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Tertulia Política número 346 (15 de Agosto de 2012)

Tertulia Política número 346 (15 de Agosto de 2012)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid



Tertu346-15-8-2012
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  • De la conveniencia de reconocer lo relativamente moderno de términos como “existencia” y “realidad” para entrar en la cuestión de los términos últimos, “es” y “hay”, en cuya confusión se produciría el salto de la Lógica a la Física y viceversa.
  • Nuevo intento para entender mejor el poema de Parménides.
 
POEMA DEL SER DE PARMÉNIDES:
 
 
 
(Enviada por Las Aguas )
 
Consultar:
 
 
 
 

 Verdad, creencia y convención en el poema de Parménides

Luis Andrés Bredlow

Universidad de Barcelona

Parménides o la identidad imposible 

LUIS ANDRÉS BREDLOW 

 

UNA PRECISIÓN SOBRE EL ES en PARMÉNIDES 

SANTIAGO GONZÁLEZ ESCUDERO 

 

 

TRASCRIPCION:

 

De Javier Hebrero:

 

Pues a ver entonces si entre pocos nos las arreglamos para seguir entendiendo un poco mejor los errores que se nos han presentado en torno a toda esta cuestión del “es” y el “hay”, que son los términos últimos a los que todo esto se refiere.

Quiero sin embargo haceros costar algo en lo que tal vez no me he detenido, por mi poco amor a la Historia, que es que esto de la Realidad, de la existencia, del propio verbo existir, que es lo que hace tiempo se nos ha presentado ya como el centro, el centro de ataque (nada más natural, puesto que es donde nos han hecho nacer, es donde estamos, es, ya sea como hombres o como cosas corrientes, donde nos encontramos metidos en esta lucha, en esta guerra) hubiera querido que costara que es de todos modos algo nuevo, relativamente moderno, reciente.  No es porque yo me ponga aquí a esquivar mucho las consideraciones históricas o temporales, pero desde luego me parece que convenía mucho que os costara lo reciente, nuevo, de esto de la Realidad, del existir, de la Ley de la existencia, de la lucha por la existencia.

Muy moderno quiere decir, para ser un poco más esactos (basta que consultéis unos tomos del Corominas) pues algo como unos tres siglos desde que estos términos han entrado en las lenguas europeas más o menos cultas o corrientes, empezando por el verbo existir si queréis, con su invención para Dios en las Escuelas medievales, y siguiendo después con lo de la Realidad, que considero como si fuera una otra cara de la existencia y de la lucha por la existencia.  Es importante esto porque es así, teniendo esto en cuenta, como entenderéis mejor lo que es la Realidad.  Ya sabéis que todas las otras cosas de la Realidad (los astros, las peras, los perros, las arañas), están más o menos costituídos como entes reales en la medida en que por un lado cuentan con una fijación del semantema, del significado de la palabra en una cualquiera de las lenguas de Babel, y por el otro lado, pero al  mismo tiempo, cuentan con el cómputo, por números racionales en principio, porque lo uno va con lo otro, significado y cómputo.  Y si esto vale para las estrellas y para los perros y para las olitas de la mar, es normal que valga también para la Realidad en conjunto.

