os dije... ya os dije de paso que efectivamente la condición... la condición era no creer tampoco en las diferencias de 'persona' respecto a esto del Poder. Pero conviene insistir en ello.


Esto del Poder está en el alma de cada uno también al mismo tiempo, igual, y por tanto, la creencia en el automovilismo de uno, en que uno es el que se mueve -como el primer motor que era Dios- es otra manifestación del Poder. De manera que efectivamente, por eso os decía: 'anarco' uno no puede ni pensar en serlo, no tiene sentido: uno es real, por tanto, es un esclavo, es un súbdito, es un contribuyente. Es decir, es en definitiva, lo mismo que el Estado y que el Dinero. Había que... había que recordarlo porque si no, esto que Mercedes plantea, no se entiende bien. Si hay que insistir más en ello, ahora me lo diréis otros. En cuanto a la táctica a nivel inmediato que has enunciado, la táctica de 'escurrir el bulto', yo no tengo nada contra ella, por el contrario, pienso que en la medida que se puede, tirar la piedra y esconder la mano, está muy bien. 'Tirar la piedra y esconder la mano' está muy bien porque además es bastante verdadero. Porque si es de verdad una piedra contra el Poder... si es una piedra que acierta, como en el dicho "Como pedrada en ojo de boticario", si es una pedrada que va a donde debe... a donde debe ir, entonces efectivamente, n a d i e,  ninguna mano personal la ha tirado, porque eso no lo pueden hacer las manos de uno, ni las personas. De manera que 'escurrir el bulto' después de decir NO, después de tirar la piedra, no hay nada que decir contra ello. Es decir, lo contrario, sería pensar que uno efectivamente puede, en esta guerra contra el Poder, sacrificarse, hacerse víctima; lo cual es estúpido, porque uno es el Poder. Uno es el Poder y, por tanto, en esta guerra no tiene ningún sentido tampoco el hacerse víctima. Eso está bien para los que creen -está bien para los que creen en el Poder: está bien para los japoneses en el 44, los árabes en estos años, que crían suicidas, es decir, víctimas en aras del Poder, en aras de la Fe, como han sido siempre los mártires, bajo una Fe o bajo otra: mártires de la Fe, víctimas del Poder- está bien para ellos, por tanto para la gente no está bien, nosotros no tenemos que ver nada con eso. Y por tanto, ocasionalmente lo de intentar, después de decir NO, seguir viviendo mejor que dejarse acuchillar, pues es algo... bueno, he dicho "está bien", quiero decir que no está mal, quiero decir que da lo mismo; que no hay nada que decir, porque no tiene que ver... no tiene que ver nada con la cuestión de fondo. Esta es... De ese miedo, ni tú ni nadie, se puede librar, efectivamente: uno piensa que, dado que el Señor en cambio sí que personaliza -la policía no puede concebir un atentado que no esté promovido por personas-, dado que esto es así, porque forma parte de la Fe del Poder, el creer en el origen personal de las acciones, es bastante inevitable que cualquier forma de atentado, de negación del Orden y personalmente interpretada, pues tenga consecuencias poco agradables... poco agradables para uno, si la policía lo atrapa, o si los servidores del Señor lo cogen por su cuenta; esto es sencillamente normal, forma parte de la Realidad; no hay por qué insistir demasiado en ello, pero sí, hay que reconocerlo. No voy a volver ahora sobre lo del miedo -ya sabéis que son siempre dos contrarios: uno es el miedo del Poder, que en definitiva quiere decir 'el miedo de la muerte-siempre-futura', y que necesita Fe y que no tiene nada que ver con este temor que por lo bajo, de vez en cuando nos entra cuando nos dejamos lanzar a esta aventura de negar la Realidad, de decirle NO al Poder; lo cual efectivamente a la persona le da miedo, pero ya veis que justamente del lado contrario -justamente del lado contrario-.

[Bueno, y así estamos] y esta es la situación contradictoria que andamos metidos. ¿Qué más respecto a pérdida de Fe, desengaño, no creer en la necesidad, equiparar unos Poderes con otros, reconocer que la Fe y el Poder de por sí son simplemente 'muerte' -administración de muerte- que a la gente no le hace falta para nada? ¿Qué más? Es importante intentar calar hasta lo más hondo y cuanto más acierte uno a seguir -como ha hecho Mercedes- declarando las dificultades con que uno se tropieza para ese desengaño, más estaremos ganando en esta tertulia. No se trata de ninguna virtud de la confesión personal, sino de aprovechar lo que pasa con el alma de uno para reconocer con precisión los mecanismos... los mecanismos del Poder y de la Realidad contra los que estamos.


- Bueno, yo iba... Cuando se estaba hablando de esto, del Poder de los Estados, parece que me resulta fácil entender que ese Poder es Poder mezquino, asesino, ladrón, etc., etc.; pero cuando se trata del Poder mío sobre mí, de mi propio Poder que me costituye como persona, y está aquello de 'tirarse piedras contra su propio tejado', que no sé si viene a ser... Porque claro, si me tengo que negar, si yo tengo que decirme NO -como Poder, como persona-, pues me parece que ese es el que creo que... siempre le estoy buscando la utopía para mí.


