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Tertulia Política número 40 (27 de Septiembre de 2006)

Tertulia Política número 40 (27 de Septiembre de 2006)

Agustín García Calvo

Ateneo de Madrid


 

Tertu040-27-09-2006
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TRANSCRIPCIÓN:

 

 

Vamos pués, a reanudar esta guerra contra la Realidad, en la cual, el último día nos veíamos metidos en la cuestión de ¿cuántas son las cosas?, porque 'Realidad' era término culto y había propuesto sustituirlo por -dicho en términos vulgares- "las cosas no son todas", que sería la manera llana y vulgar de decir lo que es el descubrimiento principal que nos traemos estos días: "la Realidad no es todo lo que hay" (era la forma en que se formulaba en principio). Es decir, "las cosas no son todas". Y entonces, surgía la cuestión de cómo contar o no contar las cosas, y entre las cosas -no lo olvidéis- estamos nosotros, de manera que en esta averiguación que, de primeras, no parece nada política, en verdad uno se está jugando no la vida -que eso ni sé lo que quiere decir- pero se está jugando el ser -el ser el que es- puesto que la cuestión se refiere a cualesquiera cosas y, entre otros, a uno; y esa cuestión de uno -de que uno de nosotros, uno cualquiera- tenga que ser por un lado, uno de tantos, y por otro lado, ser -o pretender ser- único y singular, esta cuestión está entrelazada con la de 'todo' -el 'uno' con lo de 'todo'- y por tanto, con este problema que nos traíamos de ¿cuántas son las cosas?


Porque era claro -y sigue siéndolo- que no se puede decir que las cosas sean sin fin, infinitas de verdad -que es lo que la Ciencia no llama 'infinito' pero da lo mismo decir 'sin fin', también en el lenguaje corriente-, y las cosas no pueden ser propiamente sin fin, porque sin fin de verdad sólo es aquello desconocido, inconcebible, en lo que -según nuestros descubrimientos- estamos cayendo continuamente, hundiéndonos en ese desconocimiento, en ese sin fin, y al mismo tiempo, defendiéndonos -las cosas, nosotros y cada uno- defendiéndonos contra esa caída por medio de todos los recursos que aquí hemos ya sacado una y otra vez. Una defensa, de la cual no podemos decir que se hace también 'continuamente' sino sólo 'costantemente', porque en esta diferencia que establecemos entre 'continuo' y 'costante' -haciendo que los términos sean más precisos de lo que son en su uso habitual-, en esta diferencia está el motivo que nos hace decir que 'las cosas no son propiamente sin fin' en ese sentido, porque lo sin fin es continuo, por eso mismo, inconcebible -lo continuo, lo sin fin, son inconcebibles-.


En lo continuo no hay ni cosas, ni siquiera puntos (estos entes ideales que son los puntos); puede darse en lo sin fin, en lo continuo, 'cortes', pero estos 'cortes' que se puedan dar y que de hecho se dan -en la Ciencia, en la Matemática al servicio de la Ciencia- no son descubridores, no dicen la verdad, sino que son creadores; son creadores, es decir, que imponen sobre lo continuo una discontinuidad que lo continuo echa para afuera, que lo continuo no puede admitir; mientras que las cosas -nosotros entre ellas- necesitan como primera condición la  d i s c o n t i n u i d a d, si no, no habría cosas múltiples, que al mismo tiempo son diferentes unas de otras, y al mismo tiempo están enlazadas entre sí por relaciones que decimos que rigen entre 'todas cuantas haya', sin que esto quite a esta evidencia de que la discontinuidad -las cosas diferentes, o que pretenden ser diferentes- sea lo que costituye esto de la existencia o Realidad.


Las cosas tienen que ser múltiples, precisamente de esto depende que cada una sea cada una: de que sean múltiples y, de alguna manera, puedan pretender alguna forma de cómputo, alguna cuenta. Las cosas son múltiples y además -en esto introducimos el misterio o el error del Tiempo, sobre el que volveremos enseguida-, además están multiplicándose costantemente también. Están costantemente multiplicándose y el teniendo que ser cada vez más y más por motivos sobre los que ahora volveremos.


Os recuerdo entre tanto, algo que ya hace mucho tiempo he usado, por ejemplo, en el librillo de las Lecturas presocráticas, en el primer tomo, que es un razonamiento de Zenón de Elea que Simplicio nos trasmite -dice él- literalmente, contra que las cosas puedan ser múltiples -pollá: muchas, muchas, múltiples, plural-. Un razonamiento con dos brazos -como suelen ser estos-, el primero dice "Si las cosas son múltiples, tienen que ser cuantas son, y ni más de las que son, ni menos de las que son, tienen que ser cuantas son". Y esto, efectivamente, introduce inmediatamente en las cosas la necesidad de la finitud (que de alguna manera sea un fin) si no, esa cuenta de 'ser cuantas son, y ni más ni menos', no tendría sentido. De manera que entonces, son finitas. 


Y el segundo cuerno del dilema: "Si las cosas son múltiples, y por tanto diferentes y separada una de otra, entonces, siempre entre una y otra se puede introducir una más (no hay nada que lo pueda impedir), y a su vez, entre ésta y la anterior o la siguiente, se puede introducir otra más, en un proceso que nunca puede pararse". De manera que entonces, las cosas son, por el contrario, sin fin, infinitas. 


Bueno, éste es el razonamiento de Zenón de Elea, en el cual, el interés -como veis- viene a ser que con respecto a las cosas, se pone en tela de juicio y, en cierto modo, se desbarata la oposición entre finito/infinito -entre infinito y finito- porque las dos cosas se imponen como necesarias, y en el idioma corriente y en el científico son incompatibles, y ahí tenéis la cosa.


Bien, el último día -creo que partiendo del descubrimiento de que continuamente nos estamos hundiendo en lo que no se sabe y defendiéndonos costantemente de ello- planteábamos esto de una manera, tal vez, más refinada, que era así "las cosas no pueden ser de verdad sin fin", por lo ya razonado respecto a continuidad. Son, por otra parte, incontables, es decir, que su pretensión de cómputo, dada su multiplicidad, es una mentira, una ficción, pero propiamente son incontables, sin ser sin fin, y entonces, el que esto... el que esto pueda ser, lo aclarábamos acudiendo a la eventualidad. El razonamiento de Zenón es desde luego mortal, si se piensa de una manera estática en 'las cosas cuantas son', pero si acudimos a eso de la eventualidad, entonces es muy distinto, porque 'las cosas no son cuantas son', porque siempre están entrando cosas y, por tanto, no puede haber cómputo en ningún momento, o -si preferís decirlo- si hay un cómputo en un momento, queda inmediatamente anulado por el cómputo en el momento siguiente, porque costantemente -no continuamente-, costantemente están entrando nuevas cosas, nuevos rasgos, nuevas relaciones, precisamente por esa necesidad de defensa contra la verdad de nuestra caída en lo sin fin, en lo no sabido.


De manera que 'las cosas no son todas' -eso es imposible-, 'todo'     -como el otro día volvíamos a demostrar- es un ideal incompatible con las cosas, con la Realidad -la Realidad no es todo lo que hay; las cosas no son todas- por tanto, nunca cada cosa es una del todo, nunca es del todo la que es, pero eso no quita para que estén separadas, tengan relaciones entre sí, y la imposibilidad de contarlas y de contar esas relaciones depende de eso: de que las cosas no son nunca 'cuantas son' -AHORA no son nunca 'cuantas son'- y si en un momento son 'cuantas son' en el siguiente ya no, ya la cuenta es... ya la cuenta es otra. De manera que de esa manera, yo creo, que se puede venir a entender este gran problema de que la Realidad, las cosas, no pudiendo ser sin fin, al mismo tiempo no sean propiamente en número finito ni en cuantía finita, sino incontables, en cuanto dependientes... dependientes de... del evento, de lo que vaya sucediendo: no son 'cuantas son' sino 'cuantas haya', 'cuantas vaya habiendo' en los momentos sucesivos, y así no se las puede contar.