Pero lo entenderemos mejor si nos apercibimos de que hace unos tres siglos o así no lo había.  Es un poco duro decíroslo tan de repente, pero es así; propiamente quiere decir que no tenía existencia, que no existía, para volverme sobre Ella y usar su propio nombre, aunque os parezca a lo mejor una broma.  Efectivamente entre los antiguos sería inútil que encontrarais equivalentes más o menos cercanos del verbo existir, de la existencia, de la Realidad.   De esto los que me han seguido desde hace tiempo tienen testimonios varios; por ejemplo, en contra de esto, cuando traduje el “De Rerum Natura” de Lucrecio me atreví, como anacronismo declarado, a llamarlo en español “De la Realidad”; porque eso quiere decir que en el uno antes de Cristo, para Lucrecio, algo equivalente a la Realidad propiamente no había; hay otras palabras, pero sin duda de significado mucho más amplio, como “phísis”, para decir “rérum natura”, y cosas por el estilo, pero no “Realidad”.  Ni había, más importante todavía, un verbo existir; muchas veces he invitado a algunos de mis antiguos alumnos a seguir con detenimiento el surgimiento de este verbo en la Literatura Medieval, es decir, no hace mucho tiempo, o también el verbo griego “hupárjei”, que más o menos viene a desarrollarse de una manera paralela y cumplir funciones análogas.  El invento no estaba bien hecho, no estaba terminado hasta hace unos tres siglos, pero desde entonces las palabras se han vulgarizado bastante, se han hecho de la lengua corriente tanto, que a ninguno de vosotros os estraña oír aparecer, hasta en una conversación corriente, “existe”, hablar de la existencia, hablar de la Realidad, de lo real.  Por eso es por lo que deseaba que os estrañara un poco más; porque si damos por recibidas las palabras con su significado como sabiendo ya lo que quieren decir, estamos perdidos, no vamos a penetrar en nada de esto: era preciso, aunque fuera a través de la Historia de los términos, apercibirse un poco de lo raro que es el significado de esas palabras, “existe”, “existencia”, “Realidad”. 

Antes de haberse establecido en nuestro mundo, recientemente, estos términos, cualesquiera lenguas de Babel se las arreglaban para decir lo importante de lo que hay que decir, es decir, para decir por ejemplo “hay”, “hay de esto y lo otro”, “hay algo”, “hay mucho”, “hay poco”, o para decir “es”, “esto es lo que es” y “lo que es lo que es, es lo que es lo que es”..................  Estos términos no los han inventado ningunos estadios recientes de la lengua, están desde mucho más tiempo atrás, y de ahí vienen muchos de los problemas que se nos presentan: ¿es que el acudir a estos otros términos más desnudos, más populares, más viejos, nos va a hacer entender mejor el problema en el que estamos metidos y del que no acabamos de encontrar salida?  Eso es justamente lo que vamos a ver.  Pero en primer lugar recordad que esta lucha que aquí nos traemos consiste en que, habiendo ya reconocido que en las lenguas cultas corrientes europeas existir, existencia y Realidad se han introducido como términos corrientes, es contra ellos justamente, contra esos términos y contra los motivos que los han introducido, contra lo que nos toca luchar. 

Me estrañaría que hoy por ejemplo, en este día medio festivo que la Virgen nos ha proporcionado, entre vosotros hubiera algunos que se estrañaran mucho de que aquí estemos luchando contra la Realidad, y que se pregunten qué quiere decir eso de estar luchando contra la Realidad, qué es entonces eso de la Realidad.  No creo que, por lo menos entre los que me acompañáis hace tiempo, eso produzca demasiada estrañeza.  Y para descubrir lo que puede haber de mentira en esto es para lo que proseguimos, acudiendo a otros términos más generales o saliéndonos de alguna otra manera del camino.  ¿Cómo voy a saber que os va a estrañar mucho que se hable contra la Realidad en una tertulia política?  ¿Cómo se puede estrañar nadie de que en una tertulia política se hable contra la Realidad?

A animaros a entender esto como si fuera lo más normal del mundo es a lo que en este momento estoy: ¿es que no estamos viendo todos los días, en el mundo de los negocios, en el mundo de los políticos, en el mundo de los afectos amorosos y de las Istituciones familiares, no estamos viendo todos los días hasta qué punto reinan la mentira y la equivocación?  ¿No estamos percibiendo que en cualquiera de esos terrenos nos las arreglamos muy contentos con emplear un término cualquiera, como sabiendo que tú y yo sabemos lo que quiere decir, y que si estoy diciendo “Familia” es porque tú y yo sabemos qué quiere decir eso, si estoy diciendo “Amor” es porque tú y yo sabemos qué quiere decir eso, si estoy diciendo “Economía”, si estoy diciendo “Dinero”, es porque me creo buenamente que tú y yo sabemos qué quiere decir eso, y que por tanto nos vamos a entender sin engaño?   Pero basta una pasada de hojas, que muchos de vosotros ya han dado conmigo, para darse cuenta de que no es así: no hay tal buen entendimiento, no hay tal acuerdo perfecto en cuanto al significado, hay costantes disidencias respecto a eso, y por tanto cuando para los negocios y demás se aceptan esos términos como verdaderos, es porque al Poder y al Dinero les conviene, porque si no la Máquina no marcharía; es conveniente para ellos que se les tome como si efectivamente tó el mundo supiera qué es lo que quieren decir y que no hay lugar a diferencias. 