AGC - La salvación.


- La salva-... o la salvación.


AGC - La salvación personal, sí: es muy inevitable, tanto como el... tanto como el temor ¿no?


- Decía 'la utopía' en el sentido de pensar que me voy a hacer mejor, no sé por qué. En fin.


AGC - Sí. Es importante. El ejercicio de reconocer que uno es un poco facha, es un ejercicio elemental. Si alguien... si alguien es absolutamente incapaz de reconocer esto, por lo menos de vez en cuando, y [...mente] entonces no hay nada que hacer; es efectivamente un ejercicio sumamente elemental: uno es siempre un poco facha, como cualquier forma de Poder; y uno lo puede... lo puede reconocer en sus tratos con los demás, en sus tratos consigo mismo, en sus maneras de habérselas con los medios del Poder, en sus maneras de aceptar más o menos la Fe que le imponen y que le venden todos los días; no es nada difícil, y efectivamente es casi inevitable reconocerlo: uno es así, uno es real, uno forma parte de la Realidad, y la Realidad es esto contra lo que estamos luchando. Pero, más, más sobre esto todavía.


- Bueno, yo quería... yo quería decir algo que sucede en [todas las cosas] de hoy en día, sobre todo eso de la memoria [] y entiendo que hay... que el Poder es muy benévolo: el Poder es benévolo y... incluso tiene razón; y tiene un pensamiento correcto que no es cuestionable, porque evidentemente, cuando nosotros decimos –así, libremente decimos- "Todos cometieron faltas, todos agredieron y todos se pasaron": no: eso no es verdad. Eso no es verdad. No es verdad porque hay unos que sí que se sabe que cometieron alguna causa general, de unos juicios, se les procedió a ejecutar; pero yo no sé [el equivalente] de ningún franquista que jamás hiciera algo malo y que fuera condenado por ello, perseguido por la Ley, etc., etc. Evidentemente lo que es cierto es que la benevolencia del Poder admite que a pesar de todo, ellos también cometieron errores, que nunca los han reconocido, pero que los han cometido. Sí, sí. No, no: es que...


AGC - No. Estás simplificando un poco, Jaime, porque la verdad es que parte del Poder -y efectivamente, sobre todo, de la forma más perfecta de Poder que padecemos, la Democracia, la más mortífera de todas- parte, consiste en ese reconocimiento: castigan de vez en cuando: castigan de vez en cuando a los trasgresores; claro que eran del antiguo Régimen o, peor todavía, eran señores anormales entre los funcionarios; eran anormales en el sentido de que se dedicaron de una manera un poco, no digo egoísta, sino anacrónica, a aprovecharse de los fondos públicos, de la comisión y tal. Eso lo hacen de vez en cuando; no es tan... no es tan exigente el Poder.


- Por ejemplo que haya habido tales desmanes en una parte y en otra, no lo reconocen de hecho y en sus procedimientos, lo reconocen como una cosa teórica, como un planteamiento de política correcta, pero no pasan de ahí.


AGC - Bueno. Llegan, llegan a tomar ciertas medidas. Con respecto, por ejemplo, a los crímenes de la guerra civil en los dos lados, lo tienen bastante fácil, porque 'en la guerra civil' quiere decir 'setenta años': eso ya era otro Régimen; ahí lo tienen bastante fácil ¿no?, no es muy distinto de intentar reconocer los crímenes que cometió Julio César en el  siglo I antes de Cristo ¿no?, cosa que es igualmente... igualmente fácil ¿no? Lo que más... lo que más importa es esa otra forma de castigo de los malvados que te decía: que, dentro del funcionariado actual, también tienen que buscarse casos anómalos, excepcionales, para que se piense que lo general -el funcionariado en general- no hace esas cosas, ni malversaciones, ni egoísmos, ni nada: eso forma parte ya de la esencia del Poder también necesariamente. Sí.


- Si puede decirse que la operación del Poder es saber lo que no se sabe, lo que pasaba y no se sabía lo que era, y que esa operación es una operación fundamental del lenguaje, que se hace con los significados y los cuantificadores... Bueno, yo no sé 'la gente' lo que es, pero 'la gente' parece que está muy relacionada con eso del lenguaje. Podemos decir, a lo mejor, que 'gente' es lo que habla. Y entonces, en ese sentido, casi parece necesario...


AGC - Es decir, sin olvidarse de que las cosas también hablan. Para no ponernos en plan humano y pensar que el hombre es la medida de todas las cosas. Perdón, adelante.


- Entonces, en ese sentido, casi sí parece necesario que para la gente haya un Poder, pasando por eso de que "istrumento del Poder fundamental es el lenguaje".


AGC - 'Las palabras con significado' -que es lo que he llamado 'ideas' y contra lo que he estao diciendo del peligro costante de que hasta las utopías pretendidas dejen caer la negación y se conviertan en ideas-; pero sobre eso vamos a volver, porque eso tiene que ver con lo que ya el otro día, Mercedes sacaba respecto a la vuelta sobre los ideales, y tengo... tengo ahora entre manos intentar sacar eso, en cuanto me soltéis un par de confesiones respecto al desengaño del Poder.