Esto es (en esta contra-metafísica que os estoy presentando) lo mismo que en Política rastrera se nos presentaba hace cuarenta años, cuando el levantamiento de los estudiantes por el mundo, que se producía por medio de grandes asambleas, no propiamente convocadas, ni improvisadas; en las grandes asambleas, por ejemplo por aquí, en febrero del 65, estaba continuamente entrando y saliendo gente; y en un sitio donde está entrando y saliendo gente, ni cabe hacer cómputo, ni por tanto -por fortuna-, no pueden contarse votos, ni se puede votar. Y esas asambleas, costantemente aumentando y disminuyendo el número de participantes, tienen justamente esa virtud que ahora trato de presentaros para las cosas en general, con nosotros incluidos.


Os saco este recuerdo para que no olvidéis que toda esta trama, que aparentemente es muy abstracta y general, es, sin embargo al mismo tiempo, política; porque en la guerra contra la Realidad, el descubrimiento de la mentira necesaria y costitutiva de la Realidad, es donde de verdad se está luchando contra el Poder, contra lo que cualquier forma de Poder, que es lo que nos mata [] administración de muerte, es decir, lo que mata las posibilidades sin fin tratando de reducirlas a un cómputo, a unas ficciones de elección entre lo uno y lo otro, de libertad y demás, con las cuales ahora seguiremos... seguiremos entrando.


Pero antes de pasar, os voy a dejar correr la voz un poco, porque hasta en esto que he recordado, relativamente simple, puede que siga habiendo líos y dudas, que hay que recoger, porque las dudas es nuestra vida, la vida de la tertulia, la vida de la guerra contra la Realidad: las dudas.


Fijaos que cuando presentamos la incontabilidad de las cosas que, sin embargo, no sin fin -no son sin fin- en cuanto dependientes de lo que pase, de lo que vaya pasando, hemos metido... hemos metido en esto esa cuestión del Tiempo, y conviene recordar que el Tiempo es la primera falsificación sobre la que la Realidad se sienta. Se puede decir que las primeras cosas que hay son 'veces' o 'momentos'. Es este... es este Tiempo el Tiempo con el que nos engañan, nos cambian la vida por Tiempo, por años, por jornadas laborales, por horarios, y es ese Tiempo en el que toda la Realidad se sustenta.


Un Tiempo, por cierto, que en cuanto a eso de las relaciones múltiples -incontables-, entre las cosas múltiples -incontables-, se... se presenta. La Ciencia, el saber, tradicionalmente viene fundándose en interpretar esas relaciones entre las cosas como relaciones de causa. Se quiere que 'a' sea la causa de 'b', para lo cual, desde luego se impone la condición de que 'a' sea antes que 'b' -la causalidad implicando la prioridad en ese Tiempo-. Ese Tiempo, sin embargo, ese Tiempo falso, es un Tiempo que tiene -como sabéis- dos sentidos: hacia adelante y hacia atrás, y -luego ya en el colmo de la falsificación- pasado y futuro. Bueno, ya está metiendo 'el corte', esa cosa de un presente. Cosa que no le pasa al tiempo de verdad, el cual -como cada día tengo que volver a recordar- consiste en AHORA. Y AHORA tiene la virtud de que cuando se ha dicho 'AHORA' ya no es AHORA. Ese es el tiempo de verdad en el que estamos cayendo continuamente, y ese, ni tiene antes y después, ni tiene pasado ni futuro, ni tiene ninguna de esas falsificaciones necesarias del Tiempo real, el Tiempo al que reducen las posibilidades, por ejemplo... por ejemplo las de vivir    -nuestras vidas-.


Bueno, pues resulta que convendrá fijarse también en los dos sentidos de ese Tiempo -hacia adelante y hacia atrás- porque esto nos lleva a no intentar separar 'las cosas', de 'los saberes de las cosas'. 'Las cosas' en sí, como independientes, existiendo por su cuenta, sin ayuda de ninguna idea, de ningún saber, y la parte -digamos- la mitad subjetiva -por hablar a lo filósofo- que es la de 'los saberes'. Si las causas van de atrás a adelante -de pasado a futuro-, evidentemente la explicación científica va al revés, va de adelante a atrás, en el otro... en el otro sentido del... del Tiempo, trata de ir hacia atrás encontrando la explicación del comienzo de las cosas, o de la aparición de las... de las cosas.


Esa división entre los dos sentidos corresponde a la división necesaria entre 'cosa'/'idea de la cosa' -entre 'las cosas' y 'el saber de las cosas'- que es falsa, pero desde luego, necesaria para el orden, con todas sus prolongaciones en la distinción entre 'Universos' que andan por ahí de por sí, y 'saber de los Universos', que son las ideas, las explicaciones científicas, que nosotros tenemos de ello: un cuento, una falsedad, pero fundamental, fundacional para sustentar esta mentira de la Realidad.


Dentro de un rato -creo-, si tenemos tiempo, se verá cómo esas cosas enlazan mejor entre sí, pero -según decía- ahora, para intentar sacar dudas precisas, claras -si es posible- acerca de estas cosas que os he recordado, pues os dejo ya correr la palabra. De manera que venga, a ver qué pasa, a ver qué surge, a ver qué se nos ocurre, si cualquiera de vosotros se deja hablar un poco, [consultando], sacando sus dudas. También en el sentido de... Adelante.


- Es que, la comparación ésta de la Realidad, en una asamblea estudiantil, en la que entran y salen estudiantes y nunca se sabe... (o gente), y nunca se sabe cuántos hay, pues, me hace ver la Realidad de una manera bastante atractiva. Y entonces, pregunto que ¿por qué la lucha es contra la Realidad y no contra esos ideales [], esos ideales que pretenden que siempre todos los que están en la asamblea estén bien contados, y se sepan cuántos son, y que se sabe cuántos son?


AGC - ¿Cuál es el atractivo?, ¿cuál es el atractivo sobre todo?


- Eso de que no esté bien contado, de que no estén las cosas bien contadas, y de que, si no están bien contadas las cosas, ¿qué cosas son esas?, no son de verdad cosas si no se las puede contar.


AGC - Efectivamente, así es. Eso te resulta atractivo ¿por qué? ¿Por qué?


- Hombre, porque se escapa de... se escapa de la muerte, de algún modo. Si no se saben las cosas qué es lo que son, y si no están bien contadas, no se les puede administrar la muerte.


AGC - Sí. Voy a aprovechar eso y a prolongarlo un poco. No hay que olvidar que prácticamente lo que hay en esta discusión son tres pisos: uno son las cosas sin más, contra cuya contabilidad nos estamos metiendo de una manera directa; otro son los ideales, 'los números', 'todo', 'uno', que hemos declarado -a propósito de 'todo'- que son extraños a las cosas; y el piso de abajo que es en donde nos estamos hundiendo: la verdad, lo sin fin. No hay que olvidar que propiamente los pisos son... son tres. Tu simpatía es frente al ideal del Poder del Estado -que pretende poder contar las asambleas, que pretende que cada uno es cada uno, y por tanto debe votar, y que los votos deben sumarse para, de alguna manera, dar la voluntad del pueblo, o cualquier otra tontería sanguinaria como esas que os cuentan-, se explica. 


