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Tertulia Política número 342 (18 de Julio de 2012)

Tertulia Política número 342 (18 de Julio de 2012)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid



tertu-342
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  • Recordatorio del sentido que los descubrimientos acerca de número, cuantía, significado, tienen en la política más inmediata.
  • Introducción de esos descubrimientos con respecto a los índices fundamentales o maneras de hablar, “hay” y “es”.
  • La tertulia política, ni a favor de la cuantía indefinida en que las cosas se estarían deshaciendo, ni a favor de que las cosas sean lo que son.
  • La cuestión de las dimensiones en el mundo real, donde ya están los números metidos.

Trascripción corregida

TRANSCRIPCION:

 

Bueno, pues vamos a ver si nos dejan, a pesar de todos los pesares, avanzar un poco en esta guerra.  Tocaba, como algunos de vosotros tal vez tengan presente, ir a parar en este tratamiento de las cuestiones lógicas elementales (la identidad, el A=A y demás), ir a parar desde ahí a lo que parece que se le opone más netamente, que son los cuantos, la cuantificación; los cuantos indefinidos, la cuantía bruta, en contraposición con los entes ideales, que representan la cuantificación esacta, los números, los números naturales o racionales, como se puede decir....... De manera que para entrar en esto desearía prepararos un poco y que me dijerais las dificultades previas que ocurren.

En gran parte por culpa mía os he venido acostumbrando a cambiar la manera de.......digamos “imaginar”, aunque aquí imaginación propiamente no cabe, pero “imaginar la realidad”, la existencia, esto en lo que estamos metidos, como manera de evitar que os sigan engañando como a cada paso lo hacen, no solo los Medios sino también la divulgación científica, que querría seguir haciéndoos pensar la Realidad o como Todo (que eso sería lo mejor para el Señor que ordena “Todo”), o por lo menos en el Centro, en una posición como la que suele presentárseos cuando os hablan de el Universo o de cosas por el estilo como equivalentes de la Realidad.  En contra de ello muchos meses llevamos ya tratando de romper esa imaginación, inevitablemente cambiándola por otra hasta cierto punto, que sería una imaginación que está más allá del pensamiento, lo cual de por sí no tiene sentido, pero con la cual parece que nos veníamos arreglando; ésta es la que os recuerdo: no se puede concebir la realidad o existencia sino como una lucha, como una contradicción; porque cualquier otra manera de concebirla ya la está metiendo dentro, la está haciendo presta para la concepción científica vulgarizada.  No se puede concebir más que como una contradicción, como una guerra.

Esto viene a continuación de ese desengaño primero de que la Realidad no es todo lo que hay.  Naturalmente, cuando entonces se dice “imaginémosla como una contradicción”, esto ha de ser entre lo uno y lo otro, esto ha de ser entre un reino superior, al que aludimos a veces como reino de Dios matemático, el ideal de las cosas perfectas, que son lo que son, según las tentativas de identidad que los primeros días estuvimos tratando: que son como son, ni más ni menos, ya recordáis: el Ideal de “lo que es lo que es ES lo que es lo que es”.  He visto un poco por alto en algunas de las hojas que se reparten con motivo de esto que hasta una frase tan simple, tan castellana como esta, para algunos de vosotros, o de ellos, resulta difícil: “lo que es lo que es ES lo que es lo que es”, esto es castellano; el Ser es filosófico, teológico, pero esa frase es castellano.  Pues la guerra se da entre eso, la esactitud perfecta, el fin, cerrado por todas partes, y también el sitio desde donde se dice “todo”, o “todos”, “todas las cosas”, desde donde se dice “nada”, desde donde se dice “uno”, “uno y nada más que uno”...........  Ése es el reino (), y contra ese reino está........a veces decimos, usando una topología también falsa, “abajo”, que está abajo, pero Arriba y abajo en esta seudoimaginación no quiere decir más que una manera de señalar la contradicción misma, no puede tener un sentido local, un sentido local que dependiera más o menos de la Realidad, como sabéis.

Por debajo está lo que hemos reconocido como una cuantía necesariamente imprecisa, indefinida; la indefinición es aquí entonces donde nos veíamos obligados a reconocer que hay cosas, por la simple razón de que no puede haber una: haber una o uno sería cosa de lo Alto, del reino de los ideales, y ahora estamos por debajo de la Realidad; estamos por debajo de la Realidad, en esto donde solamente cabría la cuantía bruta indistinta.