- A ver: por ejemplo, yendo a una cosa muy concreta: hay situaciones, claras, en que uno tiene mucho Poder: por ejemplo yo soy profesora: está clarísimo que tengo mucho Poder; y entonces, hablando del desengaño, bueno, yo tengo mucho Poder, porque es que es una situación reproductiva el que uno esté investido de Poder [] unos adolescentes, o lo que sea. Entonces ¿qué hace uno?: ¿renuncia a ese Poder, o lo usa de determinada manera? Es decir, ahí, yo sí que he tenido un desengaño, porque en el sentido de decir "bueno, renuncio a ese Poder", no es verdad, es que no puedo renunciar. No se puede: es que lo tienes. Entonces no tengo ninguna respuesta.


AGC - No: es así: ni la hay. Lo que he dicho de 'la persona' en  general, que es real, y que por tanto nunca puede decir de verdad NO -de una manera pura-, se dice de cualquier funcionario: de un enseñante, por ejemplo. Como yo también lo he sido durante muchos años, yo personalmente me debatía  con ese mismo problema, una vez y otra, lo más que podía hacer -mientras no se me daba (no se me dio) la ocasión gloriosa de renunciar por la fuerza a la cátedra- mientras no podía hacer eso, lo que hacía era ponerme a buscar trucos ¿no?, como decir "No examino", a ver qué pasa: ganarme -por ejemplo- la inquina de todos los colegas, más o menos, que me rodeaban y que veían que eso no se podía hacer. Pero eso no era de verdad renunciar al Poder. Eso no era renunciar al Poder -lo uno va con lo otro-. Incluso hay que añadir que cuando uno tiene la suerte de que le hacen renunciar de verdad a su puesto, sea el que sea, dentro del orden social, todavía queda; todavía queda –pues- la entidad familiar, la entidad personal de uno, la entidad nacional de uno, para seguir dando la lata ¿no? La guerra es interminable y, desde luego -otra vez- uno personalmente nunca puede ser un anarco, lo cual no tiene por qué desanimar de que la actitud -la única actitud que cabe- sea la de decir NO al Poder: que la actitud sea anárquica sin remisión.


- Sí. Pero tú mismo decías el otro día que desde dentro de casa sólo se pueden hacer reformas, como mucho. Quiero decir que incluso dentro del cuerpo docente, una actitud así "Yo no examino", es casi como diríamos el adorno, es una cosa que no tiene demasiada importancia, porque yo incluso, me he encontrado a veces que cuando he querido dar un aprobado general -porque... por esto ¿no?, por esto de la desconfianza del Poder-, pues he tenido reclamaciones por parte de los propios alumnos, de que... de agravios comparativos: que ellos querían nota y que no podía ser eso de aprobar a todo el mundo, porque unos trabajaban y otros no. Y esto está solicitao desde abajo, de eso que pudiera haber todavía de miembros formados.


AGC - No, no. No desde abajo.


- De menos formados -quiero decir-.


AGC - No vayas a creerte ahora que tus alumnos no son personas.


- No, no: pero que quiero decir que dentro de casa no se pueden hacer más que reformas. No se puede tirar la casa.


AGC - De la poca importancia y las dudas de esto ya he hablado yo mismo, de manera que no hay por qué insistir en ello. Y desde luego, lo que no puede sorprenderte nunca es que los que se suponen 'gente baja', sometidos -por ejemplo, en vuestro caso, alumnos-, que no tienen nada que ver con eso 'pueblo-que-no-existe', porque son personas, y por tanto, igual que los demás, no puede sorprender nunca que ellos mismos reclamen las cadenas, que de vez en cuando digan -una y otra vez, 'las personas' que nos quieren confundir con 'pueblo'- digan "vivan las cadenas" ¿no?: es que, efectivamente, a las personas como personas, igual que los automóviles, les hacen falta un orden: que puedan fácilmente reparar sus oficios, encontrar sus vías y todo lo demás. Eso a nadie le puede sorprender.


- Entonces, si eso es así, ¿qué sentido tiene que una parte del Poder quiera hacer reforma?


AGC - La actitud es anárquica: nadie es anárquico, pero la actitud de esto que nos quede todavía vivo, ésa no puede ser más que anárquica, no puede ser más que el NO, el NO al Poder.


- No, pero... Perdón: yo sí le veo fundamento, es decir, o le veo sentido o tal: porque algo siempre mueve; o sea, quiero decir que...


AGC - Sí, pero no se sabe. No se sabe qué. Sí, se hace por si acaso. Se hace por si acaso, y sobre todo porque es inaguantable lo contrario. ¿Para qué?, ¿para qué engañarnos?: no tiene mucha importancia: efectivamente, en algún caso -mío, lo que recuerdo bien- llega un momento que se hace inaguantable lo contrario, es decir, seguir sirviendo fielmente. Se [] a hacer cualquier cosa, porque todavía no eres capaz del todo de desnudarte de tu función, de tu cargo; haces cualquier cosa que no sea el seguir haciendo lo que está mandado estrictamente. Pero -vamos- cosas efectivamente que no montan mucho. No toca al problema que estoy presentando.