De manera que cualquiera que sea lo bastante.........niño, despierto, para haberse dado cuenta de toda la equivocación, todo el pasar por alto, todo el mentir que hay en los usos más corrientes de la vida cotidiana, es así como podemos intentar que la flecha se lance contra ello y destruya lo que en ello haya de mentira.  Los que me acompañáis ya lo sabéis: en la Realidad no cabe verdad de ninguna especie.  El término tal vez de “Verdad” se podría aplicar para reinos divinos, por ejemplo el reino de Dios matemático, una Geometría perfecta, se podría aplicar para esa Lógica que como los días pasados decíamos se dedica a decir cosas que vuelven sobre su definición, como por ejemplo “a=a”; a lo mejor se podía decir “Verdad”, pero en nada de la Realidad, ninguna afirmación o negación que se haga dentro de Ella puede ser verdad; y esto de paso, como veis, nos está ayudando a entender mejor qué quiere decir eso de Realidad, justamente esta condición de serle ajena la verdad de una manera específica suya.

De manera que no me estraña, con vosotros, entiendo muy bien que no os hayáis dado mucho cuenta de cuanto se miente para sostener el mundo de los Negocios, el del Amor, el de la Familia, etc., pero entiendo también que es muy fácil volverse atrás y darse cuenta, darse cuenta en cierta medida.  Y si alguien de los que vienen a esta tertulia política se ha dado cuenta de lo importante que es la cuestión de la negación de la verdad respecto a la Realidad, no podrá menos de acompañarnos, de buen humor, cuando espandimos el campo del uso y nos dedicamos a pensar en qué es eso de “Verdad”, en qué es eso de mentira en general.  A eso es justamente a lo que vamos.

¿Qué es lo que estos días habíamos visto?: el paso de la Lógica a la Física, el paso de la Física a la Lógica; si queréis a través de los pasos intermedios de las Matemáticas más o menos aplicadas, de los negocios, la organización social, pero con esos pasos o sin ellos pasando de una cuestión que parece lógica (verdad/no verdad), a una cuestión que es física en el sentido de que pertenece a este mundo de la Realidad contra el que estamos luchando.  Esto me ha movido, entre otras cosas, a repasar lo que había hecho una vez sobre los fragmentos que nos han quedado del poema de Parménides, que fue uno de los istrumentos primeros que me sirvieron para venir a darme cuenta de estas cosas.  Estamos en un mundo, como antes he dicho, en que todavía este invento, esta patraña de la realidad o del existir, no se ha inventado; cuando por tanto la diosa de la verdad en el poema trata de decirle a Parménides cosas, tiene que hacerlo sin acudir a cosas como un verbo existir ni algo por el estilo.  Muchas veces los filósofos que han mal-comentado el libro de Heráclito, han venido a acudir a estos verbos y nombres, pero sin darse cuenta de que existir y realidad no se habían inventado todavía para el engaño de la gente.

Nos tenemos que contentar con “es”, “es lo que es”, contentarnos con “hay”, “lo hay”, “hay de eso”, y es justamente sobre ello sobre lo que quería volver con vosotros un rato; por fortuna el número de versos que nos ha llegado del poema es bastante, abundante a nuestro propósito, y yo creo que se pueden ir entendiendo cada vez mejor.  A eso voy con vosotros esta tarde.  Al final del fragmento primero que nos ha llegado dice la diosa:

“........Mas todo ha de ser que averigües,/ igual de la bien-redonda verdad la entraña serena,/ que humanas creencias, que fe verdadera en ellas no cabe;/  y aún ésas, con todo, habrás de aprender o estudiar como que, creyéndose en ellas,/ tenían que ser en creencia (o bien “tenía en creencia que haberlas”), por todos todas entrando”.