Siendo las cosas así, ya comprenderéis que el trance por escelencia para reconocer la contradicción costitutiva de la Realidad consiste en ese trance en que los ideales están operando sobre la cuantía indefinida; de manera que por ejemplo cuando se dice “todas las ovejas”, el “todas” está imponiendo un cierre, un fin, que es completamente incompatible con lo que sabemos de que ovejas no hay más que sin cuento, y que por tanto cada una de ellas tampoco puede ser precisamente oveja, porque eso sería del reino de Dios también, del reino de Dios matemático.  Ése sería el trance en el que veis cómo está tratando de imponerse el Ideal sobre las cosas indefinidas, y las cosas indefinidas, entre ellas nosotros como caso de cosa, tratando de escurrirse del Ideal, de recobrar una forma de libertad que está en la propia indefinición de que os hablo.

Esto se complica un poco, ya lo habíamos visto los últimos días: porque si miramos al reino de Dios matemático, a los entes ideales, tenemos que preguntarnos por la situación de los números, tal como la palabra números se entiende de ordinario, y eso no es tan fácil, no es tan inmediato: desde luego, para reconocer estos istrumentos, los números, tenemos que dejar afuera por lo menos 2 y 3, como se han dejado fuera por supuesto 1 y nada; esos no son propiamente los números que están funcionando en esta guerra, esos son cosas que pertenecen a la lógica, a la lógica elemental por la que hemos empezado: “el otro”, “lo otro”, istituye ya una forma de, no “dualidad”, pero ya casi “pareja”, que si después se añade que lo uno es lo mismo que lo otro, viene a dar dos idénticos sucesivos o lo que se llama repetición, que es lo que normalmente se llama “2”, o en algunas lenguas que tienen el número dual en su gramática se llama () lo de “dual”, pero parece que ahí lo de la numeralidad, la condición de número, está en la lógica misma, y por tanto debemos dejarlo aparte; todavía 3 también, porque justamente basta con aplicar a eso mismo que acabo de decir, aplicar otra vez el esquema de lo uno y lo otro como contrapuestos, para que tengamos que reconocer un dúo frente a un resto, y esto es lo que normalmente se llama “3”.

De manera que no son estos los números con los que tratamos en la realidad, y que tratan de imponer a las cosas una cómputo esacto en lugar de una cuantía indefinida, sino que son los números de la serie.  Queden pues atrás 3, 2, 1 y 0: los números de la serie, de los cuales tenemos que decir que aunque vienen de Arriba, son ideales de por sí los números, sin embargo no lo son tanto, de alguna manera no lo son del todo, porque resulta que la serie de los números, los números mismos de la serie, tienen que cumplir esta condición respecto a un fin, tienen que cumplir la condición de la  d i s p o n i b i l i d a d  sin fin ni término, tiene que haber siempre más que puedan servir para computar las cosas, e igualmente en la medida que entran en la Realidad como cosas reales también son así, sin término, sin fin, siguen recibiendo cómputo.  Esto es una cosa muy elemental, supongo que no tengo que insistir en ello.

 Y sin embargo estos números de la serie tienen que ser al mismo tiempo todos, porque si no, no cumplen con su condición de Ideal: son todos, como se demuestra de muchas maneras: tienen que tener un último ordinal n, y tienen por tanto que tener un primero o segundo, colóquesele en el 1 o en el 0, o como la Teoría de fundamento de la Aritmética quiera colocarlo, y se da en la serie este milagro de que el número de los números primos es el mismo que el número de los números.  Esto es lo que hace sonar la cosa de tal manera que tenga uno que decir “infinito”, “infinitos”, en cierto sentido, sabiendo ya desde ahora que esos infinitos no tienen que ver, no se confunden, con la cuantía indefinida que teníamos por abajo, con la cuantía bruta, sino que se puede decir que gracias a su operación de cómputo sobre las cosas, de rebote, estos números han adquirido una cierta realidad, una cierta sub-realidad o cuasi-realidad, de manera que conviene que entendamos así la manera en que con ello se juega.  La realidad es, por donde quiera que se la tome, una lucha perpetua, no es otra cosa. 