Pero, claro, efectivamente las cosas, la multiplicidad de las cosas (no sólo de la asamblea de estudiantes), la multiplicidad de las cosas en general, es -no voy a decir ahora atractiva o simpática-, pero es, por lo menos, fascinante. ¿Quién no está fascinado por la multiplicidad de las cosas, y no sólo por el hecho de que sean muchas, sino de que se estén multiplicando; se estén multiplicando incluso a velocidades crecientes, que desde los gusanos de la tierra hasta las poblaciones de humanos o cualquier cosa, estén continuamente tramando, inventando, nuevas formas de sostenerse, nuevas formas de defenderse contra el descubrimiento de su mentira? Esto es fascinante; lo mismo si uno se deja llevar a examinar con ayuda incluso de zoólogos, los gusanos, la inmensa multiplicidad de los gusanos o de las mariposas, que si uno se dedica a verlo al nivel de la producción por ejemplo, de la producción laboral y comercial en el Régimen del Bienestar, incansable reproduciéndose con una riqueza que parece que no puede encontrar término. Sí, es la fascinación de la riqueza, de alguna manera. La fascinación de una riqueza que promete ser eso: incontable, y por ello mismo pues puede ejercer una forma de atractivo, sí.


- Sí, pero el atractivo al que yo me refería no era que fueran muchos ni pocos, sino el que no se supiera cuántos eran.


AGC - Bueno, muchos y pocos no... no se deben oponer. Aquí se dice 'muchos', o como Zenón 'pollá', para decir simplemente 'múltiples' -múltiples, múltiples-. Que sean muchos o pocos, de primeras, no tiene mucho que ver, aunque ahora tendremos que...


- Sí. Yo estaba entendiendo, a lo que tú aludías como riqueza, lo estaba entendiendo como 'muchos', que se podía oponer a 'pocos'.  


AGC - Bueno, es de... no es del número de las cosas de lo que hablaba, sino de la multiplicidad reproducible a niveles diferentes, con multiplicaciones costantes, aparentemente inagotables, tanto en los pretendidos recursos naturales o bichos, hierbas (aquí nunca hablamos de natura, hablamos de Realidad, dentro de las cuales, las ideas de Naturaleza están comprendidas) como las manifestaciones esas que llaman 'humanas' -a nuestro... a nuestro nivel-. Hay que decir que... recordaros que son los tres pisos, pero cuando se descubre que las cosas son mentira en el sentido de que están establecidas por una contradicción declarada (que es la que he estado sacando), entonces ya no hay ni atracción ni simpatía que valga, es que simplemente para negar -descubrir y negar- la mentira, no hace falta nada de eso; ya se sabe que nosotros personalmente siendo cosas y formando parte personalmente de esa riqueza, tendremos que estar siempre dispuestos a admirarla, dejarnos fascinar por ella, aceptarla de alguna manera; pero la verdad es la verdad, es decir, lo desconocido que no sabemos. Y cuando eso se descubre, pues ya tenemos que luchar también con nuestras simpatías, atracciones, y ¿qué se le va a hacer?: dejar que los peces, y los cínifes innumerables del mundo descubran su condición de mentira, y -entre ellos, y en primer lugar, nosotros- nosotros, nuestra condición de mentira. No sé si quieres seguir un poco o no.


- [] yo no me refería a los peces sino más bien a las asambleas esas de estudiantes.


AGC - Sí, sí. Pero ese es un caso. Es un caso más, no se puede separar. No se puede separar. Si nos dedicamos a atacar el Régimen democrático por ejemplo -la creencia en el voto, en el cómputo de los votos y demás-, pues bueno, está bien, está bien, pero la verdad es que no estamos atacando a las raíces; para atacar a las raíces hay que ir simplemente a las cosas sin más, a las cosas cualesquiera, y dejar de lado todo humanismo, y dejar que nuestro caso y el de la... el del Régimen democrático se pierda como un caso de todos los demás casos de Realidad o de cosas. Sí, ¿qué pasa?


- Que... que es que yo pienso que, bueno, tiene algo que ver con esto que se está diciendo, pero... es que la cosa se presenta en un modo tan paradójico en sí, que incluso esto que nos pueda arrebatar de la multiplicidad, de la asamblea inconclusa, de más o menos estudiantes, de más o menos que entra o sale, que... o que se queda en la puerta. Todas estas... esta rotura de fronteras de... que a lo mejor, te puede llamar la atención porque ves que no está condenao a muerte del todo, sin embargo, tiene una reducción al lenguaje. El hecho de que la asamblea se llama asamblea; el estudiante, estudiante; la puerta, puerta; el horario... Es decir, que de alguna manera, para que yo me pueda asombrar de esa multiplicidad, de lo inconcluso, parece que eso mismo está alimentado por una necesidad de una discontinuidad previa, porque si no hay esa discontinuidad previa del puro saber de la cosa -que está ligada, desde luego, con el nombre, con que se le llama de una manera-, entonces no podría... está la cosa limitada, la una cosa...


AGC - Pero, entonces, ¿qué...?


,- Una cosa por la otra está limitada.


AGC - Sí, pero, ¿qué he estao diciendo? No sólo... no sólo cuando he vuelto a rebatir esa ilusión de que a 'las cosas' se puedan separar de 'la idea de las cosas' (donde está ya todo lo que dices del lenguaje y del nombre), sino además, haciendo costar los dos sentidos del Tiempo, recordando al final cómo nuestra ideación necesita 'la idea de causa'('a' causa de 'b', por tanto antes que 'b'), mientras que nuestra explicación, nuestro saber, funciona del revés, y trata de a partir... a partir de lo que se nos da inmediatamente descubrir 'algo que antes' -que venga de antes, y todo eso-. Está claro, ¿no?: sin... sin ideas no hay existencia; la condición de la existencia implica las ideas; las ideas, que pueden ser las de un lenguaje humano o los de cualquier forma de lenguaje, pero vamos, siempre sin ideas no hay... Hay sin fin, pero para que dentro de lo sin fin y, a pesar de lo sin fin, se establezca la discontinuidad, y una cosa sea una cosa, y se distinga de otras cosas y se las pueda contar, para eso, desde luego, hay que contar con las ideas: sin eso no existe uno. Sin eso no existe uno.


- Pero es que ni siquiera hace falta de llegar a lo del ideal del 'todo' y el 'nada', sino que el 'algo' -'algo'- está ahí.


AGC - No, no: una cosa. Una cosa. Una cosa no existe...


- El 'algo' ya es cuantificable...


AGC - Una cosa...


- Ya está delimitado.


AGC - Una cosa... "puede haber..."


- ¿Hay 'algo', o no hay 'algo'?


AGC - "Puede haber..." (mil veces repetido): "puede que por ahí haya algo como 'rosa' y 'olor de rosas', pero que 'las rosas' existan en la Realidad...", eso no se puede hacer sin nombre, sin... es decir, sin la idea o significado (estamos hartos de ver este 'algo'). ¿Qué más había por ahí? Sí.


- Entiendo que se diga 'incontable' para diferenciarlo de 'sin fin' -hacer la distinción- pero a mí también como que me deja un poco... me resulta un poco confuso ¿no?, lo de decir 'incontable', porque parece que... que uno podría pensar que incontable es que... que no hay manera de... de coger la cosa para contarla. O sea, que sería diferente entenderlo como... como que no es de número cerrado, o sea, que cuando se dice 'incontable' parece que se le viene a uno a la cabeza un poco también que no se puede contar aquello ¿no? Sin embargo, creo que se dice que... que por supuesto, se cuenta pero que no... ese 'todo' de la Realidad no es de un número cerrado.