Éste es el final de este primer fragmento; ya veis que todo mi intento de la revisión de la edición de Parménides (para la cuál he consultado también con Luis Andrés Bredlow y con Luís Caramés, como en tantas cosas) está en que se me ha hecho poderosa la duda de si lo que la diosa en este poema dice esactamente es, como más bien yo tendía a pensar, “lo que es lo que es, es lo que es lo que es”, simplemente “lo que es, es lo que es”, simplemente “es” (es decir, que toda la cuestión estaba centrada en la cópula, el término copulativo, el verbo lógico por escelencia), o si cabía sospechar que también ahí aparecía de vez en cuando algo del haber impersonal, del “hay”.  Creo que no tengo que hacer mucho repaso, pero lo hago en un momento, porque los que me acompañabais de hace tiempo ya nos encontramos con una especie de ejercicio que consistía () los términos, y que era como esto, como si a un niño se le pregunta qué es lo primero que se dice.  ¿Qué es lo primero que se dice?

-¿Qué hay?

-A ver, más respuestas.  ¿Qué es lo primero que se dice?  “Se” dice, es decir, que no es nadie, es “se”, absolutamente impersonal.  ¿Qué es lo primero que se dice?  Venga, más.

-Lo primero que se dice es “mamá”.

-Eso dicen las mamás; eso es lo que dicen las mamás, y desde luego los papás también.  Eso ya lo voy a dejar para atrás, porque hace mucho tiempo, cuando estudié, les tocó que les estudiara, a dos de mis nietos en el momento en que estaban entrando en la sintaxis o costrucción de una lengua, del español, me di cuenta, y después comprobé con tantos otros muchos, que lo primero que dicen los niños es no.  Bueno, pueden primero decir algo con el morrito contra la pápa, o cualquier otro gesto, pero lo primero que dicen es no.  Pero no se trata de eso, porque yo ahora no os pido que me deis la respuesta, sino precisamente que me deis......la pregunta: ¿qué es lo primero que se dice?

-“¿Qué es?”, pero es “¿qué hay?”, identificado lo uno con lo otro.

-Estos son los términos que ya os he anunciado que no se han inventado en ninguna lengua de Babel, que están desde el principio, que son como si dijéramos lo primitivo.

-¿Qué es?

-Ése es uno, una de las preguntas evidentemente es “¿qué es?”, que es una pregunta, por cierto, poco satisfactoria.

-¿Qué hay?

-No, no, ahora estoy criticando la primera pregunta: la pregunta “¿qué es?” es poco satisfactoria, porque................

-...............................

-¿Por qué cualquiera que oye esta pregunta en desnudo, así en el aire (¿qué es?), no puede quedarse satisfecho?

-Por que es “¿qué es esto?”.

-Tiene que referirse a algo que hay por ahí, a “eso”, etc., porque si no este índice de los primitivos, “es”, no funciona; no funciona, esto es una ley de la lógica, éste es un índice que se emplea para lanzar un predicado sobre otra cosa, y por tanto en ese sentido podemos aceptar la pregunta, pero................

-Agustín, habría que ponerse también en un caso como el del griego con “ésti”, es decir, que “¿tín ésti?” yo no sé, muchas veces se supone que  “ésti” aparece como “hay” por la acentuación, pero parece que a veces en ático las dos cosas están como confundidas. 

-Nada muy nuevo pasa en ático, y “¿ti ésti?” es algo que se entiende gracias “al contesto”, como se dice.  Volvamos a la pregunta más primitiva.  ¿Cuál es la otra?

-¿Qué hay?

-¿Qué hay?  Ésta, como observáis, está entera, no le hace falta nada.  “¿Qué hay?” es una pregunta entera, todas las lenguas del mundo de una o de otra manera la conocen.  Algunas, a diferencia del español, francés, etc., emplean justamente el “es” con un indicador para eso, por ejemplo en italiano se dice “c´é”, y en inglés se dice “there is”, “hay”, pero eso es lo de menos.  Bueno, pues éstas son las dos preguntas primitivas que os ofrezco en competencia la una contra la otra.  ¿Tenéis, antes de que siga, algo que preguntarme o objetarme?

-Yo quería decir la observación ésa, que también te la recordé antes, de que la gente cuando habla cuando más enlaza el “es” con el “haber” es cuando dice “es lo que hay”, que quiere decir que la Realidad es todo lo que hay.

