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  • Agustín García Calvo
  • Agustín García Calvo (1926-2012)
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Tertulia Política número 356 (24 de Octubre de 2012)

Tertulia Política número 356 (24 de Octubre de 2012)
Tertulia Política número 356 (24 de Octubre de 2012)
 
Agustín García Calvo
 
Ateneo de Madrid
 

 
 
Tertu356-24-10-2012
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APUNTES:
 
Las ‘cosas’ se hacen a la vez con cuantificador (que puede ser número) y semántico (que puede ser significado de la palabra).
En este proceso hay grados: lo primero, en las palabras de significado de una lengua u otra, la lengua más inmediata y vulgar hasta la más refinada y culta; ya cuando se dice “dos y dos son cuatro”, la lengua vulgar ha acudido a la aritmética y la escuela, pero, antes que eso, sin acudir a eso, diciendo “son habas contadas”, la pretensión de exactitud en lo que se dice está igualmente viva. No suele la lengua vulgar, en cambio, acudir a fórmulas como “1+1=2”, que es ya puramente aritmética y escrita.
Todo ello va en el sentido de descubrir claramente que en la lengua que trata con la realidad no hay lugar para la verdad, puesto que la realidad es no otra cosa que contradicción o guerra y esa fórmula, “1+1=2”, con elementos y relaciones ajenos a la realidad, puede ser siempre verdad, o, mejor dicho, tiene que ser verdad, ya que no hace más que lo que dice ni dice más que lo que hace.  
 
Las orillas de misterio
 
Acercarse a las orillas del misterio, rozarlo sin más, eso es lo que hacen muchas de estas coplas, y no sólo estas, sino otras y otras que sin prisa, pero sin descanso, le han venido saliendo a Paco Díaz Velázquez a lo largo de los trajines de la vida. Y le seguirán saliendo (esto no hay quien lo pare) hasta el último suspiro  y más allá, porque estoy segura que desde donde vayan a parar sus huesos, saldrá una vocecilla tan suave como rotunda: “¡Era mentira!”. Pero mientras tanto llega el caso  -que largo nos lo fiamos en un tan sempiterno hipocondriaco o más bien “epicocondriaco” (pido excusas por el palabro)-,  Paco seguirá ensayando maneras de decir NO, la sola cosa que el pueblo dice y que él aprendió del pueblo, prestándole oído atento a la gente, y así en justo agradecimiento devuelve lo prestado  y se lo recuerda al pueblo, por si los politicastros y comerciantes logran confundirlo y le hacen hablar y mentir como ellos, labor la más engañosa  y  eficaz del Poder en el Régimen democrático.  
 
Las vías que Paco usa para ese desvelamiento de la falsedad de la realidad siguen múltiples vericuetos. El más de su gusto, desde luego, parece ser ese empeño en descubrir la contradicción  o guerra que se da en la realidad misma, (no es en vano cuenta en él la huella de su viejo trato con  Heráclito y los presocráticos). Remover todo lo  que se da por sentado.  Sospechar de la realidad cuanto más se nos impone como verdad. Escarbar en las ideas y los sentimientos cotidianos por el sencillo método de dejar que hable desde la persona lo que por lo bajo le quede de pueblo, (que siempre lo hay en mayor o menor grado),  de gente corriente, de herida común.  Labor interminable, porque como decía el otro “cá uno es cauno y jase sus caunás”. Hay mucha tela que cortar. Las hilanderas del alma tienen trabajo en el taller de Paco. Un taller paseante que va de acá para allá por entre callejuelas sevillanas y retiros al campo.  No hace él, no,  remiendos a la realidad  para ir tirando, sino que, por el contrario, no pocas veces, aprovecha los rotos del tejido para agrandar la desgarradura y asomarse sin miedo a ver qué hay al otro lado,  husmear en el hueco de la rotura,  y aunque en ocasiones nos diga  que no hay nada,  ese nada en sus coplas no puede ser nada porque da señales de algo vivo y tembloroso.
 
Nunca he visto yo un miedo tan atrevido y valiente. (Quizá eso es lo que pasa en el buen toreo). En eso te confieso, Paco,  que nos parecemos como hermanos de sangre, heridos de  herida común. Pero también en el goce, en el disfrute del soltarse. Cuánto me río contigo. Traigo aquí las palabras tan certeras de nuestro querido maestro Agustín en su entrada al Ramo de romances y baladas: “Hay un placer de dejarse ser común y pueblo, que se contrapone al gusto de lucir como persona. Es ésa   una balanza que está siempre temblando?  ¿No la sienten?”
Y muchos más, no lo dudo, habrá por ahí que al leer estas coplas se  les abrirán las orejas y las oigan con los ojos y piensen: “Eso, eso es, lo que a mí me pasa y no sabía decirlo…” Porque tus coplas, Paco, salen cantadas: son ritmo y aliento,  lengua suelta que es pensamiento  vivo, que no se conforma ni calla, que apunta, que pregunta. Tus letras son de viva voz. No es de extrañar que despierten la sed del gaznate de más de un cantaor que las cante a lo jondo y que nos lleguen alguna vez y nos hieran cuando menos se espera, como dice la copla:
 
El cante y la pasión,
siempre
a  traición.
 
 
 
Isabel Escudero
Zamora 29 de Octubre de 2012 
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