AGC - No hay "todo". No: en Realidad no hay "todo".


- ¿Cómo?


AGC - Que no hay "todo". No hay tal cosa como "todo" de la Realidad.


- Hombre, decíamos "todo"...


AGC - No, no. Un momento: sin armar demasiao lío. Déjala un poco más.


- Sí. No, no: pero ahí... ahí no... no entendí bien lo de "todo" de la...


AGC - No, no: eso es lo que repetimos siempre: "la Realidad no es todo lo que hay", y "las cosas no son todas", evidentemente 'todo'...


- Sí, pero pretende serlo ¿no?


AGC - ¿Eh? Se pretende que lo sea, y con eso está relacionado lo que se pretende poder contarlas.


- Eso. Entonces, la incompatibilidad...


AGC - Una tercera cosa: se pretende que cada una sea una. Que cada una sea la que es y, por tanto, una. Todas esas pretensiones son costitutivas de la mentira de la Realidad: evidencias de la condición falsa, falsificadora de la Realidad.


- Sí. Perdón. Es que ya que se ha hablado de una asamblea de estudiantes como un ejemplo, que parece que es un recinto cerrado, con puertas abiertas que entran y salen, tal; podía darse otro ejemplo de un estanque con anguilas, o con truchas. Entonces, se sabe que ni van a salir ni van a entrar; que hay las que hay, pero... pero ¿había que marcar una por una, o separadas para contarlas? []; la importancia que... que tiene el contar [en la argumentación] puede tener muchos aspectos, y... y no sé si son todos iguales; o sea, el número cerrado, el conjunto definido, el que son... todas las cosas sean igual para... a efectos de contar que una es una, todas son iguales pero son distintas; hay... hay muchas...


AGC - Bueno, yo no creo que en eso haya mucho motivo de lío ¿eh? Por supuesto, el... el recinto es una condición -digamos- conveniente; conveniente para el cómputo. Desde luego...


- Pero por lo menos, la...


AGC - Desde luego, nunca yo me atrevería a condenar a tus anguilas a no poderse escurrir por el borde, o por bajo de la tierra, ni a creer en que hay un recinto lo bastante seguro  n u n c a; además las anguilas se están reproduciendo, y eso, amigo mío, es más difícil de controlar. Pero desde luego, la noción de 'todo', por tanto, del 'número exacto' que implica el recinto, es una condición conveniente. Pero en lo que afecta a las cosas que somos nosotros, y a lo que hemos podido percibir en el progreso de nuestra Historia, se ve que ese procedimiento es demasiado tosco, que hay procedimientos mucho más seguros para asegurar la creencia en que se puede contar; por ejemplo, con respecto a los Regímenes que la Historia nos recuerda, donde el recinto, el encierro, la condena directa a la esclavitud y al cómputo, parecía regir, bajo el Régimen que hoy padecemos eso se emplea muy poco, porque se confía por el contrario en que cada uno sea lo bastante idiota como para creérselo, y se confía a su vez que si la mayoría son lo bastante idiotas, pues no haga falta encerrar en ningún sitio, no haga falta imponer Leyes -al estilo arcaico- restrictivas o delimitadoras ¿no? Es simplemente un truco conveniente pero nada más. ¿Qué más?


- Agustín.


AGC - Sí.


- Hay... hay una cosa que a mí me parece bastante compleja: y es la presuposición que se hace de la indisolubilidad, [por decir de algún modo], entre 'la cosa' y la 'idea de la cosa'. Es que eso me parece un poco arbitrario, porque igual que presumimos que están unidas indisolublemente, esto de suponer...


AGC - ¿"Están"?


- Unidas indisolublemente.


AGC - ¿Quién?, ¿una con otra?


- 'La cosa' con la 'idea de la cosa'.


AGC - ¡Ah!, sí, sí, sí.


- ... se puede exponer lo contrario: que no hay el más mínimo nexo de conexión entre eso que se llama 'cosa' y la 'idea de las cosas'. Y que las 'ideas de las cosas' han tomado una especie de Realidad artificiosa, un artificio, y el magma ese de 'la cosa' no tiene nada que ver, no tiene por qué obedecer en absoluto a todo ese artificio: no se sabe qué hay ahí.


AGC - ¿Quién las ha hecho?


- Que no se tiene ni idea.


AGC - Y ¿quién las ha hecho a las cosas? Si no se sabe, ¿cómo...? Si no se sabe, ¿cómo te metes dentro? ¿Cómo me cuenta esto que me has contado?


- No: yo no digo... no... no me meto dentro... No hay nada dentro.


AGC - No: sí. Sí, sí. Sí: te has metido dentro; has hablado de un magma de cosas y no sé qué. Si no se sabe, no se sabe.


- Exactamente.


AGC - Si no se sabe, no se sabe. Y las cosas -lo que se está diciendo- es que la conexión con la idea y con la cuantificación es necesaria para que las cosas sean cosas y cada una pretenda ser la que es: mentira, pero Realidad -mentira, pero Realidad-. Por debajo de eso hay lo sin fin, lo que no se sabe, pero eso no es ningún magma de cosas. Ahí no hay cosas que... no hay cosas que valgan.


- O de cosas... ni siquiera...


AGC - ¿Eh?


- Podría ser algo indeterminado...


AGC - Sí, sí: lo que no se sabe. Es en lo que nos estamos hundiendo costantemente. A poco que nos dejemos, en lo que nos estamos hundiendo costantemente es en la verdad, es decir, precisamente lo que no se sabe. Y se está hundiendo en ello la falsedad general de la Realidad, la falsedad de nuestros conjuntos humanos, la falsedad de cada uno; y se está  d e f e n d i e n d o  costantemente; defendiendo por la multiplicación de las relaciones, la creación de nuevos rasgos, de nuevas... de nuevas formas. ¿Qué más?


- El que... que sean incontables, sin fin, parece que es menos importante al propio hecho de contar.


AGC - ¿"Al propio"?


- Hecho de contar. Es decir, que la... la operación de contarle, de hacer que esto y esto sea igual, y por tanto hay veinte sillas. Que esa... esa... esa operación sí me parece importantísima, sean sin número, sean pocas o tal... esa me parece crucial, incomparable, porque que sean sin número...


AGC - Sí, sí. Pero es...


- ...  sin número...


AGC - Pero es superior, es de un nivel superior. Esa es en la que entra ya... entra ya los entes ideales para costituir... para hacer que la cuantía no sea simplemente cuantía, sino que sea una cuantía numérica. Es de orden superior. Recordad que en el propio razonamiento de Zenón de Elea no hacía falta decir más que pollá (múltiples), no hacía falta decir número. Para que... para que resultaran los... para que salieran de ahí los dos resultados contradictorios, el uno con el otro: de que tenían que ser infinitas y que tenían que ser finitas.


- [Aquí].


AGC - Adelante.


- Yo, lo que no acabo de entender es esta diferencia que hay entre el presente real, que tiene un antes y un después -me parece recordar-...


AGC - Eso no es ningún presente: el Tiempo real; el presente, ninguno.


- Bueno, el Tiempo real. Pues no logro entender esa diferencia entre Tiempo real con un presente, con pasado y futuro y ese AHORA que tú decías que había, porque no concibo un AHORA sin un antes y un después tampoco, salvo que sea un AHORA como...


AGC - Es que un AHORA no lo concibes, muchacho, esta es la cuestión. Que un AHORA es inconcebible, por eso es la verdad. AHORA, es decir, esto que tiene la virtud de que cuando se dice AHORA ya no es AHORA, eso es perfectamente inconcebible. Si lo concibes, ya lo estás convirtiendo en esa tontería que es lo que llaman 'un presente' después de haber inventado el Futuro y el pasado: no, no es eso. En todo caso 'un momento'. AHORA es inconcebible, es lo sin fin.