Si la tomamos por abajo ahora, para cambiar un poco la visión, os daréis cuenta que también por abajo las cosas que ya han quedado realizadas, es decir, convertidas por obra de los ideales en seres que son o pretenden ser lo que son, y cada uno ser el que es o pretendiendo ser el que es, lo han conseguido gracias a los números en el sentido ya medio doméstico que he dicho, y el significado de las palabras correspondientes que esas cosas puedan tener en una lengua cualquiera; de manera que en ese sentido se puede decir que en cualquier intervención de este tipo hay una especie de creación; creación no en otro sentido ninguno, sino en el sentido precisamente de realización, si lo vais ya entendiendo conmigo; es decir, que se dice “23 ovejas”, con este número ya doméstico 23, y entonces resulta que están de consuno el 23 y el significado “oveja” de esta lengua nuestra actuando para conseguir la realización.  Para que no os confundáis siguiéndome, repito un poco: nos damos cuenta de que, como tiene que ser, los números, ya semi-reales como los hemos visto, los cardinales por ejemplo, el 23, y el significado de la palabra correspondiente en una lengua cualquiera, por ejemplo la nuestra, están colaborando a la realización: si no se mantuviera el 23, si por un momento no se mantuviera el significado “oveja”, parece que la Realidad se estaría hundiendo, es decir, que las cosas podrían recobrar su libertad, dejar de saber lo que son, olvidar sus significados, al mismo tiempo que dejan de saber cuantas numéricamente son y vuelven otra vez a lo que hemos declarado cuantía indefinida. 

Es de decir que si en lugar de mirar al aspecto aritmético miráramos al visionario o poético por abajo, podríamos encontrar algo hasta cierto punto semejante: recordáis que por abajo, aunque hemos tenido que partir de esto de la cuantía indefinida como una condición fundamental, sin embargo hemos tenido que contar también con apariciones como ésas de el ritmo, el ritmo más o menos métrico, que sigue venciendo en las ondas de eso que por abajo hay; y entonces nos encontramos con esta situación a su vez intermedia en que gracias a esta invasión de lo sub-real, de lo que nos viene de más abajo, las cosas, ya reales, se niegan a ser reales del todo y a convertirse en eso, en visiones, adivinaciones, o poesía, que es una de las funciones que en nuestras lenguas le atribuimos a estos términos: poesía, adivinación, visión.  Así tratan de escapar del significado estas cosas que ya estaban presas, y espero que con esto sin detenerme más os doy ya una especie de visión inversa de lo que pasa entre tanto por doquiera en el piso alto cuando los números junto con el significado tratan de sostener la realidad de las cosas.  La Realidad está por tanto sujeta siempre a esta embestida de lo ideal y de la cuantía sin número, lo uno chocando con lo otro, y en eso estamos: todo el que en lugar de, como aquí se hace en esta tertulia política (invitaros a dejaros ser cosas como cualesquiera otras, y por tanto estar metidos en esta guerra, en esta contradicción), os invita a ser los que sois, como Dios, más o menos, os está engañando con ello pero de la manera más neta.  Esto para recordar el sentido que todos estos descubrimientos acerca de número, cuantía, significado, tienen en la política más inmediata, en esa política en la que aquí, en esta tertulia misma, estamos debatiéndonos entre una especie de tendencia a la cuantía bruta, es decir, a dejarnos perder de número y de idea, perder nuestra definición, nuestra esactitud, () la liberación, mientras que por el otro lado estamos luchando con las armas de los ideales por ser cada uno el que es, por mantenernos siendo los que somos, y porque por ejemplo los españoles sean 47 millones de nosequé, más o menos contados de una manera esacta.  Esto como recordatorio.

Bueno, pues entonces ya vais sintiendo un poco en qué sentido estimo que esta cuestión de la cuantía bruta, indefinida, costantemente sufriendo la imposición de los números, aunque sea en el sentido restringido de la palabra número, lo estará costituyendo todo.  Tengo que volver, especialmente para los que de entre vosotros no me han acompañando desde el principio, a cómo esto se introducía con respecto a los índices fundamentales, que son “hay” y “es”, y con los cuales me habéis acompañado desde el principio de estas entradas en la lógica elemental. 