- Yo oscilo... Es decir, con respecto a la necesidad del Poder, yo oscilo entre dos o tres situaciones que parece que no son exactamente equivalentes; es decir, unas veces me resulta totalmente claro que el Poder está estorbando lo que pudiera ser -que vete a saber qué podría ser aquello-, y otras veces simplemente me quedo con una cosa formal: que no veo evidencia de la necesidad -pero claro, que no es lo mismo que decir "No es necesario"-. Es decir, yo, no se me alcanza en todo lo que he mirao -y mira que he mirao mucho- a ver nada que haga..., es decir, de lo cual se deduzca que el Poder es necesario. Claro, y esa posición es un poquitín -me da la impresión- más suave ¿no?: es decir, una cosa es no ver evidencia -así a secas-, pero que te quedas casi a ver -que puedes quedarte con la duda de si Doctores tiene la Iglesia, que sí que la ve; o que si tú no ves evidencia, pero bueno, no se te alcanza en tus pocas entendederas, y ahí ve-. Es decir, y a darte cuenta de que no es... es decir, de que hay evidencia de lo contrario, de que está estorbando. Es decir, entonces hay ahí... ahí veo dos cosas que están muy cercanas...


AGC - No: no en todas las ocasiones uno -o lo que a uno le quede de vivo- puede sentirse herido de una manera igual de penetrante -es evidente-. Pero igual que el otro día respecto a que no se podía distinguir entre Poder romano, islámico, egipcio o judaico, o lo que sea, porque eso pierde tiempo, hay que decir respecto a esto: cualquier cosa que el Poder hace y llega desde arriba, si no hiere a uno es porque anda un poco distraído, pero debía herirle lo mismo. Por ejemplo, hablando -puesto que estabas... seguimos estando entre enseñantes-... efectivamente tú puedes ver que una determinada legislación -lo mismo si es estatal que si son los trámites que el Comité del Rector de una Universidad se ha inventao-, positivamente, inmediatamente, supone un estorbo para que se pueda hacer nada bueno. Eso lo puedes sentir, supongo que a casos como esos te refieres cuando...


- Cuando sueltan la puñalada se nota enseguida. En el momento que está fresca la herida se nota enseguida.


AGC - Pero el solo hecho de que a un profesor cualquiera, a un funcionario o a un soldado, o a quien sea, le hagan leerse -o un político- o ver por Internet un cacho de una serie de disposiciones que ni entiende, ni se ve que sirvan para nada, y que no pueden hacer de primeras ni bien ni mal, pero el solo hecho que te hayan metido eso encima, eso ya está matando, eso es matar. Eso es matar, y si uno no lo siente... no lo siente con la misma intensidad, pues es natural, [lo tratará] de distraído; pero nada de lo que pueda venir de arriba -aunque parezca que es una mera distracción- no está haciendo el mismo servicio: no, los programas televisivos –alguien puede ponerse a distinguir entre lo que es mortífero y, como dicen, tele basura, y otra cosa que son como los informativos y cosas de ésas: falsas distinciones que no hacen más que distraer respecto a la evidencia de lo que es el Poder y lo que son sus medios- no hacen más que distraer, una especie de traición respecto a eso. Todo lo dicho no quita -porque ya creo que el otro día salió- para que uno pueda decir que hay grados en cierto sentido, que hay formas de Poder más mortíferas que otras: eso es así, pero esto no puede nunca distraer al NO que dice NO al Poder sin más: nunca debe distraer.

Efectivamente es una proporción; una proporción pura y simple: en efecto, no todos los Poderes hacen igual de mal, no todos los Poderes administran tanta muerte en verdad: exactamente cuanto más, más: más manda ser distraído. Es la única diferencia. Cuanto más el Poder es fuerte, cuanto más seguro de sí mismo, cuanto la Fe es más invasora y más incontestada, en fin, cuanto el Poder es más firme, más seguro y más poderoso, efectivamente, mata más, hace más muerte, administra más. Pero con esa pura diferencia de grado, que como veis, efectivamente nunca puede distraer, nunca puede distraer del decir NO al Poder sin más, sea cual sea, caiga quien caiga.


Bueno, pues vamos a seguir entonces un poco, volviendo -como en alguna de las intervenciones del otro día y de hoy ya parece que se pedía- sobre esta imaginación -que por lo mismo que tiene de imagen es peligrosa de que se convierta en idea- esta imaginación que nos traemos, que consiste en reconocer que, puesto que las cosas no son todas las que son, la Realidad no es todo lo que hay, continuamente están y estamos cayendo en lo otro, en lo que no es Realidad, en lo que no existe, en lo que no se sabe. Esto -como veís- nuestro propio idioma nos obliga a decirlo así, imaginísticamente, y por tanto ese es el peligro que trato aquí de... en este rato, tratar de soslayaros. Es verdad, sí, el reconocimiento es el descubrimiento, pero no hay que olvidar nunca que verdad es justamente lo que no se sabe, porque lo que se sabe es meramente Realidad, existencia, está hecho de ideas.