Un poco ahora con respecto a cómo se cuentan las cosas incontables, a las maneras de contar las cosas... las cosas incontables:


A todos vosotros os... os costa que ha habido en esto un progreso costante, un perfeccionamiento de los medios... de los medios de cómputo. La forma -probablemente-, la forma -por lo menos en esta línea- más avanzada de intentarlo es el Cálculo de probabilidades     -como sabéis-, la reducción a probabilidades, de lo cual, todos tenéis una idea más o menos vaga -supongo-.


Se han establecido...  se está establecida la creencia en cosas múltiples, separadas, diferentes; las relaciones entre ellas -que tienen que ser además entre 'todas cuantas haya o vaya habiendo', todas están de alguna manera relacionadas por fuerza-. Entonces se trata de, lo primero, predecir cuál va a ser, en un ámbito determinado, el cómputo, cuáles van a ser las relaciones entre sus elementos. Esto es lo primero: el Futuro es lo primero. Y luego, de una manera retrógrada, también predecir el pasado (queriendo decir, naturalmente, predecir 'el saber del pasado', predecir cuál va a ser la forma de explicación que pueda resultar  m á s   satisfactoria). Primero hacia el Futuro: se pretende que hay esa cosa esencialmente absurda a la que llaman 'hechos futuros' -aquí una de las grandes perogrulladas que hemos descubierto es que es simplemente "lo que ha pasado, ha pasado; y lo  que no ha pasado, no ha pasado"; y que todo lo demás son mandangas y engaños: "lo que ha pasado, ha pasado y lo que no ha pasado, no ha pasado", sin más-; y pensar en tales cosas como 'hechos futuros', equiparar lo que va a pasar con lo que ha pasado, es una de las trampas más elementales, más terribles también, bajo las que... bajo las que padecemos y nos... y nos engañamos.


Primero, pués, tratar de dar cuenta de lo que va a pasar: los resultados de un experimento, los beneficios de una Empresa, da exactamente igual: predecir con... con exactitud.


Y, luego, en segundo lugar, pues eso: averiguar también cuál va a ser la teoría, la idea, que mejor dé cuenta de los hechos -desde el Futuro se invade lo pasado-.


Bueno, pues bien, algunos de vosotros recuerdan -porque intervinieron en esto, hace dos años, creo-, que os repartí un papel acerca de esto de probabilidades -de esta forma del cómputo de las probabilidades- donde se partía de esto que os vuelvo a recordar ahora. (Bueno, eso, efectivamente se repartió aquí -el año pasado, me parece- y está también en la red, y que lo podéis encontrar en la red incluso. Hace dos años, más o menos; antes de que empezara a meteros en el asunto de 'dejarse caer en lo que no se sabe' y de fabricar el libro de ¿Qué es lo que pasa?, pero poco antes. Y podéis volver a dar con ello -si queréis-) (*)


Se partía de esta ley -bien conocida de cualquier estadístico- de que 'el aumento de la población acrecienta la certidumbre de la predicción', luego por tanto, en sentido inverso, la certidumbre de la teoría explicativa, [primero era la] certidumbre de la predicción (de los hechos futuros). Efectivamente -ya se sabe- cuantos más y más, cuantos más y más sean, más la aproximación estadística se acerca a ese ideal que es la certidumbre -la certidumbre, la verdad-.


Lo entendéis, ¿no? Para deducir cuáles son las características psicológicas de la gallina doméstica común, el procedimiento mejor es reunir no mil gallinas, sino si es posible, diez mil; porque cuantas más gallinas se examinen, el... el tanto por ciento de probabilidad aumenta, es decir, el acercamiento... al acercamiento a la certidumbre de cómo es el... cómo es la trama psicológica de la psique de las gallinas, o así otra cosa por el estilo. En cualquier otra cosa por el estilo, en el caso más sencillo: si... si estáis tirando la perra al aire y resulta que de repente os sale setenta veces cruz -una cosa insólita, [], hay que tener paciencia ¿no?, basta... basta con seguir tirando, tirando, millones y millones de veces, y entonces, pues claro, esa pequeña herida que podía amenazar al cálculo, pues queda subsanada, y cuantas más veces tiramos, más nos acercamos a la certidumbre.


Esta... esta ley es la que en el estudio ese recordaba y utilizaba de las maneras que podéis ver, si queréis.


Se la tomaba también -la tomaba yo- en el sentido inverso, es decir, notar que cuando la población disminuye mucho, cuando el número de elementos que se toman se va haciendo muy pequeño, hasta ser quince, o nueve, siete, ya no se puede deducir nada; ya las probabilidades de acierto en la predicción, y por tanto, de acierto en la decisión son insignificantes. Y lo utiliza para llegar a esto (que parece de primeras una broma, pero que importa que nos detengamos en ella): cuando la población queda reducida a uno, evidentemente, las probabilidades son cero. 'Las probabilidades son cero' quiere decir una cosa muy importante: que es que ahí se acabó el Cálculo de probabilidades. En las pretendidas reducción a uno, en la singularidad, ahí se terminó. Precisamente, basta con tomar la ley de los grandes números, así, en el sentido... en el sentido inverso. Cuando la población es uno, es decir, el caso en que cualquiera de vosotros tienda a pensar que él es uno y singular, y desconectarse del conjunto -de lo que pretende ser como él, y entre los cuales, se puede hacer cómputo estadístico razonable-, si uno se desconecta, entonces, las probabilidades son uno... son cero: la Realidad con su Cálculo de probabilidades ha desaparecido.


Y entonces, aquí es donde interviene la cuestión del azar, la libertad, el capricho, cosas aparentemente muy distintas entre sí, pero que aquí trato de relacionaros. ¿Qué pasa con uno?: que ya no está sujeto al Cálculo de probabilidades, queda abandonado al azar, es decir, el caos, el desorden. Un desorden sin fin, inconcebible, intolerable: caos.


Porque toda la estadística está hecha para dominar el azar. Lo que os he contado se puede decir de esa otra manera 'todo el progreso del cálculo viene a consistir en eso: en intentar dominar, domesticar, meter dentro de casa, ese fantasma del azar'. Me adelanto a presentarlo como un 'fantasma' porque es evidentemente un fantasma de los potentes, lo mismo que el caos, lo mismo que el absoluto desorden. Son fantasmas de los potentes, de los que creen que se puede ordenar, y a los cuales, por lo tanto, tienen que acompañar estos fantasmas de una manera necesaria. 


Pero el caso es que ésa es una de las maneras de verlo: uno ya no se puede dejar contar con los demás, ya no se pueden hacer afirmaciones acerca de su fisiología, su psicología y cualquier otra cosa: queda abandonado al azar. Otros dirán que justamente eso es la libertad.


Y recordando ahora, por un momento, los versos que ya he usado con vosotros, del libro segundo del De rerum natura de Lucrecio, en donde entre los entes sub-reales (los átomos y el vacío) se da esto de que los átomos absolutamente duros, inanalizables, no pueden hacer otra cosa más que caer, por el hecho de que lo otro -que es el vacío- consiste en la absoluta falta de resistencia, y eso ya es un motor, con lo cual, se tendría una especie de lluvia perfectamente vertical de átomos que sería improductiva, pero la teoría... la teoría atómica está justamente para sostener la Realidad -los átomos tienen que chocar, si no, no hay cosas-, y ahí es donde, de esa manera tan luminosa y clara en ese pasaje, Lucrecio introduce la incertidumbre   -el principio de incertidumbre-: los átomos... un átomo incerto tempore ferme incertisque locis ("en un tiempo más o menos incierto y en lugares inciertos") se desvía, se desvía de su caída, se desvía de la pura verticalidad, y entonces ya, tenemos los choques entre átomos, y con los choques tenemos ya explicado todo, porque en la... en la trama de entre choques entre átomos es en lo que consisten las cosas propiamente dichas, es en lo que consiste la Realidad.