Son casi como las dos maneras de hablar, y podemos entender “hablar” no solo refiriéndonos a nuestra lengua, a la humana, un caso particular de lengua, sino pensando cualquiera de las maneras en que las cosas hablan, que aunque ellas, como nosotros, tampoco sepan lo que hacen, están hablando.  Las dos maneras fundamentales de hablar, una vez que estamos metidos en esto: “hay”: “hay” como recordáis era algo que se nos imponía, porque era imposible la nada, es decir, reconocer “no hay nada”.   La cuestión de por qué tiene que haber algo en lugar de no haber nada sigue corriendo sobre todo en las entradas en la Red, algunas de las que Caramés me ha pasado, siguen corriendo por doquiera, buscando un por qué a esto, por qué tiene que haber algo en lugar de no haber nada.  Efectivamente hay una especie de rechazo, primario, que nosotros justificábamos diciendo que la pregunta “¿qué hay?”, si se formula, está ya rechazando ella sola la respuesta negativa, “no hay nada”, porque si no ella misma no se habría formulado, si no la pregunta misma no se habría formulado.  Tomad como queráis esta argumentación digamos “estra-lógica”, pero con ésta hemos ido tirando estas temporadas: en “¿qué hay?” la pregunta sola, sin esperar a ninguna contestación, está rechazando la respuesta negativa por su propia presencia como pregunta.  Ahora en el rato que nos quede me diréis lo que os parece de todo esto, pero sobre ello teníamos que volver.  Como sabéis, en las lenguas que tienen un índice semejante no se puede decir nunca nada definido, no se puede decir “hay los hombres” por ejemplo, con el artículo; se puede decir “hay algo”, y este algo es lo que en el rato anterior he venido llamando “cuantía bruta”; ese algo, que efectivamente no puede ser nada ideal, nada definido, pero que está aquí, y con el que tenemos que arreglarnos para seguir tirando: hay algo, no puede no haber nada; no puede no haber nada, por tanto hay algo: es la lógica la que echa atrás por sí misma el intento de la negación, y efectivamente nos lleva al “hay”.  Lo recordáis, ¿no?

Bueno, pues ésta es una de las dos maneras de hablar, una de las cosas que se dicen: “hay algo”, “hay”; la otra es la de “es”, que no hace falta que la lengua tenga, como la nuestra, una cópula, pero bueno, si la tiene pues mejor lo aclara que es lo que es.  Ésta es una imposición desde lo ideal, y no menos coactiva; no menos coactiva, aunque justamente sea coactiva del revés: ¿cómo, metidos en una realidad, teniendo las ovejas hechas ovejas, los pastores hechos pastores, vamos a negar que son lo que son?, ¿adónde tendríamos que retroceder para llegar a reconocer que no lo son?: pues a estravagancias como aquellas a las que aquí más de una vez nos hemos dedicado, tomando a la Realidad misma y cogiendo las 23 bestias y reconociendo que entre ellas puede haber corderas y corderos lo mismo que ovejas, y cosas por el estilo que naturalmente estarían dañando, desde la Realidad misma, o desde el fracaso de la Realidad, la presuposición ideal que por otra parte nos es precisa para poder, no ya hablar, sino estar en la Realidad, tener tratos, tratos de cualquier tipo; y en el caso sublime, los comerciales, donde los números del dinero están cumpliendo esto que digo de la manera más perfecta, más acabada. 

De manera que esta doble necesidad, contradictoria la una con la otra, es la que yo creo que os orienta a las maneras en que tendríamos que entender la cuestión de la cuantificación.  No quiero meteros ahora en las apariciones, en la historia de la investigación de la Ciencia, pero por supuesto que no es ése el camino que de ordinario se hace: los números, para dar razón de las cosas, es decir, de la Realidad para ser precisos, han tratado de a su vez mejorarse en su propia realización: los números reales, obtenidos ya por la coalescencia entre aritmética y geometría, los números infinitesimales, etc., la vuelta a la computación por vía de los racionales, a la digitalización, tratando de () por ahí, pero siempre tratando de dar razón........que según el sentido de la palabra ya quiere decir una razón también aritmética, pero tratando de dar razón a las cosas como son, y sostener naturalmente con el número los significados, si no puede ser con los números racionales, pues con estos nuevos números inventados para el caso, para acercarse más a la Realidad. 