El otro día se me ocurría deciros que la idiocia general, la imposición de ideas acerca de Realidad, de mundo, de universos, que reina, consistía, en cierto modo, en falta de imaginación, dándole a la imaginación eso que Santa Teresa decía: la condición de loca de la casa -la loca de la casa-. Esta imaginación loca de la casa, es una imaginación que nunca podría dar lugar a ideas, a hacer que las

[....... corte grabación cinta ........]


... porque casi no hay más remedio y es menos malo que otros procedimientos, pero eso es usando la metáfora tópica de 'arriba y abajo' para la distinción: sabemos que, por un lado, está 'arriba' (el sitio de Dios, el sitio del Poder, el sitio de los demás medios -las Leyes, y todo lo demás-) está 'arriba' lo que llamamos Realidad, las cosas, -las cosas simplemente, con las personas incluidas, claro, que son un mero tipo de cosas- que consisten (como hemos repetido ya mil veces) en la colaboración del significado de la palabra –que [es dar] nombre en un idioma cualquiera, sea el que sea, incluso aunque sea un idioma no humano, da igual- la colaboración entre eso con los cuantificadores; con los cuantificadores que, en principio, pueden ser simplemente 'algunos', 'unos cuantos', 'más acá que allá', etcétera          -cuantificadores-. [] es que sin ideas y cuantificadores no hay Realidad: cualquier Realidad está hecha por la necesaria colaboración entre ambas cosas, de manera que [] para que se puedan contar ovejas, la primera condición es que cada oveja sea lo mismo que cualquier otra: sea 'oveja'     -esto quiere decir 'significado' o 'idea'-; y al mismo tiempo, para que esto se pueda establecer hace falta que haya, si no noventa y siete ovejas, por lo menos unas cuantas -unas cuantas- con un cuantificador indefinido: 'unas cuantas'.


Bueno, esto es volveros a recordar cómo es... cómo son las cosas; pero todo esto está regido efectivamente y no puede menos que estarlo, por ideales, unos entes ideales que son irrealizables como cosas (que no se pueden confundir con cosas) pero que las rigen en el sentido de que costituyen como su aspiración a un fin. La Realidad es un conjunto no cerrado, es por tanto, un embrollo de cosas malamente definidas, que en ningún idioma pueden encontrar una definición exacta; así es como es, pero costantemente aspira a la definición, al fin, que es la muerte. Y este fin o definición es uno de los entes ideales que he dicho. 'Todo' -o 'todos'-, irrealizable; 'nada', irrealizable; y los números cardinales mismos de la serie, como el límite según os presentaba el ejemplo de la exactitud, de lo 'sí o no', sin ninguna transigencia con el 'unos cuantos' o el 'más o menos'. Todos estos entes ideales y algunos otros que no tengo por qué recordaros, son necesarios para la costitución de la Realidad. Un tipo de cosa como es 'uno mismo, personalmente' no podría de ninguna manera ser esa cosa o persona, no podría existir, sin la presencia de un ideal -entre otros-; uno de los ideales es su propia... su propia Realidad perpetua, su inmortalidad, su salvación. La condición antes que todo de ser 'uno', único y singular, una cosa estúpida, que nadie podría creer, pero que todo el mundo cree: que uno, efectivamente es uno, sólo, único y singular; y que, por ejemplo, le hablan de las desgracias o de las muertes ajenas, que son ajenas, y el caso de uno es siempre excepcional, uno no entra en esa cuenta. Esta es otra de las... otra de las apariciones de eso a lo que llamo 'ideales'.


[Pues ya paro, con eso que es arriba], en dos palabras, y luego ya, los días que podamos habrá que volver sobre ello. 'Abajo', es decir, donde todo esto, con nosotros incluidos, está continuamente hundiéndose, perdiéndose y cayendo, hay algo que no es 'nada' ni es 'todo', hay algo que es la verdad; la verdad que se manifiesta de la manera más inmediata en 'ahora' que tiene la virtud de que en cuanto se dice, ya no es 'ahora'; y que de otras maneras se puede... se puede aludir a ello como eso: como lo sinfín, y lo demás. Lo que no se sabe: la verdad que no se sabe, en lo que continuamente estamos hundiéndonos, arriesgándonos a descubrir.


Bueno, pues a lo que iba es a esto: sería inconcebible que, entre lo uno y lo otro, hubiera una especie de ente parecido a como los límites o diferencias que se establecen dentro de la Realidad. Si uno... si uno pensara que entre la Realidad y aquello verdadero en lo que cae, hay una especie de límite, está tratando de reducir a Realidad aquello en lo que la Realidad cae, intenta hacer [del 'ahora'] algo positivo. Eso no tiene sentido, el límite es inconcebible como tal límite: en lo que he dicho de 'ahora' está representado.