-Bueno, ¿a qué viene este embrollo?  Ahora nos estamos sumergiendo en las aguas más profundas posibles, y no nos podemos distraer respecto a estas dos formulaciones que parecen competir en cuanto a primitividad.  Desde luego hay respuestas correspondientes, por ejemplo “hay algo”, o también..........

-...............................

-¿Qué más respuestas?  A la pregunta “¿qué hay?”, a partir de “hay algo”, ¿qué más se puede responder?

-Que hay cosas.

-Aparte de que a alguien que pregunta “¿qué hay?” se le pueda responder “hay algo”, que parece lo más inocente de todo...............

-A mí se me ocurriría preguntar “¿qué hay, dónde?”.

-No, eso no está ahí.  Aparentemente se puede respetar en negativo, “no hay nada”, y así fue cuando en tiempos tomamos esta cuestión como la más primitiva.  ¿Por qué decíamos que estaba escluída la respuesta “no hay nada”?

-Porque ya solo con preguntarlo se entiende que algo hay.

-La propia pregunta, la propia cuestión, implica ya efectivamente que tiene un sentido, y que si no lo tuviera no se habría hecho.  ¿Qué más se os ocurre?

-Que cuando se dice “nada” se suele decir “nada nuevo”.

-No, no, aparte de cosas muy sofisticadas; estamos en lo más profundo y primitivo.

-Que no hay nada son dos negativas, y por tanto quiere decir que hay algo.

-No, no eso es un truco del español, “no hay nada” son dos negativas solo en español, en cualquier lengua, como sabes, “il n`y a rien”, no hay tal cosa.

-Se puede decir que “no hay nada” está ya presuponiendo el “algo”, que lo niega, está negando algo, está diciendo que no hay algo, y entonces algo está antes.

-Eso para decir “no hay nada”, y por eso rechazamos esa respuesta como válida.  Hay respuestas del tipo “hay algo”, y desde luego hay otras del tipo “hay patatas”, “hay ondas marinas”, “hay dioses por las estrellas”.................  Hay otros muchos “hay” por todas partes, pero parece que la más inocente y menos comprometida es de ese orden: “algo”, “hay algo”.

-Es que esa pregunta de qué hay tampoco se hace tan en astracto, es como si se preguntase “¿qué hay?”, y te dirían “¿dónde?”.

-Ya, ya, pero eso es otra cosa.

-Es que es como suponer que ya lo hay.

-Eso sería otra pregunta.  Fijaros en esta diferencia esencial entre nuestros dos términos primitivos “hay” y “¿qué?”: a “hay”, a diferencia de “¿qué?”, le pasa algo de lo que estabas diciendo, o sea...................

-Que está apuntando a aquí donde lo estoy diciendo.

-Sí, “hay”, igual que “ahí”, “aquí”, “allí”, “yo”, “éste”, “tú”, está apuntando, como un deíctico.  Por eso una vez escribí un estudio que decía eso: “¿qué pasa si se dice “hay” en absoluto?”, de forma que apuntar sería en ese caso apuntar a cualquier sitio, a todos los sitios, o como prefiráis decirlo.   En cambio “¿qué?” no tiene eso.  “¿Qué?”, ¿hacia adónde tira, en cambio?

-A algo determinado.

-Puesto que a apuntar o señalar no tira, ¿a qué tira?

-............................

-Ésa es justamente a la entraña de la división: puesto que a señalar, a apuntar, no tira, ¿a qué tira “¿qué?”?

-Como a los nombres o a los significaos de las cosas.