Aquí naturalmente en la tertulia política, donde no tenemos por qué sostener ninguna realidad, no tenemos por qué sostener en primer lugar la que a nosotros como cosas humanas se nos impone, se nos vende, se nos cuenta, en los Medios y en la Ciencia: estamos dedicados, se puede decir que esclusivamente, a denunciar la mentira de todos estos manejos que con los números se hacen; sin que ello quiera decir que aquí seamos unos libertarios en el sentido de que estamos a favor de la cuantía bruta, de la cuantía continua, de la cuantía indefinida en la cual las cosas se estarían deshaciendo y nosotros como cosas nos estaríamos deshaciendo.  No quiere decir que estemos a favor de eso, ni que estemos tampoco a favor del Ideal que viene del reino de Dios matemático, en empeñarnos en que las cosas sean lo que son: si alguno de vosotros viene aquí a esta tertulia como buscando maneras de responder a la pregunta “¿quién soy yo?”, y responder a esa pregunta por una vía más o menos realista, (¡qué otra cosa se podría pensar!), estaría haciendo lo mismo que con el mundo hace la Ciencia al servicio del Poder: “¿quién soy yo?” en paralelo con lo de “¿qué es el mundo?”.  Y si viniera con esas intenciones, pues desde luego, claro, ha venido a un mal sitio, ha venido a esta tertulia; porque evidentemente aquí estamos negando la posibilidad de que esa respuesta, como la otra, la física, sea una respuesta realista, se pueda hacer dentro de la realidad: El Yo, que es una realidad, no soy yo, descubrimiento que nos ha venido hace mucho; El Yo no soy yo, por la simple razón de que yo no soy El Yo.  De manera que es más bien con esta advertencia respecto a “mundo”, o respecto a mí mismo, como me gustaría que nos encontráramos cada vez que nos siguiéramos reuniendo en esta tertulia.  Como han quedado cosas sueltas por ahí, me paro para recibir cualesquiera objeciones o preguntas o lo que sea antes de decir más.  ¡Adelante!

-A mí se me plantea () por ejemplo cuando se toman elementos fundamentales, no como “hay” y “es”, sino cuando tomas “yo” y “AHORA”,  () como límite entre el saber y el no saber.........

-No sé, la palabra “límite”......................

-Igual si sigo se entiende un poco mejor la cuestión: no sé si esos elementos, “yo” y “AHORA”, son compatibles con lo de cuantía bruta, es propio para ellos, porque parecerá una trivialidad, pero si los pasas por el “hay” (“hay yo”, “hay AHORA”), no dejan de ser raras, y entonces parece como si ellos a su vez siendo límites se escapan de una cuantía bruta.

-“El límite” es un término que ya sabes que, como está usado por la Ciencia, deberíamos evitarlo.  Ahora voy a volver, pero desde luego tienes razón, efectivamente hay motivo para preguntarse eso: “yo”, “AHORA”, que tienen la virtud de que   n o   e x i s t e n (recordad que empleamos el término “existencia” como el término “realidad”, como equivalente), ¿se va a creer que por la virtud de no existir, se identifican ya con esa especie de anhelo libertario que he dicho antes, anhelo libertario hacia la liberación, la liberación del nombre en la lengua, del significado, y de los números?  Hay motivo para preguntarlo y decir que no, decir, yo por lo menos, que así no se puede tomar.  Ahora volveré sobre ello, pero me gustaría que entendierais bien esta objeción: efectivamente, una vez que hemos descubierto “yo no soy El Yo”, una vez que hemos descubierto que AHORA no es Tiempo ninguno, que AHORA no es ningún punto del Tiempo ni Tiempo ninguno, entonces yo y AHORA, que tienen esta virtud de no existir, ¿por ello mismo representan o responden a ese anhelo, a la liberación de eso?  Yo no, y recuerdo un poco.  Me temo que se nos va a hacer muy tarde, pero tengo que recordarlo; quería recoger más voces, pero tengo que pararme en esto. 