Tenéis... el propio Lucrecio, en los pasajes siguientes, pone esto en relación con lo que, entre los humanos, se llama 'libertad', es decir, esa desviación que -recordad lo que he dicho antes- la podéis llamar  a z a r o s a   o   c a p r i c h o s a  y dará exactamente lo mismo, para... para rabia de los que creen en la voluntad personal y, por tanto, en que la libertad tenga algo que ver con eso: a z a r o s a. 


- ¿Y esto sería la libertad?, ¿esa especie de cambio en la... en la caída, que no puede contarse...?


AGC - Eso... eso digo que Lucrecio lo relaciona con lo que se llama 'libertad' entre los humanos. Sí, sí: lo relaciona. Piensa que de ahí vienen cualesquiera otras formas de vacilación o incertidumbre que se producen entre los seres ya establecidos.


Bueno, pues lo que importa es, que efectivamente, el Cálculo de probabilidades -sustentador supremo de la Realidad de las cosas, la forma de cómputo más avanzada- depende de la multiplicidad, y además también cuantitativamente: cuantos más... cuantos más ejemplares se [traten] en cuestión, más certidumbre, más nos acercamos a la certidumbre. Cuando la cuantía disminuye hasta ser uno, decimos -digo yo- aquí, el Cálculo de probabilidades se acabó; la probabilidad (en broma) es cero; es decir, no hay Cálculo de probabilidades. Y eso -los que me habéis acompañado todo el tiempo- sabéis por qué es, y cómo es que no tiene nada que ver ni con las nociones de azar, ni con las de capricho personal, ni con la libertad, ni nada... ni nada por el estilo.


Cuando el descubrimiento de lo que son las cosas se reduce a uno mismo, uno -como el otro día os decía recordando el fragmento de Heráclito- se investiga a sí mismo. Entonces, lo que descubre es, en definitiva, su falsedad, la falsedad costitutiva; la falsedad costitutiva de eso de ser a la vez uno de tantos y ser único, singular, irrepetible. Cosas que no casan entre sí pero a las que se hace casar. Y cuando se descubre eso, lo que queda ya no es uno; lo que queda no es más que 'yo'; y 'yo' -lo mismo que AHORA, como sabéis- es lo que nos hace asomarnos a la verdad desconocida que hay por debajo de todo el tinglado.


De manera que no... no queda ni uno, ni capricho de uno, ni libertad de uno, ni uno está condenado al azar; se descubre que, siendo la Realidad costitutivamente falsa, y falsificada por medio de la idea y del cómputo, sin embargo, dentro de ella está la aparición de 'aquí', AHORA, 'yo', que no son reales; que no son reales, son indescribibles, incontables, impredecibles, y que son asomos de esa... de esa verdad, es decir, de eso desconocido en lo que nos estamos hundiendo. El descubrimiento llega a la desaparición, al descubrimiento de la mentira de uno mismo, y ya, no es nadie real: 'yo': 'yo', que no es nadie. Que no es nadie, porque ahí, es justamente la dependencia del acto de decirlo lo que cuenta, y por tanto, en ese 'yo' lo que se está implicando es la actuación de la razón común -no real-, de la lengua común -no real-, que es justamente la que lleva al descubrimiento que acabo de referir, sea respecto a las cosas o sea respecto a uno mismo.


Sé que acerca de todo esto hay mucho más a lo que darle vueltas, habrá que dejarlo, en parte, para otro día, pero todavía el rato que nos queda os dejo que me saquéis cualquier... cualquier duda, o cualquier curiosidad, o lo que sea, que os haya surgido con este motivo. A ver. Sí. Sí, sí.


-  Me ha alegrado mucho oírte hablar de lo que has dicho...


AGC - ¿Cómo? Perdón.


- Que me ha alegrado mucho oírte hablar de lo que... de lo que has dicho, que hacía mucho tiempo que... que lo echaba en falta.


AGC - ¿De qué, en concreto?


- Y ha sido el que se habla siempre de la Realidad, tal, y que acabamos haciendo de ello, como un [recinto] infranqueable, imposible de entrar. Hoy has planteado al hablar (al hablar de la... de la estadística, de la... de la necesidad de previsibilidad, y tal, ¿por qué aceptar los [] social? Pues porque necesitamos pues hacer realizaos, necesitamos a la previsión, nos aterra la imprevisibilidad del tiempo. O sea, que [hay algo] dentro de nosotros que nos mueve a aceptar esta situación, y que a lo mejor, entendiendo eso, [y hacer lo que podamos], podemos...


AGC - Bueno. 'Dentro', 'dentro', ya ves lo que hay: es el descubrimiento de que es mentira. Eso es 'dentro'. Ahora, 'fuera de dentro'...


- Pero, ¿por qué lo aceptamos...?


AGC - 'Fuera de dentro'...


- []


AGC - 'Fuera de dentro', lo que hay en nosotros es el... la pretensión de que cada uno es cada uno. Os lo dije al principio: con esto -que parece un juego medio metafísico- se está jugando uno, no la vida, pero el ser. Se está jugando el ser. Por eso es por lo que efectivamente cada uno de nosotros -lo mismo que la Realidad en general, lo mismo que el Estado, lo mismo que el Capital- se dedica a la defensa, a impedir el descubrimiento.  Uno tiene un interés, no de vivir, porque eso [no se sabe lo que es], pero de ser el que es. Tiene un interés feroz en ser el que es, hasta el punto de que le vende la vida -vamos- ¿eh?, porque es literalmente lo que hacemos. A esta necesidad de ser el que es, uno le vende la vida, las posibilidades de vida, que son incompatibles con eso, a pesar de las tonterías que la gente diga respecto a el amor a la vida, el istinto de conservación, [], lo que prima es lo mismo que para el Estado y el Capital: el ser el que es. El ser el que es, y a eso se le venden las posibilidades sin fin -sin fin-, de vivir o de que pasara cualquier cosa, sí. ¿Qué más?


- Yo tenía una duda: de que... cuando dices que... cuando dices que la forma de cómputo más avanzada es... es la... la mayor [análisis de] cosas... el análisis de un mayor número de... de elementos, y luego, dices que la Democracia no funciona, o sea, lo que no funciona...


AGC - No...


- Me refiero que la... la Democracia viene a ser una ilusión, o el cuento de votos no... no viene a funcionar. Es un poco lo contrario ¿no?, es un poco... si cada uno no es 'yo' pero es 'cada uno' ahí en el momento, y tiene una... tiene una decisión más o menos libre, o más o menos ilusoria, pero la da en el momento y cuenta, es... esto es... esto es más real a una voluntad común ¿no?


AGC - Es real y falso, sí. Es justamente; por eso es por lo que la Democracia es el más perfecto de los Regímenes. El... que se llega a la falsedad al último extremo de incluir directamente la Fe en que cada uno sabe lo que quiere, lo que vota, lo que hace, y es mentira, cosa que es mentira. Cosa que es mentira en cuanto uno...


- Pero es contable, que es a lo que voy.


AGC - Claro, claro. Eso es contable, incluso, contable por números. Es el... es la introducción del ideal. Es lo que pretenden. Es que...


- Pero es lo que pretenden y es lo que funciona porque no hay alterna-... ¿qué alternativa hay?