Entonces, siguiendo con una presentación imaginística y, por tanto, peligrosa, llamada a deshacerse a cada momento a beneficio de inventario, hay que decir que entre lo uno y lo otro más bien hay que suponer -imaginar, en este sentido- como intermedios; para evitar el límite en esta [presentación] imaginística, no queda más que eso: lo fluctuante, la imaginación, los intermedios, lo que no se sabe si sí o si no, lo que no sabe si ya se ha convertido del todo real, cayen-... en algo real, cayendo bajo los ideales y los números exactos, o si todavía no ha llegado a tanto, pero desde luego, al mismo tiempo ha empezado a dejar de ser verdad y a intentar convertirse en algo, de alguna manera práctica: que no haya una región intermedia en que no haya propiamente cosa (porque para eso hace falta ideal), ni –apenas hay que añadirlo- movimiento, en el sentido de los móviles reales, ni cosas por el estilo, pero que no sea una pura negación de la Realidad, en lo que la Realidad está cayendo. A algo de esto nos hemos asomado, en algunas ocasiones, por ejemplo, al reconocer que antes del establecimiento de los números –“antes” entre comillas: éste es el peligro de cualquier presentación imaginaria- 'antes', 'lógicamente antes', del establecimiento de los números, que establecen y tratan costantemente de establecer con exactitud las cosas y el ser de cada uno, ha debido producirse cosas como eso: cosas que no son cosas, como eso a lo que aluden las palabras como 'ritmo'. Reconocer que 'ritmo' es antes -lógicamente- que los números, es una manera de asomarse a esa situación indecisa, intermedia, que nos vemos obligados a... que nos vemos obligados a reconocer.


Ya os lo he presentado más de una vez, es una situación en que 'ta-tá ta-tá ta-tá', no es lo mismo que 'ta-ta-tá ta-ta-tá' (lo pongo un poco grosero y simple, pero es que si no, a lo mejor nos perdemos mucho), una situación así. No es la situación propiamente real, porque en la situación propiamente real pues ya está establecida la serie de los números, efectivamente dos por tres es lo mismo que tres por dos ('ta-tá ta-tá ta-tá' es lo mismo que 'ta-ta-tá, ta-ta-tá'). Pero por debajo de eso seguimos sabiendo que no es verdad, que no es lo mismo 'ta-tá ta-tá ta-tá' que 'ta-ta-tá ta-ta-tá'. Pues eso es algo a lo que (de una manera muy elemental, algo de esta situación) a la que... en la que [enseguida entraremos].


Bueno, antes de, por mi parte, sacar más de esto, os voy a dejar el poco rato que nos quede, que me digáis hasta qué punto estáis siguiendo, sintiendo, esto que digo, o cuáles son las dificultades que se presentan respecto a la relación entre lo que existe y lo que no, y la consecuencia –[más o menos] necesaria- de reconocer regiones indecisas -regiones indecisas-. Sí, perdona, que no sé si antes había incierto el primero o la primera. Sí.


- Que ¿se puede pensar... se puede pensar en -haciendo tal vez algo de  imaginación- que hay una Realidad sin ideales propiamente dichos?


AGC - No.


- No sin ideas de cosas, sino sin los ideales estos -digamos...


AGC - Es una pregunta que una y otra vez se presenta, pero no puede ser. La Realidad es lo mismo que el vocabulario de palabras semánticas de un idioma cualquiera; esto es otro principio del método que conviene siempre  tener presente: una Realidad es lo mismo que el vocabulario semántico de un idioma cualquiera -el vocabulario de palabras con significado de un idioma cualquiera, no la lengua-. Efectivamente, en ningún idioma las palabras con significado son un número de palabras -ningún diccionario podría estar nunca cerrado-, ni cada palabra está nunca bien definida. Eso [] el intentar la definición de una palabra de un idioma cualquiera, lleva una serie interminable, no puede en un número finito de palabras -del propio idioma o de otro- llegarse a la definición de la más elemental de las cosas que conocemos, como 'madera', 'perro', no se puede; pero la aspiración a la definición es enteramente indispensable, sin esa, ninguna de las Realidades de ningún idioma se podría entender. Es mentira, pero aspira costantemente a que sea verdad. Nunca es verdad que -nunca puede ser verdad- que una rosa sea una rosa o una estrella, una estrella; pero, para que la Realidad se sostenga hay que aceptar la mentira de que sí lo es. Y sin esa mentira, pues no hay Realidad. Es una manera de ver la necesidad de la mentira para la Realidad; otras veces lo descubrimos al revés: la Realidad es esencialmente falsa. [La Realidad es así]; y desde luego para que haya una mentira, pues tiene que haber la pretensión de que sea verdad, si no, no hay manera de descubrir... no hay manera de descubrir esa mentira. Esto es lo que hace necesario la introducción de los entes ideales en cualquier forma de Realidad. No, no es verdad que una cosa es verdad, pero esto sólo lo descubrimos gracias a que hemos percibido la pretensión, la imposición de que sí, de que sea... de que sea verdad.


Esto, por referirme a una Realidad de un... representada en un idioma cualquiera: ya sabéis que esto se puede generalizar para las Realidades cualesquiera en cualesquiera idiomas, y entonces conviene verlos con respecto a lo otro. ¿Qué más?