Es algo a lo que probablemente vendremos a parar el día que viene, esté yo o no esté, que es aparte de todo eso: en el mundo real tendremos que preguntarnos, porque ya me estaba a mí acuciando, por las dimensiones; porque para que las operaciones normales del tipo 23 ovejas sean creativas, hagan lo que hacen, es preciso que aquello sobre lo que el número y el significado se impone no tenga número, porque si tiene número ya no se hace más que repetir lo que ya estaba dicho; por eso cuando los números, ya semi-reales, se vuelven sobre sí mismos y se cuentan, se hace una cuenta de números, ya no se puede esperar que entren al reino, dentro de ese reino haya creación, sino una especie de retorno o repetición, retorno a lo mismo.  Pues ya os preguntaré en cuántas cosas de la Realidad veis que se de eso de que ya están los números metidos, pero desde luego me pienso que el punto más a nuestro propósito es el de las dimensiones: desde niños todos lo sabéis, y por ahí andan, que ahí está jugando el 3, que lo hemos dejado aparte de los números, porque se sospecha que la Realidad es así, tiene 3 dimensiones, ¿no es eso lo que sabéis?  Bueno, pues habrá que ir viendo si eso tiene sentido, si verdaderamente hay otros números de dimensión (2 por ejemplo, o 4, o 5), que pudieran intercambiarse con 3.  Os () preguntar si os aparece la amenaza de que 3 es todo lo que hay, con lo cual tendríamos que reconocer que en la Realidad misma está el 3 en forma de dimensión. 

Esto trae muchos jaleos consigo: por ejemplo, es fácil reconocer que no hay mundos de dos dimensiones.  Yo creo que a mí estas cosas me las sugirió el hecho de cuando de adolescente leía las vulgarizaciones de Einstein acerca de su teoría, en algunas de las cuales sacaba, seguramente lo recordáis conmigo, mundos de dos dimensiones; mundos de dos dimensiones, que Einstein recordaba como imposibles: no hay mundos de dos dimensiones, las dos dimensiones se sacan de la Realidad normal, de la masa de la Realidad, por astracción.  Pero el intento desde luego de Eínstein de hacer entender lo que pasa con nuestras dimensiones, y especialmente la cuestión del Tiempo, por recurso a esos modelos imposibles en mundos de dos dimensiones, () muy bien.  Por otra parte alguien podría deciros “una vez que hay 3, ¿qué mas da?: todas las demás que vengan, es decir, que son números de la serie, ya da lo mismo, ya con 3 se ha dicho todo lo que se podía decir”.  Tomad nota de esto otro, es otra de las respuestas que podéis encontrar aquí. 

Surgen muchas trastadas, es decir, por ejemplo todo el mundo sabe conmigo que en este mundo está la cinta de Moebius, y entonces por tanto tenéis que preguntaros si una cinta de Moebius, que tiene la virtud de ser un ente geométrico que no tiene más que dos dimensiones, y al tener dos no tiene más que una (no se queda más que con una como sabéis, según la torsión que de la cinta se haga), puede darse o existir dentro de la Realidad SIN las tres dimensiones, sin un () tridimensional en el cual también la cinta de Moebius se está leyendo.  ¿Qué hacéis con eso?, ¿cómo os las habéis con eso?  Por si acaso no estoy, quiero dejaros bien asentadas las cuestiones que deben salir; pero una vez que lleguemos por ahí hasta donde sea, hay que recordar...........aunque la rechacemos, desde luego, la idea de aumentar las dimensiones diciendo que el Tiempo es una cuarta: esto es lo que tenemos que rechazar aquí, porque yo creo que está demasiado claro, dados nuestros intentos; la idea de un cronótopo, de un topócrono, la verdá es que es un recurso bastante flojo a mí entender, pero conviene verlo.  Rechazado que el llamado Tiempo sea una dimensión, la cuarta, rechazado esto, nos tiene que venir a las mientes que aquí hemos descubierto para el Tiempo, para el Tiempo real, otro fundamento bien distinto.  ¿Quién me lo recuerda?, ¿qué hemos descubierto del Tiempo real, del tiempo de los relojes y los calendarios?

-Que es discontinuo.

-Pero bueno, eso les pasa también a las cosas que pretenden numerarse.  No, no, algo más sencillo.

-Que es lo mismo que una línea.

-Que es lo mismo que una línea.  Bueno, yo aquí la verdá es que solía decir, un poco más modestamente, “una carta”, “un mapa”, pero bueno, es lo mismo.  Es decir, que en Él.......................

-Que es AHORA.

-Es lo contrario de AHORA: en Él, en el Tiempo real.......................

-No pasa nada.