AGC - No: funciona...


- Es decir, porque no... no... es a lo que voy...


AGC - Bueno, efectivamente...


- Porque [] la Realidad y estamos atacando las cosas, y no tenemos otra opción...


AGC - Funciona...


- ... [que excepto hablar].


AGC - Funciona ese Régimen -como cualquier Régimen- que consiste en la Administración de muerte, eso es lo que hacen. Y ese funciona. De manera que, efectivamente funciona y no hay otro más perfecto; no hay otro más perfecto, otro distinto, porque todos son evoluciones del mismo: Régimen de Administración de muerte: sostenimiento de la Realidad... de la Realidad falsa. No hay alternativa ninguna, dentro de la Realidad, ninguna. Por eso aquí estamos contra la Realidad. Por eso la lucha es contra la Realidad, y pensamos que cualquier otra pretensión de arreglar las cositas -cualquier pretensión de arreglar las cositas dentro de la Realidad- está ya condenada y, por tanto, desde el punto de vista de los rebeldes merece toda crítica: dentro de la Realidad no se puede arreglar nada. La Realidad es radicalmente mentira; el respiro es que la Realidad no es todo lo que hay, como lo demuestra que nos estemos costantemente hundiendo en el descubrimiento de la verdad: la Realidad no es todo lo que hay. Dentro de la Realidad, dentro de lo existente, no hay ninguna alternativa, ningún arreglo posible, y desde luego para una guerra contra el Poder, cuanto más pronto uno se desengañe de eso, cuanto más radicalmente lo consiga, llegar al desnudamiento, mejor; porque si no, lo que entorpece el creer en... el creer en diferentes maneras de Poder, diferentes maneras de Realidad, y discutir si la una o si la otra, todos tenemos costancia de lo que ha costado y cuesta, de entorpecimiento, de enceguecimiento, de diversión, y en definitiva de colaboración al mantenimiento del Poder. Sí.


- Se nombró como mecanismo -entiendo-, como mecanismo de previsión, la anulación de causas/efectos, y lo siguiente, el Cálculo de probabilidades ¿no? Parece que hay un salto, o sea, que al lao del Cálculo de probabilidades, el establecer relaciones y previsiones a partir de causas... de relaciones de causa/efecto parece tan rudimentario ¿no?, tan... muchísimo más... más elemental ¿no? Me gustaría que representásemos algún otro caso de mecanismos así [] intermedios ¿no?, desde otros sitios de la Matemática, o...


AGC - Bueno, no: simplemente con la historia de la Física, desde luego, lo más viejo -dentro de lo moderno, que son estos tres mil añitos que llevamos de Ciencia- [] es crear leyes, lo que se llama 'leyes', es decir, el caso ejemplar es como el de las de Newton -las Leyes de Newton- o alimento de los cuerpos; eso efectivamente es una especie de artilugio que trata de racionalizar -sostener- las relaciones, las relaciones de causa de una manera largamente satisfactoria, después, eso se ve que nunca es verdadera del todo, pero es... Lo que pasa es que a mí me interesaba, sobre todo, el Progreso por el camino de... por el camino del Progreso de la Contabilidad, porque después de todo, eso es más importante que la elucubración de leyes: la Contabilidad, que quiere decir 'el Cálculo de probabilidades', el que resultaba revelador y también cuando se le tomaba del revés, con la reducción a uno sólo. Pero -vamos- hay otras muchas maneras de racionalización con intervención de entes ideales, racionalización de lo que se quiere presentar como un  o r d e n, es decir, una pluralidad de cosas ordenadas y que, por tanto -como ordenada- obedece a leyes.


- Me parece que la... la venta esa de la idea de la Democracia es como que está empeñada en la concepción... en la contradic-... en la... (no es), en la contradicción, sí, entre individuo y Sociedad, en individuo y conjunto. Pensar que no: una cosa son las masas y otra cosa son los individuos; cuando está claro, como se dice a través de los Medios, se comprueba a través de los Medios de formación, de masa es individuo. Lo que se pretende es que el elemento sea idéntico a cualquier otro elemento, contando con las diferencias, porque si no, no sería posible. Pero sí que tiene que haber una identidad entre uno y otro, y otro, y otro, para que se pueda...


AGC - Contar.


- ... [] de hacer esa operación.


AGC - Para contar.


- []. Y esa es la misma cosa que sostiene la Ciencia, las estadísticas es el mismo procedimiento...


AGC - No, no...


- Para que una cosa... sí.


AGC - No: eso es otra cosa.


- Para que a un Fulano de Tal se le pueda aplicar un protocolo médico, por ejemplo, respecto a una enfermedad, o una profilaxis, o una curación de algo, no se te hace nunca un tratamiento personalizado ni individualizado, porque eso sería el sin fin: tratar personalmente a cada uno; sino lo que se hace es los dos protocolos de la palabra: si es cáncer, cáncer; si es tal, tal. Y se le aplica un protocolo universal a la... no individualizado, sino... porque también eso es alimentao por las estadísticas; y entonces, esa... esa equiparación es lo mismo.


AGC - Sí, sí. Pero está muy lioso.


- No, no: es que es la misma costrucción.


AGC - Son cosas muy liosas y es muy tarde para tratar de desenredarlo. En primer lugar, ellos -[y lo que trata] el Poder- de ninguna manera... de ninguna manera separa al individuo frente a la Sociedad.


- Sí, sí. Lo separan perfectamente...


AGC - Ellos, en la Democracia, creen que por el contrario están...


- La idea de 'persona' y de 'personalización' que te venden es precisamente especialistas en []


AGC - ... están sosteniendo la idea de la persona -del individuo personal- como costitutivo, incluso, numéricamente de la Sociedad...


- Sí, sí. Pero eso es la venta: la idea.


AGC - ... de la Sociedad. Los que decimos que 'las masas' que ellos llaman -mejor dicho: no ellos, los ministros del Poder no hablan de 'masa', algunos filosofantes en otros tiempos hablaban de 'masa'-...


- Y de ciudadanía...


AGC - ... hablaban de 'masa'. Pero los que decimos que 'las masas están hechas precisamente de individuo, que cada uno cree que es el que es, y que sabe lo que sabe, y que vota lo que vota, esos somos los malpensantes, los nosotros que estamos en contra; el Poder no, el Poder está muy convencido de la  a r m o n í a  -nunca más que en la Democracia-, la armonía entre el individuo, sus necesidades, su personalidad, y todo lo demás, y las conveniencias sociales y las del Progreso; tienen que hacerte creer que la destrucción por obras públicas, la producción de automóviles que no caben en el mundo, y todo lo demás, son para bien de los individuos, nunca podrá decir 'pueblo', pero son para bien de los individuos; por poner los casos más... los casos extremos. A r m o n í a  ¿eh?, una armonía entre Sociedad e individuo, nunca más clara que entre nosotros.


Hay que darle más vueltas a estas cosas. Se ha hecho muy tarde, de manera que vamos a cortar, y, si el Señor nos deja, dentro de siete días, volvemos.

 

 

 

 

 

 

 

 

 


(*) Se adjunta el texto citado.