- Que si hubiera... hubiera una confrontación entre el individuo y la Realidad, y el Poder decidiera eliminar a ese individuo, quitándole todo tipo de prebendas, de trabajo, de titulación, de elementos académicos y sociales o [graduaciones] -lo que fuera: todo-, resultaría que eso sería absolutamente estéril, desde el punto de vista del Poder y desde el punto de vista del individuo, porque el individuo cada vez se fortalecería más como persona, sería más fuerte, y entonces, con que simplemente le acompañara la otra [condición] de Dios, la identidad del Dinero, daría exactamente lo mismo, pasara lo que pasara, con que siguiera conservando su identidad personal, su personalidad jurídica de miembro de esa Sociedad, y que conservara su Fe en Dios y su apoyo... Y le daría lo mismo que no fuera... que incluso le aplicaran la Ley de vagos y maleantes, o le aplicaran cualquier Ley onerosa dedicada simplemente a descalificarlo socialmente.


AGC - Sí, en la Literatura nos cuentan todavía procedimientos que el Poder ha empleado: dices que al Poder no le serviría para nada, es verdad, pero eso no le priva de seguir practicando esa privación de hecho, esa anulación, reducción a vagos y maleantes, o esos procedimientos de encerrarlo en una bóveda completamente oscura, dejarlo absolutamente privado de comunicación, privarlo de la sensación del tiempo que ha pasado, del cómputo del tiempo que es tan esencial; todo eso se nos cuenta en historias, literatura por todas partes. Efectivamente eso no tiene mucho sentido, porque un individuo cualquiera es real, mientras le quede cualquier forma –como has dicho- de Fe, de creencia en sí misma, sigue siendo real y cuando muere      -cuando ha muerto- se ha vuelto más real: en ese sentido del procedimiento. Pero claro, no hay que olvidar que eso son los individuos, las personas, eso no tiene que ver nada conmigo de verdad, yo-no-muero-nunca, y el Poder no puede hacer más que lo que puede hacer el Poder: el Poder no puede hacer más que lo que está dentro de las posibilidades que el propio Poder ha establecido como posibles: no puede hacer nada; no puede hacer nada contra lo sinfín, no puede hacer nada contra mí cuando no soy nadie del ser; no ser nadie me priva automáticamente de toda muerte futura, porque eso me exime de eso, me exime de todo Poder, [] de persona -claro-.


- Preguntaba ¿si hay un... si es paralelo estas dos ilusiones: la de la Realidad que pretende ser todo lo que hay, y lo del nombre que pretende ser toda la cosa?


AGC - ¿"Lo del"?


- El nombre que pretende ser todo cosa, toda la cosa.

AGC – No sé si te sigo.

- Es decir, que la rosa sea efectivamente la rosa; que la casa sea la casa; que padre sea padre, que patria sea patria. ¿Esa ilusión es la misma que la otra?
 

AGC - Es la misma.


- Pero son, las ilusiones... pero hay un convenio que rige en ambas de hacer como que eso hay que creérselo, en un caso y en el otro.


AGC - Sí. Es -como he dicho antes, de la manera que creo más precisa- la necesaria aspiración al fin, a la definición.


- Pero entonces, sería inútil cualquier intento de disolución de esa primera ilusión de que la Realidad no es todo lo que hay: sí: es que la Realidad es todo lo que hay: sería inútil esa... cualquier intento, eso si no se hace a su vez con lo otro.


AGC - Con cada cosa y cada persona...


- Pero respecto al lenguaje mismo.


AGC - Cuando he dicho cómo, para contar ovejas, lo primero es que todas sean la misma, y por el otro lado, para conseguir que todas sean la misma, hay que tener Fe.


- Sí, pero en la guerra cotidiana del aunar mismo, ¿cómo puedes estar costantemente inevitando esa ilusión del propio lenguaje?: si no podría ser.


AGC - Pues se puede, se puede: porque es lo que estamos haciendo aquí.


- No, pero si no es cosa...


AGC - Yo no sé cómo se hace, pero se puede.


- Acabaría uno paranoico.


AGC - Se puede, porque...


- Pero acabaría uno paranoico perdido, sería como miércoles todos los días.


AGC - Se puede porque las posibilidades están abiertas, son sin fin, y cualquier delimitación de posibilidades pertenece al Poder...


- Pero tú intenta que fuera miércoles todos los días.


AGC - Pertenece al Poder que no puede hacer nada más que lo posible. De manera que no te molestes mucho en averiguar cómo se hace, sino más bien, en dejar que se haga mientras se pueda.


- Sí, pero tendría que hacer a ratos sólo, sería imposible que fuera una acción continua.


- Malamente enlazando con esto, yo me confieso traidora, leo periódicos de vez en cuando, [veo el telediario] un poco para ver... necesitando tirar de nuevo la Realidad, ver de nuevo, a través de esas informaciones, de esas noticias, que nuevamente me confirmo que la Realidad es mentirosa, porque no puede dar toda la información, porque es imposible que pueda contarme qué es lo que pasa por ejemplo en Líbano o aquí mismo con la M-30 ó con las obras...


AGC - Sí, sí. Y añade esto: y que si te cuentan una cosa parcial, por el mismo hecho de haberla seleccionao, ya están mintiendo.
 

- Necesito seguir manteniendo mi creencia, mi falta de Fe en el Poder a base de mirar, de leerme (si no cada día, sí siempre que puedo) esa prensa.