-¡No pasa nada!, en el Tiempo real no pasa nada, eso hemos descubierto, de forma que eso hace que, pasen donde hayan pasado o vayan a pasar o quieran pasar las cosas, donde quieran del mundo, será en algún punto del mapa del Tiempo real, en una fecha, en un sitio, en un lugar donde no pasa nada.  Por eso lo descubríamos del revés, diciendo que cualesquiera cosas que hayan pasado, puedan pasar, etc., están pasando AHORA.  Es muy sencillo: porque no tienen otro sitio donde pasar: una vez que hemos descubierto bien que el Tiempo real es propiamente el espacio, el plano, el mapa donde todas las cosas están anotadas, escritas, previstas, pero donde nada pasa, una vez que hemos visto eso nos quedamos con AHORA, que es donde pasan cualesquiera cosas que pasan.  Sacad de lo más profundo de la Historia y de la Prehistoria, de los recordatorios de la niñez, de las esperanzas de esto y de lo otro, sacadlo de donde sea, pero si pasa, pasa AHORA, y si no, no pasa.

-¿Pero es eso lo que elimina el Tiempo como dimensión de la Realidad?

-No, lo hace entrar al Tiempo real como dimensión de la Realidad, precisamente.  Esto hay que hacerlo compatible con lo que se venía ahora, en el último rato, apuntando: que lo de tres dimensiones no querría decir más que MASA; “masa” en el sentido corriente de la palabra, y también en el científico a veces.  De manera que “3” no querría decir más que “masa”: las cosas tienen masa, las cosas de la Realidad.  Pero bueno, con esto yo creo que ya es mucho, me canso, y voy a recoger nada más alguna otra cuestión.  Sí.

-Creo que he entendido que las artes poéticas podríamos decir que son resistencia de alguna manera a la imposición de los ideales.  ¿Puede ser?

-Eso es muy ().  No, he recordado el término “poesía”, pero usándolo justamente al revés de como se usa, porque se usa normalmente como Literatura.  Yo lo he usado en el sentido que se asemeja también a la adivinación, a los ensueños, es decir, un sitio donde las cosas, aunque tienen que decirse con su nombre, tratan de liberarse de su nombre; tratan de liberarse de su nombre, de recaer en la cuantía informe.  Que esto no pasa con la poesía de ordinario, apenas hay que decirlo.  ¿Qué más?

-No sé si te he entendido bien, pero me da la sensación de que has reducido la Realidad a la Materia, al decir masa.

-Bueno, “materia” es más modesto como nombre, pero “masa”, sí: si uno llega a reconocer que lo demás son cuentos, que dimensiones no hay más que 3, entonces es como si dijera que 3 es 3, y que 3 quiere decir “masa”.

-¿Y lo que no es masa, que son conceptos de la Realidad, como la alegría, o la tristeza?  ¿Eso es masa también?

-Bueno, hay que ampliar un poco el sentido del término, pero vamos, para que quepan cosas más o menos así sentimentales o intelectivas.  ¡Más!

-Que si no vamos a dejarnos convencer por ese bando por decirlo así que niega el nombre y lo disuelve, la tentativa esta ideal de que las cosas sean las que son, y tampoco nos dejamos llevar por la tentativa ideal, es decir, si no estamos ni a un lado ni a otro, me recuerda al dibujo este que tenían los escépticos de la balanza equilibrada, y a esto que últimamente vengo leyendo que decían ellos de buscar la contradicción para equilibrar digamos esa tentativa que hay de irse para uno o para otro lado.

-Bueno, es ponerse muy en lo alto, muy fuera, con nuestras balanzas, y no es así, no estamos así: nosotros en verdad somos cosas que sufrimos la realización como las demás cosas, estamos dentro de la Realidad; de manera que de ninguna manera nos toca elegir entre el reino de Dios y el reino de la madre, de la masa cuántica indistinta: estamos en la Realidad, y la guerra de esta tertulia, política, es contra la Realidad tal como se nos ofrece y se nos vende.

-Y sin embargo ¿no hay motivos suficientes para pensar que Dios siempre puede un poco más que la madre cuántica o indefinida?

-¿Motivos?: pues que somos hombres; ya hemos dicho que después de todo, si miramos bien las cosas, eso de “hombres” acababa queriendo decir nada más que “hijitos de Dios”, es decir, que nos parecemos demasiao; hay ese pequeño motivo, del que tal vez podemos librarnos.  Vamos a dejarlo, de manera que hasta cuando sea y como sea, pero por lo menos yo creo que esos puntos en los que os he detenido deberían ser los que se desarrollaran otro día.

 

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