-Como al significado de las cosas; en lugar de la situación, al significado más bien.  Bueno, pues estos son los dos términos que se contradicen y que juegan en este nuevo intento que estoy haciendo para tratar de entender mejor el poema de Parménides.  Por ejemplo en estos que habéis oído por la traducción, que eran “Mas todo......por todos todas entrando”, en “tenía en creencia que haberlas” he metido el verbo “hay” en lugar del “es”, y es por tanto un testimonio de mi vida, es decir, que “a pesar de que lo que importa es por supuesto la verdad, el redondo corazón de la verdad, sin embargo también tienes que, como hacemos los hombres en general, estudiar las creencias, los modos de fe de los hombres, a pesar de que sabes ya de antemano que en ellas no cabe fe verdadera”.  “Mas ésas con todo también tendrás que aprender”, dado que al creerse en ellas y, como después dice, estar costantemente entrando todas por cada uno, tenían que tener una especie de “ser en creencia”.  Esto es el arranque del poema; de lo que va a hablar la diosa es de la verdad, es decir, se va a dedicar a la negación de la mentira que por todas partes encuentra, pero no por eso escluye otra forma de actividad, que es ésta de estudiar las creencias de la fe humana.........naturalmente, para averiguar cómo su ser no era más que un ser en creencia, y que por tanto no eran nada.  No debéis confundir con esto (y lo adelanto porque nos van a echar dentro de unos minutos) el hecho que os he apuntado de los dos términos fundamentales, “hay” y “¿qué?”. 

Por otra parte, en los restos del poema de la diosa se encontrarán una y otra vez puntos en que últimamente me ha dado por dudar de si aparte de que diga “lo que es, es lo que es”, que era para mí lo esencial que decía, está diciendo “lo hay”, si en lugar de solamente decir, como me parecía, “lo que es, es lo que es”, está diciendo o sugiriendo algo como “lo hay”; es decir, como si en el mero hecho de que algo sea lo que es pudiera darse por incluida alguna manera de haberlo.  Esto sería justamente el caso del salto de la Lógica a la Física, porque “es” es la Lógica, y “hay” en cambio es aquello sobre lo que la Lógica se lanza, y que es justamente lo no definido como ser, lo indefinido sin fin, la madre inmensa por oposición al Padre matemático de que todos estos días venimos hablando. 

Bueno, pues si alguno tiene ánimos para repasar un poco el libro y buscar los sitios en que le parece que habría lugar a entender que junto a lo de “es”, “es lo que es”, se está diciendo también que lo hay, o si no os parece que pueda darse tal cosa, y encontréis algo de eso o no lo encontréis, pues nada, si algún día volvemos a encontrarnos nosotros pues ya también os lo seguiré presentando.  Por hoy, salvo cuestión que quede pendiente, nos vamos.

-Esta confusión que estás trayendo me vino a mí cuando me dediqué con unos amigos a investigar esta cosa del existir, y pensamos que en el argumento ontológico de San Anselmo sería uno de los sitios donde nos encontraríamos una de las apariciones de “existe”, y lo que nos encontramos era “esse”, porque había una diferencia que era “esse in res”, “ser o estar en la cosa”, con “esse in intelectu”, ser o estar.  Es decir, parece que Dios superaba eso, pero luego nos encontramos lo de existir, que cuando San Anselmo hablaba a Dios directamente le decía “Deus existens per te ipsum”, lo utilizaba cuando se refería a Él, pero no al intentar esplicar “su existencia”, como nos decían a nosotros.  Había un lío ahí también parecido.

-Bueno, aunque esto nos líe un poco, ya sabéis que el argumento de San Anselmo, que durante siglos, desde que se inventó la Realidad para acá, la Realidad en general, la Realidad de Dios mismo, ha venido acosándonos, es eso: que hubo, tiene que haber, un Ser que tenga todas las perfecciones, es decir, se niega la posibilidad de que las posibilidades estén cortadas por un “menos”, y entonces se hace, como si fuera propio de la Lógica, que es necesario.  Bueno, eso es por lo que en el ensayo ése que antes os decía acaba diciendo eso. Efectivamente el argumento es infalible, porque es que eso quiere decir que si vas a buscar, no en el intelecto, sino que vas a buscar en el diccionario, pues está, no puede menos de estar: el ser perfectísimo de entre todos los seres, ¿cómo no va a estar en el diccionario cuya lengua hablamos?

Bueno, entonces yo creo que tenemos que dejarlo por hoy, de manera si queréis repasar los trozos del poema de Parménides, pues ya entre vosotros o ya conmigo si vengo lo discutiremos; por ahora yo creo que tenemos lo bastante, de manera que, hasta otra, salud.

 

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