AGC – No. No: otro procedimiento es... es lo que decíamos el otro día: eso es 'sentir la desgracia', las ajenas, []: es lo que no se hace. Sentir la desgracia es un procedimiento eficaz, que lleva a la negación; si no... si... Lo mismo que antes he dicho de la imaginación 'loca de la casa', digo lo de la compasión: si no se produce eso, si no se produce que, en lugar de recibir información de las desgracias, resulta que se sienten, si eso no se produce, no hay nada que hacer tampoco.


- Entonces la imaginación no podría hacer como decían los situacionistas, nunca puede ir al Poder. "La imaginación al Poder" era la frase...


AGC - Sí. Era una manera de decir -más o menos hábil-...


- Sería una contradicción...


AGC - Es una manera más o menos hábil de decir NO al Poder. No la critico demasiado, porque la propia...


- No: porque no decían 'la imaginación NO al Poder', decían "La imaginación al Poder".


AGC - Porque la propia imposibilidad de la pretensión afirmativa, se vuelve una negación: no la critico demasiado. Y como veo que no...   A ver.


- En la imaginación ésta de 'arriba' y 'abajo', no entiendo bien cómo quedan colocados lo de los ideales, las ideas, las cosas, los intermedios fluctuantes, porque...


AGC - Eso es otra cosa. Lo que estoy planteando es este descubrimiento -en el que [hace unos días metidos]- de que, una vez que uno ha encontrado formular lo de la caída de la Realidad continuamente en lo que no existe, uno se ve obligado al -por [el creer] reconocer...  reconocer un límite de sí o no, de sí o no []- a algo como zonas indecisas, intermedias...


- Y eso ¿no es la Realidad misma?: una zona en la que nunca las cosas... o sea, las cosas nunca son exactamente lo que son...


AGC - Claro.


- ... o lo que pretenden ser, nunca están del todo contadas.


AGC - No. No es la Realidad misma: el ejemplo es: para que 'ta-ta-tá, ta-ta-tá' sea seis, hace falta otra operación. Hace falta otra operación, de manera que no se puede decir propiamente que sea la Realidad bien... bien costituida.


Pero se nos ha hecho muy tarde y estoy sintiendo que algunos -tal vez yo mismo- estamos un poco cansaos, de manera que vamos a cortar, para entrar en esto de las situaciones indecisas, que espero que, si nos deja vivos -o lo que sea- el Señor, me lo recordaréis el día que viene, dentro de siete días. De manera que con eso nos...


- Que había una otra voz por ahí.


AGC - ¡Ah!, bueno, bueno. No te había visto.


- Para ver si... para ver si he entendido el planteamiento: yo he entendido algo así como que el Poder sería el instrumento que la Realidad tiene para ejercer su voluntad de muerte sobre el mundo y que el mundo es algo así como la vida y la libertad...


AGC - Bueno. Lo has dicho muy personalmente, pero lo que quiere decir... es decir, el Poder, efectivamente, necesita una idea de la Realidad; la Realidad es por tanto lo mismo que el Poder, y eso es administración de muerte, que no es lo mismo que 'voluntad' ni nada de eso: administración.


- "Administración", cambiamos voluntad por administración.


AGC - No, no: es que es lo que hemos dicho.


- Pero... pero entonces no es... se podría incluso decir al contrario, que es el Poder que usa la Realidad como instrumento.


AGC - No: es que la Realidad y el Poder están...


- Están lo mismo.


AGC - Están enlazados de la manera que he dicho, empleando la palabra 'Fe': no hay Poder sin Fe, y no hay Realidad sin Fe, y por tanto, no conviene que establezcas entre ellos relaciones como si fueran cosas muy distintas. Había también otra palabra ¿no? A ver.


 Sí, pero...No sé [] una duda...


AGC - Fuerte, fuerte, que no te oyen.


- No termino de aclarar muy bien... de aclararme muy bien con lo que dices, porque el Poder administra muerte ¿sobre qué?


AGC - Sobre lo vivo.


- "Sobre lo vivo", pero ¿qué...?


AGC - Y lo vivo es lo que no se sabe.


- Pero, entonces, ¿lo que se sabe mata...?


AGC - Lo que se sabe es muerte.


- ¿... lo que se sabe mata a lo que no se sabe?


AGC - Eso. El saber es lo mismo que el Poder. Lo que decía de la Fe.


- ¿Mata... mata a lo que  no se sabe?


AGC - A lo que no se sabe. Lo que no existe pero lo hay.


- ¿Y lo puede matar?


AGC - Y si lo convierte en cosas, en personas, lo mata. Lo mata, eso es la administración; eso es la administración de muerte, en eso consiste.


- No me cabe en la cabeza que lo que se sabe mate a lo que no... que lo que no se sabe pueda morir.


AGC - Lo que no se sabe no puede morir.


- ¿Entonces?


AGC - Yo no muero nunca. La manera de matarlo es saberlo. Lo que no se sabe, mientras no se sabe, no puede morir. En ese sentido yo-que-no-soy-nadie, yo no muero nunca. La manera de matarlo es saberlo. Convertirlo en algo positivo -lo que he estao denunciando todo el rato- convertirlo en una Realidad, entonces ya que estamos en el camino de la administración de muerte. Bueno, pues si no se opone demasiao el Señor, dentro de siete días seguimos con todo esto.

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