 

 


DEL GRADO DE CERTIDUMBRE EN RELACIÓN CON LA PLURALIDAD DE OBJETOS O SUJETOS DEL MISMO TIPO


(urgido por el estudio de Carlos Allones sobre el trabajo de Ettore Majorana El valor de las leyes estadísticas en la Física y en las Ciencias Sociales, de por 1934-35, publ. en 1942)


 La cuestión, harto conocida y debatida, es en primera istancia ésta: que, lo mismo para moléculas de un gas que para una masa de granos de sal que para poblaciones de animales o humanos (y es claro que en cualesquiera entes subatómicos la misma ley sigue rigiendo), cuanto mayor es el número de elementos que se somete a cómputo, la certidumbre de la cuenta (y, primariamente, de la predicción) va aumentando y aproximándose al límite de la certeza total (de “la verdad”), mientras que, al disminuír ese número y caer hacia el nivel de unos pocos dígitos, va disminuyendo la certidumbre (puede fácilmente establecerse a su vez un cómputo de relación inversa entre ambos números, por más que sean números de orden diferente, el de la población de elementos y el de las probabilidades del acierto), hasta el punto en que, al referirse a un elemento solo, la certidumbre sea en verdad ninguna, “pobl. 1 ? prob. ?”.


 ¿Cuál es pués la virtud que liga tan firmemente cosas tan heterogéneas como la cuantía (siempre computable) de elementos con los grados de certidumbre de la formulación y predicción?


La cuestión es primaria para una Física o Ciencia de la Realidad; pues de ella depende el mantenimiento de la noción de ‘causa’, que era en principio necesaria para la Física (y por ende, la propia noción de ‘ley’), o el abandono, más o menos desnudo y consecuente, a una ‘incausalidad’; que a la Física cuántica se le presenta (aunque no encuentra uno fácilmente tal reconocimiento entre los físicos) ante el tratamiento del Universo que, siendo uno (ya muchos tratan de escapar con un, mal acuñado, ‘multiverso’) se escurre a todo cálculo de probabilidades. Y el principio de incertidumbre, que prohibe de un elemento (con la necesaria ambigüedad, o de uno cualquiera, de un ejemplo de la clase, o de uno, aislado, “computable” como 1) saber y decir  a la vez  su ímpetu propio y su situación en el campo, es revelador del conflicto: pues en la realidad corriente lo que pasa por determinación de  uno es conocer  juntamente su entidad propia y su situación en el conjunto.

 


 Parece que lo primero es preguntarse por uno y otro término: qué es ‘una cuantía computable’, qué son ‘grados de certidumbre’. Para que haya una pluralidad (esto es, aquello que ‘singularidad’ niega) se requiere, 1º, que tenga elementos, es decir, que sea discontínua, y, 2º, que sus elementos sean idénticos entre sí, o sea que los varios sean el mismo, en cuanto ejemplos (token) de un tipo (type): si no, no cabe un cómputo numérico preciso. Lo que no parece reconocerse claramente es la evidencia de que esa identidad de los múltiples sólo puede darse por convenio (que el ‘tipo’ es un ente puramente ideal), y que hay algo en (bajo) la Realidad que hace imposible que dos granos de sal sean esactamente el mismo ‘hexaedro’, que dos moléculas de nitrógeno reales, que puedan realmente captarse por separado y computarse como ‘2’, representen puramente el ideal ‘molécula de nitrógeno’, que dos o tres tigres sean esactamente iguales, en fin que pueda en la Realidad, independiente de convenio, darse una repetición esacta de lo mismo.


Esta imposibilidad no puede, a su vez, aspirar a probarse por acumulación estadística de casos, sino que la da el mero razonamiento que descubre una incompatibilidad primaria entre la noción de ‘realidad’ y la de ‘identidad de múltiples’: “en realidad —natura 1ª— nada se repite nunca”. Y en cuanto a los entes que la Física ha debido desarrollar para dar  cuenta de la realidad, quedan sujetos al mismo dilema intransigente: o ‘un fotón’ es real, participa en algo de la condición de ‘un grano de sal’, es decir que ex-siste (queriendo ex - decir ‘independientemente de su cálculo o teoría’), y entonces no puede haber un haz de múltiples fotones que sean de verdad idénticos o es algo puramente ideal (pertenece al cálculo o teoría) y por tanto no tiene la condición de ‘elemento’, sino la de ‘tipo’, y es entonces vano pretender que los fotones sean múltiples y puedan los de un haz de luz contarse, de modo que para el caso más propio sería declarar (como en algunas especulaciones de física cuántica veo que asoma en nuestros días) que son todos uno y el mismo, a saber, ‘el fotón’ sencillamente.


 Siendo tal la condición de la ‘multiplicidad real’ o de ‘veces de (por convenio, nunca en verdad) lo mismo’, cobra sin más sentido su relación con los grados de certidumbre del cálculo probabilístico


(nótese la pertinencia de decir ‘grados’: también en este nivel vuelve a imponerse la discontinuidad, ya que el cálculo a su vez no puede menos de hacerse por ‘números’, así sean del tipo más sutil o complejo que el cálculo necesite, y por medio de ellos computarse las probabilidades);


pues es como si la aspiración a la esactitud o certidumbre total se moviera por una fe en que la falta de perfección de cada elemento, su necesaria imposibilidad de ser un puro ejemplo del tipo, se fuera progresivamente corrigiendo por la acumulación de datos y consiguiente aumento de la población, en cuanto que, debiendo ser esa imperfección de cada uno tanto por esceso como por defecto


(esa indiferencia, aparentemente azarosa, consiste en el propio establecimiento del ‘tipo’ como centro de la oscilación de las desviaciones en la realidad),


la acumulación de más y más casos sirva como garantía de que las desviaciones en un sentido se compensen con las en el otro, en progreso hacia la esactitud o certidumbre inalcanzable, a la realización del ideal o tipo.


 Apenas hará falta esplicitar las consecuencias de esto cuando se viene al caso de las poblaciones “humanas”, esto es, aquéllas en que las facultades de ‘conciencia de la realidad’ y ‘cálculo de probabilidades’ se supone que forman parte, entre los otros órganos y miembros característicos, de los elementos del conjunto. Pues aquí, en cuanto las poblaciones “de hombres” se tomen como reales, la ley rige esactamente lo mismo que para cualesquiera entes de la realidad; sólo que el conflicto inherente a la costitución o concepción de la realidad misma se presenta aquí de manera contundente y en cierto modo caricaturesca: pues también aquí, entre las otras imperfecciones de cada elemento (que no lo dejan ser nunca realización del tipo), igualmente los embrollos de conciencia y los errores de cálculo se espera que, con la acumulación de más y más conciencias, disidentes en un sentido o el contrario, y de más y más calculadores que mútuamente se denuncien los errores de cada cual, se corrijan progresivamente, en aspiración a la conciencia clara del mundo y el cálculo definitivo, que serían la misma conciencia y cálculo para todos, mientras que, por otra parte, se estima que la condición a la que aluden como ‘libertad’, esto es, indeterminación, sea algo que se dé en el individuo, exento de todas las leyes del conjunto, o sea cuando se viene a la situación límite mencionada de “población 1    probabilidad ?”.


No será tal vez en vano recordar cómo el conflicto se presenta en nuestra primera Física atómica, la de Demócrito y Epicuro, pero sólo con claridad a nuestros ojos en los versos del libro II de Lucrecio, cuando, por un lado, se ha establecido una ley rigurosa para esplicar la Realidad, las ‘cosas’ propiamente dichas, a partir de una sub-realidad que no consiste más que en ‘átomos’ y ‘vacío’, el cual, no siendo más que una absoluta falta de resistencia, impone sin más que los átomos no puedan hacer otra cosa que caer a una ‘velocidad insuperable’, mientras que, por otro lado, se advierte que, para que los átomos (múltiples, ‘en número infinito’) engendren ‘cosas’, tienen que chocar unos con otros, y se cede a la necesidad contraria de que  a veces los átomos, “en lugar y momento incierto”, sin ningún motivo (justamente por la falta de todo otro motivo)<

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